ECONOMIA

La economía, desde otra lógica

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Las categorías económicas suelen ser engañosas. Desmintiendo a la AFIP, el consumidor final de un producto no es la persona que lo paga sino la bacteria que debe degradarlo. Como las bacterias no son agentes económicos, lo habitual es que los fabricantes no las tengan en cuenta al diseñar sus productos.

Productos que por el mismo costo podrían degradarse con mayor facilidad tienen componentes tóxicos y peligrosos, algunos innecesarios, simplemente porque nadie pensó en eso. En lo que sí pensaron es en acortar la vida útil de los productos, para que pasen a ser basura lo antes posible y tengamos que comprar otros nuevos.

Llamamos obsolescencia percibida al producto que se deja de usar porque pasó de moda. Y obsolescencia programada es el componente de autodestrucción puesto en el producto por el propio fabricante. En el primero, es la publicidad la que te convence de que no sirve más algo que podría seguir sirviendo. En la segunda, es la contundencia de algo que se rompe en el sitio preciso en que fue diseñado para romperse. Para nuestras normas ambientales, el generador del residuo es la persona que lo tira a la basura. Nuevamente, esto es equívoco, ya que tendríamos que tener en cuenta al que planificó su autodestrucción.

Ligado a esto, hay un componente creciente de residuos peligrosos en la basura domiciliaria: envases de plaguicidas, baterías, pilas, pinturas, barnices, medicamentos vencidos, electrónicos, etc. Sin embargo (y otra vez por razones económicas), seguimos la ficción de que una ciudad sólo descarta diarios viejos y cáscaras de banana.

Es decir, materiales que pueden ser clasificados, mientras la parte inútil va a los rellenos sanitarios. Pero una ciudad es un enorme generador de residuos peligrosos, que nadie quiere tratar por el costo que implica hacerlo, mientras se entretiene a la población en separar las distintas clases de residuos inocuos.

Pero tal vez el mayor impacto de la obsolescencia
programada no sea sólo ambiental sino también lo que ocurre a nivel social. Los productos electrónicos usan ciertos materiales críticos, como el coltan, que es un compuesto de óxidos de niobio, hierro, manganeso y tantalio.

*Escritor y profesor universitario.



Antonio Elio Brailovsky