ECONOMIA UN NEGOCIO DE US$ 2.000 MILLONES

El girasol, en estado crítico por la baja rentabilidad

Hay 43% menos de superficie sembrada que en 2006. Esta será una de las peores campañas en cuarenta años. Aceite y dólares.

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Foto:Cedoc

La cadena del girasol argentino se encuentra por estos días con una preocupación central: si no se modifica el nivel de retenciones –hoy, del 30% para aceite y harina, y 32% para grano– la baja rentabilidad del cultivo pondrá en crisis todo el andamiaje de agregado de valor que tiene la oleaginosa, un negocio que en 2012 aportó US$ dos mil millones a la economía argentina y que este año apenas llegará a los 1.400.

En esta campaña se estarán sembrando 1.470.000 hectáreas según los guarismos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires o 1.360.000 hectáreas según el Minagri. Estimaciones privadas hablan de una superficie menor. Según estas cifras, el área se reduciría entre un 14% a más de un 20% con respecto al ciclo pasado (1.680.000 ha). Esta superficie se siembra esencialmente en las regiones más marginales del país: en Chaco y el norte de Santa Fe, el este de La Pampa y el sudoeste de Buenos Aires. En éstas, entre tres mil y cuatro mil productores –en su mayoría pequeños y medianos– dependen del cultivo, ya que en esas regiones es la única alternativa o la más segura, incluso frente a la soja. Además, desde el punto de vista financiero, el cultivo aporta un ingreso en una época del año que ninguna otra actividad agropecuaria lo hace.
El girasol expande la frontera agrícola porque puede sembrarse en los ambientes más desfavorables, donde otros no tienen posibilidades.

Si se toma como referencia la campaña 2006/07, la última con menores retenciones y un tipo de cambio más real, desde entonces la superficie cayó un 43%. En Chaco, un 57%; en Buenos Aires el 37%; en La Pampa el 33%; en San Luis y el 72%, en Córdoba el 72% y en Santiago del Estero el 80%.

En las últimas tres campañas se estabilizaron los rendimientos promedio en alrededor de los 2.000 kg/ha. Esto fue gracias a la incorporación de genética y un mejor manejo agronómico. La Argentina es hoy uno de los mayores referentes mundiales en ciencia y tecnología para girasol, con uno de los más altos rendimientos por hectárea comparado con los principales países productores. Siembra directa, innovaciones genéticas, de manejo y en protección del cultivo han sido ampliamente adoptadas por el productor local.
Para la cadena del girasol es urgente y prioritario devolverle rentabilidad a un cultivo que es fundamental para distintas economías regionales y que, de seguir con esta carga arancelaria, llevará a un importante número de productores al quebranto, además de atentar contra las inversiones en el sector (tecnología, nuevos híbridos, etc.) y afectar ingresos de divisas resignando el papel de Argentina como uno de los principales exportadores mundiales de aceite de girasol.

 

Recaudación y retenciones

Para una producción estimada de 2,65 millones de toneladas de girasol, y dados los consumos internos esperados por el USDA, la Argentina exportaría, a los precios FOB del 3 de diciembre de 2013, 600 millones de dólares, con lo cual la recaudación por retenciones sería de 181 millones de dólares.

Si se baja la retención del grano, del 32 al 20%, y de los derivados, del 30% al 17%, la nueva recaudación por retenciones sería de 102,6 millones de dólares. Es decir que la pérdida directa del Estado sería de 78,4 millones de dólares (un 43,4% menos). Una baja de retenciones que sea neutra para la recaudación por derechos de exportación exigiría un aumento en la producción de girasol del 37,7%, vale decir, pasar de 1,38 a 1,90 millón de hectáreas o, en su defecto, aumentar los rindes, ya que se deberían conseguir, sin cambiar los consumos internos, 3,65 millones de toneladas de producción primaria. La caída en la recaudación es mayor que el requerimiento de incremento de área para compensarla dado que, obviamente, se está suponiendo un consumo interno constante.

La cadena del girasol sostiene que el área de 1,9 millón de hectáreas es perfectamente alcanzable, ya que antes de la suba de retenciones en 2007 y con un tipo de cambio real alto, se alcanzó en 2006 un área de 2,62 millones de hectáreas. Después de la crisis de 2001 –entre las siembras de 2002 y 2007, previo a la suba de retenciones–, el área media fue de 2,24 millones de hectáreas.
Por supuesto, la situación ideal para la cadena del girasol resulta de la combinación de un tipo de cambio real razonable, con retenciones mínimas que sólo protejan el valor agregado industrial. Es decir, cero retenciones para el aceite a granel y 4 a 5% para el grano. Adicionalmente, se podrían reponer los reintegros de impuestos indirectos internos para el aceite refinado de exportación que fueron eliminados en 2005.

Además, la suba del tipo de cambio real hasta un nivel razonable mejoraría la situación del crushing y abarataría el valor en dólares de los fletes y de los servicios, con lo cual se tendría un impacto combinado que a nivel macroeconómico reproduciría el modelo vigente entre 2002 y principios de 2007.

 

Valor en cadena

De una producción de 2,65 millones de toneladas de girasol se exportan 50 mil toneladas como grano y se produce aproximadamente 1,1 millón de toneladas de aceite y la misma cantidad de pellets. En el caso del aceite, de ese 1,1 millón de toneladas, el 51% va al mercado interno. En el caso del pellet de harina, del  1,1 millón de toneladas, el 66% va al mercado interno. No hay registros oficiales de la producción de aceite de girasol alto oleico que se usa en la industria alimentaria y es puro valor agregado.
Se estiman unas 70 mil hectáreas destinadas a la producción de girasol confitero que, obviamente, no tiene crushing, sino agregado de valor para exportar.
El aceite que va al mercado interno es refinado y envasado para un consumo por habitante de 13,5 litros/año.



María Lorena Rodríguez