ARGENTINA

Buenos Aires en arte

Entre La Boca y Palermo, la Ciudad Autónoma ofrece una caminata diferente a metros del río: museos, galerías y expresiones estéticas de valor incalculable, desde Marta Minujín hasta Louise Bourgeois.

Por Mariana Jaroslavsky

18/06/11 - 02:03

 

De Norte a Sur o de Sur a Norte, el bajo de la Ciudad de Buenos Aires es una cadena de propuestas culturales unida por paseos al aire libre y bares típicos donde recargar energía. A pesar de que la Ciudad no mira hacia el río, el marco natural bordea y oxigena el camino, que en esta época del año se tiñe de dorado. Después del éxito de ArteBA, que recibió a más de 120 mil visitantes en cinco días, la pasarela se mantiene en las 120 galerías de arte de la Ciudad y en los más de veinte centros culturales.

Las Gallery Nights de cada último viernes de mes, que arrancaron entre los barrios de Recoleta y Retiro y extendieron su recorrido incluyendo los espacios de Palermo, son el clásico más distinguido.

Desde el Norte

Diego Rivera, Xul Solar, Frida Kahlo. Así comienza el paseo por los espacios de arte de Buenos Aires si elegimos el Malba como primer eslabón. El Museo de Arte Latinoamericano, que este año festeja una década de vida, de a poco se convirtió en un motor elemental de la actividad cultural de la Ciudad, entre el cine, su muestra permanente y los espacios  de exhibición. Ahora, el arte argentino y Emilio Pettoruti como muestras principales dan vida a los muros interiores. Afuera, el panel de luces de colores marca la contaminación auditiva de la avenida Figueroa Alcorta.

De Palermo Chico a Recoleta, apenas unas cuadras por la Avenida del Libertador conducen hacia el Museo de Arte Decorativo que, además de mantener intacta una de las casas más europeas de la Ciudad, continúa con su temática del diseño y ornamentación. Hasta el 31 de julio expone Cerámicas de Suecia, diseños de 1950, el diseño utilitario escandinavo simultáneo de la Bauhaus. Como siempre, antes o después de la exhibición, un café en el bar del patio de la Mansión Errázuriz Alvear es un placer patricio.

Entre Libertador y Figueroa Alcorta, frente a la Facultad de Derecho, hoy el Museo Nacional de Bellas Artes recibe con el brazo alzado –y el otro caído– de Doríforo, la escultura de Policleto que prestó el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles por la celebración de los 150 años de la unificación italiana. De entrada gratuita, el museo guarda obras de arte de autores internacionales desde la Edad Media hasta el siglo XX y trabajos de los artistas más destacados del país.

Plaza Francia, el Cementerio y los cafés sobre Alver y Quintana ya son materia conocida, pero pueden ser parte del atractivo: ¿cómo negarse a un café debajo de un ombú centenario?

Enfrente, el Centro Cultural Recoleta cuenta con 27 salas que sufren mucha rotación, para el placer de los visitantes. El antiguo monasterio de los recoletos suele ser un escenario para obras de teatro y espectáculos musicales. En la sala Cronopios, hasta el domingo 26 se puede visitar los besos según Robert Doisneau.

El patrimonio del Palais de Glace, edificio donde se encontraba la antigua pista de patinaje de Barrio Norte, se incrementa cada año al menos con los dieciséis Premios Adquisición del Salón Nacional de Artes Visuales de Pintura, Escultura, Grabado, Dibujo, Fotografía, Arte Cerámico, Arte Textil y Nuevos Soportes e Instalaciones.

Gratis y aire libre

La continuación del verde no descansa desde los Bosques de Palermo hasta Recoleta y sigue hacia Retiro por el Parque Thays. Ubicado sobre el antiguo predio del Italpark, el parque, además de ser un espacio perfecto para hacer un pic nic en el pasto o sentarse en un banco a leer un libro sin el alboroto de otras plazas vecinas, es una galería de arte sin paredes. Allí descansan la escultura del colombiano Fernando Botero, Torso masculino desnudo y, en 1996, la artista argentina Marta Minujín regaló a la Ciudad La humanidad y las Naciones Unidas, por el cincuentenario de la creación de la organización internacional. Una Venus de bronce fragmentada por cuatro líneas curvas, como una alegoría del planeta dividido, pero abrigado por el manto de las Naciones Unidas.

Plaza San Martín, Retiro y la Torre de los Ingleses separan el parque que hace honor al paisajista francés del comienzo de Puerto Madero. Desde la calle Viamonte, la zona del antiguo puerto de la Ciudad arranca con una galería privada. Entre el acervo de la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat –que reunió piezas de su colección personal esparcidas entre sus propiedades– se cuentan 230 obras de arte nacional de los siglos XIX y XX.

Al costado del río el paseo se bifurca: mirando hacia el Sur, a la izquierda la Reserva Ecológica y su ecosistema de bosque templado en medio de la Ciudad, o hacia la derecha, San Telmo, los bares notables, los anticuarios y la feria por la calle Defensa, que cada domingo se transforma en peatonal.

El Sur

El salto se produce acá, pero no son más de unos minutos en auto, taxi o colectivo. A los pies de Caminito y de frente al Riachuelo, la Fundación Proa será hasta mañana el hogar transitorio de la muestra de la artista franco-norteamericana Louise Bourgeois, El retorno de lo reprimido. La famosa araña Maman, que ya estuvo atrapando entre sus patas a parisinos, neoyorquinos, vascos, ingleses y japoneses, desde el 29 de marzo permite a los porteños caminar entre sus zancas freudianas. De la página de Internet del Museo se puede descargar una audioguía para bajar al celular y recorrer la muestra en profundidad. Adentro, otras 86 piezas de la artista y la posibilidad de tomarse un café en el espacio intervenido por Ernesto Ballesteros.

Del otro lado, el museo Quinquela Martín, los artistas callejeros, parejas bailando tango, souvenirs fileteados y parrillas, la zona sur de la Ciudad no escapa de la tradición rioplatense.

Entonces, después de un largo paseo, con la luz del sol ya escondida detrás de la Ciudad, puede ser el momento justo para un asado, una copa de vino y un lento regreso a casa.