ECONOMIA EN LOS ULTIMOS AÑOS HUBO REITERADAS CAIDAS DE PUESTOS DE TRABAJO

El relato de la década se coló en las cifras de empleo

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Hay varios puntos para dilucidar la situación ocupacional en Argentina, habida cuenta de la privación de estadísticas de la última década. Dos de ellos son la cuantía de la pérdida de empleo, su dinámica en el año y la excepcionalidad o no de dicha sangría.

¿Qué pasó en el año último? El dato disponible desestacionalizado más reciente es de agosto, con la discriminación por categorías que se indica en el cuadro. El único componente con saldo negativo es el de los asalariados privados. Los públicos crecieron en 47 mil y los domésticos, 10 mil. Los no asalariados, en conjunto, aumentaron en 35 mil. Agregando todas las categorías, en un año no hubo variación en el volumen de empleo registrado.

 Si se quiere evaluar el desempeño ocupacional en el macrismo, la situación difiere. La variación conjunta de asalariados privados y públicos de diciembre a agosto últimos fue de unos 115 mil empleos menos. Pese a que las demás categorías agregaron en esos ocho meses unos 65 mil nuevos trabajadores, el saldo neto es negativo en 50 mil empleos.
Dado que estos datos sólo corresponden al empleo registrado, algunos analistas creían que debía agregarse una cifra equivalente al doble de los empleos registrados perdidos para dimensionar la pérdida total. Pero allí hay dos errores. El primero, tomar sólo la pérdida de empleo asalariado privado, y hacerlo en relación con julio, sin advertir que en agosto hubo un reflujo (confirmado por la Encuesta Permanente de Hogares, EPH). Así, se hablaba de una pérdida de más de 120 mil puestos, a la que había que sumarle una cifra igual o del doble de ella. Duplicar o triplicar esa pérdida llevaba las estimaciones de destrucción de empleos a 300 mil o más.

Sin relatos. Apelando a la EPH se puede observar que la relación no es nítida. Cuando cayeron tanto los registrados como los precarios, las proporciones no eran ésas. Con la relación observada en 2014, a los 50 mil puestos perdidos este año en el conjunto del empleo registrado habría que agregar unos 15 mil (un sexto de los privados), lo cual llevaría el total agregado a unos 65 mil. Esta cifra está bastante alejada de las apocalípticas estimaciones difundidas en meses recientes.

¿Cuán excepcional es esta pérdida de empleos? La comparación puede hacerse desde 2013. Desde entonces, en los primeros ocho meses de los años impares el saldo es positivo y muy importante. En 2014 y 2016, el saldo es negativo (en 2014 fue pequeño). Salvo en 2015, el empleo privado decrece en todos los períodos (20 mil en 2013, 70 mil en 2014 y 100 mil en 2016). En los años restantes, la mitad del aumento lo explica la suba de la plantilla estatal.

En 2013, la otra mitad la explica el singular incremento de los monotributistas. La reiterada afirmación de la ausencia de creación de empleo asalariado privado y la intensa participación del empleo estatal surgen con claridad de los datos.

Si nos concentramos en los asalariados privados, la serie puede retrotraerse hasta 2009. Las variaciones de los ocho primeros meses son negativas en cinco de los ocho años últimos. Ordenando los años por la magnitud de la pérdida, resulta lo que se ve en el cuadro adjunto. Y permite concluir que la preocupante pérdida de empleo de la primera parte de 2016 está lejos de ser única y excepcional. Incluso no es la más cuantiosa.

La actual pérdida de empleos industriales se asocia con Brasil, pero el estancamiento industrial es del último lustro. Y en la construcción, el freno de la obra pública data de hace un año. La reactivación económica no se avizora y su ausencia pone al desnudo uno de los reclamos más intensos de la sociedad: recuperar la dinámica de creación de empleo y recomponer la capacidad de compra de los ingresos laborales. He ahí la cuestión.

*Director del Ceped e investigador del Conicet.

Javier Lindenboim