DOMINGO LIBRO / UNA DENUNCIA ANTE EL AUMENTO DE LOS FEMICIDIOS

Amar no es matar

En Maltratadas, la periodista Mariana Carbajal reconstruye el mapa social sobre el que se edifica y que permite un incremento de la violencia de género. Se trata de un ensayo fundamental para revisar las políticas públicas y la falta de controles estatales para frenar este preocupante flagelo. También se analizan la falta de tratamiento y contención psicológica para las víctimas. Los desafíos para erradicar el problema.

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Foto:Cedoc Perfil
La Argentina suscribió en 1996 la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer –conocida como Convención de Belém do Pará–, que define la violencia contra la mujer como “una violación de los derechos humanos” y “de las libertades fundamentales”, y la considera “una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres”. Este tratado, con jerarquía constitucional desde 2011, entiende por violencia contra la mujer “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como privado”. El espíritu de la Convención de Belém do Pará y sus conceptualizaciones fueron plasmados en la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los Ambitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales, aprobada por el Congreso Nacional en 2009. Se trata de una ley de vanguardia, pero todavía –lamentablemente– no se implementó en su totalidad.
De todas formas, aunque es un paso importante, la sola aprobación de una ley no alcanza para combatir una problemática social tan extendida y compleja como la violencia de género.
Usaré los términos “violencia de género”, “violencia contra la mujer”, “violencia sexista” o “violencia machista” para describir aquellas formas de violencia que son ejercidas por varones contra mujeres por su condición de mujeres en el marco de una relación histórica de desigualdad y en el contexto de una sociedad patriarcal.
Es triste y doloroso. Pero algunas, muchas mujeres, no llegan a salvar su vida cuando quedan atrapadas en una relación signada por la violencia de género, incluso aunque pidan ayuda. Entre el 1º de enero de 2008 y el 30 de septiembre de 2013 se registraron 1.432 homicidios de mujeres y niñas como consecuencia de la violencia machista, de acuerdo con el Observatorio de Femicidios en la Argentina Adriana Marisel Zambrano, coordinado por La Casa del Encuentro. La entidad, con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tomó la iniciativa de llevar el registro de esas muertes –a partir de los casos publicados en medios gráficos y portales de noticias de todo el país– ante la ausencia de estadísticas oficiales. Es decir, las cifras reflejan una realidad que muestra la gravedad del problema pero puede haber más casos que no son contabilizados porque no trascienden como noticia periodística. En promedio, según los datos del Observatorio, ocurre un femicidio cada 35 horas. En el 37% de los hechos, el principal sospechoso, acusado o autor del crimen es la pareja, esposo, novio o amante; y en el 26%, la ex pareja. En otras palabras, más de seis de cada diez femicidios en la Argentina son perpetrados en un contexto de violencia de pareja. El dato estremece. ¿Qué sucedería si las estadísticas correspondieran a varones asesinados por sus esposas o ex novias?
El fenómeno seguramente no se naturalizaría.
El término “femicidio” tiene una dimensión política y surgió como una necesidad de denunciar la naturalización de la violencia hacia las mujeres. Es la expresión más extrema de esta violencia basada en la preeminencia del dominio y el control del varón sobre la mujer, a quien considera parte de sus posesiones a un punto tal que puede apropiarse de su vida y hasta matarla cuando no logra someterla a su voluntad. El concepto de femicidio fue desarrollado por la escritora estadounidense Carol Orlock en 1974, y la feminista Diana Russell lo usó públicamente en 1976, ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra las Mujeres, en Bruselas, tal como recuerda La Casa del Encuentro en su libro Por ellas... 5 años de informes de femicidios, publicado en 2013. En algunos países de Latinoamérica se utiliza el término “feminicidio”. Ambas definiciones se asientan en el cuestionamiento de la violencia extrema contra las mujeres, basada en la cultura patriarcal y machista.
La mayoría de las víctimas de femicidio en la Argentina en los últimos cinco años murió baleada, apuñalada o golpeada. No obstante, a partir de la muerte de Wanda Taddei, en febrero de 2010, creció significativamente el número de casos de mujeres incineradas: tal vez como consecuencia de un indeseado “efecto imitación” debido a la amplia difusión que tuvo el hecho y de una respuesta judicial que, en un principio, amparó con la impunidad a su femicida.
Wanda Taddei falleció a raíz de las heridas provocadas por el fuego sobre su cuerpo. Fue su esposo, Eduardo Vázquez –baterista de la banda Callejeros, involucrada en la tragedia de la disco República Cromañón–, quien la roció con alcohol en medio de una discusión y le acercó un encendedor. (...)
¿Hay más casos de violencia machista en las parejas o las mujeres se están atreviendo a denunciar cada vez más? Nunca se hizo en el país un estudio tan amplio sobre la prevalencia de la violencia de género como para poder sacar conclusiones que respondan la pregunta. Lo que sí se podría afirmar es que el número de denuncias por malos tratos ejercidos por un hombre hacia su pareja crece año tras año en el país. No hay registros nacionales unificados. Pero, si se analiza el número de denuncias por violencia familiar en las 64 Comisarías de la Mujer y la Familia de la provincia de Buenos Aires, surge que aumentaron casi el 30% entre 2011 y 2012 al pasar de 88.521 a 113.028, de acuerdo con el Informe Monitoreo de Políticas Públicas y Violencia de Género, elaborado por el Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo bonaerense a fines de 2013. Si se miran las estadísticas de los últimos tres años del mes de mayo –por tomar un mismo mes para comparar los datos– de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación se observa que los casos atendidos fueron 712 en 2011, 833 en 2012 y 931 en 2013. El 80% de las personas denunciadas son varones; la mayoría ex parejas, concubinos, cónyuges y, en menor medida, novios. El mayor porcentaje de víctimas de los hechos denunciados son mujeres (61%), y niños y niñas (30%). (...)
Lamentablemente, los hechos demuestran que la denuncia en la Argentina no garantiza protección. Muchas veces, las mujeres que recurren a la Justicia en casos de violencia en la pareja deben enfrentar importantes obstáculos que “conspiran contra el sostenimiento de las denuncias”, y un porcentaje significativo de las causas queda paralizado y luego se archiva, según advierte el último Informe del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo bonaerense. Si se analizan los trámites de las causas por violencia familiar en 2012 en el territorio bonaerense se puede ver que ese año se iniciaron 50.307 causas; en 9.943 se habían dictado medidas cautelares de protección (exclusión del hogar del agresor o la prohibición de que se acercara a la víctima en un radio determinado, por ejemplo); y en apenas 2.018 casos hubo sentencia definitiva. Uno de los mayores problemas que enfrenta la denunciante es que gran parte del sostenimiento del proceso judicial queda en sus manos. (…)
Los relevamientos de La Casa del Encuentro muestran que el 12,5% de las mujeres asesinadas había realizado una denuncia previa y/o contaba con una medida de exclusión del hogar para el agresor. En los últimos años se observan, también, femicidios ejecutados con extrema saña, casos precedidos por torturas físicas y psicológicas atroces. E incluso hechos en los que un ex novio o ex marido asesina a los hijos de la mujer, como forma de herirla donde más le duele. Pareciera que la violencia machista está exacerbada. Los femicidios con fuego podrían ser también una evidencia de ese mismo escenario. (...)
Ninguna de nosotras, ninguna mujer está exenta de enfrentarse en algún momento de su vida a una pareja violenta. Hay que estar preparadas para identificar a un hombre violento y poder pedir ayuda a tiempo para alejarse prontamente de su lado.

Mariana Carbajal