DEPORTES BASQUET

Ya no son sólo playas: Brasil le sumó reales a su plan seducción y debilita la Liga Nacional

Con los Juegos Olímpicos 2016 a la vuelta, el país vecino invierte más allá que en el fútbol: ahora se lleva las mejores figuras nacionales y extranjeras del básquet argentino.

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Foto:FIBA Américas

Y de pronto, un nuevo mercado se convirtió en competencia para la Liga Nacional. Después de años y años de ver emigrar figuras a Europa, la tendencia parece estar tomando una escala previa. Porque la crisis económica ha llevado a que muchos jugadores argentinos y extranjeros decidan partir rumbo a Brasil. Es un fenómeno heredado del fútbol. Pero a diferencia del fútbol, este éxodo no parece muy vinculado a lo deportivo: en la comparación, la Liga argentina aún es bastante más interesante que la brasileña. Sucede que la distancia entre las respectivas monedas es cada día más acentuada, pero la distancia geográfica no: aún somos vecinos. Y la ecuación cierra. Por otro lado, tanta inversión ha permitido que el salto de calidad de aquella competencia se acelere de manera considerable. Una cosa lleva a la otra. Si bien en cuanto a estructura todavía padece de ciertos vicios del amateurismo, el paso adelante es, a esta altura, irrefutable.

Pasos de gigante. “Más allá de la cuestión meramente económica, que uno siempre tiene en cuenta, Brasil es un lugar que está creciendo de manera permanente, sobre todo en el plano deportivo, con el Mundial de Fútbol a la vista y los Juegos Olímpicos para 2016. La Liga misma se ha organizado muy bien”, señala Sergio Hernández, ex entrenador de la Selección argentina y Peñarol, que ahora dirige a Uniceub. Hoy en día la NBB, como se denomina la competencia interna, maneja un presupuesto general de 60 millones de reales (30 millones de dólares), con un presupuesto mensual de 150 mil reales al mes basado fundamentalmente en el respaldo estatal y un maravilloso contrato con Globo, la empresa de TV, firmado hasta 2018. En cinco años de historia, la dirigencia local consiguió crear una liga de desarrollo y consolidar paralelamente una segunda división (por ahora tiene ocho equipos). “Están armando una movida importante. Tienen dinero, que acá no sobra, y fueron audaces”, manifestó tiempo atrás el agente Claudio Villanueva, que conoce a fondo los mercados internacionales. Los resultados, lentamente, comienzan a plasmarse: la Liga Sudamericana se la adjudicó Uniceub y la Liga de las Américas consagró a Flamengo.

Puntos débiles. A pesar de todos estos aspectos positivos, la liga brasileña aún padece por su disparidad, por la falta de interés del público y también por algunos detalles de infraestructura (recién el año pasado se logró unificar el tema de los pisos y los tableros electrónicos en todos los clubes participantes). Deportivamente, los equipos pobres son muy flojos. “Como en todas las ligas hay equipos con aspiraciones altas, equipos de mitad de tabla y equipos pobres. La organización, acá en Flamengo, es perfecta: hoteles muy buenos, viajes en avión... Se manejan muy bien.

Respecto del juego, sí, es mucho más desordenado. Sin reglas. En Argentina es distinto. Se nota incluso a nivel de Selección. Nuestra Selección es mucho más organizada y trabaja con posesiones largas. Acá el que la tiene, decide. No hay ninguna clase de misterios. Es un ritmo más vertiginoso y anárquico”, explica Nicolás Laprovittola, hoy base del Flamengo de Río de Janeiro. Justamente Laprovittola fue juzgado cuando tomó la medida de irse a Brasil: hoy todos valoran su decisión.

Daño colateral. A raíz de este nuevo escenario, la Liga argentina perdió buenos jugadores nacionales y, sobre todo, buenos extranjeros. Porque a los primeros los puede retener algún tipo de arraigo, pero a los foráneos sólo los moviliza el dinero y, en ese apartado, ya no existen equivalencias. Sobran los ejemplos (ver infografía). “Coinciden el crecimiento de la NBB con la merma en el nivel de nuestra Liga Nacional. Habrá que aceptarlo. No hay culpables, sólo hay realidades”, escribió días atrás el entrenador Silvio Santander en su cuenta de Twitter. Y es así. Habrá que aceptarlo.



Javier Cubillas