ECONOMIA

La isla de la fantasía

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El tiempo en que tener un banco era un negocio redondo parece estar terminándose en todo el mundo. Crecientes regulaciones y multas, y el avance de competidores tecnológicos, estrechan año tras año los niveles de rentabilidad de entidades financieras centenarias. Sin embargo, en la Argentina, con el mismo proceso de fondo en marcha, las condiciones macroeconómicas todavía les regalan una última fiesta de ganancias extraordinarias, a pesar de un discurso que los erige en enemigos.
El 20 de mayo, la misma fiscal Loretta Lynch que hoy sacude a la FIFA, anunciaba que cinco gigantes del sistema financiero mundial –UBS, Barclays, Citigroup, JPMorgan, RBS y Bank of America– tendrían que pagar unos US$ 3 mil millones en multas por cartelizarse para operar en el mercado de monedas. Fue la última sanción “gorda” en un sector que acumula normativas para prevenir operaciones de lavado de dinero proveniente del narcotráfico, la venta de armas y la trata de personas.
Al mismo tiempo, empieza a entrar en la adultez una generación que considera increíble que transferir plata obligue a pagar X%. Por eso, son un éxito en Estados Unidos plataformas como Lending Club o Prosper que, para decirlo sencillamente, son páginas web que juntan tenedores de fondos con aquellos que necesitan un crédito, validan sus condiciones financieras y les permiten cederse los fondos. Es el crowfunding, o financiamiento colectivo, con tasas más bajas que las del promedio de los bancos tradicionales. Ah, y jurídicamente no son bancos, por lo que no tienen las mismas regulaciones. Ya hay una versión en la Argentina, de éxito creciente, que se llama Afluenta.
“Transferir fondos debería tener el mismo costo que enviar un mail, es decir, cero”, suele decir Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre. La unidad de negocios con mejor horizonte del portal de comercio electrónico es MercadoPagos, un “posnet virtual” con por ahora datos financieros de unos 126 millones de personas. A los bancos no les queda otra que asociarse a empresas como ésta, que tampoco son formalmente bancos. El gigante estadounidense PayPal, o la billetera electrónica de Apple, que tiene los números de tarjetas de unos 600 millones de personas, todas son estrellas del mismo universo del dinero electrónico que tiene loca a la banca tradicional. Basta el ejemplo del BBVA, cuyo presidente Francisco González reforma toda su estructura para volcarse a la banca digital, hasta el punto de haber ido a disertar hace unos meses a Barcelona. Al Congreso Mundial de Celulares.
Mientras tanto, en la Argentina, están momentáneamente lejos de esas preocupaciones: en el primer trimestre, los bancos ganaron en promedio 60% más que hace doce meses. ¿Por qué? Porque toman cada vez más plazos fijos por los que pagan alrededor del 20%, fondos que luego prestan al Banco Central a través de la colocación de letras llamadas Lebacs, por las que cobran más del 27%. La diferencia, clink (no click), caja.

Jairo Straccia