ECONOMIA

Confianza y fantasmas

PERFIL COMPLETO

El artículo es del verano 2005-2006, cuando el tipo de cambio nominal orillaba los $ 3,05 y Alejandro Vanoli todavía no se había decidido entre la Academia y los ministerios. Tipo de cambio alto, regulación de la cuenta capital del balance de pagos, tasas de interés bajas, estímulos al ahorro interno en pesos y una posición holgada de reservas que permita absorber los shocks negativos externos, figuran en el manual del reemplazante de Fábrega.

El problema es que para conformar a Vanoli y que el tipo de cambio alcance los niveles de competitividad del 2006, necesitaríamos un dólar oficial a $13,17, el euro a $16,40 y el real a $4,80, muy lejos de los valores actuales de esas divisas. Es evidente que el flamante Presidente del BCRA no está en su “zona de confort”.

La obsesión por la regulación y el control están muy bien, pero el dólar está muy atrasado respecto de 2006. Sumémosle que hay menos divisas porque el default terminó de cerrar los mercados externos y porque la soja, nuestro principal producto exportable vale 25% menos que a principios de año. La paridad cambiaria es insostenible, y Vanoli lo sabe. Es un tipo inteligente y seguramente leyó el artículo del N° 203 de Realidad Económica (29/08/2006), escrito por Axel Kicillof, Augusto Costa y la ahora Embajadora Cecilia Nahon. Allí el actual ministro citaba a Keynes para reírse de los que enarbolaban fantasmas de desestabilización: “De ahí las tranquilizadoras hipótesis del ‘golpe de mercado’, o las más actuales denuncias que atribuyen el desplome de la moneda al canibalismo de los ‘fondos buitres’. De este último tipo de interpretaciones se burlaba Keynes en 1923: “Cada vez que el franco [léase peso] se deprecia, el ministro de Hacienda cree firmemente que ello se debe a cualquier cosa excepto a causas económicas y lo atribuye a la presencia de un extranjero en las inmediaciones de la Bolsa o a las misteriosas y malignas fuerzas de la ‘especulación’.” (1996: 17/18).

Vanoli batalla entre la necesidad demagógica de un dólar barato y el riesgo de que la falta de confianza produzca una corrida de los depósitos que haga insostenible la ilusión. Es exactamente lo que ocurrirá si las expectativas de devaluación  e inflación superan la miseria que pagan los depósitos. El derrumbe es inminente.

*Economista.



Martin Tetaz