DOMINGO REPORTAJE A JOSÉ IGNACIO DE MENDIGUREN

“Lo que tenemos que resolver es la competitividad”

Flamante diputado por el Frente Renovador de Sergio Massa, quiere que el país retome la senda económica que a su juicio perdió en 2008, cuando abandonó los motores del crecimiento: cambio competitivo, superávit fiscal y comercial y baja inflación. Elogia a Capitanich y espera que el diálogo que ha iniciado el Gobierno se mantenga.

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Foto:Marcelo Aballay

Todavía conmovido por la entrega de su flamante diploma de diputado por el Frente Renovador, José Ignacio de Mendiguren recuerda en estos días de diciembre a Raúl Alfonsín.
—La verdad es que yo siempre tuve una actividad empresaria y recién política como presidente de la Unión Industrial en aquel terrible año 2001 cuando sobrevino la brutal crisis que todos recordamos. En aquel momento don Raúl (con quien tuve una relación de afecto muy intensa) me llamó a mi casa y me señaló que al día siguiente asumiría Eduardo Duhalde como presidente y que era menester formar un gobierno de unidad nacional con Vanossi, Olivera, Jaunarena, etc. La situación era realmente terminal y era necesario actuar promoviendo un cambio grande y la promoción de la producción argentina ya que el colapso había sido financiero. Si la Argentina no producía no habría salida…Se crearía entonces el Ministerio de la Producción. Fíjese que esto ocurría por primera vez en la historia nacional: había que efectuar un giro de 180º y poner en marcha el país. Lo recuerdo con mucha emoción: había que hacerse cargo al día siguiente y don Raúl no me ocultó la verdad: “Lo veo todo muy difícil”, dijo. “Y para enfrentar la peor crisis social, política y económica que recuerda la Argentina tenemos el menor poder político para hacerlo. Nos queda un retazo del peronismo en la provincia; un retazo del radicalismo; unos náufragos del Frepaso y, con este poquito, hay que enfrentar esta crisis.” Allí, con pocas posibilidades de éxito, acepté el Ministerio de la Producción.
Y mientras De Mendiguren desgrana estos recuerdos también le subrayamos que, hoy, en el día de su juramento como legislador la provincia de Córdoba muestra un panorama de saqueos y ausencia policial y en el país se producen ciertos cambios.
—¿Lo toma por sorpresa el recargo del 35% sobre los gastos en el exterior?
—No. No me toma por sorpresa porque es tal como (sobre todo en los últimos dos años) han regado la economía con determinados hechos, que es como si a cada error se le respondiera con un error mayor. Entonces, para salir de esta situación tan compleja van a apelar a una cantidad de paliativos, de parches, para minimizar los daños. Y, con toda claridad, creo que hay que volver a poner el caballo delante del carro. El resto son paliativos. ¿Por qué? Mire, este modelo que comenzamos con don Raúl en 2002 cuando el año arrojó un superávit comercial de 16.500 millones y se asentaron las bases para entregar un país al kirchnerismo tenía un crecimiento del 7% y el 3% de inflación. También todo ese proceso de 2002 se realizó sin una sola denuncia de corrupción. Entonces, sabemos cuáles son las bases sobre las que nos asentamos y este proceso llegó hasta 2008-2009 con un fuerte crecimiento, acumulación de reservas, generación de empleo.
—¿Con qué sustento?
—Había claros motores como un tipo de cambio competitivo, superávit fiscal y comercial, muy baja inflación y estos factores permitieron este crecimiento y esta acumulación de reservas. Pero a partir de 2008-2009 comienzan a aparecer problemas que hicieron que estos motores se fueran apagando. A tal punto que la inflación erosionó el tipo de cambio competitivo. Fíjese que una inflación que no existía pasó a estar arriba del 20-25%. El superávit fiscal (que era uno de los pilares) pasó a ser déficit fiscal por 5% del producto. Entonces, lo que queda claro cuando hablan de “profundizar el modelo” es preguntarse ¿de qué estamos hablando? ¿De estos motores que se apagaron?
—Según su mirada, De Mendiguren, ¿qué hizo entonces el Gobierno desde 2008?
—Muy simple: negar el problema. Tapamos la inflación. Rompimos el Indec y dijimos que era del 7%. Se decía también que no era déficit fiscal porque manteníamos el equilibrio más importante de los últimos años. Es decir, se negó lo que era evidente: lo que nos había llevado a este punto no daba resultados.
—Volviendo entonces al 35% de recargo que mencionábamos recién, ¿se relaciona con la pérdida de reservas del Banco Central?
—Sí. Lo que pasó es que ese chorro de dólares que entraban a una Argentina que producía y exportaba, a través de la impericia y los errores en la conducción económica dejaron de entrar al país. Entonces, en vez de preocuparse por cómo volvíamos a hacer entrar dólares al país, se tomaron medidas para no se fueran los que estaban. Entonces inventaron el cepo. Un cepo que generó desdoblamiento cambiario y el desdoblamiento cambiario a su vez generó fuga de capitales y que se parara la producción. Conclusión: se enredó la economía y ahora el caballo, en vez de ponerlo adelante (es decir, poner la energía para buscar nuevamente el ingreso de dólares) hoy estamos preocupados cometiendo un error tras otro para intentar mantener lo que se tiene. ¿Y la conclusión cuál fue? De 53 mil millones nos caímos a 30 mil. Ahí se inventaron estos parches, cuando este mismo gobierno (en el período 2002-2005) no necesitó ningún cepo ni impuestos raros. Hay que volver a retomar aquel camino.
—Hace un rato, Capitanich en su conferencia matutina dijo que el drenaje se ha producido a través del turismo.
—Hay que dejarse de simplismos: no cabe duda que con los inconvenientes que generó el cepo cambiario y el desdoblamiento del mercado se subsidió al turismo externo. A tal punto que, en el año 2011, se pasó de 1.100 millones de dólares de gastos turísticos ahora a 8 mil millones de dólares.
—¿Y cuál sería su explicación?
—¿Porque a la gente le gustó de golpe ir a París? No. Es porque ese viaje al exterior estaba subsidiado. Y esto es producto de ese desdoblamiento cambiario por la mala aplicación del cepo en su momento.
—Hace unas horas, el flamante presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábregas, admitió en el Senado que la disminución de reservas, ¿podía deberse al turismo o a la merma de la entrada de divisas por la soja?
—Yo creo que son varios los factores que han influido, por ejemplo, el déficit energético. Ese sector es el que presenta un déficit más grande. El desmanejo de este tema ha generado este año una crisis y un déficit de aproximadamente 9 mil millones de dólares porque estamos importando ya casi por un valor de 14 mil millones. Esto antes no existía. Por otro lado, el turismo: 8 mil millones de dólares. Entonces, con estos números, yo creo que lo que el Gobierno está haciendo en el largo plazo (en el que hay un solo camino) es sacarle el freno de mano a la producción argentina, al campo, a las economías regionales y que permitan que vuelvan a producir el ingreso de hogares que esto generó. Esta es la solución de fondo porque nosotros perdíamos miles de millones mientras que Uruguay, Paraguay, Perú siguen acumulando reservas. No es que exista una crisis internacional que nos llevó a esta situación. No es así. Entonces podemos tomar algunos paliativos. ¿Qué se puede hacer en el mientras tanto? En Energía no se puede hacer mucho. Hay que seguir importando energía. Entonces, en el corto plazo, quedarían dos cosas: una, el turismo (son como 8 mil millones, casi el déficit energético) y, por otra parte, se encareció tanto la Argentina que la gente dejó de venir. Tenemos entonces un problema por partida doble ya que los turistas tampoco cambiaban sus dólares en el Banco Central, sino en el paralelo.
—¿Usted sugiere que lo que se está haciendo son paliativos?
—Sí. Del problema de fondo se sale así. El Gobierno hoy está devaluando a un ritmo proyectado casi mayor al 35% por el dólar oficial además de esta devaluación que, de alguna manera, significó el dólar turista. Entonces ¿qué pasa si uno acelera la devaluación pero desconoce la inflación? Es echarle nafta al incendio. Un aumento en el tipo de cambio (si no se detiene la inflación) no es una herramienta que mejore la competitividad de la economía, sino que la inflación vuelve a alcanzar ese tipo de cambio mayor que nos lleva al punto de partida. Además, hay que tener en cuenta que el déficit energético (puesto que debemos seguir importando energía) devaluando un 40% proyectado anual va a ser un 40% más de costo para el año próximo importando siempre la misma energía.
—¿Usted piensa que las pequeñas empresas han dejado de generar empleo? Algunos opinan que esto viene ocurriendo desde 2008.
—Bajo ese aspecto (y no por otros) esto me hace acordar un poco a la convertibilidad. Los primeros cinco años de la convertibilidad fueron de crecimiento y estabilidad pero, a partir de la mitad del período, comenzó a deteriorarse. La gente hacía el promedio y decía “desde que empezamos, venimos bien” cuando, en realidad el razonamiento era “a partir de tal fecha dejaste de estar bien”. Yo creo que Argentina, a partir de 2008 deja de generar empleo, superávit y comienza a generar inflación.
—¿Esto ocurre también con las grandes empresas?
—El campo industrial tuvo un crecimiento muy fuerte en ese período 2002-2008-2009. Después se estabilizó. Todavía no ha habido despidos importantes en el sector industrial pero sí, en cambio, muchas menos horas trabajadas. Es decir, se cortaron las horas extras, pero todavía el sector industrial mantiene el empleo porque cuesta mucho formar a un trabajador industrial. Constituye un activo muy importante en una empresa. Es más fácil cuando se trata de un repositor de un supermercado, pero generar un tornero, un matricero cuesta mucho tiempo. Entonces, lo último que hace un empresario industrial es desprenderse de ese empleado. Inventa cosas, rebaja las horas laborales, aumentan los turnos, pero no se va a producir desocupación. Pero, a partir de 2009, lo que me parece ha sucedido es que una de las principales causas de la inflación argentina ha sido la falta de inversión. Cuando uno tiene una demanda que va por encima de la oferta sabemos que, en el tiempo, esto genera dos cosas: o la mayor demanda va a los precios porque no hay más bienes o se pasa a la importación. Y, en Argentina, la importación no fue ágil en muchos sectores. ¿Qué hizo entonces? Aumentó los precios. Y yo siempre decía que el problema de la Argentina no era enfriar la economía, pero hay que calentar la inversión.
—Y la confianza genera inversión.
—Así es. Entonces, cuando uno se encontró después con medidas como las de Guillermo Moreno desde el primer día le dije a un empresario “… la arbitrariedad va a ser el eje de su política económica.” Como si dijera: “Usted puede importar. Usted no puede importar. Usted puede girar utilidades. Usted, no”. Usted no le paga a los proveedores del exterior y no les explica por qué. Dice nomás “porque yo lo llamé por teléfono para que no lo haga…”. Y, así. Lo que le digo es textual: “Y si no le gusta, deme la llave que la empresa se la manejo yo.” ¿Usted puede creer que en esa forma se logra una inversión? Cuando mucho consigue que lo que “está” no se vaya.
—No se puede obligar a invertir. Es un tema de confianza. Justamente estaba viendo que en las últimas horas habría habido un acuerdo con los supermercados. ¿Es así?
—Hace tiempo que se está tratando de buscar. Dentro de la cadena de valor hay distintas etapas: la etapa industrial, de distribución logística y la etapa comercial. Así es como un par de zapatillas pasa por la distribución, llega al supermercado y se vende. Lo mismo ocurre con un kilo de fideos. Entonces lo que no se tiene claro es ¿qué parte de la cadena está desencajada? Nosotros hemos hecho incluso un trabajo en la Unión Industrial Argentina donde se demuestra con claridad (año contra año) que los costos industriales promedio en Argentina aumentaron un 23% y los precios promedio industriales, el 11%. ¿Qué quiere decir esto? ¡Que el problema de los precios no viene precisamente del sector industrial! Entonces, lo que nosotros planteamos es sentido común y espero que el Gobierno haya leído atentamente las últimas elecciones. Yo creo que la irrupción del Frente Renovador logró imponer una agenda y por eso la gente lo votó. Reconocía allí lo que le estaba pasando. Planteaba, por ejemplo, el tema de la inseguridad del que se decía oficialmente que era “una sensación”. Fíjese lo que ha ocurrido en Córdoba en las últimas horas. ¡Terrible! Y a todo esto discutiendo si “me llamaste antes o me llamaste después” en vez de resolver el problema y serenar a Córdoba.
—Aparte de que esto es un tema nacional y no un episodio provincial.
—Cuando estos hechos ocurren lo que menos se puede discutir es ¿de quién es la culpa? El problema está. Entonces, arreglalo. Sobre todo cuando un hecho de esta naturaleza tiene a una ciudad aterrorizada. Esto, además, se extiende a través de los medios de comunicación porque el país comienza a verlo y a vivir en un determinado clima. Entonces, cuando yo veo que está sucediendo esto y las respuestas que escucho se refieren a quién es el culpable me parece que estamos en la irresponsabilidad porque tanto el gobierno provincial como el gobierno nacional deben darle una solución a la gente. Mostrar que hay un control sobre los acontecimientos. El hecho de que no sea así me pone muy mal. Son hechos concretos y nos detenemos en aquello de “si me llamó” o “no me llamó”… Bueno, no estamos a la altura de las circunstancias. Yo creo que, después de las PASO, el Gobierno hizo una lectura importante al advertir que el Frente Renovador en menos de sesenta días, lograba tres millones de votos. Esto creó una sensación. Se habló de que la inflación existía. Insaurralde hablaba de una forma de diálogo y, aparentemente, aquel blanco o negro, amigo/enemigo que se planteaba en cada tema, disminuyó.
Después de estas últimas elecciones parecería que el Gobierno ha escuchado. Se arregla lo de YPF cuando unos meses atrás se decía que no había que pagarle nada a Repsol. En fin, se hizo de la confrontación un estilo de gobierno y hoy, otra vez se habla del diálogo. En 2002 llegamos juntos con Capitanich y nos fuimos juntos también. El era jefe de Gabinete y yo, ministro de la Producción y conozco su capacidad de trabajo. Ahora lo que queremos es ver hacia delante si esa primera visión de apertura de diálogo, etc., se concreta en hechos que resuelvan situaciones y no solamente anuncios. Lo que Argentina tiene que resolver (en forma rápida y sistémica) es la competitividad. Cuando la economía se desordena un productor tiene, por ejemplo, altos costos de flete. La Argentina tiene siete puntos más que Brasil sobre ventas en este rubro. Y hoy con el tema de la seguridad si usted tiene que transportar en un camión insumos o productos terminados también tiene que pensar en un patrullero adelante y otro atrás y el costo será de 10 mil pesos adicionales por flete y por camión. Solamente el 10% de la carga transportada en Argentina va por ferrocarril cuando un país como el nuestro debería hacerlo con el 60% de la carga. ¿Y esto, qué implica?
Hoy, bajar una tonelada de cereal de Salta al puerto cuesta el doble que desde el puerto hasta Turquía. Y así podría nombrarle otras situaciones. Hoy estamos con la presión tributaria más alta de nuestro período histórico. Más impuestos al turismo, a los autos de alta gama.
—En el tema de los autos, ¿esto se revertirá sobre los autos comunes y los usados?
—¿Por qué se llega a esto? Por acumulación de problemas anteriores. En 2002-2009 no hizo falta hacer esto y lo digo para que entendamos que el error fue la aplicación de estas políticas económicas. Cuando empieza a producirse la restricción a los dólares, a desdoblar el mercado, a premiar la importación (subsidiada con un dólar que no era el valor real) la gente se encontró con que un auto de alta gama en la Argentina en dólares resultaba más barato que en su país de origen. A la larga, entonces, todas estas cosas se pueden corregir.
—¿Cuando viajó en estas semanas con Sergio Massa, en España no les tocaron estos temas?
—Con España pasaron dos cosas interesantes: una, Repsol en el corto plazo y esto estaba en vísperas de volver a negociarse. Importantísimo. Pero lo que nos preguntaron también en España fue ¿cómo sigue todo esto? Y con la irrupción del Frente Renovador hay ciertas cosas que ya no se discuten: por ejemplo la re-reelección



Magdalena Ruiz Guiñazú