ECONOMIA ROBERTO LAVAGNA Y LOS AGRONEGOCIOS

“Hay que sacarle al campo el pie de encima”

El ex ministro de Economía apuesta por bajar a 0 las retenciones al trigo y a las economías regionales para que el campo exprese todo su potencial. “Ahí hay que liberar”, recomendó.

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Foto:Cedoc Perfil
Mañana de sol radiante pero fresca. Un día de campo ideal en Roque Pérez. Para los apasionados de la ganadería, está el plus de que en el campo propiedad de Carlos Ojea Rullán se pueden contemplar ejemplares de la raza Angus, de los más excelsos del mundo. Algunos también pudieron comprarlos. No fue el caso de Roberto Lavagna. El ex ministro presenció el remate anual de la cabaña Surangus, pero no participó de las ventas. Hace cuatro años, Lavagna armó su propia cabaña Angus –Villa La Clo– en Máximo Paz con genética de Debernardi, firma que sí se ganó un reproductor de Surangus tras ofertar un número de cinco cifras. Luego del asado, Lavagna habló con PERFIL sobre política agropecuaria.
­—¿Qué medidas mejorarían la situación del campo?
—Básicamente, hay que sacarle al campo el pie de encima. La potencialidad del sector agropecuario argentino es fenomenal, pero las restricciones que hay en materia de carne, leche, trigo o en muchas producciones regionales hacen que el país produzca menos de todo. Hoy, leche que exportábamos a Chile se abastece a través de Nueva Zelanda; trigo que exportábamos a Brasil se abastece en Canadá y Estados Unidos. Se perdieron mercados porque hay limitaciones a la exportación. Ahí hay que liberar. Y, por cierto, que en muchos casos hay que bajar las retenciones, a la carne y al trigo, por ejemplo. En el caso de la soja es distinto, hay que contemplar las necesidades de orden global. Pero hay que darle al campo libertad de acción.
—¿Se pueden quitar de golpe todas las restricciones comerciales y bajar las retenciones?
—Sí, se pueden quitar de golpe. Las retenciones al trigo y al girasol no tienen relevancia a nivel nacional porque las sumas recaudadas son muy limitadas. Y, en cambio, el efecto negativo que producen en los agricultores es enorme, al punto de que el país tuvo la peor cosecha de trigo en cien años.
—¿En qué casos bajaría las retenciones a cero?
—En el caso del trigo. También en lo que son producciones de invierno y producciones regionales, como frutas, aceitunas, algodón. En el caso de la carne, hay que bajar la alícuota. Después habrá que ver cuál es el mejor momento para tomar la decisión haciendo los números finos.
—¿Por qué el Gobierno mantiene esta política?
—Uno lo puede interpretar como una posición anticampo, pero no es sólo eso. Es una visión general. Si se mira el proceso de la economía argentina de los últimos tres años, se verá que el crecimiento no pasó del 1%, cuando la población crece más de 1%. O sea que, en términos per cápita, la economía se achicó. Este año, por ejemplo, aplicaron un nuevo impuesto a la industria automotriz, que llevó al sector a una situación muy difícil. Hay una incomprensión de la importancia que tiene la economía libre para asegurar un proceso de expansión, y buscan intervenciones y demás que llevan a problemas. En el campo es muy claro, pero también se dan en producciones industriales y de servicio.
—Cuando era ministro y le reclamaban bajar las retenciones, respondía que primero debía mejorar la recaudación del impuesto a las ganancias.
—Las retenciones eran menores a lo que son hoy y siempre las consideré como un impuesto grosero, en el sentido de hay formas más refinadas de cobrar impuestos, como sin duda lo es el impuesto a las ganancias. La verdad es que el destino lógico de las retenciones es su reemplazo gradual y progresivo para que queden –hablando de la soja– en un impuesto a las ganancias. Aunque eso lleva su tiempo de instrumentación y puede ocurrir que el primer año se pierdan ingresos.

Gabriel Quaizel