DOMINGO REPORTAJE A ROMÁN FRONDIZI

“La Triple A fue una infausta idea de Perón”

A cuarenta años del asesinato del abogado Silvio Frondizi, hermano del ex presidente Arturo Frondizi, su sobrino destaca que la organización paramilitar que mató a más de 900 personas fue creada y financiada desde el propio gobierno peronista. El rol de López Rega y de Isabel Perón. Y el temor a que la violencia política regrese a la Argentina. Críticas al “relato kirchnerista”.

PERFIL COMPLETO

Foto:Nestor Grassi
E l 27 de septiembre de 1974, el doctor Silvio Frondizi fue asesinado por la fuerza de choque de la Triple A. Un episodio de horrible violencia en el que un grupo armado arrancó al hermano del ex presidente Arturo Frondizi de su casa y ultimó a balazos a su yerno, Luis Mendiburu, que intentó defenderlo.
Cuarenta años después nos reunimos con el mayor de sus sobrinos, el doctor Román Frondizi, ex juez de la Cámara Federal de La Plata y ex conjuez de la Corte Suprema en 1993 y 2003.

—Ese asesinato –recuerda Román Frondizi– fue organizado y llevado a cabo como se sabe por la Triple A, una banda terrorista de Estado que había sido financiada, organizada y armada durante el gobierno del general Perón por la mano de su secretario privado y ministro de Seguridad Social, José López Rega.
—No podemos dejar de recordar cómo, en las calles de Buenos Aires, los ciudadanos vimos entonces los famosos Falcon verdes con gente que hacía aparecer por las ventanillas sus armas largas.
—López Rega reclutó a los integrantes de la Triple A entre la hez de la Policía Federal y el mundo del crimen. Silvio Frondizi fue secuestrado de su casa y luego su cadáver fue arrojado en los bosques de Ezeiza. Aquel mismo día, en las primeras horas de la noche, con mi tío Arturo, mi hermano Marcelo y varios diputados del MID, Movimiento de Integración y Desarrollo, fuimos hasta un lúgubre destacamento policial en Ezeiza donde encontramos a Silvio acribillado a balazos. Se habían ensañado con su cabeza. Algo muy sintomático, porque es la expresión de la barbarie criminal de un régimen contra las ideas. Silvio no había utilizado otras armas más que sus ideas…
—¿Había recibido amenazas?
—Ya en enero de 1974 habían circulado listas de personas que iban a ser asesinadas en el momento en que fueran ubicadas. En esas listas había dirigentes políticos y sindicales, intelectuales, actores, periodistas y abogados. Entre ellos figuraba Silvio. Según estimaciones serias, sin contar los secuestros, la Triple A asesinó a más de 900 personas durante la presidencia del general Perón y luego de su esposa, Isabel Martínez de Perón. Hay una cosa que me resulta muy significativa, y es que han pasado cuarenta años del asesinato de Silvio y de todos los otros crímenes que cometieron, como asaltos a estudios jurídicos, sedes partidarias y sindicatos, sin olvidar diarios y revistas, y todos estos delitos han quedado impunes. Cabe preguntarse por qué quedaron impunes. Fíjese que los principales dirigentes de la Triple A nunca fueron detenidos, salvo dos de ellos: Almirón y Morales. Almirón fue detenido en España y extraditado, pero ni a él ni a Morales, que integraban la banda que asesinó a Silvio, siquiera les tomaron declaración indagatoria.
—Recordamos que, en su momento, Almirón fue designado como el asesino del padre Carlos Mugica.
—Quiero dejar planteado el tema. Me pregunto: ¿a quién beneficia esa situación? Es obvio que beneficia a quienes insisten en mantener un “relato” sobre la historia política argentina que protege a un cierto sector político y a sus principales dirigentes. Si se hubiera indagado como corresponde a los principales jefes de la Triple A habría quedado en evidencia quiénes financiaron y armaron, brindándoles impunidad, a estos grupos. Hay otra circunstancia que es interesante señalar: el origen de la Triple A fue una infausta idea del propio general Perón.
—¿Por qué?
—Mire, en Puerta de Hierro se recibía a mucha gente. Entre otros, uno de los visitantes era un coronel franquista, Herrera Marín, quien puso a Perón al tanto de una organización que en España se llamaba Somatén y que viene del fondo de la historia, del siglo XI. Esa organización consistía en un cuerpo armado que no pertenecía al Ejército y que se reunía al toque de campana para perseguir a los enemigos. Lo pone en práctica José Antonio Primo de Rivera cuando encabeza el golpe de Estado de 1923. Luego se aplicó en la Guerra Civil española, y el coronel Herrera Martín se lo comentó al general Perón. Cuando asesinan a José Rucci, por quien Perón sentía un afecto entrañable, Perón se enfureció y dijo que “¡lo que hace falta es un Somatén!”. Este es el diseño de la Triple A. De ahí arranca, y sobre esto hay no pocos testimonios incluso de algunas personas que están vivas y ocupan cargos en el Congreso. No las quiero nombrar por razones de caridad.
—Comprendo su ironía, pero sería interesante conocerlos.
—(Frondizi sonríe, enigmático) Yo creo que el crimen político que tuvo a Silvio como víctima es un hecho que se debió a las ideas que él sustentaba y también a su trayectoria como abogado defensor de presos políticos. El fue un gran defensor de presos políticos. También un intelectual, un académico, profesor universitario, doctorado en jurisprudencia, un ensayista. No quiero dejar de recordar al primer preso político que defendió: su hermano Arturo.
—No lo sabía…
—En 1931 hubo una manifestación contra la dictadura del general Uriburu en Corrientes y Diagonal, y mi tío Arturo se resistió a una carga de la policía montada y se salvó milagrosamente de ser detenido. Un taxista lo auxilió y lo sacó de allí pero, a las pocas cuadras, Arturo bajó del taxi y volvió al lugar de los hechos. Allí lo reconocieron y lo detuvieron. Silvio se presentó como abogado a interesarse por su hermano y le informaron que estaba “a disposición del gobierno provisional”.
—O sea, el de Uriburu.
—Claro, pero en esa oportunidad no lo detuvieron. Sí, en cambio, cuando volvió presentando un hábeas corpus a favor de su hermano Arturo. Terminaron, defendido y defensor, presos en la Penitenciaría de la calle Las Heras, que fue un antro de tortura y donde hoy hay un espléndido parque y funciona la escuela Kennedy. Justamente durante la presidencia de Arturo se demolió esa cárcel. Por muchos años Silvio siguió su tarea de abogado defensor. En particular con obreros extranjeros a los que se les quería aplicar la odiosa Ley de Residencia (4.144), que fue derogada en uno de los primeros proyectos de ley que firmó el presidente Frondizi en 1958.
—¿Y cuál fue la última defensa que emprendió Silvio?
—La última fue la de los presos por la tentativa, totalmente fracasada, de asalto al cuartel del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca.
—¿Usted piensa que esto aceleró su asesinato?
—No podría decir que a Silvio lo matan por eso, pero no puedo dejar de señalar que el 8 de agosto de 1974 se produce esta tentativa de Catamarca, Silvio se presenta como abogado defensor de los presos y ahí ocurre un hecho significativo que luego me relata el doctor Víctor Samuel de la Vega Madueño, que era fiscal general en esa causa. En 1999 recordó que cuando Silvio, como abogado defensor, solicitó a las autoridades el permiso para ver a los presos, se le respondió que para poder verlos debía desnudarse a fin de ser revisado. Silvio le contestó al oficial: “Yo no me desnudo. Apártese y déjeme pasar”. El oficial titubeó un instante, y luego: “Pase, doctor”. No había transcurrido un mes y medio que ya asesinaban a Silvio. Esa fue, entonces, su última defensa, pero antes de esto su estudio había sido asaltado y saqueado. La dirección del semanario Nuevo Hombre, que él dirigía, fue incendiada, y unos días antes había sido detenido por una denuncia de la Cámara Federal en lo Penal, el famoso “Camarón” que funcionaba en la calle Viamonte, frente al Teatro Colón. Yo me presenté entonces allí y el doctor Black, que era su presidente, me recibió enseguida. Le expliqué que estaba allí como defensor del doctor Silvio Frondizi y que quería verlo. “Está incomunicado”, me contestó. “Es ridículo que esté incomunicado”, le expliqué, “levánteme la incomunicación…”. Como no accedía, insistí: “¡Estará incomunicado pero no es invisible! ¡Déjeme verlo!”, insistí por razones obvias. Finalmente fue puesto en libertad.
Román insistió particularmente en estos hechos.
—Yo los señalo porque todos, y yo también, hemos criticado mucho al Camarón, la Cámara Nacional o Federal en lo Penal, pero ¡qué diferencia en el trato apelado a un Tribunal de Justicia!, aun con todas sus limitaciones, con los procedimientos bárbaros de estas organizaciones terroristas del Estado que funcionaban en aquella época. La Cámara fue disuelta por el gobierno del doctor Cámpora. Fue una de las primeras cosas que hicieron y creo que fue un error gravísimo, porque daba garantías mientras la dejaran funcionar.
—También Silvio Frondizi tuvo una larga trayectoria como profesor universitario.
—Sí, desde muy joven fue nombrado profesor en la Universidad de Tucumán, en la Facultad de Filosofía y Letras, donde enseñaba con Risieri. Los dos llevaron a Tucumán a varias personalidades extranjeras que estaban exiliadas en la Argentina, como el gran filósofo español García Morente, Rodolfo Mondolfo, un filósofo italiano especializado en filosofía antigua y filosofía marxista. También a otro jurista eximio, como Renato Treves. En fin, allí Silvio enseñó hasta que se produjo la revolución del 4 de junio de 1943 que interviene la provincia de Tucumán, con Alberto Baldrich a la cabeza de un grupo nacionalista con simpatía hacia el nazismo. Entre ellos descolló Adolfo Silenzi di Stagni. Esto ocurría durante la presidencia del general Farrell. La universidad de Tucumán fue intervenida, y Silvio fue declarado cesante junto con Risieri. Mire, todos los rectores y los decanos de las universidades nacionales fueron a prisión en la Penitenciaría de Buenos Aires, y los de la Universidad de Buenos Aires fueron confinados en Villa Devoto.
—¿Allí es cuando cobra importancia el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), del que formaba parte el entonces coronel Perón?
—El fue uno de los cabecillas del golpe de Estado de 1943. Era la mente pensante del GOU. Tras distintos recursos planteados ante la Justicia Federal, las autoridades universitarias decidieron que las universidades nacionales volvieran a su quicio, y todos los profesores fueron reincorporados. Entre ellos, Silvio y Risieri. Pero en los meses siguientes a la asunción del gobierno constitucional de 1946, con Perón en la presidencia, todas las universidades fueron intervenidas dejando cesantes a los profesores democráticos que habían sido reincorporados y que, durante el régimen militar, habían dado a conocer una declaración contra el Eje, y reclamando la vigencia de las libertades constitucionales. No quedó ni uno. Entre ellos, Silvio. Perón llenó las cátedras y la Justicia con gente que provenía del nacionalismo con zeta y de los sectores clericales, que lo acompañaron hasta que Perón se peleó con la Iglesia. Un caso típico fue el del doctor Casares, que fue interventor en la Universidad de Buenos Aires en 1943, y luego juez de la Corte. Pero cuando se produce el conflicto con la Iglesia, Casares renuncia.
—¿Qué ocurre cuando Silvio Frondizi vuelve a Buenos Aires?
—Bueno, se dedica a la profesión en asociación con su hermano Arturo. Estaban instalados en el viejo estudio de la calle Corrientes, y Silvio enseñaba en aquella benemérita institución llamada Colegio Libre de Estudios Superiores. Cuando vuelve el orden constitucional, en 1958, gana el concurso para ser profesor titular de Derecho Político en la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de La Plata. Uno de sus adjuntos fue Carlos Fayt, quien siempre lo recuerda con mucho afecto. También, en la Capital Federal, gana el concurso como profesor titular de Derecho Público y Ciencias Económicas en la Facultad de Filosofía y Letras.
—Por todo lo que usted relata podemos observar que Silvio Frondizi fue un hombre dedicado al pensamiento. Es impresionante que se hayan ensañado tanto con él. De acuerdo con su experiencia como secretario de un presidente constitucional, en este caso de Arturo Frondizi, ¿cómo analiza la violenta inseguridad que estamos atravesando en otro período constitucional?
—Desde el punto de vista que estamos analizando, el país ha progresado muchísimo. No creo que exista el peligro de que se repitan acontecimientos de esa índole. Creo que sería realmente algo impensable, y el acto de esta semana en la Biblioteca Nacional quiso, por un lado, rendir un justo homenaje a Silvio, y por otro, también recordar una tragedia. Es de esperar que la memoria de los argentinos no olvide, para que esto sirva de lección, hechos que no pueden volver a ocurrir.
—Y usted, que ha sido miembro de la Justicia tanto en la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata como en la Suprema Corte, ¿cómo interpreta el “relato” que se quiere imponer frente a la historia del país?
—A mi modo de ver, salvo en el caso de gobiernos constitucionales como el de Illia, Frondizi o Alfonsín, hay un “relato” que, si lo pensamos un poco, es un lavado de cabeza permanente para la gente. Pensemos que ya en 1946/47 el Partido Laborista, que fue el instrumento político que le permitió a Perón ser candidato a presidente y ganar las elecciones, se transformó en el Partido Peronista y tuvimos una fundación que llevaba el nombre de la esposa del presidente. Dos provincias que llevaban los nombres del presidente y su señora, y la ciudad de La Plata, que también llevó el nombre de la señora. El país se ha llenado de escuelas, hospitales, caminos y monumentos de toda clase con el nombre de Perón y de Eva Perón. Esto sigue ocurriendo, salvo en el caso de las provincias que recuperaron sus nombres tradicionales, Chaco y La Pampa. Por lo tanto, hay millones de argentinos que tienen como “relato” de la historia esa versión. Esto se está repitiendo ahora porque han comenzado a reemplazar los nombres históricos de muchas avenidas y calles por el de Presidente Kirchner. Lo mismo ocurre con escuelas, caminos y represas. Yo no creo que esté mal recordar a los que se distinguieron en la historia argentina, pero todo debe tener una medida; si no, se transforma justamente en un relato destinado, reitero, a lavarle la cabeza a la gente. Como viene ocurriendo desde hace mucho tiempo en la Argentina, no sé si será posible reaccionar contra esto. Espero que sí pero, ante el panorama actual, lo dudo. Y esto es grave. Creo que los argentinos tenemos que acostumbrarnos a asumirnos como somos. Y no somos solamente ese relato. Estamos empantanados, dando vueltas por las mismas cosas. Esto no me gusta. Preferiría darle otra respuesta, pero las cosas son así.

mguinazu