Publicado en edición impresa de un año sin fogwill  

Los saberes de un autor

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Hay una frase de Fogwill en La larga risa de todos estos años y es “hacer puntos”. La utiliza uno de los personajes del cuento, la chica que se prostituye y sale a la calle a buscar hombres para traerlos después al departamento. Porque hacer puntos es ni más ni menos que eso, levantar tipos, conseguir clientes. Fogwill dio para eso con una expresión de particular potencia, que se repite a lo largo del relato como golpes de tristeza y sordidez. “Hacer puntos” es una figura, y como tal podría estar por encima del uso medio del lenguaje o de su empleo meramente denotativo; a la vez, es un giro más bien popular, informal, casi rústico: es una expresión indirecta y a la vez muy directa, solapada y oblicua y a la vez muy frontal, es elíptica y a la vez muy franca; funciona como marca literaria referida a una chica de la vida y a la vez como marca del mundo de la vida insertada en una trama literaria. Esa doble circulación o esa mutua impregnación dice mucho, según creo, sobre toda la obra de Fogwill. Por lo demás, de todas las metáforas que la escritura le ha proporcionado a la realidad de la vida (subrayar, poner los puntos sobre las íes, hacer punto y aparte, decir con mayúscula, trazar una raya), pocas deben haber resultado tan intensas (en el sentido vital de la expresión, pero también en el sentido literario) como la sugestión sexual de la frase “hacer puntos”.

Hay una respuesta que da Fogwill en una entrevista que le hizo Graciela Speranza y forma parte del libro Primera persona. Fogwill cuenta una discusión que mantuvo con un vendedor en un negocio de venta de instrumentos musicales. En un momento determinado del intercambio, el vendedor le pregunta si él sabe realmente sobre guitarras eléctricas, y Fogwill le contesta: “No. Pero yo sé de cosas”. Esa clase de saber, saber de cosas, recorre con variantes la literatura de Fogwill. No remite a un saber universal, que es general y finalmente abstracto; saber de cosas es en cambio un saber plural pero concreto y práctico, y muy propicio para escribir el tipo de novelas que escribía Fogwill.

Hay una foto de Fogwill; se la sacó Sebastián Freire. Esa foto da a ver una cara muy seria de Fogwill y también una parte del torso, la suficiente para notar la falta de ropa. Pero no es exactamente una desnudez lo que la imagen viene a indicar, sino la presencia de un cuerpo. Freire logró fotografiar, no ya el cuerpo de Fogwill o a Fogwill sin más, sino a Fogwill y su cuerpo, a Fogwill con su cuerpo, como si se tratara de dos cosas  distintas, como sugiriendo que era posible (y hasta necesario) pensarlos por separado. Desde que se murió, hace ahora un año, si pienso en Fogwill tiendo a hacerlo a partir de esa foto de Sebastián Freire.

Esa frase, esos saberes, esa fotografía, resumen hoy a Fogwill para mí. También tengo, al igual que tantos, un surtido de anécdotas con él; pero de un año a esta parte prescindo por completo de narrarlas, ni en público ni en privado, y ni siquiera para mí mismo me pongo a repasarlas.

 

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