DEPORTES QUINCE MIL HINCHAS

Una sucursal del monumental

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Quince mil personas. Quince mil historias. Quince mil arrebatos de pasión. Así está Osaka, copada por los hinchas que viajaron para ver a River en el Mundial de Clubes. Es una aventura colectiva atravesada por una banda roja, con momentos únicos, instintivos, improvisados. Como esos pibes que para ahorrarse unos pesos eligieron pasar las noches en los hoteles cápsula, esa especie de nicho de un metro de alto por uno de ancho con un pequeño televisor como todo confort. La experiencia, no apta para claustrofóbicos, cuesta entre 20 y 30 dólares por día.

Cada hincha en Japón encierra una historia. Uno ofreció su auto en parte de pago para poder viajar. Y no fue el único que puso en venta algunos bienes. Otros viajaron gracias a la generosidad de los amigos que compartieron los gastos. Todo vale para estar mañana en el estadio internacional de Yokohama. Todo vale para copar las calles de Japón con los colores de River. Para participar del banderazo que hicieron el martes en el puente que cruza el canal Dotonbori, en el centro de Osaka. Lo curioso es que después del evento, los hinchas tuvieron que recoger las latas que quedaron desparramadas por el suelo. Esta madrugada habrá otro en el Parque Ypyogi, en Tokio. La policía local ya anunció que no va a permitir excesos.

Así como durante el Mundial las calles de Río de Janeiro se llenaron con la melodía de “Brasil, decime qué se siente”, Japón tiene su propio hit. Con un clásico de Fito Páez, la banda sonora hasta es interpretada por japoneses: Y dale alegría, alegría a mi corazón/La Copa Libertadores es mi obsesión/copamo’ Belo Horizonte y Asunción/bostero, vos lo mirás por televisión/Qué vas a hacer/si vos no tenés los huevos de River Plate/Y si señor/de la mano del Muñeco vamo’ a Japón.
La aventura de River por Japón encierra también un episodio emotivo. Fue el que protagonizó un muchacho ciego que recorrió los 18 mil kilómetros que separan Buenos Aires de Tokio para “ver” a River. Una foto suya en Ezeiza, solo, con un morral y la camiseta, se viralizó en las redes sociales. Después de pisar tierras asiáticas, el pibe tuvo la fortuna de que lo recibiera el plantel. Fue ayer, en el hotel donde concentran. Ahí se terminó de conocer su historia: se llama Vicente Zuccala, juega en Los Murciélagos y ahorró durante meses para poder pagarse el viaje. Mañana, pase lo que pase, entre los 15 mil aventureros habrá uno que va a “sentir” más que el resto.



R.P.