DOMINGO LIBRO

Los mejores del año

En esta última edición del año, presentamos una selección de los libros que más impacto y mejor repercusión tuvieron durante 2014. Se trata de un combinado de lecturas que permiten pensar y reflexionar durante las vacaciones. A continuación, los más interesantes fragmentos de El capital en el siglo XXI, Narcolandia, Cuando Google encontró a Wikileaks, 10 K, Sana, sana y En cambio.

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Foto:Cedoc

El Marx de nuestra era

En aras de la exhaustividad, también es importante indicar que en los capitales privados incluimos no sólo los activos y pasivos propiedad de individuos privados (los “hogares” en la contabilidad nacional), sino también los que son propiedad de fundaciones y demás asociaciones sin fines de lucro (las “instituciones sin fines de lucro” en la contabilidad nacional). Precisemos que en esta categoría entran sólo las fundaciones y asociaciones financiadas, sobre todo por las donaciones de los individuos privados o por los ingresos de sus propiedades: aquellas que viven principalmente de subvenciones públicas se clasifican en el sector de las organizaciones gubernamentales; las que dependen sobre todo del producto de sus ventas se encasillan en el sector de las compañías.

En la práctica, desde luego, todas estas fronteras son movedizas y porosas, por lo que es algo arbitrario englobar el patrimonio de las fundaciones dentro de la riqueza privada, en lugar de incluirlo, por ejemplo, en la riqueza pública, o bien considerarlo como una categoría por separado. De hecho, se trata efectivamente de una forma original de propiedad, a medio camino entre la puramente privada y la únicamente pública. En la práctica, sin importar si se consideran los bienes propiedad de las iglesias a lo largo de los siglos, o bien los que pertenecen hoy en día a Médicos sin Fronteras, o también los de la Bill and Melinda Gates Foundation, es evidente que estamos ante una gran diversidad de personas morales que persiguen objetivos específicos.

Sin embargo, es necesario recalcar que su interés es relativamente limitado, puesto que lo poseído por esas personas morales suele ser bastante bajo en comparación con lo que las personas físicas conservan para sí mismas. Si se examinan las estimaciones a nuestra disposición para los diferentes países ricos a lo largo del período 1970-2010, se observa que la proporción de las fundaciones y demás asociaciones no lucrativas en el total de los capitales privados siempre es inferior a 10% y, en general, inferior a 5%; sin embargo, se establecen variaciones interesantes entre países, sin ninguna tendencia aparente: apenas 1% en Francia, alrededor de 3%-4% en Japón y hasta 6%-7% del total de los capitales privados en los Estados Unidos. Las fuentes históricas a nuestra disposición indican que el valor total de los bienes de la iglesia en Francia en el siglo XVIII alcanzó en torno a 7%-8% del total de los capitales privados, es decir, aproximadamente 50%-60% del ingreso nacional de la época (esos bienes fueron, en parte, confiscados y vendidos durante la Revolución Francesa para liquidar las deudas públicas legadas por el antiguo régimen).
Dicho de otro modo, durante el antiguo régimen, la Iglesia poseía bienes aún más importantes que las prósperas fundaciones estadounidenses de este inicio del siglo XXI. Sin embargo, es importante señalar que los dos niveles son relativamente semejantes.

Se trata de posiciones patrimoniales muy sustanciales, sobre todo si se las compara con los escasos patrimonios positivos propiedad del poder público en las diferentes épocas. (...)

 

Llegaron los narco

El fenómeno de los narcos colombianos en la Argentina tiene también una arista glamorosa: su vida y la de sus familias en countries de lujo bonaerenses o en zonas exclusivas de Capital Federal, como Puerto Madero o Belgrano. En todos estos lugares compraron o alquilaron propiedades y se convirtieron en parte del paisaje. Los colegios top ubicados dentro de algunos de estos barrios privados comenzaron a tener un alumnado con acento caribeño, chicos simpáticos que hicieron amistad con sus compañeros de banco argentinos.

Sus madres, fácilmente identificables tanto por sus looks llamativos a la hora de salir a hacer caminatas en grupo como por su facilidad para gastar efectivo en los comercios, también se hicieron notar. Pero siempre puertas adentro de ese micromundo confortable.

Los jefes de las familias a veces aparecían, a veces no. Muchos de los capos emigrados prefirieron alternar la casa familiar con algún bulín, en parte por razones de seguridad, en parte para moverse con independencia de sus esposas. La intensa noche de Buenos Aires siempre actuó como un factor más a la hora de elegir Argentina como nueva residencia.

Uno de los que iban y venían de distintos domicilios era Henry de Jesús López Londoño, “Mi Sangre”: mientras su mujer y sus dos hijos estaban al reparo de cualquier mirada extraña o enemigo al acecho en el barrio Los Sauces, del complejo Nordelta, en Tigre, él casi nunca dormía con ellos. Por eso les costó tanto a las autoridades colombianas y argentinas ubicarlo cuando Estados Unidos pidió su detención con fines de extradición.
Se dice que una de sus casas de soltero estaba en el country Las Praderas, de Pilar, el mismo complejo que fue usado por la viuda del capo del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, para instalarse no bien llegó a la Argentina de incógnito.

Luego de un fugaz paso por El Carmel, el country de Pilar célebre por haber sido el escenario del crimen de María Marta García Belsunce, el sicario Héctor Edilson Monoteto Duque Ceballos eligió afincarse en Ayres del Pilar. Y allí vivía cuando lo mataron en un ajuste de cuentas, a la salida del Unicenter Shopping, de Martínez.

La familia del capo Ignacio Alvarez Meyendorff alternó Puerto Madero con el country Abril, uno de los más lujosos y exclusivos de la zona sur bonaerense, ubicado en la localidad de Berazategui. Pero muchos de sus amigos y paisanos optaron por el otro extremo geográfico y se instalaron en distintos barrios del complejo Nordelta, en Tigre. Este último destino fue tal vez el más elegido por los colombianos pudientes.

Nordelta –epicentro de los narcos colombianos, según el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, en su pelea política con el opositor Sergio Massa, ex intendente de Tigre y actual diputado– es un verdadero fuerte: un primer control impide a cualquier extraño transponer la barrera
general que da acceso a la ciudad pueblo, como sus habitantes la denominan. (...)

 

Espías y tecnología

E ric Schmidt (ES): Al principio estuvimos hablando sobre mi idea de que los teléfonos móviles tienen el poder de cambiar la sociedad. Para los que no estaban, un resumen aproximado de tu respuesta sería que la gente sigue siendo más o menos la misma, que algo grande debe cambiar su comportamiento y que esto podría ser algo de ese estilo. Dijiste que estabas muy interesado en la creación de criptografía para utilizar entre teléfonos. ¿Podrías hablar un poco sobre la arquitectura aproximada en la que existiría una red abierta con códigos persona a persona? ¿Qué implicaría ello en el plano técnico, cómo funcionaría, por qué sería importante y todo eso? Me da la impresión de que la gente no entiende nada de lo relacionado con este ámbito.

Julian Assange (JA): Cuando estábamos ocupados con el caso de Egipto, vimos que el gobierno de Mubarak cortó las conexiones a internet, pero hubo un proveedor que mantuvo su conexión, pues muchos de nosotros pusimos todo nuestro esfuerzo en que así fuera, un proveedor que suponía aproximadamente el 6% del mercado. El gobierno también interrumpió el sistema de telefonía móvil. ¿Cómo es que se puede hacer esto? Las personas con teléfono móvil tienen un dispositivo que puede comunicarse mediante ondas de radio. En una ciudad suele haber una alta densidad de teléfonos móviles, por lo que siempre existe un camino entre una persona y otra, esto es, siempre hay un camino continuo de teléfonos móviles, en el que cada uno de ellos puede, en teoría, escuchar la radio de los demás.

ES: ¿Entonces se podría crear una red entre usuarios?
JA: En teoría sí, se podría crear una red entre usuarios. Por la forma en la que se fabrica la mayoría de los móviles GSM y de otro tipo, la frecuencia en la que reciben no es la misma que aquella en la que luego transmiten, y ello significa que no pueden formar redes entre usuarios iguales, sino que tienen que pasar por estaciones de emisión. Pero últimamente estamos viendo que los teléfonos móviles se están haciendo cada vez más flexibles en términos de programación de base; tienen que serlo, porque se venden en diferentes mercados, con diferentes frecuencias y diferentes formas de transmisión. Incluso para los móviles que no son lo suficientemente flexibles, actualmente se está desarrollando mucho la tecnología WiMAX, que les proporcionará un radio más amplio para la comunicación bilateral. Además, cada vez se está haciendo más barato crear tu propia estación emisora, y hasta existen softwares que la pueden gestionar por vos; gracias a ello, se pueden crear redes propias mediante teléfonos móviles convencionales. De hecho, esto es lo que se suele hacer para espiar de forma barata: basta con instalar una estación emisora falsa en una camioneta, que se puede adquirir con el equipo completo, para interceptar llamadas telefónicas. Durante los períodos revolucionarios, las personas muy implicadas
necesitan ser capaces de transmitir rápidamente información sobre su entorno para adaptarse dinámicamente a ella y planificar la siguiente
estrategia. (...)

 

La década agrietada

La “década robada” no refiere sólo a la corrupción; es, también, la década desaprovechada: nunca antes las condiciones objetivas de crecimiento para la Argentina fueron mejores.

En esta década, el país fue escenario de la llegada al poder de la última batalla de la generación del 70 y tuvo su impronta en todos los ámbitos: fue vanguardista, inescrupulosa, se arrogó el monopolio moral y el copyright de la verdad. Esta será recordada, también, como la “década de la Grieta”: desde los años 50, el país no latía al ritmo de una división que comenzó como política y se transformó en cultural; fue necesario reinventar la Historia, crear enemigos imaginarios y separar como nunca antes la realidad del lenguaje.

El kirchnerismo se transformó en una secta religiosa sostenida por fanáticos que abolieron la realidad objetiva. Como todo proceso de alienación, fue gradual; por eso, se atacó a los medios: eran los únicos que podían funcionar como un espejo. Néstor, un vivillo, un caudillo del interior, se transformó en San Martín; Cristina, en el poder, se creyó su propia mentira. El paliativo clientelista de la Asignación Universal por Hijo se transformó en ocupación plena; el Indec dejó de medir la inflación hasta que volvió a hacerlo por sugerencia del Fondo Monetario; la deuda –que se había pagado– creció como nunca antes; la pirámide social se mantuvo incólume: la distribución del ingreso de la época menemista no se alteró, y a la lista de los dueños de la Argentina se agregaron dos vecinos del Sur y uno de Córdoba. La década robada mantuvo, a la vez, la inveterada costumbre argentina de gastar más de lo que se produce, aunque la continuidad de tres períodos presentó un problema: los mismos que gastaron debieron enfrentarse a ajustar sus excesos. Ese es el dilema que hoy enfrenta el Gobierno, y que decidió resolver a costa de descascarar el relato, encerrado en una paradoja: le toca a un inexperto ministro marxista-keynesiano (como si eso fuera posible) recomponer el crédito externo, pagar las deudas, devaluar… indemnizar a los acreedores y pedir dinero a tasas insólitas. (...)

(…) Todas las grandes historias comienzan por casualidad. “Me dijeron que Moreno se iba a los tres meses y De Vido a los seis. Me tomaba el trabajo de desayunar con Moreno todas las mañanas para ver qué cagadas iba a hacer” (Martín Lousteau, 31 de julio de 2013).

El “efecto mariposa” es una de las condiciones de la Teoría del Caos: frente a determinadas condiciones iniciales de un sistema caótico, la mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione de formas completamente diferentes. Este modelo fue obtenido a partir de las investigaciones del meteorólogo y matemático Konrad Lorenz, al trabajar en predicciones del clima atmosférico. Un clásico cuento de Bradbury relata esa experiencia: la de un grupo de cazadores que viaja en el tiempo y mata por error a una mariposa prehistórica; cuando vuelven al presente, el mundo que conocían es totalmente distinto del que habían dejado. ¿Le tocará a Lousteau el rol de mariposa en este cuento? (...)

 

Pastillas para todos y todas

Hace muchos años, cursando Psiquiatría en el Hospital Borda, tuve un profesor del que me acuerdo casi todos los días, aunque olvidé su nombre. Explicando qué son los mecanismos de defensa, nos relató una experiencia de su consultorio.

Un paciente a quien veía por primera vez estaba haciendo una síntesis de su vida y, entre otros datos, relataba la muerte de su hijita. Mientras escuchaba los detalles de la enfermedad y agonía de la nena, que el hombre narraba con fría objetividad, el psiquiatra fue sintiendo que lo desbordaba la angustia y no pudo contener un sollozo. El paciente lo miró sorprendido:

—¡Doctor, está llorando! –dijo en tono de reproche.
—¿Sabe qué pasa? Que alguien tiene que llorar –contestó el médico.

Esa lógica perfecta se me quedó grabada para siempre.

Desde entonces, pienso que siguiendo el modelo de la mariposa que aletea en Krasnoyarsk y desata un temporal en Venado Tuerto, todo suceso triste tal vez provoque un sucedáneo de la tristeza en otro lugar o momento si quien debería llorarlo no lo hace.

Sé que suena raro, pero en la práctica diaria se puede ver que no sólo es posible, sino muy frecuente. Lo que el paciente no reconoció en su momento como dolor, odio o miedo queda almacenado en un vericueto oscuro de su mente hasta el día en que por alguna causa aparece y se muestra con la misma intensidad original, pero convertido en otra cosa. La forma en que se expresará no es predecible, pero sí que lo hará deformado, mutado en una reacción extraña, un síntoma o una enfermedad. Circula una extensa bibliografía científica y pseudocientífica y mucha sabiduría popular sobre este fenómeno, por lo que no es necesario dar ejemplos. Todos tenemos una situación traumática, un duelo, una ruptura, un susto, una decepción, un enojo inolvidable en nuestra historia personal, y cada uno lo procesó como pudo, unos reconociendo su emoción y otros haciéndose los distraídos.

No sufrir lo que hay que sufrir nos pone entre las manos una caja de Pandora de la que puede surgir cualquier engendro.

Así como los chicos y los animales domésticos manifiestan lo que oculta la familia, el cuerpo grita lo que la mente silencia. Cuando digo esto, recuerdo a un querido paciente al que se le murió un hijo en circunstancias terribles y diez meses después llegó al consultorio con un enorme sobrepeso y una diabetes mellitus difícilmente controlable. Por un reflejo simplificador, todos los que lo conocen pensaron: “Cómo no se va a enfermar de diabetes si se le murió un hijo”, pero profundizando en la consulta, llegamos a otra conclusión: tal vez la diabetes era consecuencia indirecta de la pena, pero no se podía negar la contribución directa del trabajo de sus maxilares sobre los choripanes que sus amigos le habían obligado a comer en el intento de distraerlo.

“No había día en que no llegara uno de mis amigos con una invitación a un asadito. Yo quería quedarme en mi casa a llorar un rato por mi hijo, pero no me dejaban, le juro que no me dejaron llorar ni un solo día después del entierro. Me llevaban a una peña, me obligaban a cantar, contaban chistes, me atiborraban de empanadas y de carne y me devolvían a mi casa medio mamado. Decían que así no pensaba, que así me iba a olvidar. Me despertaba cada mañana con un malestar terrible, y a la noche, vuelta a empezar. Se turnaban para no dejarme solo ni una hora. Y para no dejarme hablar, porque yo sólo quería hablar de mi hijo, me llenaban la boca de choripanes, achuras y vino”.

Si hubieran dejado a ese pobre hombre llorar lo que tenía que llorar, seguramente hoy pesaría veinte kilos menos y quizá no sería diabético. Pero nuestra cultura dice otra cosa. ¿Se murió tu hermano, te jubilaron, tu marido te abandonó, te quedaste sin trabajo? No llores, no pienses más, que te hace mal, es el consejo que te dan los que te quieren. (...)

 

El éxito del cerebro

Según la Real Academia Española, “expectativa” se define como “la esperanza de realizar o conseguir algo”. En su segunda acepción, “posibilidad razonable de que algo suceda”, y en la tercera, “posibilidad de conseguir un derecho, una herencia, un empleo u otra cosa, al ocurrir un suceso que se prevé”.

Las expectativas, entonces, tienen que ver con tus deseos, con tus intenciones, con algo que querés que pase.

Destaqué algunas palabras que considero cruciales en las tres acepciones de expectativa: conseguir algo, razonable, al ocurrir un suceso que se prevé. Si te encontrás en una posición clara en cuanto a los objetivos posibles –eso que querés cambiar–, serás mucho más eficaz para encontrar oportunidades para lograrlo y coincidir con tus intenciones.

La expectativa es aquello que “querés que pase”.

Las llamamos positivas cuando lo que esperás es algo que te hará sentir bien o mejor, lo que para el cerebro es una recompensa. El solo hecho de querer obtener algo como un cambio tiene un impacto en el cerebro y no sólo modifica tu habilidad para procesar información, sino también qué y cómo percibís las cosas. Por ejemplo, si ves una chocotorta sobre la mesa de tu cocina, o te la imaginás en tu mente, o deseás comerte una porción, en todos estos casos el mapa cerebral de la chocotorta se activa como también se activa tu circuito de recompensa.

Las expectativas son también centrales en la creación de espirales positivas –emociones buenas que se van retroalimentando unas a otras y cada vez te sentís mejor– y de las negativas –lo contrario– en el cerebro. Y de estas últimas es muy difícil salir. Es decir, pueden llevarte al pico de tu desempeño o a lo más profundo de tu desesperanza e impotencia. Por esto, mantener expectativas “correctas” en tu vida puede ser central para mantener un estado general de bienestar y felicidad. Pero, atención, aquellas expectativas “incorrectas” o negativas, basadas por ejemplo en “no soy bueno para esto”, “no me merezco ser exitoso”, o expectativas que generan demasiada incertidumbre, falta de confianza, poco realistas, son detractoras de algún cambio positivo posible. Por ejemplo, si quiero cambiar mi situación económica y establezco mis expectativas en ganar cien veces más de lo que gano hoy y que suceda en menos de seis meses, claramente son expectativas negativas porque la posibilidad de que lo logre es casi nula.

Cuando pasen esos seis meses y no lo haya conseguido, me voy a frustrar, como mínimo. Es decir, enfrentar desafíos abrumadores, establecidos por tus expectativas, puede terminar en frustraciones y sensación de fracaso.

La clave es establecerte expectativas “positivas y correctas”, ni muy para abajo ni muy para arriba. Pero ¿cuándo son “correctas”? Y eso, querido lector, depende completamente de vos. De conocerte, de saber cómo y quién sos lo máximo posible. Cuanto más sepas de vos y de aquellas cosas que podés y que no podés controlar, mejor serás en crearte “buenas” expectativas para cambiar porque significa que entendés realmente tus deseos e intenciones.  Yo no me conocía: cuando soñaba con ser científico, mis expectativas eran llegar al mejor laboratorio del mundo.

Pero en realidad, luego de muchos años, durante los cuales aprendí a conocerme a mí mismo, descubrí que esas expectativas eran más un deseo paterno que mías. Y con esto no estoy diciendo que mi padre era una mala persona, todo lo contrario. Quería lo mejor para su hijo, pero lo que él consideraba “lo mejor”. Entonces, yo me engañaba un poco a mí mismo creyendo que con el esfuerzo y trabajo para llegar a una universidad de prestigio alcanzaría mis objetivos, eso que quería para mi vida.

Pero al llegar, con mucho más esfuerzo y más trabajo del que suponía, descubrí con mucha frustración, tristeza, ira e incluso problemas físicos que yo no era feliz. Pero ¿cómo? ¿No era eso acaso lo que yo quería? Y allí empecé un camino que nunca se termina: conocerme a mí mismo (...)

 

*Thomas Piketty, Virginia Messi y Juan Manuel Bordón, Julian Assange, Jorge Lanata, Mónica Muller, Estanislao Bachrach.



Thomas Piketty