ECONOMIA OPORTUNIDADES Y RIESGOS

Espíritu crítico para que las tecnologías de hoy no sean los problemas de mañana

Los miembros del movimiento CREA debatieron la semana pasada sobre la evolución tecnológica que deberá sumar el agro para ganar productividad sin descuidar el ambiente.

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Foto:Cedoc Perfil

Lluvias recurrentes, caída de precios internacionales, restricciones comerciales y malezas resistentes mediante, los productores CREA tomaron el toro por las astas y, antes que quedarse anestesiados con la crisis, prefirieron conocer las nuevas herramientas tecnológicas que van a tener que adoptar e implementar a partir de mañana para que sus procesos productivos y su economía se integren dinámicamente y en forma sustentable a una realidad cambiante.
“Agazapados para dar el gran salto productivo”. Así es como se vio a estos 2.700 asistentes que el 8 y el 9 pasados escucharon atentamente a líderes referentes en el Congreso Tecnológico que se realizó bajo una modalidad innovadora con charlas en tres sedes (ver recuadro).
Cuando le preguntamos al presidente de los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), Alejandro Blacker, sobre la decisión de armar este congreso en un 2014 raro, y sólo un año después de haberse realizado el encuentro nacional trienal, el líder del movimiento fue contundente: “Justamente en años como éste, en que las cosas salen mal, lo mejor que podemos hacer es entregarle al productor herramientas para que le vaya mejor”, le dijo a PERFIL. Y continuó: “Tecnologías son las herramientas con las que debemos contar para ser más eficientes”. “Porque, como comunidad agroalimentaria que es la Argentina, debemos tender al proceso de mejora continua, y para eso necesitamos las nuevas tecnologías productivas”.
Hasta acá no hay grandes novedades; sin embargo, el desafío que se plantean los CREA es que ese cambio no se puede dar de cualquier modo. “Debemos impulsarnos con ciertas condiciones”, asegura Blacker. Esto tiene que ser sustentable desde el punto de vista ambiental, social y económico”, aseguró.
El miembro CREA está comprometido con esos ejes porque ya desde 2004 viene trabajando tranqueras afuera, trasponiendo los límites de su empresa y abordando esa realidad que involucra a la comunidad en la que se inserta. “Comprar un fierro puede sonar simple de hacer, en la medida en que se disponga del capital; ahora, el uso que se le da a ese fierro es otra cosa”, advierte Blacker. “Y como en cualquier empresa, el productor comienza trabajando a nivel lote y luego va a lo empresarial o gerencial, pero le aconsejamos que no se quede tranquilo con lo que obtuvo. Si algo caracteriza a CREA, es que generamos preguntas sobre lo que desconocemos, y esos cuestionamientos son los que nos llevan a crecer”, indicó.

Preocupación. La gran pregunta que disparó Emilio Satorre, profesor titular de la Cátedra de Cerealicultura en la Facultad de Agronomía de la UBA, es cómo evitar que esas tecnologías de hoy se conviertan en los problemas de mañana, porque el matrimonio entre ciencia y tecnología es incipiente en agricultura.
“El esfuerzo que hacemos y la atención que prestamos para comprender la naturaleza y la dinámica de los problemas que derivan de nuestro modelo agrícola, fuertemente tecnológico, son escasos. Particularmente si los comparamos con los que ponemos sobre aquellas tecnologías apropiables”.
Mirando hacia atrás, se ve que el campo ha estado recorriendo un camino en espiral: las nuevas tecnologías, pilares de la agricultura moderna, ayudaron a salir de muchos de los viejos problemas, pero recurrentemente vuelven sobre sus pasos generando nuevos problemas que llevan a una mayor dependencia del uso de agroquímicos, a menos diversidad y a procesos de regulación internos en los sistemas, y a la expansión de nuevas plagas, malezas y enfermedades, con algunos efectos graves.
“Debemos pensar las tecnologías del agro como herramientas para manejar procesos; tendríamos que esperar contar con una caja de herramientas antes que con una pinza multifuncional. La simplicidad resulta un atractivo tremendo, pero los sistemas productivos tienen dinámicas complejas”, explicó Satorre.
Finalmente, para Blacker, “el uso de las tecnologías puede ser bueno o malo, adecuado o indebido sobre el ambiente o las personas. Debemos trabajar mucho sobre la capacitación, la información y el análisis crítico e independiente de las opciones tecnológicas”, argumentó.



Maria Lorena Rodriguez