DOMINGO LIBRO

Un año de Mauricio

Mauricio Macri cumple un año al frente del gobierno y ya comenzaron las evaluaciones. Una obra cuenta los bastidores de su llegada al poder. Otra intenta retratar el clima social que permitió su triunfo y, desde la economía, una mirada “nacional y popular” que destroza los fundamentos de la política actual.

baston de mando. La asunción del cargo comenzó con un paso de comedia (o de patetismo), con la ausencia de mandataria saliente, Cristina Fernández de Kirchner.
baston de mando. La asunción del cargo comenzó con un paso de comedia (o de patetismo), con la ausencia de mandataria saliente, Cristina Fernández de Kirchner. Foto:cedoc

Cambios profundos que empezaron antes

La experiencia de Cambiemos en el gobierno tiene sus bases en cambios profundos que se produjeron en la Argentina en el último cuarto de siglo y que modificaron los pilares del sistema político.

La reforma que permitió la construcción de representación del poder en el distrito federal y el instituto del ballottage para la elección presidencial produjeron al primer presidente en la historia de la Ley Sáenz Peña que no pertenece a ninguno de los partidos tradicionales, peronismo o radicalismo.

Esa novedad la completa otra: Mauricio Macri es el primer presidente conservador elegido en este ciclo, si se exceptúa el período del fraude de la década de los años 30. Sin ingresar en el juego de palabras, Macri cree, en el sentido clásico de la palabra, que hay un orden anterior a la praxis política y que ésta debe desplegar. (...)

No cree que el país deba volver a un estado anterior y paradisíaco de la historia, pero confía en que desplegar las “reglas” heredadas es un camino de progreso. Con ironía, el estratega Jaime Duran Barba ha reivindicado al PRO como la vanguardia del progresismo continental.

Con la misma amplitud para la licencia literaria, los adversarios de Macri lo consideran también un conservador y lo saludaron tempranamente como un abanderado de una “restauración conservadora”.

Como los conservadores argentinos, Macri es un laico de costumbres liberales, que defiende para sí y para los demás. Ha tenido todos los matrimonios que ha creído necesarios en su vida y los ha defendido para los demás. Como cuando consintió el primer casamiento de personas del mismo sexo en la ciudad que gobernaba. Fue en 2011, y la historia dirá mañana que él fue el pionero en el progreso de las costumbres.

La decisión de no impedir esa boda enardeció al cardenal Jorge Bergoglio (hoy papa Francisco). “Yo soy católico, pero en este caso me corresponde representar a toda la ciudadanía y le expresé que esto tenía que ver con una convicción personal en la defensa de las libertades individuales”. Eso le ha valido la calificación de “frívolo” que le aplica Bergoglio cuando lo califica en privado.

También lo miran así sus admiradores del extranjero, como José María Aznar –el ex premier español–, que fue su principal aliado y patrocinador a través de la FAES (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales), el think tank del Partido Popular español, que allegó fondos, tecnología electoral y organizó algunos de sus campus para los militantes del naciente PRO. La caída de prestigio de esa formación en España hizo declinar esa influencia, que se ha mantenido. También la Fundación Libertad, la principal organización privada del conservadurismo argentino, tiene a Macri como su estrella principal, y le dedicó un homenaje público en mayo de 2016 en una cena multitudinaria que contó con la presencia de Mario Vargas Llosa. Quien no crea en Carta Abierta ni en la Fundación Libertad para concluir el conservadurismo del presidente argentino, tendrá que rendirse a la evidencia de que en su alianza está el Partido Demócrata, que en sus listas han sido candidatos dirigentes de ese partido, cuyo principal referente histórico es Federico Pinedo, la figura más importante del partido en los últimos treinta años.

La elección de Macri en 2015 es también un caso de victoria de la calle sobre el aparato. En 2015, el peronismo tenía el gobierno nacional, la mayoría de las gobernaciones de provincias, y controlaba el Congreso. Igual fue derrotado, en una elección ajustada como son los ballottages, por un proceso de caudillismo generado por fuera de los aparatos políticos que, probadamente, había regulado los procesos electorales en el pasado. (...)

¿Qué otra cosa, si no eso, hacía en este siglo Emilio Monzó, arriero de territorios, para armar la estructura del macrismo en el interior, convenciendo a artistas (Miguel del Sel, la “Coneja” Héctor Baldassi –para un político, un árbitro de fútbol es un artista–), deportistas (Orlando “Orly” Terranova, Carlos Mac Allister), periodistas (Fernando Niembro, Diego Valenzuela) y cocineros (Martiniano Molina), para que hicieran política con él?

Esa composición heterogénea, y la sociedad con un partido preexistente como la Unión Cívica Radical, abren el interrogante inevitable sobre la suerte futura de la coalición. Cambiemos ganó las elecciones, si se permite la licencia, haciendo guerra de guerrillas y foquismo, contra un ejército regular, que es el peronismo. El enigma que cabe resolver en el primer año de gobierno es si lo que le permitió ganar las elecciones le sirve para gobernar. (...)

¿Qué es, si no eso, el copamiento de municipios y plazas provinciales a través de las redes y la acción de los voluntarios que, por miles, afiliaron y fiscalizaron las elecciones para el PRO en 2015?


La metáfora del carnicero

Un carnicero arrasa con su auto al ladrón. El asaltante queda en el suelo, atrapado entre el coche y el semáforo donde una turba completa el linchamiento que terminó con su vida.

“Más allá de toda la reflexión que tenga que hacer la Justicia en la investigación, si no hay riesgo de fuga, porque es un ciudadano sano, querido, reconocido por la comunidad, él debería estar con su familia, tranquilo, tratando de reflexionar en todo lo que pasó”, dijo MM sobre the butcher y, de algún modo, lo cubrió con un manto absolutorio. No sólo al carnicero, conocido como Billy “el sano”, sino a los protagonistas de la Fuenteovejuna de la localidad de Zárate.

La liviandad del paradigma punitivo, tan susanagimenizante, no deja de elevarse y algún día –que intuyo de escalofríos– nos estrellaremos contra el techo de la realidad.

A estas alturas uno no sabe si son apenas exabruptos, manifestaciones de honestidad brutal o simplemente guiones que buscan efectos puntuales. De pronto se descubre una célula del EI en las sombras y al rato se la desmiente. Luego vienen las maras y se van como vinieron (Gerardo Milman debió confundirlos con

Maru Botana o Mara Lúa y los Nocturnos, un conjunto tropical de sus años mozos).

Pero, ¿de cuántos carniceros estamos hablando? Uno, claro, es el arrepentido Daniel “Billy” Oyarzún. ¿Y qué me dicen de Esteban Bullrich? “Hace muy poquito cumplimos 200 años de nuestra independencia y planteábamos con el Presidente que no puede haber independencia sin educación, y, tratando de pensar en el futuro, ésta es la nueva Campaña del Desierto, pero no con la espada sino con la educación”.

El ministro de Educación no eligió cualquier lugar para establecer la analogía. La hizo en la ciudad rionegrina de Choele Choel. Su identificación con Julio Argentino Roca no podía ser más entusiasta. Con Bullrich tenemos un roquista cabal en el Gobierno. De hecho, ante una reciente consulta de Infobae sobre sus diez libros preferidos eligió a Soy Roca, de Félix Luna. “Creo que Roca es una figura que realmente se está queriendo atar ahora a una visión muy sesgada, y que ha sido un enorme presidente que puso la educación como eje tanto en la primera como en la segunda presidencia. Y que generó y continuó una política de educación laica y común que realmente fue el camino que abrió a la Argentina al mundo”.

Me gustaría conocer la biblioteca del ministro. Por lo pronto, sus otros libros esenciales, según la lista que confeccionó para el portal de Daniel Hadad, nos hablan de su nostalgia juvenil (textos de escuela secundaria), su aparente religiosidad y fascinación con los hombres que toman decisiones sin vuelta atrás.

Ahí están, entonces, en su mesita de luz o en un anaquel, la Biblia (“cada vez que uno la abre encuentra una enseñanza”), Cinco semanas en globo, de Julio Verne (“la idea de viajar en globo tiene mucho que ver con mis ganas de volar y de ser un piloto ahora también que soy más grande”), Las aventuras de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle (“siempre me sedujo la búsqueda metódica y racional de una respuesta a un problema”), Facundo y El gaucho Martín Fierro, de Domingo Faustino y José Hernández (“creo que la Argentina debe aprender a sacar de cada uno de ellos lo mejor para construir un país único y no seguir con esta confrontación permanente de opuestos”), El hombre mediocre, de José Ingenieros, Radiografía de la pampa, de Ezequiel Martínez Estrada (“muchas de las cosas que allí se dicen tienen una enorme actualidad”), El libro de arena, de Jorge Luis Borges (¡cómo iba a faltar, aunque se tratara de un libro menor!) y, Truman, de David McCullough.

Dice Bullrich sobre Truman: “Es un presidente quizás poco conocido. Llegó a ser presidente por casualidad y luego ganó una elección que nadie creía que lo podía hacer. Tomó enormes decisiones y es, en la historia de los Estados Unidos, el presidente que menos educación tenía cuando llegó al gobierno. De hecho, cuando se fue, había terminado apenas algunos niveles del colegio y no había realizado una carrera universitaria”.

Ay, Esteban, Esteban, pase al frente. Truman no es un presidente “poco conocido”. Su accidentada gestión (reemplazó a Franklin Roosevelt tras su deceso) será siempre recordada porque autorizó las carnicerías en Hiroshima y Nagasaki. “Un granjero que tuvo que tomar decisiones como tirar la bomba atómica”, apenas lo define Bullrich, el hombre que quisiera volar, pero por ahora no.

¿Debería uno sorprenderse por semejante liviandad intelectual? ¿No es el mismo tono etéreo con el que –salvando las distancias, que quede claro– MM se refirió a los acontecimientos de Zárate? n


Un año de fuga de capitales y endeudamiento

El incentivo al endeudamiento externo por parte del gobierno nacional surge de la necesidad de dólares en grandes cantidades destinadas a sostener la liberalización total del mercado de capitales. Aprovechando los bajos ratios de endeudamiento, emite deuda en dólares cuyo fin es sostener los niveles de las reservas, ya que, con las nuevas normas del BCRA, se habilitó la fuga irrestricta. Se reinauguró con Macri el viejo esquema que comenzó con la última dictadura militar: nos endeudamos para financiar la fuga de capitales. Por eso, a pesar del fuerte endeudamiento, las reservas internacionales aumentaron apenas 6.058 millones de dólares, producto de una sola cosa: los dólares, así como entran, se van. La medición de la fuga de capitales a través de la formación de activos externos contabilizados en el mercado único y libre de cambio muestra que, en los primeros ocho meses del año, suma casi 9 mil millones de dólares, más que todo el año 2015, y asciende a más de 11 mil millones de dólares si agregamos diciembre (cuando asumieron). Las salidas por giro de utilidades y dividendos alcanzaron los casi 2 mil millones de dólares, mientras que en igual período del año anterior apenas fue de 27 millones de dólares.

Sin embargo, el gobierno nacional justifica el endeudamiento con la necesidad de financiar el déficit fiscal. Dado que los economistas del macrismo insisten con la noción monetarista, ampliamente refutada, de que la emisión monetaria siempre genera inflación, el BCRA se autoimpuso un límite al financiamiento al Tesoro nacional, 160 mil millones de pesos, que ante el creciente déficit fiscal producto de la eliminación o disminución de los tributos al poder económico y la recesión provocada por las propias medidas del Gobierno resultan más que escuetos. “El mejor equipo de los últimos cincuenta años” lo remedia como lo hacen los economistas “serios” y no como lo hacen los “populistas”: con deuda… ¡Y en dólares! para financiar gastos en pesos… El Tesoro vende la mayor parte de esos dólares al BCRA generando ¡emisión! Y dado que, según ellos, genera inflación, el BCRA coloca Lebacs absorbiendo los pesos del mercado. Todo este circuito no es libre de costos ni barato. Lo que se hubiera resuelto con la simple emisión de pesos o con deuda intraestatal para cubrir las necesidades presupuestarias a mínimo costo, se transformó en deuda en dólares a tasas de las más altas del mundo, a corto plazo, y no libre de pagar altas comisiones, y una deuda en pesos del BCRA que alcanzó tasas, a niveles extraordinariamente altos, del 38 %. Todo gracias a que ¡volvimos al mundo! Aunque, por supuesto, la inflación no bajó, sino que alcanzó un 47% interanual frente al 25% en 2015 y superando el 40% de 2002.

En septiembre del presente año, el gobierno de Mauricio Macri presentó en el Congreso el proyecto de ley del Presupuesto 2017. En él estima necesario endeudarse el próximo año en más de 1,727 billones, la mitad de este monto en dólares. Así, para 2017 pide que le aprueben una emisión de títulos públicos en moneda extranjera por 46.574 millones de dólares (al tipo de cambio 17,92 pesos por dólar promedio en 2017). Aunque no queda claro en cuánto finalmente nos endeudarán, ya que diversos artículos del proyecto habilitan emisiones adicionales por diferentes conceptos. Además, las proyecciones realizadas se basan en la estimación poco realista de crecimiento del PBI de 3,5%, sobreestimando la recaudación y subestimando, por lo tanto, el déficit fiscal y su necesidad de financiamiento. En el proyecto se estima, también, que se pagarán 247.328 millones de pesos en concepto de intereses de la deuda, más del doble de los 104.133 millones de pesos presupuestados para 2016, aunque esto último se cree que será de 186.500 millones de pesos, resultado del superendeudamiento del año.

Al 31 de diciembre de 2015, según datos del Ministerio de Hacienda, el stock de deuda pública en moneda extranjera era de 148.881 millones de dólares; a agosto de 2016 ese monto asciende a 187.580 millones de dólares. Si sumamos la emisión de bonos prevista para 2017, la deuda pública en moneda extranjera superará los 234.155 millones de dólares. Es decir, un 60% más alta en apenas dos años. Las proyecciones para los próximos años del propio Ministerio de Hacienda prevén déficit comercial creciente, de modo que no existirá entrada genuina de dólares y no existe forma de enfrentar tamaña deuda que no sea con más deuda. La política del gobierno de Cambiemos está en marcha y tiene nombre: endeudamiento público en moneda extranjera y de forma explosiva. Sustituyendo la composición de la deuda: de la intraestatal a bajo costo a una con el sector financiero internacional, en dólares, a alto costo (de los más altos del mundo) y abriendo la posibilidad de terminar nuevamente en crisis financieras de difícil resolución con el antecedente de haber entregado el conflicto con los fondos buitre a los intereses de estos.