DOMINGO REPORTAJE A DANIEL STAMBOULIAN

“Por el Ebola, hay que poner más controles en Ezeiza”

El infectólogo alerta sobre la peligrosidad de este virus letal que se está expandiendo de Africa a los Estados Unidos y a Europa. Aunque su origen es discutido, se cree que los monos y los murciélagos lo transmiten. Las precauciones que hay que tener en cuenta. Y las otras epidemias que alarman a Argentina.

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Foto:Nestor Grassi
Casi tres mil años atrás se hablaba de las siete plagas que habían asolado el mundo de entonces. Hoy, en la era de las vacunas, los antibióticos y los más sofisticados tratamientos, ha surgido el Ebola. El virus de Ebola, como lo definen los científicos, afecta a cuatro países de Africa occidental y, viajes aéreos mediante, ya tiene a tres internados en hospitales de Nueva York y Georgia.
El infectólogo Daniel Stamboulian explica:

—Hay dos virus que son absolutamente letales, es decir: los más agresivos. Se trata del Marburg y el Ebola. Estos dos virus son hemorrágicos, muy agresivos y producen infecciones con una mortalidad del 80% al 90%. Algo tremendo.
—Pero ¿qué origen tienen?
—El origen es discutido, pero se cree que los monos y los murciélagos son los que transmiten estos virus del reino animal al reino humano. Y el problema reside en que es tan contagioso que las personas que cuidan a las víctimas suelen tener muchos riesgos de contraer una infección que llamamos “infección hospitalaria”, adquirida por el contacto con estos pacientes. El contagio más frecuente se da a través de las secreciones, el vómito con sangre, la diarrea y el contacto con la piel.
—Sí, justamente en las últimas horas las agencias de noticias informan que una enfermera norteamericana, Nancy Writebol, de 59 años, se contagió de Ebola en Liberia mientras cuidaba enfermos junto a un compatriota, el médico Kent Brantly, quien también está internado en un hospital de Georgia.
—Estas infecciones son tan severas que hace mucha diferencia en disminuir la mortalidad si tienen un tratamiento adecuado. Pero debo decir que los tratamientos adecuados son difíciles de implementar en Africa. Por eso, llevarlos a Estados Unidos hace bajar la mortalidad y algunos de estos pacientes tienen 50 o 60% de salvación. Pero existe otro tema: hay gente a la cual se le recomienda que no viaje a Sierra Leona, a Ghana. En fin, a los lugares de Africa occidental donde el virus está muy presente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que no habría que restringir los viajes de las personas. Ellos siempre tienen esa política pero, sin embargo, en Estados Unidos se ha dicho que quien no tenga necesidad de viajar hacia puntos peligrosos se abstenga de hacerlo. Es decir, se está restringiendo el control. Por el Ebola, hay que poner más controles en Ezeiza. Estuvimos hablando con la gente de Aeropuertos 2000 y quedamos, tal como sostienen los norteamericanos, en que, cuando vienen pasajeros de Africa occidental, deben ser examinados por un médico. Por supuesto que, si esas personas no tienen ningún síntoma o signo de infección, no hay problema. Sin embargo, como el período de incubación de la enfermedad puede ser de hasta tres semanas, hay que recomendarles que durante esas tres semanas permanezcan en contacto con la autoridad sanitaria porque si les aparece algún síntoma o signo de enfermedad, deben ser tratados.
—Sin duda es algo aterrador. Incluso, siempre según la información de las agencias de noticias, hay líneas aéreas que ya no quieren volar a determinadas zonas como Sierra Leona, Africa occidental, donde un ciudadano argentino quedó varado y en busca de otra compañía aérea que le permitiera salir de allí.
—Sí, están evitando los vuelos de ida y de salida. Sin embargo, es una situación muy difícil porque el que no está realmente enfermo puede salir, pero después tiene que estar en cuarentena, en observación durante dos o tres semanas.
—Yo recuerdo, doctor, que en una oportunidad venía una persona infectada de tifus desde Sudáfrica y que usted inmediatamente avisó a la familia que trasladara, sin escalas, a esa persona del aeropuerto hacia un sanatorio sin siquiera pisar su casa.
—Sí, claro. Cuando alguien viene con una infección de este tipo, en general, los médicos lo trasladamos inmediatamente a un centro de alta complejidad. Por eso son muy importantes las medidas que se están tomando, pero también hay que recalcar que el que no está infectado no contagia. Quiere decir que no es como en el caso de la gripe, en que usted podía llegar de viaje sin una infección aparente pero, sin embargo, estar difundiendo el virus. En el caso del Ebola sólo difunden el virus los que tienen síntomas o signos de la enfermedad.
—Una de las cosas que subraya la información es que en los países afectados, por ejemplo, Africa occidental, existen costumbres como besar y abrazar a los muertos, con lo cual se produce un contacto directo con ellos.
—Por lo que yo he leído el control de los que cuidan a los enfermos y a sus familiares es muy difícil. No toman las medidas de aislamiento que merece esta enfermedad. Me refiero no solamente a guantes, sino a barbijos especiales o cascos como si fueran a la Luna. Reitero: un aislamiento total.
—Sí, pero en los puestos sanitarios donde están, por ejemplo, los Médicos sin Fronteras esos trajes son inaccesibles.
—Exactamente. Ese es el problema. Por eso estoy muy preocupado acerca de los empleados de la salud que atienden a estos pacientes. No me canso de repetir que hay que tomar muchas, muchas precauciones. Lavado de manos, uso de barbijo, guantes, en fin, realmente el Ebola es muy contagioso. Por ejemplo, las secreciones, la saliva, las deposiciones y la piel de estos pacientes son extremadamente peligrosos.
—Hace muchos años que, en el mundo, no había una epidemia tan violenta, ¿no?
—Mire, periódicamente aparecen, llegan, este tipo de brotes. Pero como éste, ninguno. Fíjese que hay ya 1.300 pacientes con 700 casos de mortalidad. Incluso algunos mencionan hasta el 80 o 90%. Algo aterrador, según lo dicen los mismos médicos norteamericanos. Este es uno de los virus más letales que existen.
—¿Qué puede haber producido el despertar de esos virus? Porque, si razonamos un poco, estos virus debían estar.
—Sí. Mire, usted sabe que nunca podemos explicar por qué llegan algunas enfermedades y por qué se van. Así pasó con la peste, así pasó con el Vih.
—¿Usted se refiere a la peste bubónica, en la Edad Media?
—Exactamente. Todas esas enfermedades van y vienen sin una clara explicación. Y en este caso ocurre lo mismo. Lo más importante es aislar a los pacientes porque, recordemos, los que más transmiten la enfermedad son los mismos pacientes.
—Como usted bien dice: hay cosas inexplicables. Tengo entendido que después de la Primera Guerra Mundial, de la cual ahora se cumplen cien años, hubo una epidemia de Gripe Española que terminó con la vida de miles de europeos y luego no se repitió nunca.
—Sí, en 1918 apareció esa Gripe Española en la que murieron  millones de personas y después de esa epidemia, aproximadamente en 1957, 1963 tuvimos un tipo de epidemia. Luego, en  2009 la pandemia de gripe H1N1. Tampoco quiero dejar de mencionar la gripe aviar. Justamente el año pasado apareció, en China, un virus nuevo de gripe aviar. Presenta una mortalidad muy alta pero que, por suerte, no afecta a mucha gente. Sólo toca a un grupo muy pequeño de personas. Son aquellas que están en contacto con las aves no solamente en China, sino también en Indonesia. Pero no son muy agresivas. Ahora bien, esto, el Ebola es tremendo.
—Antiguamente se decía que, por ejemplo, el cólera era traído por las ratas que venían en los barcos.
—En la década del 90 tuvimos el cólera en Aerolíneas Argentinas, ¿se acuerda?
—No, realmente.
—Mire, había cólera en Perú y hubo un vuelo que paró en Lima. Cuando llegó a Los Angeles un periodista falleció en Passadena a causa de una diarrea tremenda frente a la cual los médicos no se imaginaron que podía ser cólera. Pensaban, en cambio, que se trataba de una salmonella, una diarrea común. Y aquel brote, como vino, se fue. Es decir que muchas de estas enfermedades van y vienen sin que nosotros podamos encontrarles una explicación clara.
—Lo cual es aún más atemorizante, ¿no? Si los médicos no tienen una explicación, ¿qué podemos decir nosotros?
—Pero siempre hay una respuesta: en el caso de la gripe, la vacuna. Y en este caso en el que no hay vacuna tenemos claro lo de la necesidad del aislamiento de los pacientes y sobre todo Estados Unidos está tratando de colaborar, junto a la Organización Mundial de la Salud y al Centro de Control de Enfermedades, brindando materiales que puedan tratar a los pacientes con un mayor aislamiento.
— También, en el caso de la enfermera y del médico norteamericanos, se publicó que los estaban tratando con una droga nueva.
—Sí, están recibiendo una droga experimental que podría dar buenos resultados. No conozco esta droga experimental, pero lo que se sabe es que no hay una droga probada y experimentada para este tipo de enfermedades. A veces se suministra gammaglobulina  en altas dosis y como bien lo dice el cable que suministra la información, no existe todavía una vacuna al respecto. Usted recordará que, hace unos años, teníamos la fiebre hemorrágica argentina. Y el doctor Hernández, en el Instituto Maiztegui de Pergamino, preparó una vacuna y hoy la vacuna para la fiebre hemorrágica argentina existe para nuestro medio, aunque no en forma comercial.
—¿Por qué no, comercialmente?
—Porque como no es una enfermedad universal, económicamente no es redituable preparar una vacuna para estos casos. Como le decía, la elabora el Instituto Maiztegui de Pergamino conectado con un Instituto de Estados Unidos perteneciente al Centro de Control de Enfermedades norteamericano, pero para uso específicamente nuestro. También hay una fiebre hemorrágica en Bolivia.
—Estaba recordando que, en 1956, la epidemia de poliomielitis nos sorprendió sin la vacuna Salk, que apareció luego, y dejó tantas secuelas. No sé si hay números de esa época.
—No tengo registro de números importantes, pero lo que sí tengo presente es que muchos compañeros nuestros corrieron el riesgo de la poliomielitis que, por suerte, hoy se ha reducido a 180 o 190 casos. Bill Gates, con quien nosotros estamos trabajando en el tema polio, está muy interesado en erradicarla y se está buscando la manera de que pueda, finalmente, controlarse esta enfermedad.
—Pero, por ejemplo, esos 180 casos ¿dónde están localizados?
—Fundamentalmente en Pakistán, en Nigeria y en Afganistán, y el problema de estos países es que los musulmanes, muchas veces fanáticos, impiden la vacunación porque creen que la vacuna es nociva y contraria a las leyes musulmanas. Un tema tremendo que ha causado la muerte de algunas enfermeras.
—Y a usted, doctor, como médico, ¿cuál es la peor epidemia que le ha tocado?
—Mire, a mí, la que más me ha afectado es la del VIH porque cuando apareció, en 1981, y hasta 1996, nosotros sabíamos que el paciente que contraía el sida vivía un promedio de seis meses. Hemos perdido a muchos pacientes con los cuales nos sentíamos muy encariñados. Nunca voy a olvidar que había un grupo de 21 artistas dedicados a antigüedades que vivían en la Argentina y en Nueva York. Me tocó atender al que me dijo: “Yo soy el 19 de los 21 que ya fallecieron” Escucharlo fue terrible. Lo bueno, en cambio, es que en 1996 viene el cóctel y en estos años no recuerdo a un paciente con sida que se haya muerto. En general todos, con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, son controlados. Y lo bueno en nuestro país, y hay que reconocerlo, es que también todos pueden recibir la medicación. Si el paciente no tiene recursos, se los brinda el Estado o las obras sociales. Nosotros trabajamos con muchas de ellas, vemos mensualmente 4.500 pacientes infectados de VIH; el sida como enfermedad ya no se ve mucho, y también las prepagas cubren todo el tratamiento. Le diría también que ésta fue la enfermedad más tremenda que me tocó vivir. Otras enfermedades que también nos tocan y nos producen mucha pena son las infecciones hospitalarias que significan que uno va, se interna y, en muchas oportunidades, al internarse se infecta en un promedio del 5% dentro del hospital. Entonces esto se convierte también en un problema muy importante.
   El doctor Stamboulian se abstrae en su pensamiento y, luego:
—Lo que también nos trajo mucha pena fue la última pandemia, la de 2009, en la que tuvimos 400% más de gripe que lo habitual. Por suerte, desde entonces, se está vacunando, con lo cual la gente con gripe no fallece en una proporción tan alta. También tenemos las neumonías neumococcicas para la que hoy existe una vacuna y, gracias a ella, se han reducido drásticamente las meningitis en los chicos.
Es realmente emocionante escuchar a este médico profundamente comprometido con su vocación.
—Usted debería escribir un libro con sus memorias, doctor.
—Mire, anualmente hay un premio que lleva el nombre del mexicano Slim y estamos haciendo una presentación del camino recorrido por nuestro grupo y por nosotros mismos. Esto significa que estamos revisando todo lo que hemos hecho en estos últimos treinta, cuarenta años, y realmente es muy lindo ver lo que a uno le tocó vivir, hacer y disfrutar. Por eso queremos plasmar en una obra, que no sólo va a ser para el premio Slim, el camino recorrido en la infectología.
—Cuando usted dice “nosotros”, exactamente se refiere a...
—Yo siempre trabajo y disfruto formando grupos de trabajo. Con la oportunidad que tuve al formarme en Estados Unidos y hacer un entrenamiento en enfermedades infecciosas, aprendí de los americanos, que son muy exitosos porque detectan personas jóvenes, las forman y luego constituyen grupos de trabajo. Y eso es lo que a mí siempre me hace decir “nosotros”. Yo tengo hoy especialistas buenísimos, algunos mejores que yo, para el manejo del sida, las hepatitis, las infecciones perinatales, es decir que somos un grupo de más de cien personas que se han formado en los últimos 15 o 20 años. En la Argentina nuestra fundación se llama Funcei, Fundación Stamboulian, pero en 2001, ¿recuerda esa terrible crisis?, fuimos a los EE.UU. y, en Miami, formamos otra fundación, “Lucha contra las enfermedades infecciosas en países emergentes”, y allí organizamos una entidad y tuvimos el privilegio de que Bill Gates nos eligiera para trabajar en investigación en Latinoamérica.
—Donde los riesgos más importantes son...
—Bueno, enfermedades transmitidas por mosquitos. Nosotros tenemos hoy el Dengue, que todavía sigue afectando a mucha gente; el Chikungunya, una nueva enfermedad que se da mucho en el Caribe. Un paciente de 46 años que estuvo en Cuba y República Dominicana vino a la Argentina y el Instituto Maiztegui hizo el diagnóstico de la enfermedad. Es una enfermedad muy parecida al Dengue con la diferencia que trae muchos dolores articulares, inflamación de las articulaciones, que, a veces, se prolongan en el tiempo. Se da tanto en hombres como en mujeres y, si se viaja al Caribe, hay que tomar las mismas precauciones que en el caso del Dengue: evitar las picaduras de mosquitos. En el caso que trató el Instituto Maiztegui también el paciente presentaba una erupción que le afectaba la cara, el tronco y estaba febril.
Ante estos cuadros no podemos dejar de ubicarnos en un terreno personal:
—¿Nunca tuvo miedo de contagiarse, doctor?
—No. Esto es como lo que le pasa a un electricista. Mi padre era electricista y siempre me asustaba ver cómo manejaba los cables y nunca le pasaba nada. Nosotros sabemos las precauciones que debemos tomar y, le diría que, en general, nos va bien. Pero, siempre conociendo el peligro uno toma las medidas de precaución necesarias para no contagiarse.

Magdalena Ruiz Guiñazú