DOMINGO REPORTAJE A OMAR PLAINI

"El peronismo histórico comienza a reaccionar"

Dirigente de la CGT opositora, cree que la reunión de referentes peronistas en CórdobaDe la Sota, Moyano, Lavagna, De Narváez– es el inicio de una nueva etapa movimientista, frente a la inacción del PJ y la falta de debate del kirchnerismo.

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Foto:Cedoc

El diputado nacional por el FPV Omar Plaini es también secretario general del gremio de los canillitas y secretario de prensa de la CGT de Hugo Moyano

Acaba de llegar de Córdoba y Santa Cruz, desde donde en las últimas horas nos ha llegado una importante foto en la que Moyano, De la Sota, Peralta, Lavagna y De Narváez parecen anunciar una nueva conjunción política. En efecto, en Córdoba se podían observar globos multicolores con la inscripción “De la Sota presidente”.

—¿Qué significan exactamente estos encuentros?

—Mire –explica Plaini–, se empieza a dar en el peronismo el síntoma de reagruparse. Me refiero a los dirigentes y a los representantes de distintos sectores del peronismo que no se sienten representados y están obviamente marginados en este proceso del proyecto político actual, al que muchos de nosotros acompañamos, sin embargo, también durante un largo tiempo. A esto se suma el movimiento obrero que es la construcción de una herramienta en términos políticos. Ello no es un dato menor porque esto tiene que ver con la historia del movimiento obrero en sus mejores expresiones. Aquí aparece algo nuevo que es la construcción de una herramienta, no solamente en términos electorales sino como una construcción de carácter movimientista que se está llevando a la práctica y, en este caso, encabezada por Hugo Moyano.

—Esta “primera vez”, esta reunión de Moyano con Peralta y De la Sota resulta, desde ya, muy significativa a nivel nacional…

—Usted sabe que la política siempre trae consigo distintas miradas, distintas historias y distintos tipos de representaciones. Me parece que nadie puede negar el carácter de peronistas que poseen estos tres actores. Obviamente, ni de Moyano ni de De la Sota y tampoco del gobernador Peralta, que viene de ganar recientemente la interna del justicialismo. Creo que, efectivamente, hay una situación que está marcando al conjunto del peronismo: y ella es la inacción, la inactividad del Partido Justicialista, en términos de lo que representa como estructura partidaria. Eso está claro y es una de las razones por las cuales Moyano renuncia al Partido Justicialista a nivel nacional y a la presidencia del PJ (por el hecho no deseado y no esperado, de la enfermedad de Balestrini) en la provincia de Buenos Aires. Esto acompañamos algunos compañeros que también teníamos responsabilidades concretas como consejeros. Creo que esto lleva a esos actores largamente identificados en forma histórica con el peronismo a reaccionar de alguna manera. Hoy, en concreto, las estructuras partidarias ya no hablan de programas o de propuestas. Recuerde usted que, en años anteriores, cuando un gobierno o un candidato comenzaba su campaña mostraba, de cara a la sociedad, una propuesta (en caso de ser elegido para gobernar el país) que estaba basada en las discusiones que se habían dado en el marco del Partido. Bueno, eso hoy no existe. Pareciera que las candidaturas quedan solamente circunscriptas a personas, a lo mediático, a la importancia (mayor o menor) de visibilidad que logre en la sociedad ese candidato. También hay una multiplicidad de partidos (más allá de los dos grandes partidos mayoritarios que, evidentemente, están fracturados desde hace tiempo) en los que pareciera que la gente vota personas y no proyectos.

—Sinceramente, ¿usted cree que los kirchneristas son peronistas?

—Usted sabe que Perón usaba una frase muy inteligente: “Peronistas somos todos, lo que pasa es que algunos no se dan cuenta”, y allí utilizaba una serie de consideraciones más. Tampoco la cosa es tan así, pero sí creo que el peronismo, en los últimos años, justamente por estas cuestiones personales se ha nutrido de “ismos” de acuerdo a quien fuera presidente. Usted recordará que cuando Menem fue presidente se hablaba del “menemismo”. Luego, se habló del “duhaldismo”. Ahora se habla del “kirchnerismo”. En definitiva, cada uno de los actores surgió del propio peronismo y de lo que representa su propia historia. Cada uno tiene que mostrarle a la sociedad lo que carga en su mochila. A mí me parece que el peronismo como partido, como estructura partidaria, en representación de esa visión movimientista que le dio Perón cuando hablaba de todos los sectores sociales, dio lugar a que, luego, creara brillantemente e instalara en la sociedad argentina la famosa “comunidad organizada”. Eso hoy está muy lejos. Prácticamente se ha perdido. Por eso obliga a otros actores peronistas a decir “bueno, tenemos que tener un instrumento que nos devuelva ese carácter movimientista”. Un poco lo que está haciendo el Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo que ha planteado Moyano. O por lo menos es lo que se intenta. Veremos si somos capaces de transmitirlo y construirlo. Claramente, el partido también perdió todo protagonismo. Lo ha perdido el radicalismo y lo ha perdido el peronismo. De hecho, surgen variantes, alternativas, personas… Si usted observa a los pequeños partidos que se han conformado se preguntará: “¿Mayoritariamente, de dónde surgieron?”.

—Si seguimos mirando la foto, reflexionamos y decimos: “Esto sería el comienzo de un frente”. ¿Cómo se ubica allí De Narváez?

—Bueno, De Narváez es un hombre que apareció hace unos años como alguien que se identifica con el peronismo y que en 2009 ganó una elección importante en la provincia de Buenos Aires, y hoy se siente nuevamente en condiciones de ejecutar y competir. Es un actor más dentro de ese frente. En el caso concreto del movimiento obrero nosotros queremos tener la propia expresión en “ese” frente. Obviamente, el oficialismo tiene la estructura del Partido que hoy no funciona y que, como bien dice Moyano, aparece como una cáscara vacía que se reúne cada tanto para una reunión formal pero no están abiertas las unidades básicas, no hay debates etcétera. Eso es lo que uno reclama. Yo soy un hombre que se formó en un sector (de los varios que tuvo el peronismo), en el cual íbamos a las unidades básicas a debatir, a discutir ideas. Incluso desde una posición minoritaria, porque yo vengo del peronismo de base, que así como en un momento fuimos muy importantes, luego nos convertimos en minoría. Sin embargo, nunca se nos cerró la posibilidad de debatir y de discutir en las internas. Bueno, hoy esa posibilidad está cerrada. Entonces, yo digo que todos estos hombres que se acercaron al justicialismo en los últimos años se identifican con la concepción y la ideología peronista y deben participar activamente. Ese es el caso de De Narváez que es un hombre más que se integra en este frente que se está conformando. También me gustaría que Solá y Peralta se sumen, como lo han hecho ya otros dirigentes.

—¿Córdoba es un punto de inflexión?

—A partir de Córdoba creo que comienza a tomar un volumen distinto.

—¿La CGT siempre se fracturó?

—La única época en la que no estuvo fracturada fue con Perón. Y esto marca algo: la trascendencia del creador. Indudablemente, en 83 años de historia la CGT ha sufrido varias divisiones en su interior. Tampoco creo que haya que dramatizar esta fractura. Hoy hay cinco expresiones sindicales. Hubiese sido bueno que en esta última etapa (hablo en el caso de la CGT) pudiéramos, de cara a la sociedad y a la luz del día, dar un debate sobre una propuesta, un programa, como hoy está haciendo la CGT que conduce Moyano sobre 21 puntos. Se los planteamos a los compañeros de las organizaciones que se retiraron y no participaron. Me parece que la coyuntura política primó frente a la inteligencia de la unidad del movimiento obrero. Y cuando hablo de unidad digo: la unidad de los trabajadores está. El problema termina siendo siempre el de los dirigentes y sus organizaciones sindicales. Me parece que en esto no ha primado la racionalidad de observar que los procesos políticos tienen una etapa. Y que esa etapa se debe discutir en el marco de la Constitución. Mientras que las organizaciones sindicales, como bien decía Perón, son como la familia. Tienen carácter permanente. Más allá de los hombres que las conducen los trabajadores tenemos un sentido de pertenencia. Tenemos una historia y en forma constante estamos en una puja frente a un mundo, hoy capitalista. Es una lucha constante por mejorar nuestra calidad de vida. Para eso están los instrumentos como las paritarias, donde se discuten las condiciones no solamente salariales sino también laborales. Pero también el sindicalismo tiene que ser un protagonista político. ¿Por qué? Simplemente porque éste es el signo distintivo que le puso Perón. Como sabemos, Perón les dio a los trabajadores la posibilidad de ser partícipes en las grandes decisiones del país. Con el paso del tiempo y después de Perón, esto se perdió. Y esto es lo que se quiere recrear con este instrumento que Moyano, inteligentemente, planea mirando hacia el futuro. Probablemente nuestra generación no lo pueda visualizar, pero los jóvenes sí pueden ser partícipes de la decisión política de un país. Porque, en definitiva, ¿desde dónde se cambian las condiciones de vida de la persona humana? Desde lo político. Los grandes cambios, en los que se legisla para la garantía y para la igualdad de todos los ciudadanos, se hacen desde lo político.

—¿No le preocupa a usted ver tantos medios de comunicación en manos del Estado?

—Creo que estamos en un momento bisagra del periodismo. Mejor dicho, de los medios. Y esto se lo digo desde el lugar que me toca a mí como vendedor de diarios y que es, precisamente, el último eslabón de la cadena. Es decir, el que le deja el diario bajo la puerta al cliente. Me parece que hoy la gráfica se ha transformado (y lo lamento) en un lugar con poca creatividad, poca investigación y que se ha dedicado a hacer operativos políticos y de prensa. Tanto de un lado como del otro. También al periodismo y a los medios de comunicación les ha ocurrido esta fragmentación de la que le hablaba. Creo, sinceramente, que debemos saber cómo aplicar la Ley de Medios. En primer término, porque es una ley de la democracia, más allá que se pueda cuestionar alguno que otro de sus artículos. Creo que hay que aplicarla pero también se debe aplicar desde el propio Gobierno nacional el respeto por el derecho a la libertad o a la información que deben tener todos los medios. Hay que continuar este debate en profundidad. Y se lo digo con conocimiento de causa: la pérdida de lectores que sufrimos cotidianamente…

—Usted sabe mejor que yo que los jóvenes no leen el diario de papel, pero cuénteme su experiencia.

—En nuestro continente, la Argentina se ha convertido en uno de los lugares más reconocidos como un país de alto nivel cultural. En particular, la ciudad de Buenos Aires. De hecho, en el éxito que siempre tiene la Feria del Libro. Por otra parte, estamos entre los cinco o seis países que más cantidad de títulos editan. Este no es un dato menor. Es una larga tradición. Lamentablemente, hemos llegado, creo, al descrédito que significa que la prensa haya entrado en el juego de la política y no en el juego al derecho a la información.

—Bueno, usted habrá visto que una práctica muy kirchnerista es aquella de que “quien políticamente no piensa como yo es mi enemigo”. Cuando, en realidad, quien no tiene la misma opinión política es un adversario, no un enemigo.

—Por eso le digo que esto ocurre de uno y otro lado. Le digo con total sinceridad que el Grupo Clarín, en Argentina, ha tratado de fijar la agenda no sólo de los gobiernos sino de los ciudadanos durante muchos años. Y cuando vienen situaciones como ésta se produce lo que yo le estoy diciendo: no es buena ni de un lado ni del otro. Tampoco es bueno que se aliente, desde un gobierno, algo parecido a lo que se le critica al otro lado. Creo que el periodista debe tener la suficiente libertad y objetividad para poder expresarse en los medios. Y los medios deben dejar que los periodistas sean lo más objetivos posible. Yo no creo en eso del periodismo independiente. Sí, creo, en cambio en el periodista objetivo que escribe o dice lo que al medio no le gusta. Usted sabe, como yo, que hay periodistas que son muy valorados en nuestro país justamente por esa posición.

—Usted me decía, también, que han sufrido una gran merma en las ventas de diarios. ¿Cuáles han bajado más?

—Obviamente, Clarín es el que más ha bajado. La Nación creció un poco. No lo suficiente. Probablemente es por una tarjeta que permite descuentos y demás. El resto de los diarios (u otros diarios) tienen muy poca incidencia, más o menos se mantienen. El lector se ha cansado, porque si en el diario no encuentra investigación ni creatividad, la riña política diaria lo fatiga. Además, se han olvidado de los jóvenes.

—Disiento, Plaini. Me parece que los jóvenes no leen el diario. Lo ven por internet, y además no gastan la plata en diarios.

— A ver… los nuevos soportes informáticos obviamente conspiran contra la gráfica. De hecho, ahora nosotros tenemos un nicho. Hasta que aparecieron estos nuevos soportes, nosotros, los canillitas, éramos hegemónicos. Estaban la gráfica, la radio y los cuatro canales de televisión.

—Es cierto.

—Esa hegemonía ya no existe. Ahora hay que defender ese nicho que se ocupa. De hecho, si el libro no desapareció no tiene por qué desaparecer el diario. Pero también hay que buscar a esos segmentos que están interesados. Los jóvenes, de pronto, se identifican con otras cosas. Quizás con una banda de rock. ¿Por qué no sacar un diario que ocupe esa franja joven? No nos olvidemos que estamos en una democracia consolidada. Más allá de todos estos debates políticos que tenemos, la Argentina goza de una democracia consolidada.

—Felizmente. Por eso vamos a defenderla contra el autoritarismo. Pero dígame, Plaini, con la experiencia que usted tiene, ¿cree que los jóvenes de 16 años deben votar? No creo que tengan mucha idea de lo que quieren.

—Mire, yo creo en los jóvenes. Yo abracé la política desde muy joven. A esa edad empecé a militar. Nadie puede negar que ésta es una sociedad mucho más informada que la que me tocó vivir. Esta es una sociedad en la que en minutos usted puede saber lo que ocurre en cualquiera de los cinco continentes. Yo creo que a los jóvenes hay que darles responsabilidades. Que las sociedades crecen y maduran sobre dos pilares fundamentales: la educación y el trabajo. Y esto es lo que está en discusión en Argentina. Me parece que seguimos siendo un país en vías de desarrollo y que no podemos alcanzar esa madurez que proporcionan el trabajo y la educación. A partir de allí no le tengo miedo al voto de un joven de 16 años, pero también que tenga otras facultades.

—¿Y qué piensa de la reforma judicial, con la lista de jueces colgada a la boleta de un partido político? Para un joven esto es nefasto, porque hace a la confusión entre los tres poderes que indica la Constitución.

—Yo creo que hay que mantener la división de los tres poderes. Esto es fundamental. Con respecto a lo que usted señala, acerca de la reforma de la Justicia, he dicho (y en esa dirección fue mi decisión en el momento de votar con total libertad de conciencia) que lo que se debería haber hecho cuando del Ejecutivo vinieron estos proyectos era darles, previamente, legitimidad popular. De la misma manera que durante un año la Ley de Medios recorrió 24 foros, coloquios, seminarios y jornadas en las que participaron todas las organizaciones de la sociedad, eso le dio legitimidad popular. Y más allá de los amparos que haya presentado el Grupo Clarín, nadie puede negar que si se hace un plebiscito esa ley tiene amplio respaldo en el pueblo porque tiene legitimidad popular, más allá de la legalidad que le puede dar uno de los tres poderes, que es el Congreso de la Nación. Y a mí me parece que una reforma tan importante de uno de los tres poderes de la Nación es indispensable que tenga esa legitimidad popular y que todos pudiéramos opinar. Soy de los que está convencido que la Justicia debe tener reformas pero basadas en una participación popular que brinde esa legitimidad para ir después, con tranquilidad, a debatir esos criterios en el Congreso.

—¿Por eso usted votó en contra?

—Yo voté en contra por eso. Yo estoy de acuerdo con que una parte sustancial del Consejo de la Magistratura se haga por el voto popular pero no pegado en una boleta electoral. Creo que se debería haber hecho lo mismo que se hizo con la Ley de Medios. Por ejemplo, yo voté a favor de que los jueces presenten su declaración jurada. Si yo soy diputado de la Nación y tengo que presentar mi declaración jurada, ¿por qué va a haber hijos y entenados? Creo que todas las causas deben publicitarse por internet para que la gente, el hombre común, conozca la verdad. Eso está muy bien. No estuve de acuerdo con lo que se propuso y por eso voté como voté. Cuando uno tiene responsabilidades, uno tiene que debatir en total libertad. Siempre recuerdo una frase de Néstor Kirchner: “Somos hombres comunes con responsabilidades extraordinarias”. Acompaño y afirmo esa frase. Cuando se tiene responsabilidades hay que debatir en total libertad.

—El ciudadano común se pregunta cómo habrán sido las reuniones en el Ministerio de Trabajo con la CGT oficialista de Caló y el ministro Tomada. Hasta este momento, en el que estamos conversando, no se ha llegado a un acuerdo en las paritarias de la UOM, mientras el dólar paralelo parece incontrolable.

—Yo recuerdo (hace ya dos largos años) cuando la CGT empezó a plantear esa agenda que terminó alejándonos del Gobierno. O, mejor dicho, el Gobierno alejándose de nosotros, porque desde septiembre de 2011 se cortó el diálogo en forma unilateral de parte del Ejecutivo con la CGT de Hugo Moyano. Ya planteamos, además de las reivindicaciones propias, el problema de la inflación. Siempre hemos dicho que, a la hora de negociar una paritaria, no se negocia por el Indec, que ya es un grotesco, una película de Fellini. Y el tiempo nos dio la razón cuando negociamos con la mirada puesta en la góndola del supermercado. Hay que resolver el tema de la inflación porque carcome el poder adquisitivo del trabajador... De la misma manera, es totalmente injusto que un trabajador que gane poco más de siete mil pesos tenga que pagar un impuesto. Es un absurdo, cuando ni los jueces ni el sector financiero tributan.

—¿Cómo cayó en la CGT el tema de Lázaro Báez y esa cantidad enorme de plata de la que tanto se habla?

—Nosotros planteamos lo que hemos dicho siempre: la Justicia tiene que investigar pero tiene que tener celeridad e ir a fondo. Lamentablemente, la Justicia es muy lenta. Por eso, crear estas Cámaras de Casación es hacer más lenta la Justicia. Frente a las denuncias del periodismo la Justicia debe acelerar todo un proceso y que la sociedad sepa toda la verdad. En un país que vive en democracia hay que respetar los tres poderes, y a la Justicia hay que facilitarle todos los instrumentos para que avance en estas causas que son muy delicadas y crean malestar en toda la sociedad.



Magdalena Ruiz Guiñazú