DOMINGO LIBRO / EL ROL DE LOS EJECUTIVOS, SEGúN PASAN LOS AñOS

Empresario y argentino

Por Aldo Ferrer

En El empresario argentino, Aldo Ferrer presenta a los ejecutivos locales como actores centrales en la vida económica del país. Desde su perspectiva como funcionario de gobierno y como figura pública, el economista realiza un recorrido histórico sobre las distintas etapas para describir el perfil de los hombres de negocio. El papel del Estado en la construcción de condiciones necesarias para el desarrollo. Análisis de las relaciones de Argentina y Brasil.

Foto:Marcelo Aballay

Apartir de la resolución de la crisis de principios de este siglo, la recuperación de la impronta nacional de los liderazgos políticos, la estabilidad institucional y el pensamiento crítico, viabilizaron la reaparición del Estado nacional, no sometido a las condicionalidades neoliberales.
Esto es una condición necesaria, pero no alcanza para la construcción del empresario argentino. Son esenciales, al mismo tiempo, una estrategia viable de desarrollo y la argentinización de la economía nacional.

Estrategia de desarrollo
La autodeterminación en la formulación y ejecución de la estrategia económica es condición necesaria del desarrollo y la construcción del empresario argentino. No existe el empresario argentino sin soberanía.
Para tales fines, es indispensable contar con superávit en la cuenta corriente del balance de pagos y sólidas reservas internacionales. El endeudamiento externo funcional a la expansión de la capacidad productiva nunca debe exceder la capacidad de repago, sin recurrir al “salvataje” internacional. De fronteras para dentro, es preciso financiar el gasto público con recursos corrientes, es decir, sin apelar al Banco Central ni al crédito externo. En tales condiciones prevalecen la estabilidad de precios y buenas expectativas estimuladoras del ahorro, la inversión y el crecimiento, es decir, del empresario argentino.
La experiencia de las economías emergentes de Asia ratifica cuan decisiva es la eficacia de las políticas públicas y la apertura de espacios de rentabilidad que orienten al empresario al desarrollo de las actividades estratégicas.
Como, asimismo lo es el impulso a la educación, la capacitación de la fuerza de trabajo y el desarrollo de un fuerte sistema nacional de ciencia y tecnología, estrechamente vinculado a las políticas públicas y a la producción.
Las actividades de mayor valor agregado y contenido tecnológico son esenciales para la formación del empresario argentino. Esta es la base para fortalecer la capacidad competitiva en los sectores de frontera, que constituyen las áreas más dinámicas del comercio internacional. En ellas, precisamente, se concentra el déficit de manufacturas de origen industrial (DMOI), como es el caso del sector de metalmecánica, maquinarias y equipos, el químico, el automotor, instrumental médico, aparatos eléctricos y la electrónica, que juntos incurren en un déficit comercial de unos 25 mil millones de dólares al año. El DMOI es la causa fundamental de la insuficiencia de divisas, es decir, de la restricción externa. Para tales fines, es preciso replantear la estrategia de sustitución de importaciones.
Conviene abandonar el viejo concepto de la “sustitución de importaciones”, que implica reemplazar importaciones actuales por producción interna, mientras se acrecientan, en mayor medida, las importaciones de los nuevos bienes y servicios, resultantes del incesante progreso técnico. Esto desemboca, como lo revela la experiencia argentina, en la brecha creciente del comercio de manufacturas de origen industrial (MOI) y la restricción externa. No alcanza con sustituir el presente, es preciso sustituir el futuro con talento argentino. Es preciso confrontar al empresario argentino con el desafío de desarrollar las actividades en la frontera del conocimiento.
El Estado debe ofrecer incentivos a cambio del cumplimiento de los compromisos asumidos.
Es esencial el apoyo de los trabajadores, vinculando su participación en el proceso de transformación con la generación de empleo, la capacitación permanente, la mejora de las condiciones de trabajo y la participación en los incrementos de la productividad. Esto es particularmente importante en la Argentina, en donde, a diferencia de los países emergentes de Asia en su fase de despegue, el movimiento obrero cuenta con un alto nivel de organización y capacidad negociadora. En este sentido, es ejemplar la creación, por los trabajadores (UOM) y empresarios (Adimra) del sector metalúrgico, de un instituto de investigación para analizar los problemas, proponer medidas, fortalecer la competitividad y compartir los frutos de la inversión y el cambio técnico en la actividad metalúrgica.
El protagonismo del empresario argentino es indivisible de la participación y compromiso de los trabajadores. Debe rechazarse la postura resignada frente a la inercia de la estructura productiva desequilibrada. Suponer, por ejemplo, que, en el complejo electrónico, la actividad local posible se reduce al ensamblaje de componentes importados.
O, asimismo, en el sector automotriz, que lo más que puede lograrse es producir autopartes de menor contenido de tecnología. Es imposible cerrar el déficit en autopartes, sin un profundo proceso innovador y, éste, sin la presencia de una empresa automotriz integrada nacional que innove, produzca motores, incorpore autopartes de alta tecnología, atienda la demanda más dinámica de vehículos dentro del mercado interno y acceda al internacional. (...)
Argentina cuenta con potencial de recursos para desplegar una ambiciosa estrategia de desarrollo nacional. El mismo está fundado en la magnitud del territorio, los recursos naturales y, como lo revelan, por ejemplo, las actividades del Invap y la extraordinaria transformación tecnológica del campo, en la capacidad de gestionar el conocimiento.
La agregación de valor y tecnología a la explotación de los recursos naturales contribuye al desarrollo industrial y tecnológico y aumenta el valor de las exportaciones de bienes de origen primario. La producción agropecuaria ha experimentado un extraordinario proceso de transformación y aumentado sus volúmenes y saldos exportables. Sin embargo, el camino a recorrer es largo todavía, si se tiene en cuenta que el valor promedio de la tonelada exportada por la cadena agroalimentaria argentina es de 453 dólares, casi la mitad del precio promedio que vale una tonelada de agroalimentos en el mercado mundial. Es decir que en promedio el mundo agrega más valor que la Argentina en su producción primaria. (…)

La relación Argentina-Brasil
El escenario mundial incluye la relación entre los dos países mayores de América del Sur. El “estilo” de la relación bilateral, es muy importante para el crecimiento del empresario argentino. Es conveniente detenerse en esta cuestión.
Argentina y Brasil no han alcanzado, todavía, altos niveles de desarrollo económico y social. Sin embargo, en el plano de la cultura, son potencias de primera magnitud. El aporte de nuestros escritores, pintores, músicos y otros creadores, forman parte fundamental de la creación y del ingenio humanos en el escenario mundial. Incluso, en las ciencias duras y en las sociales, nuestro aporte es significativo.
El desafío consiste en poner la realidad económica y social a la misma altura de los niveles alcanzados en la cultura. La ciencia y la tecnología forman parte de este campo fundamental del desarrollo y la integración de nuestros países.
Argentina tiene una responsabilidad fundamental en la definición de la naturaleza de la relación argentino-brasileña.
Brasil, por su dimensión y potencial de recursos humanos y materiales, es ya un protagonista importante del escenario internacional y, como diría Helio Jaguaribe, está “condenado” a ser una potencia de primer rango.
Somos nosotros, los argentinos, quienes tenemos que contribuir a una relación simétrica y solidaria, a través de la eficacia de nuestras políticas de desarrollo nacional e inclusión social. (...)

Trayectorias comparadas
Brasil acumuló un considerable poder nacional en sectores fundamentales de la economía. A pesar del sesgo ortodoxo de la política financiera en diversos períodos, Brasil mantuvo, a largo plazo, la decisión de fortalecer núcleos estratégicos del poder nacional (Petrobras en hidrocarburos, Embraer en la industria aeronáutica, las grandes empresas de construcción e ingeniería). Esto se refleja, ahora, en la proyección internacional de las firmas brasileñas.
En materia de financiamiento del desarrollo, el Banco Nacional de Desenvolvimento (Bndes), es un envidiable ejemplo de movilización de recursos internos, con fondeos en gran medida provenientes del sistema de seguridad social y la masa salarial. Los instrumentos financieros del Bndes, impulsaron el desarrollo de Embrear, Petrobras, las automotrices y de los proveedores locales en estos sectores.
Asociado al dinamismo de los principales grupos económicos, el Bndes permitió el despliegue de ambiciosos planes de desarrollo de la infraestructura y programas de apoyo a la competitividad y el desarrollo de actividades prioritarias.
El contraste entre la experiencia del Bndes en Brasil y del Banco Nacional de Desarrollo (Banade) en Argentina, proporciona un ejemplo notable de la distinta trayectoria de los dos países. En el primer gobierno de Perón se estableció el Banco de Crédito industrial, que cumplió un papel importante en aquella etapa de la ISI. En 1970, durante mi gestión en el Ministerio de Economía, esa entidad fue transformada en el Banade con un espectro más amplio del financiamiento y con un fondeo, como en el Bndes, vinculado a la masa salarial, a través del Fondo de Participación en el Desarrollo Nacional. El Fondo establecía un aporte del 2% en los convenios colectivos del trabajo, a nombre del trabajador aportante. Cuando realicé el anuncio de la creación del Banade y del Fondo, proporcioné proyecciones del crecimiento de los recursos de le entidad que, en pocos años superarían los del Banco Interamericano de Desarrollo. Era una formidable herramienta de financiamiento de la inversión y transformación de la estructura productiva. El epílogo lo conocemos. El Bndes es lo que es mientras que, el Banade y el Fondo, fueron finalmente liquidados.
Por otra parte, Brasil protegió su soberanía, preservando la jurisdicción de sus tribunales en el caso de litigios con intereses extranjeros y no ratificó ningún tratado bilateral de garantía de inversiones, ni se adhirió al Ciadi.
En contraste con la experiencia del Brasil, en la Argentina, durante el largo período de la hegemonía neoliberal (1976-2001) que no incluye el gobierno de Alfonsín, se demolieron sistemáticamente las fuentes del desarrollo y poder soberano de decisión y se adoptaron compromisos internacionales, que implicaron una renuncia voluntaria de la soberanía.
En el pasado, la asimetría de las estrategias de desarrollo seguidas por Argentina y Brasil generó una división del trabajo en el intercambio bilateral, con Argentina en la posición predominante de abastecedor de bienes de menor contenido relativo de tecnología y valor agregado.
La asimetría se expresa en sectores como el automotriz, bienes de capital, electrodomésticos, informática, telecomunicaciones, calzado y textiles. De este modo, en el largo plazo, se fueron generando rasgos estructurales en ambas economías, que continúan influyendo en el intercambio y otros aspectos de las relaciones económicas bilaterales. El caso del sector de bienes de capital es ilustrativo: allí el déficit comercial bilateral para Argentina es sustancial y creció de manera ininterrumpida desde comienzos de los 90.
Una vez que Argentina, después de la debacle de la estrategia neoliberal, resolvió tomar otro rumbo e impulsar su reindustrialización, necesariamente debía cambiar la dinámica y el contenido de la relación bilateral. En la actualidad, la vecindad, la historia y los desafíos que plantea el escenario internacional, han llevado a los dos países a establecer un grado de comunicación y empatía sin precedentes y a la instalación del concepto de “alianza estratégica”, indispensable para ampliar las fronteras del desarrollo nacional de cada uno de ellos.
Aún juntos, Argentina y Brasil, no pueden cambiar el mundo de asimetrías, inestabilidad e injusticia que habitamos, pero tienen una capacidad decisiva para estar, en ese mundo, parados en sus propios recursos, ejerciendo la soberanía y, desde allí, en efecto, contribuir a la defensa de los intereses del género humano en el orden global. (...)
La integración de Argentina y Brasil se despliega en tres planos: las políticas internas, las reglas del juego de la integración y la proyección conjunta hacia el resto del mundo. (..) No existe una secuencia cronológica entre las tres esferas de la integración de Argentina y Brasil. Es necesario avanzar, simultáneamente, en todas ellas. Es decir, construir, a partir de la fortaleza de las densidades nacionales, una densidad bilateral, mercosureña y sudamericana, fundada en la inclusión social, la eficacia de los liderazgos, la consolidación de la democracia y el pensamiento crítico. Cada país tiene la globalización que se merece en virtud de la fortaleza de su densidad nacional.
Cuanto más se consoliden las situaciones nacionales, más fluidos serán los intercambios, cuanto más flexibles y realistas las normas, mejores serán las respuestas frente a los cambios en las situaciones nacionales y, finalmente, cuanto más solidaria sea la proyección conjunta en el escenario global, más libertad de maniobra tendrán las políticas nacionales, bilaterales y regionales. (...)
Ambos países enfrentan dilemas no resueltos, incertidumbres y desequilibrios, que complican el escenario macroeconómico y debilitan el proceso de acumulación inherente al desarrollo. No han consolidado, todavía, regímenes macroeconómicos capaces de impulsar la inversión privada y el proceso innovativo, vincular la estabilidad de los precios con el crecimiento, abrir espacios de rentabilidad atractivos (en primer lugar, en los sectores dinámicos) para la expansión de los empresarios nacionales y regionales, afianzar la solidez de las políticas públicas sobre la base de regímenes impositivos equitativos y de gastos focalizados en la equidad, el incentivo a la inversión y la tecnología, en un contexto de equilibrio fiscal, regímenes monetarios movilizadores del ahorro a los fines del desarrollo y blindados frente a las amenazas de la especulación financiera del orden global.
Los proyectos “nacionales y populares” que prevalecen actualmente en nuestros países, tienen aún pendiente la concepción y ejecución de políticas disparadoras del desarrollo. El mismo es imposible sin inclusión social pero ésta, tiene posibilidades escasas, sin desarrollo. En conclusión, el avance de la integración económica de la alianza estratégica Argentina-Brasil, depende, en primer lugar, del éxito de las políticas nacionales de desarrollo de nuestros países.


Redacción de Perfil.com


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