DOMINGO REPORTAJE A MARTÍN REDRADO

“Nadie tiene confianza en la Argentina por el ‘factor K’”

El economista advierte que hay una pérdida sistemática de reservas y lamenta que, tras su salida del Banco Central, el organismo se haya convertido en una “chequera” del Gobierno. Critica el cepo cambiario, pero sostiene que no debe aplicarse una devaluación.

PERFIL COMPLETO

En efecto, el doctor Martín Redrado no sólo es un economista de renombre sino un hombre de decisiones firmes. Y es importante recordar cuándo y cómo lo ha demostrado.
Aquel 14 de diciembre de 2009 fue un día muy especial para el entonces presidente del Banco Central. Cuando los argentinos estábamos ya planeando las vacaciones, el doctor Martín Redrado advirtió, en cambio, que acababa de comenzar el principio del fin de su gestión al frente del banco que custodia las reservas del país.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo recibió fríamente, y en aquel comienzo de 2010 Redrado terminaba por alejarse del Banco Central, después de seis años de gestión.
Hoy lo entrevistamos en sus oficinas de Belgrano en las que amplios ventanales muestran la ciudad. Hace pocas horas que una frase de José Sbatella, director de la UIF (Unidad de Información Financiera) ha estremecido a los ahorristas argentinos.
Al referirse a los ahorros que duermen en las cajas de seguridad bajo la custodia de los bancos, Sbatella no titubeó en referirse a ellos como a “… la mayor desestabilización que tenemos del sistema en la Argentina”.
Es la primera vez que escuchamos estos términos. Y Redrado reflexiona acerca de ellos:
—Mire, éste es un gobierno que nos tiene acostumbrados a que los derechos individuales prácticamente no existen. Un gobierno que, además, se está quedando sin nafta en el motor. Y la nafta son los dólares que Argentina necesita para poder importar insumos que vayan a nuestro proceso productivo. No son dólares para el atesoramiento. Indudablemente, lo que se está viendo con este tipo de manifestaciones es una desesperación que ciertos funcionarios están mostrando por las propias debilidades de un proceso que, como usted recordará, en un momento tuvo abundancia de dólares y que ahora sufre su escasez. Tenemos entonces estas manifestaciones que no son más que, a mi juicio, manifestaciones de un fin de época.
—Estaba leyendo que la pérdida de reservas del Central es, este año, 10% mayor que la del año pasado, ¿puede ser?
—En lo que va del año se han perdido 4.500 millones de dólares. En los últimos 21 meses tenemos una pérdida sistemática de reservas en un contexto donde todos los Bancos Centrales de la región ganan reservas. Le aclaro que, habitualmente, el relato oficial marca que el mundo se nos cae encima, que los problemas están afuera en vez de sentarnos frente al espejo. En realidad cuando uno mira las reservas, ya no del Banco Central de Brasil, sino las del Banco Central de Bolivia o de Paraguay observamos que todos están creciendo entre 15% y 20%. La única que pierde reservas es Argentina y no es por problemas externos, sino por una mala política económica. Lo bueno para este proceso es que, esta vez, tiene solución. Y sabemos cómo son las soluciones pero el Gobierno, lamentablemente, está encerrado en su propio laberinto y opta por más de lo mismo.
—Pero, ¿cuál sería la solución?
—Podría ser un programa económico integral con un énfasis central en la inversión. Es decir, un programa económico pro-inversión. Y para que haya inversión en Argentina lo que se necesita es generar incentivos para que se invierta.
—¿Por ejemplo?
—Incentivos impositivos. Por ejemplo: el campo. Es un socio fenomenal para cualquier gobierno porque la producción de alimentos hoy nos da una capacidad de inserción en el mundo realmente espectacular. Entonces, al campo habría que tomarle las retenciones a las exportaciones como parte del impuesto a las ganancias. Es decir, ir bajándole la carga impositiva o incentivarlo para que pueda producir más y generar así más recursos. Con mis equipos estamos analizando qué hay que hacer con nuestro país de 2015 en adelante. Y hay obras claves por ejecutar en nuestro país, como la canalización de los principales ríos. Por ejemplo, el río Bermejo, el río Salado. Allí el agua está a tres metros de la tierra y por no tenerla canalizada encontramos allí superficies sumamente áridas. Nuestro programa permitiría (a través de la canalización de estos ríos) triplicar la superficie sembrada. Hoy Argentina siembra 40 millones de hectáreas cuando podría sembrar 120 millones de hectáreas.
—¿De trigo o de soja?
—Mire, eso lo tiene que decidir el productor. Fíjese la paradoja: con la política que se ha hecho para el trigo, la producción ha caído casi 60%. ¿Por qué se dieron cuenta del error? Bueno, simplemente ¡porque genera menos dólares! Lo que hicieron fue decir: “Vamos a bajar las retenciones”, pero en vez de bajarlas o eliminarlas directamente dicen: “Señor productor, deme la retención. La ponemos en una cuenta en el Banco Nación y el año que viene se la devolvemos”. En un contexto de tan poca confianza el productor no cree que se la van a devolver. Es decir, las cosas no hay que hacerlas a medias. Si hay un problema con el trigo, bueno bajemos las retenciones. Creo que a los productores hay que nivelarles el campo de juego. Generar, obviamente, una rotación en el campo para que la tierra no termine desgastando todos sus minerales. Usted sabe que, para la soja, hay que generar una rotación de suelos continua para no sacarle todos los minerales. Pero esa, como le decía, es una decisión de los productores. Ellos decidirán si quieren hacer trigo, soja o maíz. Lo que tenemos que quitarle son las cadenas que hoy tiene la producción nacional para poder exportar al mundo. Estos mecanismos de permisos de exportación, los llamados ROE. Si hoy usted quiere exportar tiene que ir a una oficina pública para explicar qué quiere exportar. Y allí le dan el permiso para exportar o no. Ellos saben más que nosotros cuánto hay que dejar aquí y cuánto se puede exportar. Tendríamos que tener ahí un Registro de Exportadores para que el que va a exportar pague el impuesto, pero luego también dejar que el productor decida si quiere hacerlo en trigo, maíz, soja, cebada o sorgo.
—¿Es cierto que la mayor erogación de las divisas del Estado se va en abastecimiento energético?
—Claramente. La mala política energética ha generado distorsiones enormes. Hoy Argentina paga el gas líquido que viene en barcos (a veces de Trinidad Tobago, a veces del Medio Oriente) con una gran distorsión. Fíjese que Argentina paga 17,5 dólares el millón de BTU de gas licuado. En cambio, el que viene de Bolivia por gasoducto, lo estamos pagando ¡10 dólares! Y al productor argentino le estamos pagando 3 dólares. Con lo cual a todo lo que viene de afuera le brindamos un incentivo que representa un chorro de dólares que se van. Fíjese que este año, entre lo que Argentina exporta de combustibles y lo que importa, vamos a tener una balanza deficitaria de aproximadamente 5.500 millones de dólares. Nosotros todavía exportamos algunos combustibles, pero el “rojo” que Argentina tiene son, efectivamente, 5.500 millones. Y para darle una idea, al día de hoy, el excedente comercial que (con aprietes y demás) se va logrando es de 11 mil millones. Y la cuenta energética se lleva la mitad porque no hemos generado incentivos a la inversión doméstica ni offshore. Lo que estamos haciendo entonces es tapar agujeros comprando afuera, pero por eso necesitamos un programa pro inversión para que las inversiones se hagan adentro. Tenemos gas. Lo vemos con yacimientos no convencionales como Vaca Muerta, pero lo que ocurre es que allí se necesitan fondos, gente que crea y condiciones estables como para invertir.
—¡Pero es una especie de círculo infernal! Las divisas se van en energía. No llega inversión. Estamos sembrando menos y, al mismo tiempo, vamos a aumentar el paraíso del mercado de capitales, a los que no se les pregunta nada. ¿Cuando blanquean, no se les podría exigir un fin determinado?
—Por supuesto. Algo están tratando de hacer, pero esto muestra cómo Argentina se va quedando prácticamente al borde de la mesa ¡o cayéndose de la mesa! Fíjese que hoy Paraguay puede obtener fondos a diez años a través de inversores paraguayos y del resto del mundo al 4%. Argentina, en cambio, tiene que buscar plata de delincuentes para conseguir fondos al 4%. Esto está marcando un proceso en el que se le va acabando el combustible y se están dando cuenta de que esto está ocurriendo. Para mí el Gobierno tiene dos etapas: una de 2003 a 2008 en la que hay un proceso de crecimiento, de fuerte reducción de la pobreza, de la indigencia, de la marginalidad. Luego aparece un proceso en el que se van gastando las alcancías: manoteamos los fondos de jubilación, Anses, el Banco Central. Tratamos de manotearle más al campo y, ¡bueno, ya no hay más! Hoy, por no hacer las cosas bien, se está tratando de rascar el fondo de las ollas en lugares no convencionales. Son señales de un proceso que no tiene capacidad de regenerarse, superarse y reinventarse como para tener continuidad.
—¿Quién le prestó a Brasil para esa costosísima extracción de petróleo a gran profundidad frente a San Pablo?
—El mundo le presta a Brasil. Y los propios brasileños han reconcentrado sus inversiones allí. Petrobras es una empresa muy bien manejada y, de hecho, también están desinvirtiendo en el resto del mundo para concentrarse en su país. Hoy, al mundo le sobran dólares. También euros y bienes. El mundo nos está jugando a favor justamente por la recesión y un crecimiento mediocre que tiene, por ejemplo, Estados Unidos.
También la voluntad de Europa de mantener el euro cueste lo que cueste. Todo eso tiene, como contrapartida, un bajísimo crecimiento, pero todas las empresas o inversores de Europa, Estados Unidos o Japón están mirando oportunidades en el mundo emergente. Y allí Brasil aparece como una oportunidad en primer término por su dimensión. Mire, países emergentes con recursos naturales son una ecuación ganadora. Brasil va a tener, entonces, una cantidad de fondos disponibles y lo está aprovechando.
—Entre nosotros, ¿el cepo desalentó a los exportadores?
—Lo que está mostrando el cepo cambiario es esta idea de resolver los problemas cerrándose en sí mismo, en vez de reconocer que hay un problema de atraso cambiario. Yo no soy partidario de una devaluación. Creo que sería un error. Este problema se soluciona con un programa económico integral. Sabemos cómo hacerlo. Hay que convocar a todos los dólares que andan dando vueltas, pero con incentivos para que vengan al país. La pregunta también es ¿por qué Paraguay puede tener financiamiento al 4% y Argentina al 12 o al 14%? Yo lo simplificaría diciéndole que el tema es el factor K. El factor K hace que cualquier cosa sea posible. Desde el tema de las cajas de seguridad hasta lo inimaginable. Todo es posible. Por lo tanto, hay aquí un factor de riesgo, de incertidumbre que hace que cualquiera que hoy quiera ingresar 1 dólar a la Argentina, no sabe cómo lo podrá sacar luego. Esto ahuyenta y lo que ha hecho el cepo es, precisamente, ahuyentar toda posibilidad de que vinieran dólares a nuestro país. ¿Quién va a traer un dólar a 5 pesos cuando sabe que hay un dólar a 8 y, en definitiva, tampoco sabe cuándo lo podrá sacar? El que hace una inversión tiene la intención de que le vaya bien. Lo que hay que generar, entonces, son condiciones, incentivos y privilegiar los sectores productivos. Sobre todo a los que generan empleo. El gran tema de esta semana es que todo esto lo empezamos a sentir en carne y hueso. Los economistas ya decíamos “¡ojo!, el cepo va a generar menos producción porque se pueden importar menos productos y, en definitiva, terminará por generar menos empleo”. Esto lo estamos viendo hoy a través de las cifras oficiales. El año pasado, en Córdoba, en la reunión de Adepa ya anticipé lo que se ha hecho evidente en esta semana: subió el desempleo y todas estas restricciones están generando menos posibilidades de trabajo para los argentinos.
—Le pregunto con total inocencia, ¿para qué quiere el Gobierno los dólares que entren con el blanqueo? ¿Para energía, turismo, gasto público...?
—Para el gasto público tienen la maquinita de hacer pesos con el Banco Central. A partir de 2010 el Banco Central se convierte en una chequera “pa’lo que manden”. Cuando nosotros nos fuimos, habíamos puesto un límite en términos de cuáles eran las transferencias que se le podían hacer al Tesoro, y lo que hizo Cristina fue pasar por encima pensando que eso iba a generar un “boom” y fue como tomar droga. De acuerdo a lo que señalan los que consumen, al principio, genera un efecto de expansión y luego viene la resaca. Y lo que estamos viendo hoy es precisamente la resaca… Entonces, como decíamos, para el gasto público tienen la maquinita de hacer pesos que está generando más presión inflacionaria porque no se produce más. Necesitan los dólares para energía, turismo y fundamentalmente para el pago de deuda. Creo que en el esquema en el que estamos vemos por tarjeta de crédito que, al Gobierno, se le están yendo mil millones de dólares por año. Por lo tanto, veo que van a venir más restricciones. Por turismo se le van 4 mil millones de dólares y, a mi juicio, es donde vamos a ver, en los próximos meses, más de lo mismo: más restricciones. La Presidenta ha dicho que no va a devaluar y aunque me parece bien creo que una sola medida no resuelve las cosas. Además, en este contexto de tantas distorsiones, ésta es una economía de “frazada corta”. Fíjese lo que ha ocurrido con el dólar marginal. ¿Por qué bajó? Simplemente porque tuvieron que subir la tasa de interés. Si usted va devaluando más para que la gente se quede en el peso tendrá que subir la tasa de interés. Tendrá que subir el costo del dinero y si sube el costo del dinero, ¡perjudica a la producción! El crédito entonces se vuelve más caro para aquel que tiene que canjear cheques, tener un adelanto en cuenta corriente, el comerciante que sufre un descubierto. Todo esto se ha incrementado en esta semana. Es un frenazo para la economía. Aquello de “la frazada corta”. ¿Quieren parar el dólar? Entonces suben la tasa, pero esta suba genera un frenazo a la economía porque aumenta el costo del dinero. También vendieron bonos en dólares que tenían Anses y el Banco Nación. Esto generó una baja en el mercado de lo que se llama “contado con liquidación”, el mercado del “dólar-fuga”. Hoy para poder “fugar” fondos lo que hace el inversor es comprar (con pesos) bonos en dólares para terminar vendiéndolos (a los cuatro o cinco días) en la plaza de Nueva York. Al vender muchos bonos el Gobierno bajó el precio de esos bonos, con lo cual generó una baja de ese mercado que es el mercado más grande. Cuando uno habla de los “mercados marginales” que se han creado se refiere a lo que se llama popularmente el “dólar fuga”. El dólar blue, en cambio, es el dólar billete que el turista va a buscar a una casa de cambio. Es cierto que es un mercado chico, pero empresas o individuos que tienen un poder adquisitivo importante para sacar fondos al exterior compran bonos contra pesos y los venden contra dólares en la plaza de Nueva York o Europa. Bueno –resume–, de esa manera: subiendo la tasa con algún jueguito financiero estamos volviendo a la bicicleta financiera. Y es justamente lo que este gobierno denostó porque siempre apostó a la producción. Estamos entonces nuevamente jugando a quien está en dólar, en tasa… es decir, dedicándose a la bicicleta. Es el que hace plata y no produce. Con todos estos tipos de cambio hemos vuelto a la famosa “timba” financiera y ¡algunos están haciendo ganancias increíbles! Entre un tipo de cambio y otro hay 60%, 70% u 80% de diferencia. O sea que, cambiando papelitos, hacen una gran diferencia en lugar de vender ropa, producir autos o rulemanes.
—¿Es por eso que este año se ha sembrado menos que el año pasado, 2012?
—Bueno, son todos incentivos. Vamos a terminar con una cosecha razonable. Y la verdad es que ahí tenemos precios fenomenales (con lo cual estamos recibiendo una bendición) con el cambio estructural que se ha dado en la economía del mundo. Esto me da mucha confianza acerca de la Argentina futura. Hoy tenemos una oportunidad porque, por primera vez, los precios de las cosas que vendemos han cambiado en el mundo. Usted sabe que Raúl Prebisch, uno de los padres de los economistas argentinos, hablaba siempre del deterioro de los términos de intercambio. ¿Qué quería decir con esto en los años 40 o 50? Bueno, que las cosas que producíamos los latinoamericanos tenían un precio cada vez más barato, mientras que los bienes industriales estaban cada vez más altos. Nos era entonces muy difícil acceder a bienes industriales. Hoy, la cosa es al revés: el avance de la tecnología hace que usted tenga una cantidad de bienes industriales. La evolución de China en el mercado internacional ha bajado notablemente los costos y por lo tanto, hoy, un mp3, un plasma, una PlayStation van bajando sus precios de un año al otro. En cambio, el trigo, el maíz, los fideos, los aceites, la harina tienen cada vez mejores precios porque hay un surgimiento muy grande de la clase media en el mundo. Quiere decir que el incentivo del mundo nos juega a favor y eso hace que la producción (sobre todo de soja) vaya manteniéndose, este año, en unos 50 millones de toneladas. Aproximadamente lo mismo que el año pasado, pero hay un costo a la oportunidad. Si el Gobierno tuviera buenas políticas la Argentina, en vez de tener una cosecha (entre trigo, maíz y soja) de 100 millones de toneladas podría lograr los 150 millones simplemente con medidas como tomar las retenciones a cuenta del pago del impuesto a las ganancias. Es necesario contar con un horizonte sin manotazos sobre el campo. Con eso sólo se puede aumentar en un tercio la capacidad sembrada, lo cual significa más trabajo, más inversión y más movimiento de la economía. No hay que mirar por el espejo retrovisor lo que va a ocurrir en la Argentina. Mucha gente dice “esta película ya la vi”, pero me parece que esta película es distinta porque hay distintas condiciones. Esta vez las cosas se pueden resolver sin una crisis. Lo que hace falta es un país que se integre productivamente con el mundo.
Antes de abandonar las oficinas de Redrado nos dejamos llevar por la curiosidad ante las fotografías que adornan su escritorio. Una de ellas también fascina a nuestro fotógrafo. Y no es para menos: muestra al doctor Redrado cayendo suavemente en paracaídas.
—¿No le dio miedo? –preguntamos–. ¿Sigue lanzándose al espacio?
—No. Fue una prueba que hice y la verdad es que fue una sensación increíble. El momento crítico está en el instante en que uno se tira del avión. Luego, poder volar es una sensación indescriptible y ¡ver el mundo desde 13 mil pies es algo para recomendar! Sólo hace falta un minuto para animarse. Lo volvería a hacer…
—¿Es aplicable a la Economía?
Redrado se ríe francamente:
—¿Un salto en el vacío? No, no. La economía es más fácil porque uno la puede manejar. El segundo en el cual el instructor dice “¡Ahora!” es cuando hay que vencer los temores. Después, vale la pena.



Magdalena Ruiz Guiñazú