DOMINGO GUÍA PARA PADRES CON HIJOS ADOLESCENTES

Esas malditas drogas

Las muertes de jóvenes por consumo de estupefacientes en fiestas nocturnas trajo a la discusión de la sociedad un tema que suele ser tabú. El libro Drogas, hijos en peligro lo aborda con valentía. Plantea cómo prevenir y, sobre todo, darse cuenta de que un adolescente está consumiendo. Mayer (foto), brinda una clasificación detallada de los tipos de drogas y sus consecuencias. Aquí, algunas claves para padres.

causas-consecuencias. Pastillas de éxtasis y diversión, operativo después de la fiesta electrónica Time Warp, en la que fallecieron cinco jóvenes, en Costa Salguero, en abril de 2016.
causas-consecuencias. Pastillas de éxtasis y diversión, operativo después de la fiesta electrónica Time Warp, en la que fallecieron cinco jóvenes, en Costa Salguero, en abril de 2016. Foto:cedoc

Una de las definiciones genéricas más difundidas caracteriza a las drogas como toda sustancia –natural o sintética– que, introducida en un organismo vivo, es capaz de alterar su estructura o modificar una o más funciones. Sin embargo, de manera corriente se utiliza el término “droga” para designar sustancias consumidas en busca de efectos sobre el sistema nervioso (modifican contenidos perceptivos, ideativos y/o afectivos) con capacidad de generar dependencia psíquica y, en cierta medida, también física. Uno de los más amplios es el que distingue entre las socialmente aceptadas –como el café, las bebidas alcohólicas, el tabaco, los inhalantes y los psicofármacos– y las ilícitas –como la marihuana, la cocaína, el paco, el éxtasis, el GHB, la morfina, la heroína, el ácido lisérgico (LSD), etc.–. (...)

Mitos y realidades

Mito: la marihuana es menos dañina que un cigarrillo de tabaco y no produce adicción pues se extrae de una planta natural.

Realidad: la marihuana contiene muchos componentes altamente cancerígenos, igual o más que el tabaco. Al alterar los reflejos y los contenidos mentales puede perturbar o dañar la relación con terceros. (...)

Que derive de una planta de la naturaleza no es garantía para considerarla exenta de toxicidad o de poder adictivo. Se sabe que puede haber hojas de arbustos estimulantes del sistema nervioso, hongos alucinógenos u otros venenosos cuyo origen natural no los exime de su potencia como fuerza capaz de alterar la percepción, el curso y el contenido del pensamiento, los estados afectivos y aun de amenazar la propia vida.

Por otra parte, el consumo de marihuana es una puerta de entrada habitual a otras drogas. Mi observación clínica me ha permitido comprobar a diario que la mayoría de los adictos a la cocaína se han iniciado con la marihuana y las bebidas alcohólicas. Lo usual es que se aumente la cantidad y la frecuencia del consumo de manera progresiva . (...)

Mito: las drogas no son peligrosas mientras su consumo se controle, y eso depende de la fuerza de voluntad y del carácter.

Realidad: el consumo de drogas es peligroso porque daña el organismo, lleva a la dependencia de un modo imperceptible y ésta, al descontrol. (...) Por otra parte, es bueno tener presente que un solo consumo de cocaína puede producir la muerte por sobredosis y ésta no siempre depende de que se haya usado gran cantidad.

Mito: ningún adicto se recupera. Algunas estadísticas refieren que sólo uno de cada diez adictos en recuperación llega a tener un tratamiento exitoso.

Realidad: mi experiencia me indica lo contrario; ocho o nueve de cada diez adictos pueden ser recuerpados si se cuenta con una moderada motivación de su parte, con un respaldo familiar firme y sostenido, con una buena red social donde reinsertarse y con un equipo terapéutico que haga un diagnóstico, una indicación y un tratamiento adecuados. (...)

Adolescencia

En la adolescencia, en el curso de los estudios secundarios, por lo general los jóvenes ya saben más acerca de muchas drogas que los propios padres. De todas formas, sigue siendo importante mantener el diálogo, incluso uno que permita aprender de y con ellos. En ese sentido, es bueno conocer a fondo su opinión y sus prejuicios –o los propios– para poder abrir o sostener un espacio de comunicación donde haya intercambio de materiales, investigación e información entre padres e hijos. Discutir, por ejemplo, si la marihuana es una “hierba inofensiva” o si puede producir adicción, accidentes, cáncer, esterilidad, abortos, pérdida de memoria, de motivación, y fracaso escolar. Debatir sobre los alcances, las condiciones y los límites de la despenalización de la tenencia de marihuana para uso personal y sobre los riesgos que implica dicho uso para sus vidas. Profundizar sobre los mitos o fundamentos que llevan a ciertos sectores de la sociedad a difundir los supuestos beneficios de su consumo. Compartir, o no, puntos de vista sobre el significado y los riesgos de un uso ocasional, regular, abusivo o adictivo, de cualquier droga y sobre el mito de que es posible “pilotearlo” durante toda una vida.

Con una actitud como la que se expuso hasta aquí, los padres tendrán una idea bastante clara de cuál es la opinión de sus hijos sobre el consumo de sustancias psicoactivas y las razones para evitarlas. Conocer a los amigos, a los compañeros de colegio y las relaciones afectivas que tienen, tanto como a sus respectivas familias, sin una actitud intrusiva, puede ser expresión de un sano interés y una señal de protección frente al riesgo de posibles adicciones, de accidentes u otros peligros. (...)

Bebidas alcohólicas en los jóvenes

Es cada vez más común advertir que los jóvenes consumen bebidas alcohólicas abusivamente. Suelen comenzar antes de ir a los boliches, en la “previa”, reuniéndose en la casa de algunos de ellos. Compran bebidas alcohólicas en un supermercado o solicitándolas por un delivery, aprovechando la ausencia de control de las autoridades y el desconocimiento o la tolerancia familiar. Este comportamiento se ha generalizado hasta hacerse una rutina común, dado que esta forma de consumo resulta de mucho menor costo económico que hacerlo en una confitería o una discoteca y es tan elástica como lo permiten los límites, o la falta de ellos, que el grupo puede autoimponerse. Habitualmente, adquieren cervezas en cantidades importantes o, cuando el tiempo y la ansiedad apremian, para “entonarse” más rápido piden bebidas de alta graduación como el vodka (...), mezcladas, o no, con gaseosas, con algún estimulante (...) o con sustancias de alto contenido en cafeína.

Es también cada vez más evidente que el consumo de bebidas alcohólicas en los últimos años se escindió del histórico marco familiar, en el que aparecía acompañando a las comidas y era usado regularmente en proporciones moderadas, sobre todo por las personas mayores, contribuyendo al disfrute en un clima de distensión, comunicación y cohesión grupal que ellas facilitaban. En efecto, desde hace relativamente poco tiempo, gradual pero progresiva y sistemáticamente, las bebidas alcohólicas pasaron a ser consumidas por jóvenes cada vez menores, que las usan fuera del grupo familiar, junto a pares, en forma episódica y abusiva, buscando empañar la conciencia y lograr cierto grado de euforia, desinhibición y descontrol afectivo. A su vez, en forma paralela, las estadísticas muestran un notable decrecimiento en el consumo de vino, mientras que se ha multiplicado varias veces el de cervezas, que si bien tienen menor graduación, son ingeridas en grandes cantidades y a cualquier hora.

Consumido de este modo, el alcohol pone en riesgo a la persona que lo ingiere y puede ocasionar una intoxicación aguda que la lleve al coma alcohólico y aun al paro cardiorrespiratorio, o ir alterando diferentes sistemas orgánicos: cardíaco, digestivo, urinario, nervioso, entre otros. Cuadros demenciales, cardiovasculares, neuritis, pancreatitis y cirrosis hepática son algunas dramáticas consecuencias de su abuso crónico. Beber en exceso altera no sólo la conciencia sino también los órganos y sus funciones, en particular los reflejos, lo que favorece los accidentes de tránsito, estando presente en casi la mitad de ellos. En ese sentido, el consumo excesivo es un riesgo no sólo para el bebedor sino para terceros. (...) Las bebidas alcohólicas son depresoras del sistema nervioso central y los efectos aparentemente estimulantes que parecen tener en las personas en un principio son producto de su acción depresora de centros inhibitorios del cerebro y de la conciencia crítica, por lo que el sujeto, en los primeros momentos, se muestra eufórico, desinhibido y locuaz. En la medida en que sigue bebiendo y se eleva la concentración alcohólica en sangre, aparecen mareos, incoordinación motora o alteración del equilibrio. Puede haber dificultad para articular palabras y llegarse a un estado confusional. Si se sigue bebiendo, puede perderse el conocimiento y entrar en un coma que, muchas veces, desemboca en un paro respiratorio seguido de muerte.

El consumo reiterado de alcohol genera una dependencia psíquica y física y, como cualquier droga de abuso, produce una tolerancia que hace que se vaya requiriendo un aumento en la cantidad ingerida para provocar el mismo efecto, con lo que se eleva su potencialidad tóxica. Una vez que la dependencia se ha instalado, el bebedor necesita consumir bebidas alcohólicas imperiosamente y, si no las tiene, es capaz de beber directamente alcohol etílico para evitar el síndrome de abstinencia. En una oportunidad entrevisté a un hombre de unos cuarenta años, que esperaba que su mujer y sus hijos se fueran a dormir para beber alcohol etílico. El me explicaba que de esa manera, diluyendo 250 cm3 con agua, él se bebía el equivalente de medio litro de whisky por noche a un bajo costo. Ya no le importaba el gusto de la bebida, ahora necesitaba el alcohol, que era lo único que lo tranquilizaba. Lo inquietante era que se daba cuenta de que necesitaba cada vez mayor cantidad para que no le aparecieran signos de abstinencia. Esta se manifiesta por diversos síntomas, según las personas y el grado de dependencia que tengan. Pueden ir de un estado de ansiedad, sudoración, temblor e insomnio hasta un delirium tremens con taquicardia, hipertensión, agitación psicomotriz, confusión, convulsiones, alucinaciones e hipertermia, y pueden terminar con la vida del alcohólico. (...)

Las razones que empujan a beber excesivamente pueden ser diversas, desde una predisposición hereditaria hasta presiones socioculturales, pasando por motivaciones psicológicas muy diversas. (...)

Algunos adultos beben hasta la embriaguez de manera solitaria, o no, al finalizar su jornada, para lograr cierta distensión luego de estar controlando todo durante el día, con un control obsesivo de cada detalle; otros procuran diluir problemas, dolores psíquicos (pérdidas, abandonos, fracasos) o sentimientos de culpabilidad de los cuales no pueden desembarazarse. Muchos usan las bebidas alcohólicas para disipar el miedo, la ansiedad, la depresión o para contrarrestar el insomnio generado por causas diversas.

En vez de tomar estos estados anímicos como síntomas de variados conflictos que necesitan ser identificados, asumidos y procesados en una psicoterapia, optan por hacerlos desaparecer de la conciencia, no importa que sea sólo por unas horas, ni que con ello, lejos de solucionarlos, contribuyan a generarse un nuevo problema. Ellos lo saben pero lo desestiman, pues es más confortable y tolerable para su amor propio recurrir a un recurso que se proporcionan por sí mismos. Estos factores pueden aparecer entre los más jóvenes, pero hay que considerar también la enorme difusión, como valor compartido, del beber hasta el descontrol, muchas veces como preparación que precede y prepara para el uso de otras drogas, acompañándolas como modo de amortiguarlas, o apelando al alcohol como relajante para “bajar”, especialmente después de usar cocaína, que produce hipertonía y contracturas.

Es frecuente también que los jóvenes consumidores de bebidas alcohólicas y de marihuana, luego de cierto tiempo, busquen salir del estado depresivo en que ellas los dejan recurriendo a la cocaína, que los “levanta” y les da euforia. Pero, como les produce contracturas diversas, suelen beber bebidas alcohólicas nuevamente para combatirlas, en un círculo vicioso tóxico.



Hugo Mayer