ECONOMIA BALANCE DE UN MES FRENETICO

Una historia en la que perdieron todos

El Gobierno no evitó que el mercado declarara al país en cesación de pagos. El juez erró en la aplicación del marco legal. Y los fondos buitre cobraron menos que en otros juicios.

PERFIL COMPLETO

Foto:Cedoc Perfil

Desde Nueva York
No podría haber salido peor. Perdieron todos: Argentina entró en default por segunda vez en casi 13 años, los fondos buitre se quedaron sin su tan preciado retorno y fracasó la estrategia del juez Griesa de intentar torcerle el brazo al Gobierno para forzar una negociación con los holdouts. Y no termina ahí, ya que a último momento se cayó el intento de un grupo de banqueros argentinos, con Jorge Brito del Banco Macro al frente, de impedir que se disparara el default.

Esta batalla legal, que ya lleva más de una década entre la República Argentina y un grupo de fondos de inversión que incluye a Elliott Management/NML, del multimillonario Paul Singer, y que no ha terminado, llegó al peor lugar posible. A la medianoche del miércoles 30 de julio, el país entró nuevamente en default al no efectuarse un pago de intereses de la deuda reestructurada por US$ 539 millones. Horas antes, la tan criticada calificadora de riesgo Standard & Poor’s había anunciado que la Argentina se encontraba oficialmente en default selectivo y, para terminar de clavar el puñal, al día siguiente la ISDA aceptó un reclamo del banco suizo UBS y decretó que un evento de crédito disparaba el pago de los CDS.

Más allá de que en Estados Unidos todos apuntan al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y al ministro de Economía, Axel Kicillof, y de que en el país se dividan por líneas partidarias, los oficialistas culpando a Griesa, Pollack, y a los buitres, la realidad es que prácticamente todos los involucrados son responsables de este nefasto resultado. Y, aunque todavía no se pueden dilucidar bien las consecuencias del segundo default argentino de este siglo, de no encontrarse una solución a corto plazo, los que van a sufrir van a ser los millones de argentinos y sus acreedores, desde los tenedores de bonos de canje hasta los holdouts.

Desde el Gobierno insisten en negar su responsabilidad. De Cristina a Kicillof, pasando por Capitanich, Aníbal Fernández y los bien conocidos incompetentes de siempre, el gobierno argentino niega haber puesto al país en default, sin considerar que violó la santidad del contrato que firmó el mismo Néstor Kirchner. Poco importan los enojados discursos de Kicillof; la realidad es que la estrategia del Gobierno y el estudio de abogados Cleary Gottlieb, de mantenerse completamente inflexible en su posición de no negociar, ha fracasado. Recordemos una vez más que fueron Néstor Kirchner y su equipo de Economía quienes aceptaron una reestructuración que incluía la temida cláusula pari passu y no una cláusula de acción colectiva (CAC), como se utilizó retroactivamente en el reciente default griego, que podría haber actuado como un escudo frente a un grupo de buitres que no aceptaran los términos de una reestructuración.

Pero es fácil culpar siempre al Gobierno, a Kicillof, que intenta adoctrinar al mundo con falsedades, y a Cristina, que parece que se come todo el verso. Otro de los grandes culpables de todo esto es el anciano juez federal de Nueva York Thomas Poole Griesa. Intentando hacer valer el espíritu de la ley norteamericana, Griesa le dio una interpretación muy particular a la cláusula pari passu con la intención de obligar a la República a negociar un acuerdo, sin tomar en consideración que el contrato también incluía la ahora famosa cláusula RUFO (rights upon future offers), que prohíbe ofrecerles a los buitres una mejora por sobre lo que recibieron los que formaron parte de las reestructuraciones de 2005 y 2010 que aceptaron una quita de aproximadamente el 70%. La RUFO, como Griesa bien sabe, tiene fecha de vencimiento, y deja de ser un problema el primer día de 2015.

Dejemos de lado al mediador Pollack, ya que, más allá de un comunicado que claramente demostraba su parcialidad –provocada, seguramente, por la posición de los negociadores argentinos, que hasta llegaron tarde a una de las audiencias–, no sabemos bien cómo fueron las negociaciones a puertas cerradas, y pongamos foco en los fondos buitre. Ganaron tres veces en los juzgados, sí, pero al fin y al cabo no lograron su cometido: conseguir que la República pague, generando grandes retornos para sus inversores (que no son buitres) y para ellos mismos (que sí son buitres). Perfeccionaron un modelo de negocios que incluye el uso agresivo de las Cortes en contra de los llamados países en vías de desarrollo, que sufren aplastados bajo una torre de deuda, en muchos casos persuadidos por gobiernos e intereses financieros de los países desarrollados y sus instituciones multilaterales como el FMI, que apostaban a las políticas del Consenso de Washington. ¿Y qué lograron esta vez? Lograron alienar todavía más a la Argentina de los mercados internacionales, pero no sólo no consiguieron que les paguen, sino que atentaron contra su propio modelo de negocios a través de esta batalla campal de 12 años que seguramente dejará su huella, dificultando la estrategia de los holdouts desde el punto de vista contractual, mientras el valor de su inversión sigue cayendo al pagar millones en costosos abogados, los únicos ganadores en todo este tema.

Lo único positivo que se puede decir es que por suerte esto todavía no terminó. Aunque Kicillof y los suyos se volvieron inmediatamente a Buenos Aires, en Nueva York las negociaciones siguen, y es claro que solucionar el tema de los holdouts es lo mejor para todos. El juez Griesa reiteró su apoyo al mediador Pollack e instó a las partes a seguir discutiendo para llegar a una pronta solución. Y, más allá de que se tuvo que comer las críticas del Gobierno, el grupo de banqueros con Brito al frente dejó en claro que existen formas de resolver el cerrojo legal si uno simplemente busca alternativas creativas. Desde los argentinos que sufren las consecuencias de una desaceleración económica que da lugar a la violencia y la inseguridad, hasta las empresas nacionales como YPF, que ven disparado su costo de capital, terminar con el tema de los fondos buitre sería más que positivo para el país. Para el juez Griesa, que no quiere que su larga carrera quede marcada por este default, y para los buitres, que lo único que quieren es plata, una pronta resolución es también la mejor opción. Estamos en tiempo de descuento



Agustino Fontevecchia