ECONOMIA AUGES Y CAIDAS

El país quedó chico para las fábricas de máquinas agrícolas

Tanto las políticas internas como el clima y los precios internacionales influyen en un sector con irregularidades en su desarrollo.

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Foto:Cedoc

Si hay un sector exitoso en la Argentina, ése es el campo, reconocido a nivel internacional, no desde ahora sino desde siempre, por la riqueza de las tierras y por los buenos climas que existen para la producción agrícola. Pero también en nuestro país, en el campo, con el correr de los años, varió sustancialmente la forma de producir y trabajar con el uso de nuevas maquinarias y el desuso de otras que por décadas parecieron ser, como lo siguen siendo en otros países, el ABC de la producción de granos.
El arado y demás implementos de labranza; sembradoras convencionales que no superaban los 900 kilos de peso, de poco ancho de labor y sin fertilización incluida. Máquinas muy buenas para dejar la tierra bien refinada como una quinta pero provocando, como después vimos, la erosión de la tierra y la falta de la valiosa retención de la humedad. Y el campo cambió. De pronto, siembra directa.
Los fabricantes de maquinarias argentinas rápidamente supimos estar a la altura de las circunstancias. Sembradoras de 10 mil kilos capaces de trabajar en suelos bajo cobertura de rastrojos, con importantes anchos de labor, fertilización en la línea y lateral, distancias entre líneas diversas, dosificación mecánica y neumática, monitores y accesorios para siembra de precisión e inteligente, cosechadoras modernas, tractores de mayor potencia, tolvas autodescargables de diversas capacidades, equipos maiceros, también para diferentes anchos de recolección. Se fabrican pulverizadoras, fertilizadoras, secadoras de granos, equipos de riego, plantas de silos. Embolsadoras y extractoras de granos. Equipos forrajeros de todo tipo para una ganadería que también se reconvirtió, y muchos más.
Pudimos hacernos notar en otros países, no sólo limítrofes o regionales sino también en Rusia, Ucrania, Kazajstán, Sudáfrica, Australia, Israel, Namibia y otros. Vendimos nuestras máquinas; con mucho trabajo y dedicación, aún mantenemos algunos de estos mercados, otros se interrumpieron, a veces por sus propios problemas, otras por falta de competitividad y por no poder mantener nuestros precios.
Estamos vivos, hemos crecido con avidez de conquistar mercados y de poder producir a pleno en nuestras fábricas, vendiendo todo lo que podamos. Somos un sector que está, sobre todo, en los pueblos y ciudades de las provincias de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, algunas en Entre Ríos, Mendoza y Tucumán.
La Argentina debe ser el país que más fábricas de maquinarias agrícolas posee. Fue el fenómeno de hace décadas, y por contagio cada uno quiere ser emprendedor y arranca desde cero, con algunas pocas instalaciones, y luego crece. Hasta un cierto punto.
Desde que Nicolás Schneider, en Esperanza, provincia de Santa Fe, fabricó el primer arado, en 1878, no hay muchos millonarios en este rubro. La lucha es una constante y las crisis cíclicas también.
Nos entusiamamos cuando vislumbramos un buen año y rápidamente aumentamos instalaciones, personal; en definitiva, estructura. Esta es una debilidad de nuestras fábricas, que en general contamos entre 50, 100 y 400 personas y hasta 600 en algunas fábricas, y se necesita facturar constantemente para conservar sanas las empresas. No siempre ocurre, en todas las épocas hay años buenos y otros en que se vende poco. El mercado argentino es limitado para la cantidad de fábricas que hay. Las condiciones para que el mercado interno esté activo, que se lleva siempre entre el 70% y el 90% de la producción de nuestras empresas, son, en este orden: buena cosecha, precios convenientes de los granos y crédito a tasas convenientes.
Estamos para innovar, aceptar desafíos, crecer, dar más trabajo, generar exportaciones y obtener divisas. La realidad es que sabemos que tenemos futuro porque Argentina y su campo son productores de alimentos que el mundo necesita y nosotros ayudamos a ello, pero debemos cuidar de no sobredimensionarnos.
La política de producir en nuestro país el 50% o más de las partes necesarias de tractores y cosechadoras para que sea considerado nacional puede ayudar a fabricar estos equipos dentro de nuestras fronteras. Sin prejuicios y mirando la realidad, las pymes que representamos son de capitales exclusivamente nacionales y tienen los pies arraigados definitivamente en nuestro país, estaremos como hasta ahora, en las buenas y en las malas. Quizá también, en adelante, las multinacionales decidan lo mismo a diferencia de otras épocas, cuando emigraron ante la falta de buenas perspectivas.


*Presidente de la Cámara de Fabricantes de Maquinaria Agrícola.



Carlos Castellani