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Crónica de la barra brava en Japón, contada por uno de sus integrantes

Uno de los 37 hinchas que viajó a Tokio para ver la final de la Suruga detalló los periplos. Comparada, Moyano y De Narváez, involucrados.

En Tokio. Adelante de la valla, el Viejo de Bera; sentado, Loquillo; en cuero, el Tano; con escudo tatuado, Pachi; con musculosa, el Chaqueño; con escudo verde, Oscarcito y Daiana. |

La violencia en el fútbol, ésa que ya alejó definitivamente de las canchas a los 257 muertos, es casi tan vieja como la pelota, el gol y la pasión. Y, como todo invento, se fue perfeccionando en un lucrativo mercado negro. Basta con echarle un repaso a lo que fue el último tour de la barra brava de Independiente por tierras japonesas para dejar en evidencia la complicidad con el poder político.

Desde hace unos años, la facción más violenta de la hinchada del Rojo es la mejor organizada y las más influyente del fútbol argentino: siembra respeto por donde pasa, sea cancha de fútbol o un acto político. Tiene muy bien ganada la fama de barra más temida y mercenaria, convirtiendo lo que alguna vez fue pasión por su club en una profesión. “Hay muchos de sus jefes que no sólo son violentos, son tipos muy inteligentes que tienen muchos contactos”, advierte un dirigente opositor a Comparada. Y agrega: “Saben comercializar la barra a la perfección: por ejemplo, para dejar colocar pancartas y afiches en la inmediaciones del estadio, cobran 15 mil pesos. Hay candidatos a presidentes del club que los pagan”.

El miércoles último, la tropa de 37 barras que siguió a Independiente en su paso por Oriente ganó nuevamente protagonismo. La televisión japonesa, al finalizar el partido por la Suruga Bank, mostró cómo la primera línea de la barra del Rojo descargaba insultos a los jugadores tras perder frente al Jubilo Iwata. Escrachados para la posteridad quedaron el Tano y el Viejo de Bera, hombres de la vieja guardia; Pachi, otro histórico; Loquillo, número dos de la barra; Oscarcito, hombre fiel de Pablo Moyano; el Chaqueño, empleado de la Uocra, y Daiana, la Gorda Peluquera. Todos estaban enfurecidos, apunto de agredir a los jugadores. ¿El motivo? El escaso aporte del plantel para costear los gastos del viaje y la imposibilidad de recibir una tajada de los 200 mil dólares que se llevaba el ganador.

¿Cómo llegaron a Japón? “Con fondos propios y algunos aportes de privados. El club sólo nos facilitó las entradas”, precisó un integrante de la barra a PERFIL. El costo del viaje fue cercano a 2.500 dólares por persona, incluyendo pasajes y alojamiento por dos días en un hostel en las periferias de Shizuoka. “Estuvimos más tiempo viajando que en Japón; hicimos escala en Sudáfrica y Malasia. Apenas pudimos recorrer un centro comercial y traer algunos regalitos para la familia. Muchos de los pibes llevaron la guita justa”, revela.

Cada uno de los pasos que el grupo dio en Japón fue supervisado por líderes que trataron de mantener distancia de su guardia pretoriana. De hecho, se alojaron en un hotel diferente y vieron el partido desde una platea preferencial, cerca de algunos dirigentes oficialistas. También, llegaron y se fueron de Japón en otro vuelo.

A la barra del Rojo siempre se la vinculó con Pablo y Hugo Moyano, quienes formaron parte de la comisión directiva del club en épocas pasadas. Además, intercedieron para que el Gobierno de la provincia de Buenos Aires le ceda al club de Avellaneda un predio de 27 hectáreas, en Domínico. “Para viajar a Japón, el Sindicato de Camioneros aportó mucha plata. Hay muy buena onda con Pablo y Hugo”, reconoce uno de los que viajó a Japón. El nexo de Camioneros en la tribuna del Rojo es Oscarcito, un veterano que fue mano derecha del ex líder, el Gordo Raúl, asesinado en 2003.

La red de financiamiento de la barra brava de Independiente se extiende a diferentes actividades, entre ellas sobresalen la reventa de entradas, la venta de indumentaria oficial, el cobro de dinero por exhibir banderas con leyendas políticas y la explotación de los estacionamientos en los alrededores de los estadios. Además, tiene aceitados contactos con la Policía Bonaerense y la dirigencia del club, que la dejó crecer hasta límites insospechados dándole en concesión una puerta del estadio para que manejara el ingreso de gente. Así, como mínimo, se autofinancia.

En Independiente todos conocen a los jefes, que extendieron sus influencias a la agrupación Hinchas Unidas Argentinas, que viajó a Sudáfrica con ayuda del kirchnerismo y que ahora arregló con Francisco de Narváez por unos 100 mil pesos para exhibir banderas. “Esto es un negocio, hay que estar con el que más paga”, reconoce el barra que habla con PERFIL. Y admite: “Si no les damos una mano a los políticos, ¿de qué vivimos?”.

Los barras de Independiente están en su auge. Ya quedó en evidencia en un viaje que costó 150 mil dólares y para el que el plantel no aportó lo que se esperaba. Ahora se viene la final de la Recopa con el Internacional (tienen mil entradas para revender y solventar gastos) y entre semana habrá una visita para recordarles que ganar es un negocio redondo para todos…

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