homenaje al "salmon"

Tributo a Andrés Calamaro: mañana festeja sus 50 años

Partidas de truco, la pasión por los toros, su época como alumno del papá de Lito Vitale y el significado de sus letras es parte de lo que relatan estos personajes, que así le rinden su homenaje.

21/08/11 - 06:59

 
Tributo a Andrés Calamaro: mañana festeja sus 50 años

A rodar. En septiembre, inicia su gira por Estados Unidos.

Angel Cappa*
Lo primero que se me ocurre decir de Andrés es que se trata de un buen tipo y un tipo muy inteligente, virtudes que muy rara vez van juntas en una persona. En el mano a mano es, además, sencillo, que no simple, sin un atisbo de divismo, y eso que tendría motivos para abonarse a la estupidez del estrellato. Hace ya bastantes años, los suficientes como para no entrar en precisiones intimidatorias, empezamos a juntarnos una vez por semana a comer en el restaurante De María de Madrid, cerca de Plaza Castilla, un grupo de argentinos entre los que estábamos él y yo. Y como en ese entonces no abundaban los clientes, al terminar la comida organizábamos un breve, pero intenso, torneo de truco. Me tocaba Andrés de pareja, y entonces supe que tenía una notable virtud para la vida que era a su vez un serio defecto para el truco: no sabía mentir. ¿Cuánto tenés Andrés?, le preguntaba yo si era pie. Veintiséis, me contestaba. Ah... entonces, envido, cantaba yo confiado. La cosa era que tenía veintiséis realmente, y perdíamos. En fin, no me acuerdo haber ganado ninguno de esos desafíos en De María, pero sí haber profundizado en nuestra amistad y haber tenido la suerte de intimar con alguien tan inteligente. Pude descubrir también en Andrés su vena tanguera detrás de su melancólico porteñismo, que sabía compaginar muy bien con la energía rebelde de su rock picante y transgresor. Un día me contó que estaba grabando con Virgilio Expósito, en Madrid, un tango. Nada menos que Naranjo en flor, y me relataba emocionado los detalles de ese encuentro. Como me vio compartiendo esa emoción y muy interesado, me trajo de regalo una cinta donde estaba grabado todo el proceso, las correcciones de Virgilio, las interrupciones para indicarle el tono preciso, todo. Todavía tengo esa cinta, que le agradecí y le agradezco muchísimo. Me siento muy afortunado de tener a Andrés como amigo porque, aunque no nos veamos con frecuencia, estamos siempre en la misma sintonía. Lo sigo por las entrevistas y los CD que va sacando y que mis hijos coleccionan. La última vez que nos vimos en Buenos Aires, fue con motivo de la presentación de un libro mío en Deportea. Encontré la misma calidez que había dejado en Madrid, y el mismo tipo entrañable de siempre. Incluso, como yo estaba en ese Huracán que nos emocionó a todos, escribió en algún medio sus sentimientos con respecto de ese fútbol, y que resultó la síntesis de lo que sentíamos casi todos. No podía ser de otra manera, le gusta la buena música, ¿cómo no le iba a gustar el buen fútbol? Un abrazo, Andrés, y a ver si aprendés a mentir, por lo menos para jugar al truco.

*Ex director técnico de, entre otros, Huracán, y River Plate.


Roberto Pettinato
Andrés Calamaro es el coqueto aerodinámico rock and roll, color caramelo de ron que se duchó con Bob Dylan y sufrió una transfusión de sangre de Lou Reed, más el virus del argentino high class que conquista España. En el rock nacional están: Charly García, Spinetta y Andrés Calamaro en tercer puesto. No hay ninguna canción que me haya marcado pero sí es muy agradable escuchar sus outtakes. Los músicos de jazz, cuanto más viejos, mejor tocan; los músicos de rock, cuanto más viejos, más sexies. Pero los músicos de blues, cuanto más viejos, más eternos son y compendian a los otros dos. Entonces se llega bien cuando el reconocimiento, la fama, la victoria, hasta el aplauso, ya no te interesan. Yo ya soy así, no sé cómo habrá llegado Calamaro a superar o no esto que digo, que es una máxima de la quinta esencia del rock hoy, que soy yo.  

*Músico y conductor.

Osvaldo Bazán* 
Era 1995. Los Rodríguez se presentaron en Rosario y cantaron Diez años después. Volvimos a casa, todo estaba bien hasta que dejó de estarlo horas después y Nico me dijo que me abandonaba para siempre. Que las cosas no iban. Para mí, las cosas iban, e iban muy bien. Pero para él no. Y por eso solo, porque para él las cosas no iban, me dejó después de seis años de convivencia. Así, de madrugada, mientras yo todavía escuchaba Diez años después de Los Rodríguez, con Calamaro prometiendo lo improbable: que diez años después mejor volver a empezar. Fueron muchos meses de Diez años después en repeat, y otra vez y otra vez. Calamaro era el único que la más negra noche de desamparo y soledad me daba una esperanza: me decía que diez años después quizá podía volver a encontrar a Nico. Imaginé ese encuentro cada mañana, cada tarde, cada noche, especialmente cada madrugada de 1995, 1996, 1997. Lo iba a volver a encontrar, sabía –Andrés Calamaro lo prometía– que íbamos a ser distintos que ayer pero casi iguales. Iba a ser en septiembre de 2005. Nuestra credulidad, deteriorada en algún lugar, iba a ser testigo casual de nuestra soledad. Pasaron diez años de aquella madrugada y ya casi diez años más. Nico es un recuerdo simpático de un pasado que no volverá, y está bien que así sea.   Pero los dulces momentos de negación que me regaló Andrés Calamaro, esa curita que era una promesa ridícula, cuando me decía que quizás en diez años más Nico y yo tuviésemos una segunda oportunidad, fueron la soga a la que me aferré cuando se había secado la pila de todos los timbres. Por cosas así es que los artistas populares se meten en el corazón de su pueblo. Y es cierto, aquella fue una linda primavera.

*Periodista.

Darío Lopérfido*

Soy un seguidor de Calamaro y te diría que durante años estuve muy influenciado por su disco Nadie sale vivo de aquí; para mí, uno de los mejores del rock nacional. Después, tengo una relación simpática con él, cada tanto nos vemos. Le tengo mucho cariño, me parece que es un tipo constructor de melodías como pocos en el mundo de la música en castellano. ¡Sus melodías te quedan impregnadas en el cerebro! Vi muchas veces a Los Rodríguez, coincidimos muchas veces en Madrid cuando yo vivía en España. Tengo un cariño personal y una admiración como músico. Me interesan todos sus discos, incluso el último. Pero con respecto a Nadie..., me pareció completamente increíble: tiene un tono melancólico, donde hay muchas canciones que tienen que ver con despedidas, tiene mucha potencia. El tipo narra desventuras y desencuentros amorosos como nadie. Recuerdo hace varios años haberme tomado un café con él y Rodrigo Fresán, donde conversábamos sobre lo sofisticado del discurso, sobre las historias de pérdida amorosa que tiene ese disco, es increíble. Creo que también lo que me emparenta con Andrés es que ambos tenemos esa cosa argentina-española: yo me considero un poco argentino y un poco español. Andrés lo mismo; compartimos la pasión por los toros y él lo ha marcado en varias canciones. Hay una que dice: “Tenías el vestido más bonito de todo el tendido”. El tendido es la tribuna de la plaza de toros. El otro día yo decía que Andrés tenía el mismo sueño que yo: torear. También me une a él incluso su actualidad, porque Andrés no sólo es un músico que se puede tomar como esos que explotan a los 25 años. Con 50, sigue siendo una estrella de rock y eso me genera admiración. Y está más roquero que nunca, creo que todo le queda bien; es de los que llegan a los 50 muy arriba.

*Ex funcionario y empresario.

Eme*
Nunca trabajé con él ni tengo una cotidianidad, sino que lo conocí a través de Fito Páez hace unos dos años. Pero tengo anécdotas muy divertidas suyas porque él estudiaba música con mi abuelo, que se llamaba ‘Donvi’ Vitale y era un profesor muy groso que tenía un método para enseñar música muy particular. El me contaba que Calamaro la tenía muy clara porque en un momento él le estaba enseñando una escala y le decía: “Con lo que me enseñó ya está, Donvi, porque yo lo único que quiero es componer canciones y ganar plata. Nada más”. Evidentemente, le salió perfectamente bien, mucho más de lo que mi abuelo se habría imaginado. Con mi papá estudiaba batería cuando ambos tenían 14 años, y le contaba que se lavaba el pelo con jabón blanco. “Vas a ver que algún día todo el mundo va a querer lavarse el pelo con jabón blanco como lo hace Andrés Calamaro”, le decía. Tenía mucha personalidad y tenía muy en claro dónde quería llegar. Interpreta a la perfección la imagen del roquero argentino y es uno de los pocos que pasarán a la historia junto con Charly, Spinetta, Fito, Cerati y Los Redondos. Cualquiera y de cualquier estrato social se puede identificar con una letra de Calamaro porque todo lo abarca. Creo que lo escuché por primera vez en su etapa solista, fue Sin documentos  porque la pasaban siempre antes del carnaval carioca en las fiestas; yo estaba en séptimo grado. También me gustaba mucho Fabiana Cantilo cuando cantaba Mi enfermedad y me encantó la versión que hizo él. La frase “Tengo abierto el minibar y cerrado el corazón” me saca una sonrisa cada vez que la escucho.

*Cantante y actriz, hija de Lito Vitale.

Jazmín de Grazia*
Siempre escuché a Calamaro, cuando estaba en Los Abuelos de la Nada, Los Rodríguez y como solista. Sin embargo, las canciones más significativas para mí fueron las de la época de Los Rodríguez. Las escuchaba desde chica, impulsada por mis hermanas mayores, y fue una banda que quedó en mi memoria y en mi biblioteca musical, y que de tanto en tanto vuelve a sonar en mi casa. Mis temas favoritos son varios: Enganchate conmigo, Vasos y besos, Señal que te he perdido, Donde manda marinero, Crímenes perfectos y La parte de adelante. Con respecto a su edad, me parece poco inteligente y lastimoso no aceptar la que se porta, así se sea un músico o un contador. Mick Jagger me parece un excelente artista y empresario, pero lo sigo viendo como un señor de casi 70 años que usa pantalones de cuero.

*Modelo y conductora.

Kevin Johansen*
Kevin Johansen reconoce la clara influencia que Andrés Calamaro ha ejercido en la música popular y, particularmente en el rock nacional. “¡Es nuestro Bruce Springsteen criollo! Compositor fundamental de nuestro rock que trascendió a su género, un gran celestino artístico”, asegura. De hecho, el cantautor nacido en Alaska grabó una versión muy personal de Te quiero igual en el disco tributo Calamaro querido! Cantando a El Salmón, editado en 2006. Pero más allá de la admiración, Johansen se anima a bromear con una suerte de competencia por el arte del dibujante de historietas Liniers, su ya clásico compañero de ruta que le fue “infiel” para ilustrar la tapa del disco de Calamaro La lengua popular (2007). “Aunque me haya intentado ‘robar’ a Liniers, siempre le diré: ‘Andres, ¡te quiero igual!’”.

*Músico.