DOMINGO REPORTAJE A ALBERTO FOHRIG

“El tema de la niñez con la droga es crucial”

Especialista en narcotráfico, advierte que las drogas encuentran un terreno fértil en sectores de la juventud porque en los últimos años se han quebrado varias instancias de socialización, como la familia, el trabajo y la escuela.

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Foto:Enrique Manuel Abbate

Alberto Fohrig se doctoró en Ciencia Política en la Universidad de Oxford, y actualmente es profesor en la Universidad de San Andrés y se ha especializado en el tema del narcotráfico. Por eso nos interesaba en particular su mirada sobre la presencia de la droga, lamentablemente cada vez más fuerte en nuestro país y también con una impronta creciente sobre todo en la niñez.

—Este es un tema clave… –reflexiona el doctor Fohrig– que quizás a algunos les parezca secundario, pero si miramos en el largo plazo (no solamente a través de la coyuntura de los problemas que hoy nos aquejan), si contemplamos la película hacia atrás no dejaremos de advertir que, de alguna manera, a la Argentina se le ha acabado el crédito social. Usted recordará el mito respecto de que la Argentina era un país educado, un país de clase media, con poca pobreza y alfabetizado, ¿no es cierto? Si nos remitimos a los años 70 encontramos una serie de números increíbles: un dígito de desempleo, un dígito de pobreza y (esto es clave para mí) también un dígito de mercado informal. Es decir, más del 90% de los trabajadores argentinos eran trabajadores “formales”, y eso implicaba un trabajo estable, de por vida, acceso a la salud, a las vacaciones. En definitiva, acceso a la seguridad social. Este proceso comienza a deteriorarse en los 70 y, al mismo tiempo, se inician tres procesos paralelos que afectan centralmente a la niñez. El primero, como le mencionaba, es que el mercado laboral es una de las tres instituciones de socialización de un joven, y eso se rompe. Fíjese que nunca más vuelve a restablecerse. Y hoy, después de una década de alto crecimiento (y creo que el Gobierno ha hecho esfuerzos por disminuir el empleo informal) tenemos un 35% de empleo informal.

—¿Cuál es, entonces, la razón?
—Esta es la primera agencia de socialización que se rompió en la Argentina. Lo cierto es que hoy ningún chico de un barrio de emergencia tiene como horizonte el tema del trabajo, sencillamente porque no existe para él.

—Bueno, tampoco lo tuvo su papá…
—A eso iba, porque estamos en la tercera generación. Por eso, al comienzo me refería a que se rompió, se terminó, el crédito en la Argentina. Se terminó el crédito de ese mito. Estamos entonces en la tercera generación de pobreza persistente. Cuando transitábamos por la primera generación existía algo que se llama “memoria de derechos”. Es decir, gente que trabajaba, perdía su trabajo y, eventualmente, podía recuperarlo. Lo que ocurrió con esa generación es que nunca más lo recuperó, y sigue pasando ahora con esta tercera generación.

—Es decir, doctor Fohrig, “memoria de derechos” en plural.
—Exactamente. Derechos laborales y sociales, presencia en el mercado de trabajo… Esta es, entonces, la primera socialización que se quebró en la Argentina y nunca más se recuperó en los últimos cuarenta años. La segunda agencia de civilización clave es la escuela, que se ha transformado brutalmente en los últimos 25 o 30 años. Pasó de ser un lugar en el que exclusivamente se educaba a ser un lugar que progresivamente se fue convirtiendo en un sitio donde, además, los niños comen (¡y bienvenido que puedan comer allí), pero esto alteró la función inicial que tenía la escuela. Hoy cumple funciones de civilización primaria.

—…como luchar contra los piojos. Es admirable la abnegación con que las docentes tratan de combatir este flagelo.
—…sí, y también los chicos aprenden a comer en la escuela. ¡A usar cubiertos No estamos hablando meramente de una función de alimentación sino que también cumple una función de socialización primaria. Entonces, la escuela (básicamente en los años 90) comenzó a dar de comer en gran escala y en los años 2000 pasó a estar atravesada por la violencia. Los maestros, simultáneamente, en veinte años tuvieron que aprender a educar, a contener socialmente, a socializar primariamente a niños y, luego, a lidiar con la violencia. Un grupo de maestros de Caballito (¡no le estoy hablando de un lugar desértico y despoblado) me señalaba hace pocos días que se enfrentaban con situaciones que implican chicos con armas en las escuelas; la necesidad de discutir, entre otras cosas, si será necesario colocar detectores de metales en las aulas realmente es una cosa brutal. De modo que las primeras víctimas son los chicos y las segundas víctimas son los docentes. Y nos preguntamos: ¿dónde están las raíces de todo esto? Mencionábamos agencias de socialización: el trabajo, la educación a través de la escuela como lugar central para pensar el futuro. Esto también se quebró en nuestro país en los últimos cuarenta años. Y el último punto (fundamental por cierto) es que se transformó a la familia.

—Entonces, ¿cómo ubica usted hoy a la familia?
—La familia ocupaba el tercer lugar central de socialización y hoy, en forma creciente, se ha vuelto monoparental. Fíjese que, en general, en los sectores de bajos ingresos las familias están lideradas por mujeres que tienen una vida dificilísima. Deben congeniar cómo cuidar a sus hijos sin recursos y, al mismo tiempo, trabajar. Entonces, esa familia soñada con dos miembros adultos y dos niños pequeños que era el ideal de la Argentina en los años 40 y 50 hoy ya no existe… Y si uno mira este proceso se pregunta también: ¿dónde está el horizonte de trabajo de ese chico? No hay un horizonte…
¿Dónde está el horizonte que brindaba la escuela? No existe.
¿Y la socialización primaria, la contención familiar? Tampoco, porque no hay políticas sociales serias en cuestiones fundamentales como la famosa “jornada completa”, que es clave para la mujer que trabaja y lidera el hogar y que nunca se implementó. El tema de las guarderías para bebés y niños muy pequeños… bueno…

—Entonces, lo que usted dice, doctor, ¿es que la doble escolaridad se manifiesta en un porcentaje ínfimo?
—La promesa de “jornada extendida” que se había discutido en temas de leyes de educación hoy no se ha cumplido. Por lo tanto, cualquier madre que trabaje ocho horas termina entrando en el mercado informal. No tiene acceso al sistema de salud (obras sociales) ni tiene vacaciones, etc. Entonces, cuando hablamos de la niñez ¿es el resultado de qué? Se acabó el crédito… Hace cuatro décadas que estas tres agencias primarias se perdieron.

—De acuerdo con su especialización ¿en qué momento, entonces, interviene la droga?
—Antes que nada lo que hay que decir es que la droga es un fenómeno que abarca a múltiples clases sociales. Me explico: hay distintos usos de drogas en diferentes clases sociales. Las drogas sintéticas (la cocaína y drogas en general “puras”) son accesibles a los sectores altos y medio-altos, mientras que en los sectores medios hay un creciente consumo de psicofármacos. Argentina tiene una tasa altísima, a nivel mundial, de consumo de psicofármacos “legales”. Entonces, en los sectores medios éste es otro punto usualmente no tematizado. Tengo entendido que la Argentina es el primer consumidor mundial de clonazepán que es, básicamente, un remedio legal pero que cumple funciones de psicofármaco.
En los sectores bajos también hay consumo de estupefacientes, pero el problema está en la calidad de éstos, ya que su precio es menor en ese mercado y, además, hay derivados de la peor especie como es el paco. Es uno de los subproductos de la cocaína, y ese paco frecuentemente se “estira”. Quiero decir que se intenta que esa sustancia “rinda” más mezclándola con las cosas más tremendas.

—¿Por ejemplo?
—En los análisis de paco se ha encontrado desde veneno para ratas hasta tubos fluorescentes. Este es el tipo de cosa que produce adicciones en chicos que hoy tienen 10 años. Por lo tanto el tema de la niñez con la droga es crucial. Incluso para comprender el fenómeno de la droga. Entonces hay que entender que la droga interviene en este proceso de manera multisectorial en todos los ámbitos sociales con distintas sustancias pero, repito, a quienes más afecta es a los sectores de menores ingresos porque son más vulnerables y, además, acceden a las porciones del mercado más tremendas y deletéreas para la salud. Incluso a veces causan daños irreparables en chicos de entre 10 y 12 años.

—¿Usted está de acuerdo, doctor, con la idea de que la Argentina ya no es un lugar de paso sino un lugar de producción de droga?
—Sí, yo creo que ese debate está absolutamente saldado. Hay documentos oficiales del gobierno argentino publicados por la Sedronar en 2011 que documentaron, a su vez, la cantidad de “laboratorios” detectados en la Argentina. Entre los años 2000 y 2006, de acuerdo con este informe, se detectaron más de ochenta laboratorios… Imagínese que estoy hablando de 15 años atrás Por lo tanto es claro que hace por lo menos 15 años que tenemos distintos tipos de elaboración (con distintas fases) del proceso –repito– de elaboración de drogas en nuestro país. Y esto abarca también drogas sintéticas, que usan precursores químicos muy fácilmente accesibles en la Argentina. Le añado que ésta es una característica de la Argentina, que ha tenido y tiene graves problemas con el control de los precursores químicos.

—¿Por qué?
—Porque la Argentina tiene una industria química muy importante y hay laboratorios de drogas sintéticas traídos por una industria química mal regulada. Y también una industria farmacéutica mal regulada.

—¿Usted quiere decir, entonces, que es relativamente fácil conseguir en una farmacia todo tipo de medicación?
—No sólo eso. También es muy fácil conseguir los materiales que se usan para terminar de elaborar las drogas. Me refiero a las materias primas que se utilizan para terminar de refinar la droga. El clorhidrato de cocaína requiere determinados químicos, que técnicamente se denominan precursores químicos, y como en la Argentina hay una industria química obviamente legal desde larga data, lo mismo que en el caso de la industria farmacéutica, lo que termina ocurriendo es que factores del narco acceden ilegalmente a estas materias primas, y ésta es la razón de ser por la cual se “terminan” de producir drogas en la Argentina. Es más “cómodo”. Y, además, aquí hay los componentes químicos necesarios para transformar la “pasta base” en clorhidrato de cocaína. Esto viene ocurriendo en el país desde hace más de 15 años. Por lo tanto, para mí el debate acerca de si hay o no elaboración de drogas en el ámbito local está absolutamente saldado.

—¿Hay complicidad de los laboratorios en todo esto o me equivoco?
—Ayer estaba mirando en detalle el mapa (porque es literalmente un mapa) del cartel de Sinaloa donde figuran las empresas asociadas a  él. Lo tengo graficado en mi estudio porque es una cosa realmente impresionante que muestra a todas las empresas vinculadas al cartel de Sinaloa. Son 288 empresas.

—¿Mexicanas o de todo tipo?
—Están en el mundo entero. Hay empresas en Uruguay, en Panamá, en España, varias empresas (obvio) en México, en Colombia, en Ecuador. Es una multinacional ilegal. Entonces lo que quiero decir es que estos negocios ilegales tienen puntos de contacto con negocios legales. Por eso es muy importante que el Estado regule muy seriamente tanto la industria química como la industria farmacéutica en la Argentina. Han tenido antecedentes, que han sido objeto de investigación judicial, de vinculación con determinadas droguerías y el tráfico de drogas. Esto no es algo que sea mera teoría sino que, como le repito, hay casos sometidos a investigación judicial donde se demuestra la vinculación entre droguerías y drogas ilegales.

—A lo largo de su experiencia, doctor ¿usted piensa que habría que despenalizar la droga para uso personal?
—Creo que aquí hay que analizar y ser muy cuidadoso. Sin duda hay que perseguir el crimen organizado porque el crimen organizado hoy se dedica a las drogas, pero no tiene a las drogas como único objetivo. Hay crimen organizado en el mundo en muy diversas actividades: en la trata de personas, en tráfico de inmigrantes, en esclavitud laboral, en esclavitud sexual, en la falsificación de marcas de lujo, etc.

—Cuando usted habla de Sinaloa...
—…estoy hablando del cartel cuyo líder, el Chapo Guzmán, fue detenido hace más de un mes. A partir de su detención se pudo empezar a atar cabos de cuál era la red “legal” de apoyo de este señor. Porque, obviamente, esas empresas tienen actividad legal, depositan su dinero en bancos, y hay bancos que han estudiado adecuadamente esas empresas para ver de dónde provenía ese dinero y también hay otros que reciben ingentes cantidades de dinero de esas empresas y que nunca preguntan su origen. Y no estoy haciendo declaraciones generales sino que hay bancos internacionales de primera línea que han sido multados en EE.UU. por la Exchange Comission americana por lavar dinero del cartel de Sinaloa en México. Y le estoy hablando de 1.500 millones de dólares de multa. Imagínese entonces los miles y miles de millones que “lavó” ese banco. Ese solo banco. Imagínese toda una red de “paraísos fiscales”. Lo que quiero decir es que debemos discutir con mucho cuidado y más seriamente estas vinculaciones entre la economía “ilegal” de estos verdaderos emporios con la economía “legal”. Debemos pedir muchísima colaboración del sector privado legal para controlar, denunciar, precaver a las autoridades y no lucrar con este tipo de actividades que son las que terminan matando a nuestros chicos. Con lo cual no hay ninguna posibilidad de que sea justificado lo que es ilegal.

—Vuelvo a la pregunta anterior: ¿y el consumo personal?
—El mundo está cambiando con respecto al consumo personal. Se está abordando el tema también como un tema de salud. Francamente yo no creo que sea razonable tratar el tema del consumo personal en una adicción como un problema penal y no como un problema de salud. Recientemente la Corte Suprema ha hablado al respecto. Hay quienes sostienen que el consumo de estupefacientes es una cuestión privada de las personas, como dice la Constitución en su art.19, que está exenta de la autoridad de los magistrados. Es una cuestión privada. Por lo tanto, yo creo que a) es una cuestión de intimidad, y b) es una cuestión de salud en caso de que haya un problema de adicción, en particular si se trata de un chico. Me parece que son dos carriles separados: uno, que no debe abandonarse, que combate el crimen organizado y, otro, que es el de abordar en mayor medida e intensidad el problema de drogadicción como un problema de salud. Si uno no lo trata como un problema de salud está reforzando el poder de las organizaciones narco. En la medida en que un chico esté sometido a situaciones de adicción severa será alguien fácilmente esclavizado por estas organizaciones. Es fundamental, entonces, que el Estado nacional de manera urgente tenga un programa nacional de combate a las adicciones que sea gratuito y de alta calidad, sobre todo en los barrios de menores recursos.



Magdalena Ruiz Guiñazú