Publicado en edición impresa de divorciados que perdieron la tenencia  

Los Padres del Obelisco que reclaman para ver a sus hijos

“Una separación es el fin de una pareja, no de la familia.” Con esta premisa, decenas de padres y abuelos reclaman a la Justicia por no poder ver a sus hijos. Los Padres del Obelisco se reúnen todos los jueves para dar vueltas en torno al símbolo de la ciudad. Tribunales superados, el “síndrome de alienación parental” y las falsas denuncias de abuso sexual.

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A favor del niño. Estos padres y abuelos reclaman que la Justicia acelere los tiempos para que puedan ver a sus hijos. Aclaran que la ley existe y que sólo hay que aplicarla. "Nos están haciendo un daño enorme", reconoce uno de los progenitores. Los magistrados dicen estar desbordados de causas. |

Sus miradas tristes se buscan y se encuentran cada jueves, a las cinco de la tarde, en el Obelisco. Son padres y abuelos que no pueden compartir el crecimiento de sus hijos y nietos. A estos Padres del Obelisco, como se hacen llamar, los une la necesidad de contar su historia y que la Justicia escuche sus reclamos. “Nosotros luchamos contra la lentitud de la Justicia”, dice Enrique a PERFIL. “Pasan tres meses para que te realicen un análisis psicológico y seis meses para darte una audiencia. En ese tiempo la criatura creció. Yo dejé de verla a los 4 años, hoy tiene 5. Vos podés tener un caso de un bien mueble y, si pasa el tiempo, te importa muy poco. Acá tenés una persona, en pleno desarrollo, que necesita tanto al padre como a la madre”. Daniel Igolnikov precisa que “nuestros reclamos son contra la ineficacia e indiferencia de los magistrados y juzgados, no contra las madres. El divorcio es el fin de la pareja, no de la familia”.

Pero la jueza María Silvia Villaverde, del Tribunal de Familia 3 de Lomas de Zamora, tiene la visión del otro lado del mostrador: “En los cuatro tribunales de Familia de Lomas hay más de 70 mil expedientes, de los cuales el veinte por ciento está paralizado. El resto es movimiento entre ellos por cuestiones de visitas, tenencias, divorcios, internaciones por salud mental o adopciones”.

“El Conurbano tiene pocos tribunales para mucha población”, sintetiza.

Casos y casos. Daniel Rubin, abogado en Derecho de Familia y asesor de la Asociación Nuevos Padres (Anupa), explica a PERFIL que hay que diferenciar dos situaciones. La primera es aquella en la que hay falta de coordinación entre los progenitores, por ejemplo: el padre va a ver a su hijo y no se lo dejan ver. Todo se va complicando poco a poco y se generan mayores conflictos. “A partir de allí se entra en una telaraña de burocracia judicial, no tanto de normas, porque éstas existen y son claras”. Para Rubin, para que se solucionen estos conflictos “sólo basta que haya voluntad y funcionarios dispuestos a hacer lo que hay que hacer: mandar e imponerse”. El problema es que “en el Derecho de Familia se ha instalado la modalidad de querer que la gente se transforme en buena y amiga cuando no lo es. Ahí empiezan las largas audiencias, las sesiones con asistentes y las terapias”, dice. Para Rubin, se detecta rápidamente cuando no es posible un acuerdo y ahí la Justicia tiene que disponer. “Los jueces de Familia que quieren trabajar bien ponen límite rápido, sanciones si es necesario. Intentan el acuerdo, pero si empiezan a incumplir, por ejemplo los convenios de visitas, se pone una sanción y funciona bien. Porque se desactiva el conflicto”, puntualiza.

Abuso del abuso.
La segunda situación, más grave, es la que incluye denuncias de abuso y violencia familiar. “Es un tema difícil, porque el juez no sabe si le están mintiendo y hay muchas denuncias falsas”, dice Rubin.

“Hay abuso de la denuncia de abuso”, reconoce la jueza Villaverde. “Cuando la pareja se separa –explica–, no ven más allá de lo que les pasa a ellos y empiezan a pelear a través de los chicos. Ahí surgen las ideas descabelladas de hacer denuncias de abuso”.

Para Rubin, “hay juzgados que con mucha rapidez interrumpen el contacto entre el progenitor y el chico y después no tienen la misma rapidez para establecerlo”, pero la jueza Villaverde replica: “¿Y si fuera verdad, cómo reparás el daño? Se separa al chico del papá porque se considera que el que abusa lo hace hoy, mañana, la semana que viene”.

Cuando se comprueba que la denuncia es falsa, dice Rubin, “el vínculo entre padre e hijo, si no se rompió, se dañó y cuesta mucho reconstruirlo”. Para los padres, coincide Villaverde, “si son inocentes, es un sufrimiento enorme”.

La jueza destaca que, por su experiencia, en la mayoría de los casos estas denuncias no se comprueban. “Pero hay casos reales. Son pocos, pero existen.”

Tiempo al tiempo. Horacio, papá de una nena de 9 años, dice que “una de las denuncias que tengo es por abuso sexual y está realizada en Lomas de Zamora. Antes de decir si sos inocente o culpable, un juez prefiere aislar los casos, separar a los chicos de los padres que son acusados y que el tiempo diga. Si un padre es culpable, la Justicia tiene que actuar y si es inocente también lo tiene que hacer. Esto lo están pagando los hijos. El daño es tremendo. No sé cuánto tiempo más lo voy a soportar”. Enrique coincide: “El vacío que uno siente es horrible” afirma.

“Yo les aconsejo a los papás que sigan yendo al tribunal –dice la jueza Villaverde– y que no abandonen el expediente, que se sigan presentando aunque no puedan ver a sus hijos. Cuando este chico crece separado de su papá, el daño ya está realizado, pero si sabe que su papá siguió el caso, es como un bálsamo. No es lo mismo si abandonó el expediente.”

Rubin diferencia entre las reacciones que una madre puede tener porque está asustada por la situación que le toca vivir y por eso mezquina a su hijo y la que toma al niño como botín. Ahí puede cometer el llamado impedimento de contacto, que es “un delito penal que tiene poca condena”.

José María Bouza, presidente de la Asociación de Padres Alejados de sus Hijos (Apadeshi), explica que “esta problemática del impedimento de contacto es casi imposible de registrar. A veces se arregla, vuelve a comenzar el impedimento, cesa por un tiempo o definitivamente, pasan unos años y vuelve”. Según estimaciones de la Asociación, “el 70 por ciento de las separaciones conlleva, en alguna etapa del proceso de separación, el impedimento de contacto”.

Para Bouza, en estos casos todo el grupo familiar se ve afectado: “Los hijos impedidos de ver a su progenitor no conviviente, más el resto de la familia del progenitor, el afectado del impedimento y aquel que impide el contacto, que tiene que organizar su vida en relación con provocar este tipo de impedimentos. No es tarea sencilla impedir a alguien que quiere ver a sus hijos”.

La jueza Villaverde considera que el niño es el más afectado: es una personalidad en formación desde los 3 hasta los 5 años, cuando se da la estructura de personalidad. Después puede tener relaciones mejores y compensa, pero el daño está hecho. “Hay mamás que no entienden que el niño menor de 3 años tiene derecho a estar con su papá”, puntualiza.

Consecuencias. “Soy víctima del síndrome de alienación parental (SAP).” Así se define Juan Pablo, papá de un nene de 5 años al que no ve desde hace un año y medio, a pesar de que vive a 200 metros de su casa.

“El síndrome de alienación parental es el caso del hijo que es como una pertenencia de uno de los padres, que considera que el otro es enemigo. El ‘niño objeto’ se transforma en blanco de disputa, portavoz del progenitor que lo retiene, generalmente la madre”, dice la analista Silvia Ons, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial del Psicoanális.

Para la Justicia, el síndrome “no ha superado el control científico”, dice Villaverde. “Desde este punto de vista, no deberíamos utilizar el síndrome de alienación parental. El fenómeno de manipulación que estaría detrás de estas siglas y que ejerce uno de los papás existe con efectos atroces, donde hay chicos tan manipulados que es difícil revertir la situación.”

Tenencia. Silvia Ons destaca que en la actualidad la mayoría de las parejas son efímeras y consideran que un niño asegura la perdurabilidad de las uniones. “El empuje a tener un niño es irresistible, quizá para compensar la falta de garantía que ofrece el amor de pareja. En este ‘tener un niño’, el niño deviene el objeto preciado y la pareja suele establecerse patológicamente con él”.

Beatriz Goldberg, psicóloga y autora del libro Tuyos, míos, nuestros, señala que en la abrumadora mayoría de los casos la tenencia de los hijos se le da a una mujer por una cuestión de género, porque en general es más cuidadora. “Aunque tuve casos de padres que cuidan más a sus hijos”, reconoce.

“Nosotros miramos la idoneidad en el papá o la mamá. Hay papás que son tan buenos como las mamás para criar a sus hijos, es decir, convenientes para el desarrollo integral del niño”, dice la jueza Villaverde.

“No aplicamos el artículo 206 del Código Civil, que establece que se va a preferir que los chicos hasta los 5 años estén con la mamá. Los jueces consideramos que antes que el Código Civil está la Convención de los Derechos del Niño y la Convención para Eliminar la Discriminación contra la Mujer”, porque tienen jerarquía constitucional, superior al Código Civil, explica.

Rubin especifica que hay un fuerte prejuicio social que estipula que la tenencia siempre tiene que ser dada a la madre. “Ella cría y el padre provee. Si bien está cambiando esta forma de pensar, aún sigue siendo muy fuerte este prejuicio.” Además, “la tenencia es sinónimo de poder sobre sus hijos, y quien tiene poder prefiere conservarlo”.

El asesor de Anupa afirma que cada vez se dan más casos de tenencia compartida, aunque aún no está legislada. “Estoy a favor en la medida en que se pueda instrumentar. Si ambos padres viven cerca, puede funcionar pese a que no vivan juntos. Es bueno para el chico. Si no se puede, lo que importa es que el hijo tenga contacto regular con ambos padres y que estén involucrados en la crianza”, concluye.

 

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