ECONOMIA RECESION Y TEMBLOR POLITICO


De trampolín a lastre: cómo sufren la crisis las empresas argentinas en Brasil

Apostaron al vecino como “economía vidriera” y para ganar escala, pero ahora padecen desde caída en las ventas hasta coletazos de los casos de corrupción. ¿Aguantar o salir?

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En 2010 Brasil crecía al 7,5%, su capacidad de pago tenía la mejor calificación y, como la octava economía del mundo aspiraba a ser potencia. Las grandes empresas argentinas apostaban a llegar al país vecino como un “país vidriera” que sirviera de trampolín rumbo al mercado internacional. El año pasado, el PBI de Brasil se desplomó 3,8% y los augurios son similares para 2016. El mercado interno se retrae y un impeachment terminó al menos por ahora con la presidencia de Dilma Rousseff, ahora reemplazada por su ex vice Michel Temer, tras años de escándalos de corrupción entre políticos y empresarios.
Algunas multis argentinas o se fueron, o reducen sus planes de negocios o arman estrategias para “resistir”, porque entienden que lo peor ya va a pasar y que por tamaño y escala “hay que estar” del otro lado de la frontera. El pionero en ese pensamiento fue, nada menos, que Franco Macri, el padre del Presidente, que no sólo instaló Pago Fácil, la operación por la que le detectaron una firma offshore en Panamá con el hoy primer mandatario en el directorio. A través de Sideco tuvo autopistas y recolección de residuos durante años.

Techint. El holding que lidera Paolo Rocca tiene una planta de tubos en San Pablo, un centro tecnológico y controla el 32,9% de la acerera Usiminas, que cerró la producción de planchones en Cubatao en enero por la recesión, en un contexto donde la producción cayó 20,6% en el país. Y la T está presente en obra pública con Techint Ingeniería y Construcción, unidad que quedó en la mira por la investigación de corrupción en torno a Petrobras: sus oficinas fueron allanadas el año pasado y un alto directivo prestó declaración como testigo. Pero el mayor impacto es que le alcanza la suspensión de operaciones con Petrobras vigente desde 2014 para 23 contratistas. La empresa hizo un descargo pero no hace comentarios al respecto.

Arcor. La compañía que encabeza Luis Pagani está desde 1981 en Brasil, donde tiene cinco plantas, la última abierta en Pernambuco en 2007. Allí lidera el mercado de chicles, tiene una participación importante en caramelos y desde que se asoció con Danone en 2004 es uno de los mayores jugadores en galletitas. La caída del consumo interno lo golpea y tuvieron “un cuatrimestre flojo”, según fuentes de la empresa, aunque con perspectivas de “aguantar la recesión”.  Tiene 239 mil puntos de venta, noventa distribuidores y 4.200 empleados.

Impsa. Enrique Pescarmona, factótum de la metalúrgica nacida en Mendoza, contaba en agosto pasado en PERFIL que saltó a Brasil en 2001 para potenciar la recuperación tras el fin de la convertibilidad. A lo hidroeléctrico le sumaron el negocio eólico. “Plata nuestra invertimos US$ 300 millones. Y perdimos todo” redondeaba. Pescarmona nunca entró en los negocios de obra pública del país vecino por la cartelización que investiga la Justicia. En medio de una crítica situación financiera general, Wind Power Energy, la firma de Impsa en Brasil, entró en concurso de acreedores. El empresario cedió el 40% a los acreedores y puso a la venta todas sus participaciones en ese país.

Fate. El gigante argentino de los neumáticos, propiedad de Javier Madanes Quintanilla, fue otro de los que en 2010 se subió al boom brasileño y se asoció con Vipal, el fabricante de materiales para la reconstrucción de gomas. Juntos, se expandieron en Brasil para ampliar la comercialización y preparar la instalación de otra planta. “Pero cambios en la legislación y el posterior deterioro y crisis de ese mercado fueron algunas de las vicisitudes que requirieron moderar el ritmo de la estrategia y diferir el proyecto a la espera de una coyuntura más adecuada”, contaron desde la compañía.

Roggio. El grupo cordobés supo manejar autopistas y líneas de colectivos en Brasil, pero hoy están enfocados en dos proyectos ligados a la red de transporte. Uno lo terminarán casi de inmediato. Se trata del tren liviano o VLT de Río de Janeiro, que debe estar listo para los Juegos Olímpicos de agosto y ya está en etapa de prueba. En tanto, hace dos años que trabajan en el desarrollo de un monorriel en la superficie en San Pablo, que todavía está lejos de terminarse. “Salvo demoras en los pagos, no sucedió nada más, aunque en algún momento esperamos pasarla peor”, dicen en la compañía que tiene como frontman a Aldo Roggio.

Los Grobo. Por instinto, suerte o ambos, la compañía agropecuaria redujo en 2013 a una expresión casi nula su presencia en Brasil (sólo tiene un molino en Jundiaí, San Pablo). Un año antes de salir, había entrado el grupo Mitsubishi como socio minoritario, y al tiempo les hizo una oferta por todo el negocio. “El precio era atractivo y Brasil mostraba señales de estrés en su contexto macro”, cuenta hoy Horacio Busanello, CEO de la compañía que se reenfocó en la provisión de servicios y tecnología para el campo por sobre la producción. Pero más allá de aquella decisión de dejar “justo” Brasil, el ejecutivo entiende que estando en la Argentina es inevitable el contagio: “La historia muestra que solamente en dos de los últimos 40 años nuestro país creció cuando Brasil no lo hizo”.

 

Perfil y la “doble tenaza”

En sociedad con Abril, Editorial Perfil publica Caras Brasil, y en 2015 adquirió diecisiete revistas de distintos géneros con lo que se convirtió en la mayor editorial de revistas de ese país. Jorge Fontevecchia, CEO de la empresa que publica este diario, aseguró que hoy la compañía vive una “doble tenaza”, porque “nunca antes la Argentina y Brasil pasaron por una recesión al mismo tiempo”. “En 1993 la economía de Brasil estaba muy mal y otro presidente –Fernando Collor de Mello– había sido suspendido por un impeachment, pero por entonces la Argentina estaba creciendo al 7% anual y nos compensaba”, detalló, y recordó que fue a la inversa en 2002. “Esta vez ambas crisis económicas se acoplaron”, subrayó. Además, según Fontevecchia, el negocio periodístico gráfico sufre la coyuntura: “Tanto en Brasil como en la Argentina la publicidad cayó el 25% en físicos (páginas o segundos) con el agravante de que las devaluaciones en ambos países hicieron aumentar el precio del papel (una materia prima importada de precio en dólares) un 50% en moneda local”. Con todo, la mirada del fundador de Perfil es que si bien “la situación es compleja”, la perspectiva es que ambos países se recuperen en 2017.



Jairo Straccia