DOMINGO REPORTAJE A EDUARDO VALDÉS

“Francisco fue el primer papa que usó la palabra ‘gay’”

El hombre designado para asumir la embajada argentina en el Vaticano revela el detrás de escena de las reuniones en la Santa Sede entre Cristina Kirchner y Jorge Bergoglio. La confesión de Maradona al Santo Padre. La defensa de Valdés de los niños abusados por el padre Grassi.

PERFIL COMPLETO

Foto:Nestor Grassi
Como es de público conocimiento, la Argentina ha designado un nuevo embajador ante el Vaticano. El doctor Eduardo Valdés, que sucederá en Roma a Juan Pablo Cafiero, es un católico formado a la sombra de monseñor Jaime de Nevares en el colegio salesiano Don Bosco de Neuquén, donde cursó desde primer grado hasta quinto año.
—Eso me marcó mucho en la vida –explica Valdés–, y también tuve la suerte, cuando fui convencional constituyente en 1994, de que don Jaime representara a Neuquén. Es uno de los hombres que me han marcado en la vida.
—Muchos recordamos las discusiones de aquella Convención, pero hoy, tantos años después, han vuelto a cobrar resonancia mundial los temas que acaba de debatir el Sínodo de la Familia en el Vaticano. El tema de los divorciados vueltos a casar, por ejemplo.
—Yo creo que esto es muy importante, y sabemos que lo que está escrito “queda” escrito. Tanto en el Documento Preliminar como en el Documento Final se han animado a escribir cosas que jamás hubieran constado en un documento de estas características. Pensemos que hace solamente dos años las cosas eran diferentes. Y como esto continúa el año que viene… (Valdés se detiene y reflexiona). Usted habrá visto que el primer documento, y creo que esto era la voluntad del papa Francisco, contó con una mayoría sorprendente. Es un buen puntapié de trabajo para el año que viene. Como le decía, el año que viene va a continuar la discusión. Estos son tiempos eclesiásticos, no son los tiempos humanos, pero creo que en la gestión de Francisco va a haber un antes y un después del acercamiento de la Iglesia al hombre concreto. Y volviendo a De Nevares, esto fue lo que él nos legó. Mire, yo tenía 15 o 16 años cuando se realizó el famoso congreso de Medellín, que tuvo gran significación respecto del Concilio Vaticano II. Incluso le diría que el documento de Medellín era el Vaticano II adaptado a Latinoamérica. Justamente allí se crea una organización para jóvenes: la Casa de la Juventud. Monseñor De Nevares la llevó a Neuquén, y fue allí donde nos formamos. Le explico: primero era un curso muy fuerte de tres días de duración en los que el tema social cobraba mucha importancia. Si se aprobaba aquella primera etapa, al año siguiente, en la escuela, en el transcurso de siete días seguidos se debatía un mismo tema. También había una Escuela de Líderes que duraba 21 días y la cuestión es que terminamos todos los líderes en la escuela Mamá Margarita de Junín de los Andes ¡que Don Jaime había donado con la plata que había cobrado de la herencia de su mamá! Con ese dinero que le había dejado su mamá, monseñor De Nevares construyó tres hogares-escuela en la cordillera para las reservas indígenas.
Valdés recuerda aquella época tan importante en su vida:
—Fíjese que el frío no permitía que los chicos fueran y volvieran de la escuela. Y si no tenían hogares-escuela no podían escolarizarse. Como le decía, don Jaime construyó las escuelas pero… no tenía maestros. Entonces, como los chicos que íbamos al Colegio Don Bosco proveníamos de familias acomodadas, don Jaime nos incautó el dinero que habíamos reunido para viajar a Brasil en viaje de egresados y, en cambio, nos invitó a actuar como maestros en los hogares-escuela de la cordillera hasta que consiguiera los docentes que aceptaran vivir todo el año allí.
—¿Sin protestar? –nos conmovemos.
—Fue una experiencia extraordinaria. Yo tenía 17 años. Fue mi primer contacto con una realidad muy dura. Estuvimos en la reserva de Namuncurá porque allí iban todos a la escuela Mamá Margarita y el intendente del pueblo era el dueño del almacén de ramos generales y de la estancia en la que trabajaban todos los Namuncurá. ¡Les pagaba con vales! Le repito que fue el primer contraste durísimo que tuvimos frente a una realidad desconocida.
—En cambio, una de las cosas que se comentan es que se presenta a Francisco como un pacificador del último tramo del mandato de Cristina Kirchner. Algunos no lo ven así, pero lo cierto es que si perdonar es olvidar, Francisco olvida, generosamente, las ausencias reiteradas del entonces presidente Kirchner y su esposa, por ejemplo, a los tedeums de la Catedral en los 9 de Julio.
Valdés reflexiona un instante y luego agrega:
—Ser pontífice es construir puentes y destruir muros. Y esto en realidad me lo enseñó otra persona, el cardenal Bergoglio en ese momento, y le tengo una gran admiración ya que, como don Jaime de Nevares, ha influido en mi vida. Jaime me influyó en Neuquén y Alicia Oliveira en Buenos Aires.
Yo tenía 18 años cuando vine a trabajar a Tribunales. Estudiaba abogacía y mi madre me metió de empleado judicial a los tres días de cumplir los 18 porque tenía miedo de que yo me hiciera guerrillero o algo de eso. Entonces yo trabajaba y estudiaba, y allí conocí a Alicia Oliveira, que era una gran jueza penal de Menores y siempre, en su vida, se propuso ser puente, y somos puente. Esto ocurrió varias veces, y creo que Jorge Bergoglio tomó alguna de las ideas de Alicia, y desde el día en que fue ungido Sumo Pontífice se ha convertido en el sumo constructor de puentes y constructor de muros. Esto es lo que le corresponde hacer y por eso va a Israel y se hace puente con Palestina. Va a Corea del Sur y hace puente con Corea del Norte. Ahora va a Turquía donde hará de puente con Armenia.
—Con un gran coraje personal, además.
—En efecto. Lo repito: con un gran coraje personal. Recordemos que fue a Albania, condenado por Estado Islámico. Y esto lo puedo contar porque fue al día siguiente de la última entrevista con la Presidenta. El Papa tenía recomendaciones de seguridad y la opinión de los médicos era que no fuera a ese lugar. Fue igual. Además, todavía lo de Palestina e Israel es una cosa en la que sigue pensando. Era algo en lo que había pensado mucho con Shimon Peres y con Abbas, el presidente de Palestina. Creo que la Presidenta y el Papa entendieron, en la nueva circunstancia, que no le hace bien al Papa tener problemas con su patria. Para el discurso, para la posición que el Papa plantea frente al mundo, ver que en su país, en su región, de la cual él tiene orgullo, ya no hay ninguna hipótesis de conflicto. Nosotros vivimos en un continente donde nadie piensa la guerra contra nadie, lejos de lo que pasaba hace muy poco tiempo. Acordémonos de que Venezuela y Colombia casi entran en conflicto y él tiene un gran orgullo del continente y de su país. Esto acompaña su pensamiento. Y la Presidenta, que se encontró con él aquel día antes de la entronización del Papa, aquel día lunes que él abre ese almuerzo con ella como primera jefa de Estado. El encuentro entre la Presidenta y el Papa fue mágico.
—¿Por qué mágico?
—Y... porque las almas estaban puestas a conjugar el verbo “compartir”. Yo creo que el Espíritu Santo tuvo mucho que ver en todo lo que ha rodeado el cónclave. Yo me encontré con Bergoglio la semana antes de irse al cónclave. Me lo encontré y no porque tuviéramos una reunión. Me lo encontré en Plaza de Mayo. El venía del subte de Hipólito Yrigoyen y Bolívar hacia la Catedral, nos saludamos cariñosamente y me dijo que se iba para allá.
Valdés se ríe muy bajito mientras recuerda:
—No tenía ninguna expectativa. El estaba pasado de edad. Tenía 76 años y medio. Yo creo que ahí tuvo mucho que ver Benedicto.
—¿Por qué?
—Porque Benedicto nunca le aceptó la renuncia cuando acá había muchos que promovían su renuncia en el día de sus 75 años. Entonces, a mí me parece que todo lo que ha pasado entre la Presidenta, el gobierno argentino y el Papa es todo muy bueno. Es muy bueno para la Argentina, muy bueno para el Papa. Es muy bueno para la región. El Papa tiene orgullo por cómo en la última asamblea general de Naciones Unidas Michelle Bachelet, Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner fueron las que plantearon un discurso de paz. Una paz activa, una paz crítica de quienes hacen la guerra. Y no fue así con el resto de los grandes líderes occidentales. Ese mensaje el Papa lo valora mucho porque es “su” tema. Igual que el tema del desempleo de los jóvenes en Europa, que es un fenómeno creciente que lo angustia mucho. Ya las cifras me las sé de memoria porque cada vez que me encuentro con él me habla del tema: Europa con 58% de los jóvenes sin empleo. Fíjese: Grecia 52%, Italia 43%, Francia también con un desempleo fuerte…
—Daría la sensación de que el Papa, con el conocimiento que tiene de cuestiones sociales y políticas, quiere volver a ubicar a la Iglesia como una Nación. No solamente como una Iglesia profesando un credo.
—Coincido. Pero aparte creo que, al igual que Juan XXIII, logró, y éstas son enseñanzas de De Nevares, que la Iglesia se acercara al hombre de carne y hueso, al ser concreto, creo que lo que está haciendo el Papa es un encuentro concreto entre el ser humano de carne y hueso. Y, si es pecador, más cerca.
—El pecador es el que más lo necesita.
 —Absolutamente. Me alegra que usted lo diga. A veces critican al Papa cuando se junta con tal o cual persona, que la recibe públicamente… Y a mí me parece bien. Hubo grandes críticas cuando el Papa se entrevistó con Maradona, y yo fui promotor de ese encuentro. Y la verdad es que él lo sentía como el regreso del hijo pródigo. Para él fue un gran honor recibir a Maradona. Me lo dijo así: “Es el regreso del hijo pródigo…”.
—Pero ¿pródigo por qué?
—Porque había habido toda una serie de circunstancias, que Maradona se había alejado de la Iglesia, circunstancias públicas. Para él que Maradona quisiera darse otra vuelta a su fe católica.
—No lo sabía. Creía que era una visita por simpatía, de cortesía, pero que no significaba un retorno a la práctica religiosa. ¿Fue así?
—Bueno, yo no puedo decir “retorno a la práctica religiosa”. Yo puedo decir acerca de un encuentro con Francisco que fue importante. Hubo dos encuentros: uno que fue una reunión pública el día del partido de fútbol en que el Papa recibió a todos los futbolistas con su familia, a los empresarios argentinos, a los sindicalistas que habían acompañado el proyecto Schola. El otro encuentro fue tres días después. Maradona me pide si puede volver a ver al Papa, yo fui a ver al Papa al día siguiente y ahí abrió su agenda y señaló el día 4 a las 3 de la tarde. Muy linda audiencia. Muy afectiva, y donde Maradona tuvo un momento de estar a solas con él. Después volvió al salón donde estábamos los demás y fue muy conmovedor porque Maradona se agarró el pecho y, cuando entró al salón, hizo como un bostezo, como diciendo “ahora puedo dormir tranquilo, morir tranquilo, después de haber hablado con el Papa”. Y agarraba al Papa del brazo y decía: “Francisco, para lo que usted necesite, yo estoy para donde usted me quiera mandar, para luchar por la paz del mundo, por la lucha contra el hambre”.
—También hay un tema que no se toca y es muy importante. Me refiero a la presencia de la mujer en la Iglesia. La mujer ahí está postergada: no podemos decir misa, ni podemos consagrar ni absolver en la confesión. Tampoco la mujer que vive su celibato puede ser obispo. Son temas a tocar, ¿no?
 —Creo que el Papa lo ha tocado en alguna conferencia de prensa. Me parece que fue volviendo de Brasil, en el avión. Hay también otro tema: la repercusión que ha tenido en Estados Unidos, donde habían criticado severamente al Papa cuando sacó la encíclica Evangelium gaudio (la alegría del Evangelio). Fíjese que uno pone en el buscador “papa marxista” y aparecen muchas cosas por aquel documento que a mí me pareció extraordinario. Es la mayor crítica al capitalismo financiero y ahora hay todo un reconocimiento a Francisco porque él fue el primer papa que usó la palabra “gay” en vez de “homosexuales”. Parece que la palabra “gay” significa chicos buenos, me refiero al origen de la palabra: chicos alegres. Habla de la bondad. Y es  el primero que se animó a hablar de cómo ellos quieren que se los nombre.
—Valdés, buscando información para este reportaje me enteré de que usted, como abogado, defendió a Gabriel, el chico que denunció al padre Grassi por abuso sexual.
 —Yo defendí a Gabriel en el año 2006. Lo habían sacado del proceso penal. El había renunciado al patrocinio letrado de su abogado en ese entonces, el doctor Juan Pablo Gallego, y el psiquiatra de Gabriel, el doctor Enrique Stola, me vino a ver para que lo ayudara porque Gabriel había ido al tribunal para renunciar al patrocinio de su letrado, y como no sabía bien la forma de presentar el escrito, un empleado muy “vivo” le hizo poner en ese escrito que además de renunciar al patrocinio del doctor Gallego, ¡Gabriel renunciaba  a ser “particular damnificado”! ¡Lo cual significaba haber renunciado a la querella! Gabriel no lo sabía. Tanto es así que al día siguiente el diario Ambito Financiero, que dirigía Julio Ramos, muy vinculado al Padre Grassi, tituló: “Se cayó la causa Grassi”. Y esto porque Gabriel era el único querellante. Fue un litigio de dos años duros donde logré la reincorporación de Gabriel al proceso y, a partir de ahí, se institucionalizó el juicio oral y público de Gabriel. Para mí es una de las pocas cosas dignas que he hecho en mi profesión.
Valdés se sonríe y continúa:
—Yo fui a ver a Bergoglio en aquel momento. Le dije lo que iba a hacer. Y la verdad que él siempre con esto de “a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”. Y como yo no era penalista la que me hacía los escritos era Alicia Oliveira, una gran amiga del Papa. Estoy muy feliz de haber hecho eso y puedo mirar a la cara a Jorge Bergoglio y puedo mirar a la cara a Gabriel y decir que hice lo que tenía que hacer. Mire, Gabriel hace esa denuncia en 2002. De 2002 hasta el día en que Grassi es condenado pasaron 12 años, ¿y cuántos chicos mandaron los jueces de Menores a la Fundación Felices los Niños de Grassi? ¿Cuánto daño se les hizo a esos chicos? Yo lo decía siempre, ¿cómo puede ser que no hayan parado de mandar chicos allí? ¿Por qué no buscaron familias sustitutas? Una semana antes de que concluyera el juicio oral y público de Grassi en el tribunal de Morón, en la sucursal Chacarita de la Fundación Felices los Niños sucedió un hecho muy fuerte que fue denunciado por el propio Jorge Bergoglio: en la escuela religiosa Santa Teresa de los Angeles, enfrente de la Fundación y adonde concurrían los chicos del barrio y de la Fundación, un nene de 8 años que vivía en la Fundación intentó ahorcarse. La maestra logró salvarlo y cuando el chico volvió en sí, dijo: “Me quiero ir al cielo. No aguanto más a mis mayores”. Y el chico cuenta a los docentes que los mayores abusaban sexualmente de él, que le pegaban, una serie de situaciones que hicieron que el director tomara contacto con el auxiliar del cardenal Bergoglio para esa zona que hizo entonces la denuncia judicial. Este hecho terrible demostraba que lo que se estaba denunciando en ese momento seguía ocurriendo. Entre que Grassi es condenado en ese juicio oral y que es confirmado por la Corte pasaron tres años. ¡Y durante esos tres años los jueces de menores siguieron mandando chicos a la Fundación Felices los Niños! Y a Grassi se le pagaba por cada chico judicializado. No iban gratis.

mguinazu