DEPORTES LA DISPUTA DE LOS PRESIDENTES

Un torneo que se define a puro lobby

Mientras River se queja por los horarios y los cambios de dias, Boca, a traves de Angelici, pide arbitros y gana poder dentro de la AFA. Una guerra fria que puede calentarse.

Alta tensión. D’Onofrio reconoció que no tiene una buena relación con Angelici, y dijo que en algún momento contará por qué. El presidente de Boca, en tanto, intenta incidir en el final del torneo para que a su club no se le escape el título.
Alta tensión. D’Onofrio reconoció que no tiene una buena relación con Angelici, y dijo que en algún momento contará por qué. El presidente de Boca, en tanto, intenta incidir en el final del torneo para que a su club no se le escape el título. Foto:cedoc

Fue hace tres semanas. Daniel Angelici estaba en Bahrein para participar del Consejo de la FIFA, y también para jugar un partido por el que la mayoría de los futboleros pagaría lo que no tiene: junto a Diego Maradona, Carlos Valderrama y, bueno, sus compañeros de delegación, dirigentes de la AFA y de otros países. Pero al presidente de Boca, la distancia no le modificó los hábitos que tiene cuando camina los pasillos de Viamonte, de Tribunales y de tantos otros espacios que le permitieron acumular poder e influencia dentro del macrismo: Angelici llamó a Buenos Aires para quejarse por la sanción de cuatro fechas que el Tribunal de Disciplina le había dado a Claudio Vivas por su enojo a lo Increíble Hulk, justo contra Boca. “El Tano quería una pena mayor –le dice a PERFIL uno de los abogados de la AFA– y usó como argumento su intención de lavarle la imagen al fútbol argentino”. Algo que ni él ni nadie todavía pudieron concretar.

Los horarios, los días y las sanciones, en este final de torneo, como en todos los finales de torneo, son un motivo de disputa para los dirigentes que recorren los siete pisos de la AFA durante la semana. Pasa en todas las categorías, pero que Boca y River sean el primero y el segundo a cuatro fechas de terminar la temporada, tensa aún más el escenario. Cada dirigente cree –a veces con razón, otras veces con inocencia– que puede ayudar desde la rosca. Y la rosca, que siempre es subrepticia, se torna demasiado visible cuando involucra a los dos clubes más importantes del país.  

La situación quedó expuesta el último miércoles, cuando Marcelo Gallardo, luego del triunfo ante Atlético Tucumán, se quejó porque el partido contra San Lorenzo de mañana se había fijado para las 14. “No es un horario normal jugar a las dos de la tarde”, dijo el DT. Lo que hace una semana era una ventaja, a la siguiente se convirtió en una desventaja: cuando Boca enfrentó a Huracán el sábado, desde la dirigencia millonaria protestaron porque el resultado podía condicionar a River, que jugaba al otro día contra Rosario Central. “Los pedidos pueden responder a equipos que estén jugando la Libertadores o Sudamericana, que necesitan algún día más porque tienen viajes. Los otros deberían acatar la organización del campeonato. No se deben pedir árbitros ni horarios”, remarcó el presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, que sin mencionarlo se refería a Angelici.  

Como perro y gato. En AFA, la correlación de fuerzas entre Boca y River es bastante más que desigual. Mientras que Angelici tomó la vicepresidencia –y en muchos momentos el “poder real”–, D’Onofrio se corrió por completo y, como sucede con San Lorenzo, ni siquiera tiene representación en el Comité Ejecutivo. Esa asimetría entre uno y otro se traduce –según lo que le cuenta un miembro del Tribunal de Disciplina a PERFIL– en los pedidos discrecionales que realiza Angelici. Por ejemplo, el presidente de Boca siempre que puede intenta que su club sea dirigido por Patricio Loustau, Germán Delfino o Darío Herrera, los árbitros que le inspiran mayor confianza.

De Delfino habló Angelici en las escuchas que se filtraron a principio de año. “Que se equivoque lo menos posible, que Boca se está jugando mucho”, le había dicho el presidente de Boca a Segura, por entonces titular de la AFA.

“Los dirigentes jugamos los partidos a nuestra manera. Somos jugadores frustrados. Y creemos que pidiendo determinados árbitros estamos jugando el partido”, le reconoce a este diario Daniel Ferreiro, uno de los laderos del presidente Chiqui Tapia.

La guerra fría con la que ilustró D’Onofrio la relación entre Boca y River, un dirigente la definió como “una pelea de perro y gato”: cuando uno pide un día o un horario, a la semana siguiente el otro hace lo mismo. Angelici, mientras tanto, ya prepara el escenario para suavizar o potenciar futuras sanciones. Por eso, tomó como un triunfo que esta semana se confirmara al cuestionado Fernando Mitjans como presidente del Tribunal de Disciplina, y como vice a Sergio Fernández, camarista federal y directivo del club de futsal Pinocho. Angelici sabe que, de ahora en más, en ese tribunal también tendrá a quién pedirle algún favor.