ECONOMIA POR LA INFLACION Y EL EXITO DE LA SUBE

El país que dejó de usar las monedas

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“La monedita te la debo, ¿puede ser?”. La frase, que se repite en las transacciones cotidianas, resume un fenómeno propio de estos tiempos: por la pérdida de valor del peso y la masificación del pago eletrónico del transporte, la gente dejó de llevar monedas encima, por lo que han caído prácticamente en desuso.
Lo confirman las principales empresas transportadoras de caudales. Hace tan sólo cinco años, era noticia que la firma Maco, con sede en Barracas, era allanada y multada por “acopio” de monedas en grandes tambores, en una reacción del Gobierno por las quejas de los usuarios de colectivos que vivían una odisea para conseguir el metálico indispensable para pagar los viajes.
“Hoy, el circuito tradicional de las monedas se rompió”, explica Néstor Morena, de la transportadora Brink’s. “Antes, los colectivos, el subte y los trenes eran los recaudadores naturales del cambio con el que posteriormente se abastecían los comercios, grandes supermercados y también podían recuperar los bancos”, explican en otra compañía. Pero con la implementación de la tarjeta SUBE, con la que se pasó a pagar el viaje en colectivo, tren y subte, la ecuación cambió. Un colectivo, en todo su recorrido, obtiene como mucho $ 100 en monedas, mientras que antes esa suma ascendía a $ 2 mil.
Así, ya no es negocio para el público llevar en la billetera o los bolsillos monedas que pesan e incomodan más de lo que pagan. En las transacciones cotidianas manda el redondeo (a favor o en contra, ya da igual), y los que más lo sufren son los supermercados, que sólo redondean a favor del cliente, por lo que reclaman más cambio a los bancos. Pero para muchos, deja de justificarse trasladar monedas, en especial a puntos del interior.
En la calle hay unos 2.700 millones de unidades de monedas de 10 centavos, más de  mil millones de 25, unos 747 millones de 50 centavos, más de 1.425 millones de un peso, casi 310 millones de unidades de $ 2, y apenas un millón de chirolas de $ 5. Pero están guardadas en las casas, explican en una empresa de caudales. “El transporte de monedas es prácticamente insignificante”, confirman en Prosegur. Como corolario, Maco, aquella firma allanada acusada de guardarse las monedas, y que tenían un rol central en la movilización del metálico, hoy ha reconvertido su negocio, para volcarse a competir como movilizador de billetes: ante la falta de papeles de menor denominación se vuelve un negocio en crecimiento: para comprar lo mismo, cada vez hacen falta más papeles, y menos monedas.

Jairo Straccia