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Ya sea por cuestiones económicas o el poco interés en continuar con el negocio, los dueños de los bares notables porteños, catalogados así por su valor histórico y cultural, suelen encontrarse frente a una encrucijada. Así fue como muchos de ellos bajaron sus persianas, languidecen o mantienen la estructura edilicia pero cambia su uso comercial. En esta situación se pueden contar los casos del bar Aragón de Mataderos, el Argos de Colegiales, la confitería Del Aguila, de Santa Fe y Callao, o el bar del Chino, en Pompeya.
Pero también es cierto que existen otros bares que no sucumbieron ante semejantes alternativas y fueron rescatados por diferentes grupos empresariales que apostaron con éxito al negocio “notable”. Entre ellos sobresalen la confitería Las Violetas, en Rivadavia 3899; el Café de los Angelitos, Rivadavia 2100; el Bar de Cao, Independencia 2400; La Poesía, Chile 502 y el Británico, Brasil 399.
“Más allá del potencial del negocio que representa estar al frente de Las Violetas y del Café de los Angelitos, se trata de dos productos que estaban instalados en la memoria afectiva y colectiva”, asegura Rafael Pereira Aragón, titular del Grupo Pereira Aragón & Asociados. El empresario gastronómico cuenta que, para recuperar los locales, su estrategia consistió en “dejarlos tal cual eran en su origen”. Entre las obras que se dispusieron para recuperar Las Violetas, que había cerrado en junio de 1998 y reabrió en septiembre de 2001, se destacaron la restauración de los vitreaux, el piso, de buena parte de la boiserie, la broncería y las arañas.
En el caso de Los Angelitos la situación era distinta. El abandono del lugar, cerrado desde 1992, y la posibilidad de un derrumbe llevó a que la esquina desapareciera por completo en 2000. En este caso, la estrategia consistió “en rendir un permanente homenaje al tango: Además de reconstruir el tradicional café, también se instaló un teatro donde los shows de tango son la gran atracción”. Aragón cuenta que no necesitó un plan de marketing, “sólo alcanzó con el anuncio formal de la reapertura y nada más. Todo lo demás vino solo”.
Pablo Durán también decidió apostar por los bares notables a partir de la recuperación del Bar de Cao y del café La Poesía, y sumarlos a El Federal y el Café Margot e integrarlos al Grupo de Notables que dirige. En el caso del Bar de Cao, el empresario explicó que su plan se basó en la recuperación de la impronta del lugar a partir de la restauración de todo el mobiliario, que si bien se encontraba instalado, estaba en desuso desde que había cerrado en 2000. “Recuperamos su estética original y reabrimos en 2005 y no hicimos ninguna campaña especial para relanzarlo. El boca a boca funcionó muy bien entre los habitués de los otros bares y todo salió bien.” En esta dirección, Durán aclara que la misma metodología de marketing utilizada en el Cao, la aplicó para recuperar el bar La Poesía, que estaba cerrado desde 1988. “El secreto de todo esto está en mantener y recuperar las raíces del lugar en cuestión y sumarle, además, una buena oferta gastronómica”, aclara el empresario.
Para Agustín Sousa, dueño del bar El Británico, la estrategia consistió simplemente en continuar con el negocio. “Los dueños anteriores no tenían voluntad de seguir, por eso corrió peligro en algún momento.” En este caso, también se restauró todo el mobiliario para dejarlo como era originalmente. “Toda la obra se hizo bajo supervisión de la Comisión de Notables del Gobierno porteño. Y fue un éxito”, señala.
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