DOMINGO REPORTAJE A JOSÉ “PEPE” MUJICA

“Argentina estaba en una autarquía”

El ex presidente de Uruguay considera que el nuevo gobierno argentino puede favorecer las relaciones con su país; también  destaca algunos puntos favorables del mandato Kirchner.

Foto:Cedoc Perfil

Se siente satisfecho con el Uruguay que dejó?
—Parcialmente sí, porque hay menos pobres y menos indigentes. En realidad, las condiciones naturales de ese pequeño gran país, grande por la superficie útil que tiene por habitante, grande porque por cada ciudadano hay cuatro vacas y otras tantas ovejas, casi el 90% de su territorio es aprovechable. Entonces, una cosa es la dimensión física y otra cosa es la dimensión útil que tiene un país. No obstante ello, todavía tenemos pobres, y eso no se justifica. Por lo tanto, algo avanzamos, pero no lo suficiente.
—Vemos en Brasil que el PT saca millones de personas de la pobreza y las lleva a la clase media. El chavismo construye millones de casas y después vemos a aquellas personas haciendo cacerolazos contra el gobierno. Vemos a los Kirchner que recuperaron la dignidad del argentino y ahora eligen un presidente de derecha. ¿Qué está pasando en América Latina? ¿Cómo se explica ese avance de la derecha regional, según usted.
—Yo tengo una interpretación de la historia peculiar, con la cual se puede discrepar. Con esa salvedad, yo pienso que la historia nunca triunfa totalmente porque tampoco en ninguna parte triunfa totalmente la derecha. La historia humana es un constante movimiento pendular entre el cambio, la corriente hacia la igualdad, la justicia que intentamos representar eso que se llama izquierda. Y la otra cara conservadora resistente al cambio, luchadora por la estabilidad. Ambas visiones tienen patologías. La patología de lo conservador es lo reaccionario. La patología de lo progresista o de la izquierda es el infantilismo. El confundir deseo con realidad. Eso está presente en la historia humana. (…) Para mí, derrotados son los que bajan los brazos, porque así nunca hay un triunfo definitivo. Lo que hay definitivo es un camino de mejoras. Todas las mejoras sociales que tienen los pueblos contemporáneos fueron banderas de izquierda en algún momento. (…)
—¿Hay una carencia ideológica en las bases de América Latina?
—(…) Nosotros creímos en algún momento, yo creí, que con el cambio en las relaciones materiales, en la producción y en la distribución de una sociedad, se lograban las condiciones de las cuales iba a emerger un hombre nuevo. Nos equivocamos. Pero justipreciamos el papel de la cultura. Nos quedamos muy cortos en el papel de la importancia de la cultura, y los cambios culturales cuestan y llevan mucho más tiempo que los cambios materiales en una sociedad. Porque la cultura es una construcción histórica de capas sedimentarias, de conocimientos, de sensaciones. Yo, cuando digo cultura, no me estoy refiriendo a la capa más notoria, el arte, la novela. Me refiero a ese conjunto de relaciones que se dan en cada uno de los hogares. En esas decisiones cotidianas que tomábamos. (...)
—Vamos a hablar ahora de un vecino, quizás el peldaño más alto que ha logrado esa derecha regional en los últimos tiempos ha sido la presidencia de Argentina, Mauricio Macri, que por cierto no asistió a la cumbre de la Celac. ¿Cuánto puede influir Macri en cambiar lo que se ha logrado, por ejemplo, en materia de integración regional dentro del Mercosur e incluso con Uruguay.
—En las relaciones con Uruguay curiosamente, coyunturalmente, ha sido favorable porque la Argentina estaba empeñada en un proceso de autarquía propio. Con todo el derecho que da la soberanía, pero muy contrario al avance del Mercosur. Con barreras internas al intercambio y a la relación en todos los aspectos y con una especie de hipernacionalismo económico, que no es socialismo. Un hipernacionalismo de carácter capitalista para adentro de la Argentina. Entonces, creo que eso mantuvo, en realidad, la integración en un fuerte discurso victórico, pero poco efectivo desde el punto de vista práctico. Salvo algunas cosas importantes. Muy importante como pararle el carro a Estados Unidos, ahí fue uno. Pero eso fue en la vida de Kirchner. De todas maneras, hubo una prioridad por el reparto social interno de los recursos económicos de la Argentina que ha desatado una oposición muy fuerte de la derecha y de los círculos privilegiados. Ahí ha estado en la disputa. Pero la elección no la ganó Macri, la perdió el peronismo, y la perdió por sus disensiones internas. Porque en última instancia lo que fue decisivo para el triunfo fue el aporte de peronistas disidentes. Va a depender de que aprendan la lección, tengan un poco más de humildad y recompongan la fila. Si lo logran, veremos qué es lo que pasa.
—Otro punto importante de la política regional, los diálogos de paz (para Colombia, NDR) que se celebran en Cuba. ¿Cree que cuando se firme la paz, que se espera que ocurra en los próximos meses, eso marcará un antes y un después en América Latina o será un asunto que se quedará dentro de las fronteras de Colombia?
—En primer término, Colombia es un país formidable. Es decir, hoy es la segunda economía de América del Sur. Está equilibrando a la Argentina o pasándola, en alguna medida. Es uno de los principales países en lograr la paz en la selva colombiana; ayuda a la estabilidad global de toda América Latina porque quita un pretexto intervencionista, directo, militar de afuera, que no es poca cosa. Tranquiliza, en general, al continente. Pero la paz tiene que garantizar también que la contradiccion que estuvo planteada en la gente que durante tantos años se fue al monte y anduvo en el monte; no lo hizo de vacaciones. Hay que encauzar esa tensión políticamente. Ese es el otro paso. Eso se tendrá que expresar en el marco de la legalidad política de Colombia de alguna manera. Lo peor de una sociedad es no reconocer los problemas y tratar de taparlos. (…)
—Vivimos en un mundo complejo, crisis económica, crisis migratoria, crisis financiera, terrorismo. ¿Cuál es el vaso conductor, la raíz de estos fenómenos? ¿O se pueden considerar como fenómenos independientes?
—Seguramente, tienen una interrelación y las causas son múltiples. Tienen una jerarquía entre sí. Yo creo que la explosión neoliberal en el mundo capitalista extremando en su momento la religión del mercado, la religión de la competencia y la absoluta libertad de los grupos económicos, entre ellos, apalancando la concentración financiera y transformando lo financiero en un fantasma que rodea por todas partes a este mundo ha establecido algunas trampas cuyas consecuencias son irreparables. Por ejemplo, el brutal proceso de expoliación a las clases medias por vía de la mecánica financiera por el poder abstracto. Con la particularidad de que las clases medias no se dan cuenta, sobre todo, los escalones más humildes. (…)
—Cree que la humanidad tiene una vocación suicida?
—No. Lo que lo tiene es la cultura occidental y cristiana, que ha desembocado en este capitalismo atroz. ¿Por qué? Hay una lamparita en California que está prendida hace cien años, funcionando. Lo cual quiere decir que se puede hacer que duren un montón de tiempo. No hay necesidad de cambiar el auto todos los años. No hay necesidad de cambiar cada tres meses el celular. (…) No hay que andar desesperado por todo eso. No estoy haciendo la apología de vivir en la cavernas. La humanidad tiene que trabajar menos, trabajar todos un poco, no vivir tan apurados y no tirar tanta cosa. (…)

Fragmento de la entrevista de actualidad.rt.com.



Redacción de Perfil.com