ECONOMIA NICK LEESON, EN EL PAIS

Para una leyenda de las estafas, faltan controles en las finanzas

Purg贸 condena por robar millones a la banca Barings y hoy es asesor de empresas. Alerta por la codicia del 鈥渂ono de fin de a帽o鈥.

El viernes, al entrar al auditorio del CEMA.
El viernes, al entrar al auditorio del CEMA. Foto:cuarterolo

Nick Leeson es miembro de dos clubes en el mundo financiero. El primero es el de los llamados 鈥渞ogue traders鈥, operadores burs谩tiles que a trav茅s de distintos m茅todos evadieron las regulaciones y pr谩cticas legales para hacerse de, en los ejemplos m谩s famosos, miles de millones de d贸lares. En su caso, con consecuencias catastr贸ficas. Cuando en 1995 las actividades de Leeson fueron descubiertas por sus empleadores en Barings Bank, las p茅rdidas eran tan grandes (en aquel momento, mil millones de d贸lares) que lo que una vez fue el segundo banco m谩s antiguo del planeta tuvo que declararse en bancarrota y fue vendido por tan s贸lo una libra. Leeson termin贸 cumpliendo una condena de cuatro a帽os en una c谩rcel de seguridad m谩xima en Singapur y hoy en d铆a pasa una parte considerable de su tiempo dando charlas y colaborando como asesor sobre cuestiones de control y manejo de riesgos a empresas privadas.

El segundo club es m谩s exclusivo: ser uno de los pocos jugadores de Wall Street que tiene una pel铆cula basada en 茅l. La pel铆cula El gran estafador cuenta la historia de Leeson a Singapur como parte de la llegada de Barings Bank, y c贸mo en tres a帽os, a trav茅s de su cuenta 88888, las operaciones de Leeson llegaron a representar un 90% del volumen del mercado de intercambio de Singapur (Simex). En sus propias palabras, las p茅rdidas de la oficina de Singapur no eran vigiladas de forma adecuada por la oficina central de Barings en Londres porque 鈥渓os sistemas de control no eran buenos, y adem谩s, no ten铆an a la gente adecuada, a tal punto que en una ocasi贸n yo termin茅 respondiendo las consultas de mis supervisores sobre operaciones dudosas que hab铆a ejecutado鈥. Es decir, Leeson actuaba como su propio controlador de calidad porque ninguno de sus supervisores ten铆a el entendimiento de c贸mo funcionaban los instrumentos financieros que 茅l usaba y ning煤n sector de los que lo vigilaban se comunicaba con los otros. Leeson argumenta que todos los esc谩ndalos financieros desde su 茅poca hasta hoy en d铆a crecen de las mismas ra铆ces: 鈥淪istemas pobres, con controles pobres, con gente de poca calidad a cargo de esos sistemas鈥, dijo el viernes en una conferencia en la Universidad del CEMA, invitado por Rofex y revista Bank.

Sin cambios. Si bien el sistema financiero actual es notablemente m谩s complejo y m谩s interconectado que el que experiment贸 en los 90, y en buena medida existen mejores pr谩cticas internas que en su 茅poca, todav铆a hay debilidades en sistemas menos desarrollados, particularmente en pa铆ses en desarrollo. Pero que incluso en los mejores sistemas, 鈥渓a regulaci贸n y reglas no sirven si no hay castigos adecuados cuando alguien las rompe鈥.

En ese sentido Leeson cree que su condena, sirve para desincentivar el incumplimiento de regulaciones. 鈥淓n los 煤ltimos a帽os, definitivamente hay una menor cantidad de casos. Actualmente ese tipo de comportamiento es detectado mucho antes鈥. 鈥淧ero el problema principal, que viene desde mi 茅poca y donde todav铆a no hubo un empuje fuerte para cambiarlo, es la recompensa del corto plazo, reflejado casi perfectamente en los bonos de fin de a帽o鈥, dice.


La famosa cuenta 鈥88888鈥

El legendario estafador Nick Leeson aclara que, a diferencia de muchos de los otros 鈥渞ogue traders鈥, sus acciones y la ahora infame cuenta de 5 ochos buscaban 鈥渞ecuperar mis p茅rdidas, no hacerme rico estafando al banco鈥, dice en una conferencia el viernes en la Universidad del CEMA, donde lleg贸 invitado por el mercado Rofex y la revista Bank.

En aquel momento, como jefe de operaciones apenas a los 25 a帽os, Leeson originalmente cre贸 la cuenta 5 ochos para esconder un peque帽o error de un empleado. Sin embargo, considera que el crecimiento de la cuenta a tal punto de causar la quiebra de Barings fue influido directamente por la falta de vigilancia de sus supervisores.

鈥淣o estoy excusando lo que hice. Lo que hice estuvo mal y cumpl铆 con la condena que conllevaba, pero tambi茅n es verdad que durante tres a帽os nadie hizo un chequeo profundo de mis posiciones鈥, insiste sobre el punto que marca durante toda su exposici贸n: la peligrosa falta de controles a distintos niveles.



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