DOMINGO REPORTAJE A MARIO BARLETTA

“Moreno ya no debería ejercer su cargo“

El presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical analiza la edad de imputabilidad, el caso Vaca Muerta, y considera que la educación es la herramienta más democratizadora del mundo entero.

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Mario Barletta es un hombre de hablar pausado, y cuando conversamos acerca de su trayectoria se afirma en esa serenidad: —Agradezco mucho las oportunidades que me ha dado la vida. –explica–. Yo comencé el 2 de enero de 1984, con 29 años, como decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Litoral. Me especialicé en Recursos Hídricos y, apenas comenzada la democracia, me involucré en la política educativa hasta que, en el año 2000, fui elegido rector de la Universidad Nacional del Litoral. Esto fue una de las grandes satisfacciones de mi vida: poder conducir los destinos de una universidad pública como ésa y permanecer en tal tarea hasta 2007. Fueron siete años difíciles, pero creo que es una de las universidades ejemplares de nuestro país que se ha colocado en la vanguardia del desarrollo científico, de la educación de calidad y con una muy fuerte extensión universitaria vinculada también con el sector privado y organizaciones no gubernamentales.

—Se dice que un grupo de jóvenes alumnos universitarios se presentaron un día en su despacho y le pidieron que fuera candidato a intendente de la ciudad de Santa Fe. ¿Es así?
—Efectivamente. Sin embargo, parecía una locura ya que el radicalismo perdía, en la ciudad de Santa Fe, por una diferencia considerable. Recuerdo entonces que ese viernes por la tarde les dije a los muchachos que aquello no me parecía conveniente ya que estaba también muy entusiasmado con mi tarea como rector de la universidad… Realmente no sé qué ocurrió, pero, al día siguiente, cuando desperté, yo había cambiado de idea aceptando ese desafío. Es decir, construir con Hermes Binner, la Coalición Cívica, ARI y los Demócratas Progresistas el Frente Progresista Cívico y Social que, en aquellas elecciones del 2007, lograba (por primera vez desde el retorno de la democracia) tanto la gobernación con el doctor Hermes Binner como la intendencia de la ciudad capital que tuve la satisfacción de ganar. Le diría que, incluso, cuando me preguntan qué fue lo más interesante de la gestión yo creo que los santafesinos recuperamos el orgullo de ser santafesinos porque vimos nuevamente que teníamos una ciudad maravillosa en la que se podía vivir mejor.
—¿Y después de esos cuatro años de gestión como intendente?
—Creo que podría haber ido a la reelección con tranquilidad. Teníamos muy buena imagen y una fuerte aceptación, pero nuevamente aparecen los jóvenes planteándome que tenía que ser candidato a gobernador. Un gran desafío como usted se imaginará. Fui entonces candidato por la Unión Cívica Radical dentro del Frente Progresista. En aquella oportunidad me tocó perder: salimos segundos dentro del frente pero, al día siguiente de las internas, estábamos trabajando todos juntos. El frente había vuelto a ganar con Antonio Bonfatti como gobernador y fue entonces cuando apareció el tema de la presidencia del partido. Le diré que no fue una circunstancia común porque yo no tenía una trayectoria de militancia partidaria. Sin embargo, en 2011 la situación del radicalismo era harto complicada. Aceptamos entonces este nuevo desafío y le diré, con mucho orgullo, que los hombres y mujeres del radicalismo entendimos que debíamos hacer una autocrítica y elaborar un plan cuyos frutos estamos recogiendo en el día de hoy.
—Hermes Binner encabeza esta lista, usted lo acompaña y en tercer lugar está Alicia Siciliani (actual diputada nacional), ¿no es cierto?
—Sí. También el Partido Socialista y Pablo Javkin (actual secretario general de la Coalición Cívica) a nivel nacional y, finalmente, por la Democracia Progresista, Ana Copes… Es una representación territorial importante. En una palabra, somos los políticos que, cuando terminamos nuestra gestión, volvemos a la misma casa que teníamos cuando la comenzamos –remata Barletta con ironía.
—Entrando entonces en el “aquí y ahora” (como dicen los analistas), el triunfo del domingo pasado en Corrientes, con Colombi, trae seguramente una nueva mirada para la Unión Cívica Radical.
—En primer lugar es, sin duda, una gran alegría y una satisfacción para el pueblo correntino y ratifica las elecciones que realizamos el 11 de agosto con las PASO donde el radicalismo vuelve a ocupar un lugar importante en el espacio nacional. Y esto echa por tierra mucho de lo que algunos colegas suyos señalaron en demasía durante el 2012 y parte del 2013 con aquello de que “la oposición no existe”. Y le confieso que esto, a nosotros, nos dolió muchísimo. Es triste que a uno le digan que no existe. Creo, en cambio, que las elecciones demostraron que estábamos haciendo un trabajo quizás silencioso, con las herramientas a nuestro alcance, pero con mucha convicción y mucha responsabilidad. ¿Por qué le digo esto?
Barletta hace una pausa, y luego: —Mire, la gente no entró a votar en el cuarto oscuro diciendo “ta, te, ti, ¡la suerte para ti!”. No. De ninguna manera. Eligió a la Unión Cívica Radical y a los frentes que conformamos en 16 provincias. Y esto arrojó como resultado que, en esas 16 provincias más otras en las que fuimos como UCR, obtengamos más de cinco millones de votos lo que nos posiciona claramente como la única alternativa verdadera al actual gobierno nacional en el 2015. Además, vamos a ser el espacio político en el Congreso Nacional que defienda los valores republicanos, el federalismo y la Justicia. Vamos a seguir poniéndole freno a este gobierno nacional. Esto cuesta muchísimo por la desventaja numérica en el Congreso pero, aun así, en su oportunidad impidió el paso de Reposo en la Procuraduría, se defendió a Leandro Despouy cuando quisieron desconocerlo como autoridad de la Auditoría General de la Nación y se reunieron también la cantidad de votos suficientes para demostrar que el actual número en el Congreso no iba a permitir una reforma constitucional que habilite la reelección indefinida. Venimos, entonces, trabajando y esa tarea se traduce en los resultados electorales. Tanto en las PASO (que ya tenían un antecedente en las elecciones de Neuquén y Misiones) como este triunfo actual en Corrientes. Todo esto nos hace mirar con mucha expectativa y mucha esperanza las generales del 27 de octubre en las que pensamos realizar una elección aún mejor que la del 11 de agosto.
—Bueno, usted seguramente entrará como diputado. ¿Va a extrañar la presidencia del partido?
—Seguramente –admite–. Pero, como le decía, estoy muy agradecido a la vida por las cosas que pude concretar.
—Y volviendo a los hechos de esta semana, el procesamiento del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, marca sin duda una nueva etapa.
—Sí, suena a buena noticia. Y si la analizamos desde la actitud que ha tenido este funcionario en los últimos años, creo que pone en un nivel de visibilidad lo que todos pensamos y sentimos: me refiero a la actitud soberbia, autoritaria y violenta de un funcionario que ya no debería ejercer más su cargo. Ha habido antecedentes tan graves como éste a lo largo de su gestión y creo que uno de los problemas más serios que vivimos en la Argentina es la manera en la que se entiende a la República, a la democracia y a la convivencia por parte de este gobierno.
—El concepto de autoridad.
—Hay una tergiversación total en el sentido de la autoridad y el ejercicio del poder. Incluso esto se hizo muy visible a partir de las elecciones del 2011 cuando el actual gobierno interpretó mal el 54% del resultado. Este 54% no significa “puedo hacer lo que quiero” ni tampoco “no debo escuchar a los que no piensan como yo” o faltarles el respeto a los que piensan diferente y, mucho menos, significa que “puedo quedarme con dinero del erario público”. Estoy hablando de la corrupción que también es de las más brutales manifestaciones de la actual gestión de gobierno.
—Por ejemplo, cuando hablamos de la tragedia de Once, no podemos dejar de pensar en los subsidios que recibieron los concesionarios y en proyectos de los cuales no se habló más: el tren bala, por citar un caso.
—Es una política en la que podemos poner el ejemplo de los ferrocarriles. Yo lo he sufrido en carne propia como intendente de Santa Fe cuando uno de mis grandes sueños fue siempre la recuperación del ferrocarril. Recuperamos entonces las estaciones ya que Santa Fe fue uno de los núcleos más importantes (a nivel nacional) del siglo XIX cuando se puso en marcha a los ferrocarriles. Nos ocupamos particularmente de la estación Belgrano, la estación Mitre y la estación Guadalupe y luego, también recuperamos las vías del tren y compramos (con fondos del municipio) dos unidades ferroviarias para que comenzara a funcionar el tren urbano… Bueno, nunca ni los Schiavi ni los Jaime ni el subsecretario de Transporte Ferroviario autorizaron (y de esto hace casi dos años) el funcionamiento de esas dos unidades ferroviarias que, sin embargo, están ya en la ciudad de Santa Fe. Todo esto debido a la incapacidad y la corruptela de la Secretaría de Transporte de la Nación que no la autorizó. Y cuando usted mencionaba los subsidios a estas empresas es importante recordar la mezcla de incapacidad y corrupción que fueron los generadores de los problemas más serios que tiene la Argentina. En el mismo sentido podríamos agregar: incapacidad, ineptitud y corrupción aplicado a lo que ha sido la política energética en nuestro país. Fíjese usted que la Argentina pasó del autoabastecimiento a los 13 mil millones de dólares que vamos a gastar este año comprando combustible. Y esto lo podríamos aplicar en otras áreas como la obra pública.
—Volviendo al tema combustibles, la ola de frío que acabamos de pasar no sólo desguarnece al sector industrial (lo que perjudica la producción), sino que afecta el uso domiciliario.
—Fundamentalmente afecta a los que menos tienen. Son los que más sufren cuando se producen estos tipos de crisis. Pero, como decíamos, afecta a la producción de manera notable y no permite llevar adelante políticas que son imprescindibles para el país en el que vivimos. Me refiero al proceso de reindustrialización de base tecnológica. No podemos seguir viviendo pendientes de cuánta soja vamos a vender y a qué precio nos la van a pagar. Está bien que vendamos mucha soja y que la paguen caro, pero esto no nos garantiza fundamentalmente uno de los problemas más serios del país como es la generación de empleo, empleo joven y mano de obra calificada. Le diré que éste es uno de los temas de mi vida desde que estuve en la universidad. También como miembro del directorio del Conicet en representación de todas las universidades públicas y privadas siempre hemos trabajado muchísimo en unir la producción y el conocimiento justamente para generar sustitución de importaciones y aumentar el valor agregado de nuestros productos. Esto no sucede en la Argentina y por eso yo siempre señalo que más que “una década ganada” ésta ha sido una década que no se ha aprovechado fundamentalmente en cuanto a lo que es el modelo productivo y la educación. Reconozco que esto último es “mi” tema, pero volvamos al tema energético.
—¿Por ejemplo, ¿qué futuro ve para Vaca Muerta?
—En principio es muy difícil establecer una definición a raíz de lo secreto del acuerdo. Hay cosas que no sabemos. Hay contradicción dentro del propio gobierno. Invocando un determinado patrioterismo plantearon la nacionalización de YPF generando una pelea con los españoles y ahora hay una alianza con Chevron. Esto parece una contradicción brutal ya que, a fin de mes, también se firma la explotación de gas con otra empresa norteamericana. Sin embargo, que quede claro que no digo que no tenemos que buscar capitales extranjeros para la inversión en nuestro país. Pero resulta muy difícil saber si lo están haciendo bien o mal ya que no conocemos la letra chica del contrato. Y si analizamos los antecedentes de este gobierno todo nos hace presumir que no deben estar demasiado claros ciertos puntos ya que si no, parecería innecesario el secreto.
—¿Y cuál es su mirada con respecto a los 14 años como límite de la inimputabilidad?
—En el proyecto aprobado por el Senado y presentado por varios senadores de distintos partidos se habla de un régimen penal para los menores. Me parece entonces que por ese camino hay que discutir el tema. Es un debate que debe darse. El Gobierno se ha negado a hacerlo. Se ha presentado este proyecto que establece la necesidad de un tratamiento diferente en cuestiones penales a chicos entre 14 y 18 años y a los de más de 18 años. Creo que esto está bien, lo que no quiere decir que yo no esté de acuerdo con que deban aplicarse con severidad, pero también atendiendo al hecho de que, por su edad, necesitan oportunidades de reinserción.
—En una palabra, ¿usted no está de acuerdo con que a los 14 años sean penalizados como si tuvieran 16?
—No. No estoy de acuerdo. Creo que tiene que haber un régimen especial que, insisto, contemple un proyecto de ley que es muy interesante y que logra un equilibrio entre la severidad necesaria con aquellos chicos que cometen delitos, pero marca una diferencia necesaria con aquellos mayores de 16 o 18 años.
—Es una responsabilidad de todos. Porque ¿qué hacemos con el chico que no trabaja, no estudia, no tiene familia? ¿El chico que no tiene adónde ir y que está en la calle?
—Sin lugar a dudas es lo que más nos duele. Y no hay motivo para que la Argentina tenga más de un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan, que están cerca del alcohol y de la droga y que terminan siendo una presa fácil para las organizaciones delictivas… Y sobre esto no se hace prácticamente nada. Recordemos que la educación (como lo ha sido siempre en la Argentina) se constituye en la política más importante para la inclusión social y para el ascenso social. Tenemos un 55% de jóvenes que no terminan la escuela secundaria… Es decir, estamos construyendo un país que ha tenido tiempos de contextos favorables, que ha sido maravilloso y en el que la mayoría no va a tener completados sus estudios secundarios. Yo le diría que frente a este problema no deberíamos poder conciliar el sueño. Los recursos están porque invertimos en educación más del 6% del PBI. Pero lo que no hay es decisión política. No hay un programa nacional educativo. Esto comenzó en los 90 o, mejor dicho, siguió deteriorándose con mucha fuerza cuando se provincializó la educación media. Este gobierno no ha hecho nada para revertir ese tema. Me parece bien que la Presidenta reparta notebooks por todo el país, pero repartiendo computadoras no vamos a lograr solucionar los problemas de deserción, de abandono y de repitencia. Y mucho menos los problemas de la caída educativa.
—¿Cuáles serían entonces las medidas a tomar?
—Yo diría que, mañana mismo, deberíamos aplicar tres medidas. La primera de ellas es que los chicos se incorporen al sistema educativo al cumplir un año de edad. O quizás algo menos… Me explico: deberíamos tener en el país una infraestructura que posibilite que absolutamente “todos” los niños (empezando por los más carenciados que no tienen la posibilidad de los jardines maternales pagos) vayan justamente a un jardín maternal porque durante esos primeros años hay que activar las capacidades neuronales y las capacidades físicas. Y esto lo va a ratificar cualquier médico. Si no hay una buena nutrición y un acceso a la educación, lo que se pierde no se recupera más. Y ahí empiezan los problemas que, después, producen la deserción y las grandes inequidades en la educación. El segundo tema importante, pero que también podemos alcanzar es el de la extensión horaria y la doble escolaridad. Todos tienen que tener más tiempo en la escuela. Estamos en el décimo primer lugar como país en cuanto a cantidad de horas de los chicos en la escuela. Me refiero a estadísticas de países latinoamericanos y la extensión horaria de las escuelas no es tanto para profundizar las disciplinas (que está bien que se haga) sino para que todos tengan acceso al deporte, a la cultura, al arte, a la música, a los idiomas. Y cuando digo “todos” no es una metáfora.
—¿Y el tercer tema?
—A veces, cuando tocamos estos puntos creo que hay que hablar de “revolución educativa”, de un programa nacional donde se discuta nuevamente la formación docente. Necesitamos docentes muy capacitados y muy formados. Si es necesario ampliar a un quinto año la formación docente pensemos en los médicos cuando hacen una residencia. Hay que crear y generar “centros de formación docente especializados” que garanticen una capacitación continua y, por supuesto, un sueldo de similares características a los mejores abogados, arquitectos o médicos. Y lo creo porque la docencia es una de las profesiones más difíciles que existen. Le aseguro que, a través de estas tres medidas, podremos visualizar una Argentina con mayores niveles de igualdad. La educación es la herramienta más democratizadora que existe en el mundo. Yo no sé si se financia bien o mal el Fútbol para Todos, pero lo que quiero, sin duda, es “educación para todos”.



Magdalena Ruiz Guiñazú