DOMINGO LA SABIDURÍA DE BUSCAR EL CALOR DEL PODER

Aníbal, siempre leal

En El aplaudidor, Graciela Russo y Marcelo López Masía analizan las mutaciones del actual senador quilmeño: de discípulo de Menem y defensor de las políticas neoliberales, pasando por Eduardo Duhalde, a ser un incondicional del kirchnerismo, defensor del voto a los 16 años, del programa Fútbol para Todos y de la Ley de Medios. Aquí, fragmentos del capítulo sobre su estigma, el supuesto escape en el baúl de un automóvil.

PERFIL COMPLETO

El miércoles, día clave ante posible paro.
El miércoles, día clave ante posible paro.

Rodolfo “Fito” Benítez, ex secretario de Gobierno de Quilmes, reconocido dirigente del Partido Justicialista local y uno de los tres protagonistas del entuerto judicial ocurrido hace casi dos décadas y que aún mantiene en vilo a Aníbal Fernández, fue entrevistado en su quinta de Villa Elisa. Se formuló la primera pregunta: “¿Estuvo Aníbal prófugo de la Justicia? ¿Es verdad que escapó en el baúl de un auto?”. La respuesta fue espontánea e inmediata: “¡Mentira! ¡Mentira! ¡Mentira! El tema del baúl fue una mentira”. La controversia que llevó al entonces intendente de Quilmes a la tapa de todos los diarios se originó cuando la empresa Aguas Argentinas le reclamó al municipio deudas impagas por 400 mil pesos. La concejala María del Carmen Alburúa denunció a la Dirección General de Servicios Sanitarios, que dependía del intendente, por haber contratado a un grupo de abogados ajenos al organismo para llevar adelante las negociaciones. La designación del estudio había sido autorizada por medio de un decreto firmado por el propio Aníbal Fernández.

Según Ernesto Alburúa, hermano de la edila hoy fallecida, “María del Carmen llevó el requerimiento a la Justicia, con el patrocinio de Juan Pablo Cafiero, Diana Conti y Eugenio Zaffaroni. Es que mi hermana era una dirigente que gozaba de muchísimo prestigio y respeto en su propio distrito”. Pero su historia no fue fácil. “Por militar en la Tendencia, fue detenida y torturada por la Triple A en 1975. La tuvieron secuestrada 11 días, durante los cuales sufrió todo tipo de vejámenes, la dejaron en libertad y a las pocas horas volvieron a buscarla, pero ya no estaba en casa. Había logrado esconderse. Luego llegó el golpe militar del 24 de marzo de 1976 y mi hermana debió vivir como prófuga durante casi ocho años en otra geografía del gigantesco Gran Buenos Aires”, detalló Ernesto. Rodolfo Benítez se explayó sobre el caso: “Fue un problema que surgió por un tema de Aguas Argentinas. Un día me dieron a leer el proyecto y no me gustaron algunos puntos. Se lo mostré al abogado de la comuna y me dijo que para él también estaba mal la cosa. Cuando le comuniqué a Aníbal que no lo iba a firmar, él me ordenó que debíamos hacerlo porque estaban todos de acuerdo. Entonces me puse firme. ‘Yo lo hago si otro secretario me acompaña’. Es cuando aparece la rúbrica de Renzo Marcon, que era secretario de Obras Públicas”. Benítez prosiguió su relato con detalle: “Un día estaba en un operativo de tránsito y me llamó Angel [Abasto, histórico dirigente del PJ local] y me dijo que había un pedido de captura para mí, para Aníbal y para Renzo por el tema de los abogados, a lo que le respondí: ‘¡Lo había dicho yo!’. Obviamente, en ese momento tan dramático, cada uno tomó sus precauciones. Los policías me fueron a buscar a casa, pero yo ya no estaba. Me había ido a lo de mi hija. Aníbal evitó también volver a su propio domicilio y se fue a la quinta de unos amigos. Sin embargo, no hubo necesidad de escapar en un baúl. Todo duró algo más de veinticuatro horas. A las treinta y seis horas ya estábamos en el local partidario con la gente. Pero, a esa altura, el escándalo había salido publicado en todos los diarios, incluida la prensa nacional, que lo colocó en su portada”.

Aquella historia que nació en octubre de 1994, en cuanto el juez en lo Correccional y Criminal Ariel González Eliçabe ordenó la captura de Aníbal Fernández, terminó convirtiéndose en un verdadero estigma en la vida del actual legislador kirch- nerista. Cuando faltaban pocos días para las elecciones del 95, el intendente quilmeño se aprestaba a disputar una crucial prueba para acceder a un segundo período al frente de la comuna. Las boletas ya estaban impresas y los afiches, pegados en las paredes. Sin embargo, un llamado telefónico cambió drásticamente el destino de Aníbal.

De un lado de la comunicación estaba Eduardo Duhalde, gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien iba a disputar su segundo mandato. Del otro se encontraba el caudillo Abasto. “Angel, venite con Aníbal a la quinta que necesito hablar urgente con ustedes.” Como buen anfitrión, el Cabezón les ofreció algo para tomar mientras se acomodaban en el living. Sin más preámbulos, y esgrimiendo en una de sus manos una serie de sondeos a los cuales era adicto, fue claro y tajante: “Aníbal, con estas condiciones vos no podés ir a comicios. Tengo encuestas en donde podés sacar petróleo por lo profundo que estás en la consideración de la gente”. Sin esperar ninguna respuesta, giró y le dijo a Abasto: “Presentate vos, Angel”. Tras aceptar la indicación del jefe, y luego de que Fernández se marchara desconsolado de la reunión, Abasto le pidió a Duhalde un favor: “Ya que Aníbal se queda en banda: ¿podés incorporarlo a la lista de senadores provinciales? Es que tiene mucho temor de que, cuando termine su mandato, este juez lo mande a detener otra vez. Sabés que ha tomado este caso como una cuestión personal”. El entonces hombre fuerte de la principal provincia argentina estuvo de acuerdo con la propuesta. Luego de bajar de la lista a la dirigente quilmeña Nelly Chiquín, Aníbal resultó electo senador provincial y consiguió fueros especiales que lo mantuvieron alejado de los pasillos de los tribunales locales al menos por cuatro años.

Abasto, un hombre de la ortodoxia peronista del conurbano acostumbrado a obedecer, se presentó en la interna sabiendo que no tenía ninguna posibilidad de ganar, ya que las desventuras de su ahijado político habían tirado por la borda cualquier oportunidad concreta. La suerte estaba echada. “Fui a la guerra como un soldado, pero perdimos contra Federico Scarabino”, evocó Angel sin rencores, desde el amplio living de su moderno departamento, frente a la céntrica plaza Conesa, la más bonita y residencial del pago chico. Desde entonces, Fernández supo que sus sueños de llegar a la gobernación bonaerense o a la Casa Rosada se habían convertido en una quimera.

Para considerar un análisis de estos hechos, y de su principal protagonista, se recurrió a uno de los más reconocidos psicólogos sociales que tiene la Argentina. Al analizar el caso, señaló casi sin dudar: “Aníbal tiene insatisfacción porque el proyecto que siguió adelante con Menem, Duhalde o los Kirchner es el plan de otros. No se trata ya del propio. Cuando tuvo que resignarse, se transformó en un actor invitado, en un partenaire que forma parte del elenco de una película que no es la propia. Un film que tiene otros protagonistas principales”. Este prestigioso profesional agregó que a Aníbal Fernández “nada lo satisface. Carece de límites, por eso desdeña lo que dirán de él, ya que considera que su ilusión desapareció. Ha perdido la medida. Técnicamente es un mercenario que trabaja para la realización del sueño de terceros y, como todo efectivo rentado, reniega de las ideologías. Le da igual la derecha que la izquierda. Sólo es fiel al poder de turno, al que maneja la caja. No puede ser sensible, porque ello supondría una debilidad. Quien lo contrata, lo hace por los antecedentes de su acción como mercenario, no por sus puntos de vista personales, ya que sabe que éstos mutan según se modifica el postor. Aníbal no tiene arraigo, porque el lugar donde estaban sus sentimientos y su gente no lo acepta”.

A tal extremo esas treinta y seis horas fatídicas marcaron para siempre los destinos de Fernández que, aún hoy, casi veinte años después, si uno “googlea” su nombre, las primeras palabras relacionadas que aparecen en el buscador son “baúl” y “prófugo”. Mientras tanto, sus detractores no dudan en utilizar esa desventura cuando quieren incomodarlo. Por ejemplo, en abril de 2011, Alberto Fernández le salió al cruce por temas personales. Aníbal había manifestado por Radio La Red: “Alberto Fernández se cagó en la amistad de Néstor Kirchner. Cuando iba a Santa Cruz, dormía en la cama de Máximo [el hijo del ex presidente]”. Por su parte, Alberto le respondió con la misma dureza a su ex amigo y compañero, a través de Radio Mitre: “Nunca fui obediente. Nunca me disfracé de progresista. No lo conocí a Arturo Jauretche porque La Cámpora me recomendó conocerlo. Nunca trabajé con José Manuel de la Sota. Nunca quise irme escondido en un baúl”.

En 2012, fueron el sindicalista Hugo Moyano y el periodista Jorge Lanata quienes utilizaron el tema de la supuesta huida para mofarse de él. En medio del paro general del 20 de noviembre, que llevaron adelante la CGT y la CTA opositoras, el líder gremial convalidó el tono de los mensajes que Camioneros le envió al senador a través de Twitter. Frente a un micrófono y desde la sede de la CGT, el dirigente levantó el tono a los cruces: “Muchachos, prepárense. Seguramente vamos a tener una denuncia penal por extorsión. Pero yo no me voy a ir en el baúl de ningún coche”, dijo Moyano en medio de una risa generalizada. Por su parte, desde su programa de televisión Periodismo para Todos, el conductor del ciclo elaboró una parodia en la que el actual senador recorría concesionarias de autos en búsqueda de automóviles con baúles confortables. Este karma obsesiona tanto a Aníbal que, en los últimos años, ya demandó por la sola mención del baúl al diputado justicialista Alfredo Atanasof, a la diputada nacional del PRO, Laura Alonso, al delegado de la línea del Ferrocarril Sarmiento, Rubén “Pollo” Sobrero, y al cómico y dirigente del PRO santafesino Miguel del Sel.

Fernández puede seguir en el futuro haciendo juicios a cada persona que ose hablar de una hipotética fuga escondido en la parte trasera de un vehículo. De todas formas, fue probado y publicado por diversos medios nacionales que hubo una orden de detención concreta librada por el entonces juez en lo Criminal y Correccional de Quilmes Ariel González Eliçabe.La doctora María del Carmen Falbo, quien lo patrocinó en ese momento, argumentó que su “no presentación ante la Justicia” estaba basada en una “falta de garantías y de ecuanimidad”. Ergo, Aníbal no se presentó ante la requisitoria inicial, según reconoció su propia abogada. A confesión de parte…

Es inevitable volver a Angel Abasto a la hora de querer saber si el hombre en cuestión ha cambiado mucho con respecto al joven contador que él conoció hace casi treinta años. “Siempre fue muy atropellado”, destacó. “Yo a menudo cuento, como una metáfora, que si a Aníbal alguien lo invita a comer a su casa por primera vez, al rato este muchacho ya le está manejando la cocina. Sin embargo, esta versión ‘kirchnerista’ de los últimos tiempos me llama mucho la atención. La persona que yo conocí no era de pelearse con nadie. Siempre tuvo esa actitud de querer ser y mostrarse como conocedor de todos los problemas, pero este dirigente pendenciero es algo nuevo para mí. Todo lo que yo hice, lo hice con el otro Aníbal. A éste lo desconozco. Creo que esta nueva variante tiene una gran influencia de Néstor y Cristina. Se ha mimetizado con sus nuevos jefes.” Tanto su alma mater como el psicólogo consultado coinciden en el diagnóstico.

Pero ¿qué pasó con la causa del supuesto baúl que se convirtió en la bisagra que marcaría para siempre su vida política? Esa causa se extinguió luego de varios años de haber quedado “dormida” en los tribunales locales. ¿Qué ocurrió con la denunciante? Ernesto Alburúa lo recuerda con mucho dolor: “Tras su intervención en aquella denuncia contra Aníbal, mi hermana sufrió amenazas de todo tipo y nuestra familia debió ser custodiada por la policía bonaerense. Pero María del Carmen nunca dejó de militar”. Años más tarde, a fines de 2001, los Alburúa y un grupo de compañeros de militancia organizaron el primer acto masivo de los Kirchner en Quilmes. Sin embargo, según Ernesto, “María del Carmen no llegó a ver la consagración para muchos impensada del santacruceño. Una secuela de los tormentos con picana eléctrica sufridos en sus pechos derivó en un cáncer de mama que le quitó la vida en 2002. Tenía sólo 50 años”. En sus últimos meses de existencia, con la salud deteriorada pero con una completa lucidez, María del Carmen Alburúa soportó una amargura final: el hombre al que había denunciado ante la Justicia, cuando era concejal, había retomado con bríos su carrera política. Ya no se escondía. Por el contrario, llegaba hasta uno de los sitiales más altos al ser nombrado secretario general de la Presidencia de la Nación en el gobierno de Eduardo Duhalde.



Graciela Russo / Marcelo López Masía