DOMINGO SOLARI, UN BOHEMIO EN LA MISA RICOTERA

Peregrinaje a la última aventura pagana

A brillar, mi amor, de Jorge Boimbaser busca entender el fenómeno ricotero. Cómo se mueve su público y qué lo motiva. También hace un recorrido por diferentes espectáculos a través de testimonios de sus fans. Una forma de la religión muy de los tiempos de crisis.

Aguante. Niños, jóvenes y adultos de todas las clases sociales siguen a sus ídolos a diferentes partes del país sin importar la distancia ni las condiciones climáticas.
Aguante. Niños, jóvenes y adultos de todas las clases sociales siguen a sus ídolos a diferentes partes del país sin importar la distancia ni las condiciones climáticas. Foto:obregon

Los peregrinajes de los ricoteros, en estos últimos años, siguen siendo incansables pero mágicos y misteriosos a la vez. La devoción ricotera no se detiene aunque en el camino se vaya a ver el altar de Solari o el de Skay. Los viajes a Tandil, Rosario, Junín o Salta –como los que vendrán– se transformaron en una migración continua; el alma espera que nunca se detenga.

Los peregrinos se multiplican día a día, mes a mes, año a año, así como en las rutas se multiplican los altares al Gauchito Gil. Los pibes bajan y hacen un solo pedido a este gauchito conmovedor y en esencia ricotero: “Sólo te pido que se vuelvan a juntar”.

Algunos dejan remeras, objetos simbólicos, y continúan el viaje. Si el Gauchito proveyó tantos milagros a quienes se lo piden, ¿por qué no hacer uno más? Sólo te pido que se vuelvan a juntar.

En un futuro lejano, los nietos de nuestros nietos les dirán a sus hijos: Nuestros abuelos fueron testigos directos, vieron a Los Redondos, al Indio, a Skay en los escenarios y bailaron el pogo más grande del mundo (y del universo). Es como haber estado en el Jardín del Edén y haber visto a Dios cara a cara…

Estos relatos los viví en un déjà vu de cuerpo presente –e imaginario– desde hace más de un cuarto de siglo. No los leí en ningún diario. No los vi en ningún noticiero. Estuve allí donde había que estar. No me lo contó nadie. Y lo principal: no lo soñé… (...) “Una ola implacable... que te va a devorar...” (La ley del embudo, Skay).

Desde la última actuación de Los Redondos, en 2001, en el estadio de Córdoba, hasta el comienzo de la etapa solista primero de Skay Beilinson y más tarde del Indio Solari en La Plata, la marea devocional por la banda no descendió en absoluto sino, por el contrario, fue creciendo merced a las nuevas generaciones de pibes incorporados a las legiones de adeptos. Chicos no mayores de 12 o 14 años, que hasta entonces no habían podido concurrir por razones generacionales a las Misas Paganas, lo fueron haciendo paulatinamente en las presentaciones del guitarrista de Los Redondos, y la apoteosis de iniciación en la mística ricotera tuvo lugar justamente en noviembre de 2005, cuando Solari agotó las localidades de sus dos presentaciones en el Estadio Unico. Dijeron los organizadores que si hubieran agregado una o dos funciones más, también hubieran vendido la totalidad de los tickets. Contrario a lo que cierta leyenda dice respecto de los seguidores de Los Redondos, no todos ni su gran mayoría pertenecen a regiones excluidas de la población ni a los sectores más humildes. (...)

Otro dato interesante lo marca que las nuevas camadas de iniciados en la mística ricotera no se quedan solamente con las últimas piezas del grupo o los nuevos trabajos de sus dos solistas. Desde Gulp (1985), que fue su primer trabajo de estudio, hasta Momo Sampler (2000), la discografía completa sigue perteneciendo al estándar de álbumes de catálogo... y todos se venden con igual intensidad.

En el mercado marginal también se pueden conseguir grabaciones inéditas en estudio registradas durante presentaciones en vivo de Los Redondos de su época inicial y registradas con aparatos de tecnología cavernaria. Canciones nunca registradas oficialmente pero que forman parte de la liturgia que todo ricotero debe conocer. Allí figuran piezas exquisitas como El regreso de Mao, Roxana Porchelana, Honolulu, Mi genio amor. (...)

Fue la propia tradición de sus seguidores la que forjó denominaciones como Misas Paganas para las presentaciones ricoteras, y este detalle no es casual.

El mundo actual, con su arrollador avance tecnológico, quitó espacio a la necesidad del hombre de forjar su simbología y de que se la respete como tal en el marco de sociedades devoradoras de sueños y utopías. No es nuevo: Nietzsche ya lo pronunció en su Zaratustra con la frase que tanto afecta la epidermis de las religiones tradicionales: “Muertos están los dioses”.

La propaganda religiosa y la política marchan casi en forma paralela, y les cierran el camino a la fantasía, a la creatividad contestataria y hasta a la necesidad primitiva del ser humano de levantar panteones a los dioses que le vienen en gracia.

Hoy todo eso es juzgado como profano y apóstata. Por algo un famoso rocker local dijo en la intimidad después de la masacre de Cromañón: “Eso les tendría que haber pasado a Los Redondos”. Muchos de sus colegas adhirieron a su expresión de deseos. “Las últimas aventuras... victorias oscuras de viejos trips/ es otro más prisionero... que se toma en serio el juego de amar” (Adieu, bye bye, aufwiedersehen”, Solari).

Los misterios han perdido fuerza. El tsunami de los avances tecnológicos e informáticos hizo estragos en el afanoso deseo de soñar de los pueblos y, hoy día, plantear ideales en los que el hombre se reconcilie con su propio destino es visto como demencial, cuando no estúpido.

Aun así, los estadios se llenan cuando Skay Beilinson por su lado y el Indio Solari por el suyo salen a escena a vivificar la dignidad humana frente a todo vejamen moral y psicológico. “... yo sé que no puedo darte algo más que un par de promesas/ tics de la revolución, implacable rock and roll/ y un par de sienes ardientes que son todo el tesoro...”.

El pensador espiritual Deepak Chopra rescata una imagen alegórica sobre la presencia perpetua de los mitos adaptados a la realidad cotidiana: “La última encarnación de Edipo, el continuado idilio de la Bella y la Bestia estaban esta tarde en la esquina de la calle 42 con la Quinta Avenida esperando que cambiaran las luces del tránsito”. Desde este ejemplo, podemos decir que “el pibe de los astilleros” sigue rapiñando montado desde los containers, “la hija del fletero” continúa en Madrid donde dice que es feliz o “la murga de los renegados” continúa esperando la bendición que nunca llega. (...)

Los Redondos y sus líderes prosiguen indagando en la senda oscura buscando la luz que la racionalidad desenfadada arrancó del corazón del hombre moderno. Esa Luz se halla envuelta en los pliegues de las poesías que constituyen el mito de la banda.

En los Vedas –libros sagrados del hinduismo– se dice que “la verdad es una, los sabios hablan de ella con muchos nombres”. Las nuevas generaciones incorporadas a las legiones ricoteras desde el año de su inicio sabático han comprendido este mensaje en la botella y esa situación le otorga permanente vigencia a un fenómeno que es imposible explicar desde la lógica y el razonamiento puro.

Todos somos “polillas en busca de la luz”. Y a todos “nos va alumbrando la luz de los que no respiran”. (...)

“Siempre tengo a mi lado a mi Dios, así me da más...”, reza, confiesa, implora el Indio Solari en el éxtasis alucinado de Motorpsico, una bellísima plegaria que rememora el trip de Paul McCartney en Un día en la vida.



Jorge Boimvaser