ECONOMIA PAGOS POR MAS DE US$ 1.000 MILLONES


El Gobierno audita una obra de Calcaterra con De Vido

Enarsa revisará el contrato que el primo de Macri e Isolux ganaron para hacer una usina, aún incompleta. Los detalles.

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Foto:Cedoc Perfil

Decenas de caños de agua de marca Otek permanecen acopiados en uno de los pabellones de una central eléctrica que debió ser amurallada para evitar que se inunde en las afueras de Ensenada, a pocos kilómetros de La Plata. La imagen es apenas una descripción somera del proyecto que más preocupa a Angelo Calcaterra, primo del Presidente y propietario de Iecsa, constructora que le compró en 2007 a Franco Macri y que en las últimas semanas quedó en el ojo de la tormenta después de que Lázaro Báez sostuviera ante la Justicia que los fondos que trajo de Suiza y que son investigados por presunto lavado de dinero eran para participar de una licitación junto con Iecsa y los chinos de Sinohydro en Santa Cruz.

Ayer, además, uno de los hijos de Báez amenazó con difundir una carta manuscrita de CFK que pide ir contra el mismo familiar del jefe de Estado.

Al margen de esa operatoria, Calcaterra enfrenta una situación delicada por el cúmulo de sombras y sospechas de corrupción que genera su relación con Enarsa, la empresa estatal de energía creada por Néstor Kirchner en 2004, que en 2010 le adjudicó –junto a la española Isolux– la construcción de la usina Ensenada Barragán, uno de los emprendimientos impulsados bajo la órbita del Ministerio de Planificación de Julio De Vido para enfrentar la crisis energética.

Se trata, ni más ni menos, de la usina termoeléctrica en la que más dinero desembolsó el kirchnerismo y que aún permanece inconclusa. El Estado lleva invertidos en la central Ensenada Barragán cerca de US$ 1.000 millones cuando el presupuesto inicial no superaba los US$ 850 millones, es decir, un 15% menos de lo que se lleva gastado. Pese a eso, la planta se encuentra en funcionamiento sólo al 70% de su capacidad (genera 560 megawatt de energía con dos turbinas a gas) porque nunca fue terminada. Estaba previsto que, a mediados de 2015, la UTE Iecsa-Isolux cierre el ciclo combinado de la usina –para ello hace falta instalar una turbina de vapor–, pero desde julio del año pasado las obras están prácticamente paradas sin reactivación en el horizonte. Hoy sólo se mantiene una pequeña cuadrilla de diez o veinte operarios para garantizar la seguridad de las instalaciones.

Dudas. Funcionarios del Gobierno y directivos de Enarsa, que hoy es presidida por Hugo Balboa, un hombre cercano al ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, creen que en el proyecto existen irregularidades técnicas y sobrecostos, a priori, difíciles de explicar. Para la compañía estatal, la obra está activa pero en estado de readecuación.

Fuentes de Enarsa confirmaron que el área de Auditoría, que lidera Ernesto Wagner, prepara una licitación para contratar a una consultora para revisar la ingeniería de la central y determinar si se pagaron sobreprecios a Iecsa. En rigor, se está a la espera de que la Sindicatura General de la Nación (Sigen) defina si quiere participar del proceso. Si no, la tarea quedará en manos de una empresa privada.

Pedido. Mientras tanto, la UTE (en la práctica, Iecsa está a cargo de la construcción de Ensenada Barragán e Isolux de Brigadier López, otra usina bajo la órbita de Enarsa) presentó un pedido de redeterminación del presupuesto del proyecto, que fue calculado por última vez en 2012 por lo que quedó desactualizado tras las devaluaciones de enero de 2014 y diciembre pasado.

Los privados alegan que el mecanismo de reevaluación de costos utilizado por el gobierno anterior –amparado en el Decreto 1.295/02–quedó perimido y es necesario encontrar una nueva fórmula polinómica para redefinir nuevamente la ecuación económico-financiera del emprendimiento.

En ese marco, hace 15 días Enarsa giró fondos al consorcio liderado por Calcaterra, aunque no está claro en qué concepto. Lo concreto, hoy, es que Iecsa exige $ 4.000 millones adicionales (más de US$ 270 millones al tipo de cambio actual) para terminar la obra, el doble de lo previsto en el presupuesto inicial. La obra terminará costando entre 1.300 y 1.400 millones, un 60% más de lo previsto. De confirmarse las sospechas, Calcaterra quedaría en una posición muy comprometida, como principal responsable de una obra que va camino a reforzar la imagen de la pesada herencia kirchnerista en el área energética que tanto denuncia su primo, el presidente



Nicolas Gandini