DOMINGO LIBRO / SIN TRABAJO CONOCIDO, ADMINISTRA UNA FORTUNA


Máximo, el gerente

La diputada y ex candidata presidencial presenta en Yo acuso un trabajo de investigación preciso de las pruebas de la corrupción kirchnerista. Stolbizer cumple con lo que promete: acorralar en el banquillo de los acusados a Cristina Kirchner, con datos sólidos, evidencia contundente y argumentos incuestionables. Aquí, el fragmento sobre Máximo, el que maneja el dinero familiar.

Responsable. El hijo del matrimonio que gobernó la Argentina los últimos doce años es el encargado de cuidar de un patrimonio familiar que superaría los 100 millones de pesos, sin haber tenido una carrera laboral.
Responsable. El hijo del matrimonio que gobernó la Argentina los últimos doce años es el encargado de cuidar de un patrimonio familiar que superaría los 100 millones de pesos, sin haber tenido una carrera laboral.
Foto:Marcelo Aballay y Cedoc Perfil
El 16 de febrero de 1977 nació Máximo Carlos Kirchner, el hijo varón de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. A los 39 años, y sin nunca haber desarrollado una carrera laboral consistente, el hijo del matrimonio presidencial que gobernó la Argentina los últimos doce años es el encargado de administrar una fortuna que superaría los 100 millones de pesos. (...)

Su actividad comercial comenzó en 2005, cuando integró la empresa Negocios Inmobiliarios con Osvaldo Sanfelice, Carlos Sancho y María José Fernández Clark. Todas las propiedades de los Kirchner se administraron desde esa oficina, ubicada en la calle Néstor Carlos Kirchner 496, un domicilio fundamental para entender el entramado de la corrupción K y cuya propiedad también pertenecería a la familia.

A partir de su aparición en la escena pública primero como el hijo de la pareja presidencial pero fundamentalmente a partir de su rol como administrador de la fortuna familiar, los movimientos societarios y bancarios de Máximo Kirchner se convirtieron en objeto de análisis. En ese campo, hay algunos primeros datos curiosos.

Cuando en 2013 abrió una cuenta bancaria, fijó su domicilio en el piso 3 de la avenida Belgrano 265, en la CABA. Allí trabajaba el contador del primer accionista de Hotesur, Jorge Giovanakis. Pero según recuerdan los vecinos del edificio, hacía ya muchos años que no vivía ahí.

La empresa Hotesur también quedó asociada a otras oficinas fantasma en Buenos Aires, como la que estaba ubicada en la calle Lavalle 975, piso 4, que quedó establecida como el domicilio de pago de Hotesur al momento de rubricarse en contrato entre ésta y Valle Mitre. También hay que mencionar la oficina que estaba ubicada en San Martín 948, que fue consignada en su momento como domicilio de Valle Mitre, la empresa de Lázaro Báez. Ninguna de las dos direcciones está actualmente vigente. (...)
Esta conducta, que ha sido repetitiva tanto en los manejos comerciales de la ex familia presidencial como entre los empresarios privados a quienes se los vincula, podría solamente indicar la necesidad de inventar domicilios en lugares donde no tenían sede real y entonces terminaban consignando lo que fuera.

Pero también creo que muestra, una vez más, la ilegalidad con que la familia presidencial se manejó, la poca importancia que asignó al cumplimiento de las normas y la marginalidad manifiesta. (...)
Máximo Kirchner nunca pareció tener el interés por la exposición pública que sí mostraron sus padres. Sin embargo, siempre fue una pieza clave dentro del círculo íntimo de ambos, en particular del de su madre. Tras la muerte de Néstor pareció convertirse en la única voz en la que la ex presidenta confiaba.

Su imagen política quedó relacionada con su rol en la fundación de la agrupación La Cámpora. Máximo se convirtió en una suerte de heredero mítico para los miembros del grupo.

Su madre tiene su cuota de responsabilidad en el aura mítico-política que empezó a rodear a su hijo. Cristina Kirchner movió los hilos necesarios para que Máximo preservara el apellido familiar en algún cargo electoral, aunque fuera solamente en su ciudad natal de Río Gallegos. (...)

Pero la imagen pública de Máximo es muy distinta según quien analice su rol. El hombre encargado de velar por la fortuna Kirchner es para algunos un sub 40 que no estudia ni trabaja y que pasa tal vez demasiadas horas con la PlayStation. Para otros, en cambio, es el jefe de La Cámpora, el descendiente de dos políticos de raza que está preparándose para eventualmente tomar su lugar y al que se le reconocen condiciones de un liderazgo lo suficientemente explícito como para conducir el desordenado movimiento que quedó luego de la salida del gobierno.

Su elección como diputado por el Frente para la Victoria por la provincia de Santa Cruz puede ser leída entonces como el primer paso de un camino que inexorablemente debería llevarlo hasta la presidencia, casi como un destino marcado a fuego por la historia familiar. Para otros, que lo ven con peores ojos, es el intento desesperado de alguien que busca fueros para protegerse de una potencial situación judicial adversa. No adhiero a ninguna de estas cuestiones. (…) Su objetivo es mucho más restringido: los fueros están apenas reservados a garantizar libertad de expresión en el ejercicio del cargo y la imposibilidad de ser detenido salvo in fraganti delito.

Por lo tanto, estoy convencida de que Máximo Kirchner no podrá eludir la acción de la Justicia por las responsabilidades que le caben de acuerdo con lo que hoy constituye mi convicción personal, pero que deberá ser revalidado por la acción y la decisión de fiscales y jueces que ya se encuentran atendiendo a la investigación de los manejos de sociedades y pagos que las circunstancias y la voluntad de la madre le han ido delegando al primogénito. Volveré enseguida sobre esta cuestión.

Las pericias ordenadas recientemente por el juez Julián Ercolini en la causa Hotesur para verificar si efectivamente las habitaciones del Hotel Alto Calafate habían sido realmente ocupadas por las tripulaciones de Aerolíneas Argentinas y el Ministerio de la Producción o si todo se trató de una operatoria de lavado de dinero colocan a Máximo en el centro de la escena.

Hotesur poseía una sola cuenta en el Banco de Santa Cruz, en la que Osvaldo Sanfelice y Máximo Kirchner figuraban como apoderados. Ni la actual presidenta de la sociedad Hotesur, Romina Mercado, ni el anterior, Oscar Leiva, estaban autorizados a manejar la cuenta de la empresa. Las decisiones de Hotesur fueron tomadas única y exclusivamente por Máximo Kirchner, que ejerció de hecho todo el manejo societario gracias a un poder amplio de administración y disposición que le otorgó Sanfelice, en su carácter de presidente de Hotesur SA, el 30 de septiembre de 2013.

En 2007, Máximo disponía de un patrimonio más bien exiguo si se lo compara con el rol significativo que tenía dentro del engranaje de la familia Kirchner. Ese año declaró sólo 46.434 pesos, si bien ya declaraba participaciones en las sociedades Los Sauces SA y Hotesur. Junto con Osvaldo Sanfelice, también poseía la empresa Negocios Inmobiliarios SA. Pero para 2008 su patrimonio experimentó un aumento considerable: Máximo cerró el año con un patrimonio de 686.936,01 pesos y sumó su participación en la empresa CO.MA SA, que perteneció a Pablo Grippo, arquitecto de Cristina.

Aunque su patrimonio creció muy poco a lo largo de 2009 y 2010, fue sorprendente ver el crecimiento que tuvo en tan sólo tres años. Pasó de tener poco más de 46 mil pesos en 2007 a tener 934.718,93 en 2010, un incremento del 1.916% en tres años, con sólo dos propiedades en su haber y con tan sólo una inmobiliaria como su principal fuente de ingreso. No se conoce tampoco el desarrollo comercial de ese negocio, qué operaciones realizaron, con que ganancias, pago de impuestos, etc.

Máximo Kirchner volvió a aumentar su patrimonio significativamente después de la muerte de su padre. Junto con su madre y su hermana, pasó a ser cotitular de 28 inmuebles, y además jugó un papel central en todo el armado societario, ya que formó parte de Los Sauces, Hotesur y CO.MA. En 2011 declaró un patrimonio de 18.780.698,53 pesos.

A partir de este punto, prácticamente duplicó su fortuna en tres años. En 2012 declaró una fortuna de 21.670.122,51 pesos. No tenía actividad política, al menos de forma pública, pero era reconocido como el líder de La Cámpora. En ese año, también contó con una donación de su madre por 180 mil pesos.

En 2013 reconoció tener dos deudas con Lázaro Báez: una de 6.320 pesos con Austral Construcciones y otra de 110.521 con Localzo y Del Curto. Finalizó el año con un patrimonio de 24.838.629 pesos. Ante el Banco Santa Cruz se presentó con un poder que lo ponía al frente de la administración y la disposición de los bienes de Hotesur.

Volvió a recibir una donación de Cristina Fernández de Kirchner, esta vez por 400 mil pesos. Sólo en propiedades, en 2013 declaró 10.042.770,55 pesos. Por su parte, declaró 11.728.498 pesos en plazos fijos y dinero en cuentas.

En 2015 presentó su primera declaración jurada como diputado. Ante la Oficina Anticorrupción declaró bienes por 35.919.289, un aumento de 44,61% con respecto al año anterior. En total, su patrimonio creció en más del 90% desde 2011, un período durante el cual sumó más de 17 millones de pesos a su fortuna.

Máximo Kirchner fue uno de los principales beneficiados de una modificación que se aplicó a las declaraciones juradas de los funcionarios públicos a partir de 2013. En ese año la mayoría parlamentaria del oficialismo kirchnerista llevó adelante una reforma sustancial a la Ley Nacional de Etica Pública y, a partir de entonces, los únicos requisitos exigidos para la presentación de las declaraciones juradas de los funcionarios son los mismos que rigen para la presentación ante la AFIP, o sea, muy pocos. Nada se debe consignar sobre el origen del dinero, no se coteja la información correspondiente a familiares directos que ya ni constan en los mencionados formularios y tampoco se obliga el registro de identificación de inmuebles y otros bienes que existía anteriormente.

Para Máximo Kirchner, la provisión más significativa de este decreto, que fue ideado por el entonces secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, es la referida a los ingresos de los familiares directos del funcionario.

La nueva normativa restringió la información patrimonial disponible en relación a cónyuges e hijos menores no emancipados y la incluyó en una categoría como anexo a la que sólo se puede acceder a través de la vía judicial. La Ley de Etica Pública, en cambio, había establecido que la única información reservada debía ser la entidad bancaria donde se encontraba depositado el dinero, el número de cuenta y las tarjetas de crédito, como también los domicilios de los inmuebles y las patentes de los autos.

No hace falta agregar las dificultades que la disposición ideada por Zannini generó, y seguirá generando, a la hora de investigar posibles hechos de corrupción. Otra consecuencia del decreto de Zannini es la derogación de la comisión de Etica Pública creada en la ley original.

Lo cierto es que el progreso patrimonial de Máximo Kirchner no escapa a las irregularidades que yo ya había advertido en la documentación presentada primero por su padre y luego, y particularmente, por su madre. En todos esos casos la información aparece cambiada y evidencia contradicciones y confusiones. (…)

La maraña de bienes y la intencional confusión que esa poca o contradictoria información produce son parte de la estrategia de negocios ocultos de la familia Kirchner.

Durante todas las investigaciones que he realizado y que me han llevado a realizar las presentaciones judiciales y también a publicar este libro como el correlato de aquéllas, no dejó de llamarme la atención el involucramiento que los padres, como titulares de negocios que se entrecruzan, han decidido como destino legado a sus hijos.

Margarita Stolbizer