DOMINGO

Un verde Maduro

Quién es Nicolás Maduro, el hombre que recibió de Hugo Chávez un país dividido y en crisis económica, y al que hoy miles de estudiantes desafían en las calles. Cómo fue su formación política, su militancia en la Liga Socialista y su primer acercamiento al Comandante. Rebelde, tuvo una banda de rock llamada Enigma. Participó de las violentas protestas estudiantiles cuando Jorge Rafael Videla visitó Venezuela, en 1977.

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Un dato que Maduro seguramente quiere tener presente en su biografía es el siguiente: nació en Caracas un mediodía del 23 de noviembre de 1962, en plena Guerra Fría, cuando todavía reverberan en el mundo los efectos que produjo, apenas unos días atrás la “crisis de los misiles” en Cuba. La familia Maduro Moros era de clase media y vivía en un acogedor edificio de apartamentos en el sector Los Chaguaramos, frente a la icónica iglesia de San Pedro, vecina de la  Universidad Central de Venezuela. En esa urbanización transcurrió la juventud del líder chavista y en el mismo edificio todavía reside una de sus hermanas.
Maduro lleva la política en la sangre. Su padre, Nicolás Maduro sénior, fue dirigente de Acción Democrática (AD) partido de tendencia socialdemócrata que por muchos años fue dominante en el país y que forma parte de la oposición al chavismo.
Con el golpe de Estado de 1948 que derrocó al gobierno de Rómulo Gallegos y la instauración de la dictadura militar, Maduro padre pasa a la resistencia. Como parte del movimiento estudiantil participó en operaciones de sabotaje e intentó organizar un paro petrolero en el estado Zulia. Sus esfuerzos no tuvieron éxito y fue perseguido por la temible Seguridad Nacional, por lo que optó por irse al exilio, a Bogotá.
Al caer la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en 1958, vuelve a Venezuela y continúa su trabajo político en AD. Pero se identifica con el ala más izquierdista del partido que, en 1967, produce una escisión, pasando Maduro a engrosar las filas del naciente Movimiento Electoral del Pueblo (mep).
Verde, precoz, ingenuo, audaz, a los 11 años, iniciaba sus estudios de secundaria en el Liceo Urbaneja Achepohl en el sector Los Rosales de Caracas (en 1973). En actitud memoriosa nos contó que fue un amigo de su hermana Lala, Román Chamorro, quien lo invitó a participar en su grupo político para “hacer cosas” por el liceo. El preadolescente Nicolás, que era lo que llaman un muchacho “echao pa lante”, no lo dudó un minuto. Chamorro era el hijo de una guerrillera de las que todavía se mantenían en la  clandestinidad.
Estaba académicamente dos años adelante y, como hijo de gato caza ratón, era el representante estudiantil de Ruptura, el brazo legal del pkv. Ruptura era dirigido por la segunda esposa de Douglas Bravo, Argelia Josefina Melet Martucci, y representaba la extrema izquierda dentro del llamado Frente Unido Estudiantil que en las escuelas técnicas surgió para agrupar a representantes juveniles de distintas tendencias, incluidos jóvenes radicales de ad, del Movimiento al Socialismo (MAS) y hasta trotskistas.
En los 70, en Venezuela como en muchas partes del mundo, los sectores izquierdistas de la juventud estaban radicalizados. La radicalización se manifestaba en sexo, drogas y rock and roll, pero también en la guerrilla y la violencia urbana. Las escuelas secundarias estaban parcialmente penetradas por corrientes de la contracultura y de la subversión, incluida la más violenta, que hasta hacía muy poco las tenía como cantera de voluntarios para carne de cañón en los diversos frentes guerrilleros. Su padre, bien enterado de ello e intuyendo las inquietudes de su hijo Nicolás, le había advertido que no se involucrara con los grupos extremistas, haciendo especial énfasis en aquellos vinculados con Douglas Bravo. Aquello no solo podía comprometer el éxito de sus estudios sino costarle la vida.
Pero su arrojado hijo no tenía miedo a nada y ya sentía que estaba dispuesto a darlo todo por un movimiento del que por entonces ni siquiera sabía que estaba ligado al irreductible guerrillero. Cierto es, también, que a finales de los 70, en plena época de la llamada “Gran Venezuela”, un joven, por más radical que fuese, tenía otras cosas en qué ocuparse.
Además, el grupo político también tenía entre sus actividades de formación y “concientización” la proyección de películas en escuelas y comunidades. El menú de la cinemateca de izquierda implicaba digerir clásicos del cine ruso y, por supuesto, cubanos, como Lucía de Solás y, en especial, los filmes de Tomás Gutiérrez Alea La muerte de un burócrata y Memorias del subdesarrollo. Sin embargo, la favorita del joven cabeza caliente había sido fraguada en el imperio: Grease, con John Travolta y Olivia Newton-John. “Además de ser la música de nuestra juventud, me gustaba porque sentía que Hollywood justamente estaba exhibiendo y a la vez denunciando a los jóvenes plastificados que solo tenían cerebro para bailar y pasarla bien. Por lo menos así la veíamos nosotros”, recuerda Maduro. “Era la época del equipo de sonido”, rememora su amigo Chamorro. “Nos encantaba encerrarnos con las carajitas y escuchar melodías como Simpatía por el diablo y Bajando por el río. Esos eran nuestros himnos. Además, después Nicolás tuvo un Ford Fairline 500 que le dio su papá, así que con carro era todo más fácil”.
La lucha de clases y la guerra heroica por la liberación definitiva del proletariado podían esperar y más tarde podría argumentarse que poner un paréntesis a la resistencia al imperialismo por el rock era algo perfectamente legítimo. Habían escuchado que hasta en la Unión Soviética había bandas de rock. Así que por qué no. El joven Nicolás se hizo con un bajo y conformó con unos amigos la banda Enigma. (...)
Los Juegos Olímpicos de 1980 puede recordarlos con orgullo no solo porque Venezuela ganó una medalla de plata, sino porque el top ten de los campeones lo dominaban países detrás de la Cortina de Hierro liderados por la Unión Soviética. Claro que hay que mencionar que en aquella oportunidad, como represalia a la invasión de Afganistán por los soviéticos, Estados Unidos boicoteó los juegos y más de 60 países se abstuvieron de participar, incluida China, que estaba enemistada con los rusos.
La historia de Venezuela y la biografía de Maduro serían muy diferentes si Hugo Chávez, en lugar de ser rechazado en su aspiración de hacerse pelotero profesional, hubiese recibido una oferta similar. Perspectiva que divierte a Maduro y exclama: “¡Coño! Habría una revolución pero esa sí, de Grandes Ligas”.
“Nicolás era un párvulo”, recuerda Chamorro, quien se convirtió en un flamante consultor de mercadeo político a la cabeza de su empresa E3Marketing. Chamorro contribuyó con el partido de Chávez, el Movimiento v República (mvr) en la decisiva campaña de 1998 y hoy se dedica a asesorar al gobierno y a políticos regionales. “Él era muy alto y siempre destacaba del montón”, continúa Chamorro. “Estaba adelantado para su momento. Muy joven, pero a todos los jóvenes de entonces que nos interesaba la política nos había indignado el cruento derrocamiento de Salvador Allende (en 1973) en Chile y ese fue uno de los motivos iniciales para muchos militares en la izquierda de la época, el rechazo a
Estados Unidos y su injerencia en América Latina. Baste imaginar que él solo estudiaba en primer año y ya estaba militando con un grupo político duro. Sus amigos siempre éramos mayores que él”.
(...) El 26 de julio de 1976 el maestro de escuela de 34 años de edad, Jorge Rodríguez, murió bajo tortura en un calabozo de la Disip, la policía política. Se trataba de uno de los fundadores de la Liga Socialista y quien fuera el padre de quien hoy día es considerado uno de los más importantes jerarcas del gubernamental psuv, el actual alcalde del municipio Libertador de Caracas, Jorge Rodríguez Jr. La muerte de Jorge Rodríguez es parte de uno de los capítulos más oscuros de la insurgencia contra la democracia y del gobierno que sucedió al de Caldera, el primero de Carlos Andrés Pérez (1974-1979). La Liga Socialista era una organización de cuadros que se definía como marxista leninista, además de maoísta y también contaba con un brazo armado, la Organización de Revolucionarios (or). Aunque no lo planificó originalmente, la Liga Socialista se había involucrado unos meses atrás en una operación de secuestro del industrial norteamericano William Niehous. El 27 de febrero de 1976 un grupo comando de hombres armados entró en la residencia del empresario en Caracas, sometió a su familia y lo raptó. Sus autores justificaban el secuestro por el hecho de que Niehous, presidente de la Owen Illinois en Venezuela, mantenía contactos con el embajador estadounidense en Caracas, Harry Slaudeman (quien antes había sido embajador en Chile, precisamente durante el derrocamiento de Allende) y lo suponían un agente encargado de pagar a informantes de la cía. Los secuestradores aseguraban que no pedirían rescate, sino que sería ajusticiado por sus supuestos crímenes. Fue un golpe de propaganda que afectó la imagen de un gobierno que estaba nacionalizando la industria petrolera y se promovía como la democracia más próspera del continente.
(... )
Mantener vivo y escondido a Niehous fue una operación costosa y complicada que llevó a los secuestradores originales a implicar a varias organizaciones de izquierda. Los captores para financiarse exigieron adelantos parciales del rescate. Según alega su familia llegaron a pagar unos 20 millones de bolívares de la época, es decir un poco más de 4 millones 600 mil dólares por mantenerlo vivo. Antes de que los secuestros fueran una epidemia en venezuela, este fue el caso particular más importante y sigue siendo el más connotado de la historia del país.
El 21 de julio fueron detenidos los dirigentes de la Liga Socialista David Nieves Banchs e Iván Nolasco Padilla Bravo mientras supuestamente intentaban cobrar 20 mil dólares de adelanto. Los hombres cayeron en una trampa de la Disip. Según sus testimonios, los policías los torturaron brutalmente. De acuerdo con Nieves, su camarada y compañero de prisión, Padilla no resistió y lo implicó a él y a Jorge Rodríguez.
Rodríguez habría sido “molido a batazos”. Aunque la policía estableció como causa de muerte oficial una falla cardíaca, su cuerpo presentaba varias costillas rotas y órganos desprendidos.
No obstante, la policía no pudo dar con el paradero de Niehous. El  estadounidense permaneció cautivo por un período de 40 meses, hasta que la policía judicial lo encontró en una fortuita operación policial por un caso de robo de ganado en un hato en el sureño estado Bolívar. Dos activistas de la Liga Socialista murieron al enfrentarse con la policía y Niehous regresó a Estados Unidos donde aún vive.
Aunque ni el grupo Ruptura o Maduro estuvieron involucrados, se desató una operación de represión policial muy amplia y muchos activistas de la extrema izquierda temían que la próxima casa en ser allanada fuese la suya. Así fue que dos días después de conocerse la muerte de Rodríguez, Chamorro le llevó a su casa un material comprometedor que necesitaban resguardar. “Chamorro me dijo: ‘Mira chamo, acaban de matar a Jorge Rodríguez, están allanando nuestras casas y necesitamos que nos guardes este material aquí’”, dice Maduro. Como concluiría el psicólogo social Jonathan Haidt, la moral de grupo “une y ciega”, y el adolescente Maduro estaba ya contagiado en la moral del militante comunista: “Claro que yo no hice preguntas. Mi confianza y compromiso eran incondicionales, y como era el más carajito se suponía que nadie sospecharía de mí, así que agarré las cajas y las guardé como pude bajo mi cama y detrás de la nevera de la casa”, nos dice.
“Un sábado, mi papá me llevó a jugar béisbol al 23 de enero, y cuando regresamos había un escándalo en la casa. Limpiando, mi mamá y mis hermanas habían encontrado las cajas y vieron que era pura propaganda subversiva del prv”. Confirmados sus temores, el padre le prohibió continuar con la actividad política. “Tuve que darme de baja por un tiempo, bajar el perfil, pero nunca abandoné al grupo en realidad”, recuerda. Lo cierto es que Nicolás no solo no le hizo caso a su papá, sino que renunció a cualquier otra alternativa que le desviara de su vocación política radical. Debido a su rebeldía y trabajo político el joven fue expulsado y tuvo que cambiar de liceo. Eso habría de sabotear sus planes de estudiar en la universidad, pero igual la Ciudad universitaria se volvió su hábitat. Empezó a frecuentar los círculos estudiantiles que a finales de los 70 y principios de los 80 sostenían encuentros de estudio y se organizaban para controlar las instancias de poder universitario. Así terminó también migrando a la Liga Socialista.
Al año siguiente de la muerte de Rodríguez, un grupo de militares jóvenes, del que formaba parte Hugo Chávez, funda una pequeña logia de conspiradores que, unos años después, un 17 de diciembre, en conmemoración de la muerte del Libertador Simón Bolívar, juraría lealtad al pensamiento bolivariano y combatir la democracia corrupta. Pero los cuarteles eran territorio incógnito para un joven radical como Maduro y, de hecho, para la mayor parte de la izquierda del país, el enemigo. Pero aunque Maduro lo ignorara, sus agentes y caminos empezaron a cruzarse. Después de aquel juramento, en 1982 Chávez se reuniría con Douglas Bravo, estableciendo una alianza con el prv para penetrar las Fuerzas Armadas, estableciendo los primeros contactos de militares conspiradores con la izquierda radical. Muchos años después, en una entrevista con el investigador Carlos Garrido, Bravo reconoció que ese encuentro se dio: “Nos reunimos sobre la base de estructurar un movimiento cívico-militar que se preparara a largo plazo para una insurgencia revolucionaria”, contó el viejo guerrillero.
La visita de Videla
El 10 de mayo de 1977, el dictador argentino Jorge Videla visita Venezuela, lo que provocó violentas protestas estudiantiles en todo el país en las que el quinceañero Maduro se vería también involucrado. Videla fue a Venezuela a reunirse con el presidente Carlos Andrés Pérez, entonces uno de los pocos y también el más destacado líder democrático de la región. Venezuela era uno de los destinos predilectos del exilio argentino que, junto a fuerzas políticas venezolanas, protestaron la visita por verla como un intento de legitimación de un régimen que ya se sabía atroz. (...) El hecho es que la crudeza de la protesta por casi los tres días que duró la visita del dictador a Venezuela culminó con el allanamiento temporal de la autonomía de la Ciudad Universitaria, y el ingreso de policías uniformados para capturar a los encapuchados. Maduro pudo escapar por poco. La Liga socialista era un movimiento pequeño pero ambicioso, y se dedicaba sistemáticamente a la formación de cuadros. Para entonces, dominaba buena parte de las organizaciones de secundaria y realizaba trabajo social en algunos de los grandes barrios. “Eso me llevó a conocer la cara pobre de Venezuela. Me di cuenta de que para estar descontento no se requiere ser un intelectual, basta con tener hambre. Entendí que la libertad no puede existir sobre la base de la desigualdad, por eso, —enfatiza Maduro cerrando un puño—, en nuestro proyecto democrático debe existir verdadera libertad”.
En 1986, el partido logra un acuerdo para becar en Cuba a algunos de sus miembros en la escuela de formación de cuadros del Partido Comunista. Nicolás Maduro resulta favorecido en esa lotería y es enviado a La Habana

Roger Santodomingo