el apoyo popular
La particular vigilia K, entre la Virgen del Pilar y la Tupac Amaru
Durante tres días, los militantes le hicieron el aguante a la Presidenta con banderas, cantos y consignas. La mirada aguda de un reconocido escritor que estuvo con ellos.
Estructura. Los intendentes estuvieron entre los que movilizaron militantes para acampar frente al Hospital Austral.
Dice la leyenda que la ciudad de Pilar, donde se encuentra el sanatorio en el que esta semana operaron de un cáncer de tiroides a la presidenta Cristina Kirchner, nació por 1790, cuando unos misioneros religiosos españoles debieron detenerse allí a causa de la enfermedad de algunos de ellos.
Construyeron una cruz de troncos a fin de orar allí por la salud de sus compañeros que más tarde, circa 1840, los vecinos reemplazaron por otra de material.
El nombre es un homenaje a Santa María Pilar, antiquísima santidad Zaragozana a la que se le atribuyen innumerables milagros. No debe ser ajeno a estos antecedentes el hecho de que el Opus Dei haya elegido esta localidad para emplazar el Hospital Austral.
A su erección, como a muchos otros emprendimientos del Opus, contribuyó generosamente el magnate católico Gregorio Pérez Companc. Como tampoco que en sus alrededores se congreguen muchas de las familias más ricas del país en lujosos countries y barrios cerrados.
También se mezclan por la zona locales de venta de automóviles de alta gama con humildes quioscos; el mall grandilocuente con el mercadito; los grandes hoteles con la casita comunitaria; restaurantes de autor con choripán al paso; la rubia Versace con la morocha que se viste en La Salada. La afluencia y la pobreza a cincuenta metros de distancia, alambrado perimetral de por medio.
Sea como fuere, lo cierto es que la Presidenta fue operada, evoluciona favorablemente y todo indica que hoy será dada de alta a fin de que complete su recuperación en casa. Desde el lunes, en los alrededores del hospital, se han reunido ciudadanos de la base kirchnerista con el fin de acompañar a la Presidenta en sus padecimientos.
Tras la línea municipal, se han instalado carpas pobladas con las banderas de las distintas agrupaciones, altoparlantes, pantallas gigantes y las habituales pancartas y pasacalles desde las que se apoya a Cristina, se recuerda a Néstor y se asientan los nombres de punteros e independientes que seguramente financiaron la parafernalia.
El martes, día en que la excelentísima fue intervenida, marcó el punto más alto de una concurrencia que fue mermando luego de las noticias que daban cuenta del éxito de la operación.
El jueves por la noche, no quedaban más de ochenta o cien personas vigiladas sin mucho esmero ni necesidad por media docena de efectivos de la Bonaerense.
Las diferentes agrupaciones improvisaron una especie de corrales utilizando las vallas tubulares dispuestas allí por las fuerzas del orden dentro de las cuales se congregan las corrientes afines. Juntos, pero no revueltos.
En orden de importancia, se destaca La Cámpora con un equipo multimedia que reproduce, a pantalla gigante y voz en cuello, los momentos icónicos de Néstor Kirchner, Hebe de Bonafini y, por supuesto, Cristina.
En el mismo patio, se alza un retablo con retrato de la Presidenta como telón de fondo de una estatuilla del Cristo del Sagrado Corazón, con dosel, flores de plástico y las invocaciones de rigor. Convive a menos de dos metros con las figuras del Che, Tupac Amaru y Kirchner en su rol de Eternauta con una frase de antología: “A Néstor no lo enterramos, lo sembramos”. En el límite con la ruta, sobresale un muñeco de Néstor que guarda mucha similitud con un espantapájaros y parece apto para obligar a los niños que no quieren tomar la sopa. Enfrente, se cocina un asadito que haría renunciar a más de un vegetariano.
Un poco más allá, la pantalla, también gigante, de la agrupación Los Kumpas difunde imágenes de un documental de historia que se pasea por la Primera y Segunda Guerra Mundial al que nadie, pero nadie, le presta la mínima atención.
Ausencia total de bombos, sin duda, por respeto a la salud de los enfermos.
El promedio de edad no debe superar los veinticuatro años. Por lo general, se los ve cansados y algo aburridos, pero se animan, posan y sonríen cuando la cámara los apunta. Cuando se les pregunta por qué están allí, sus bocas se llenan de palabras de amor hacia la Presidenta a quien reconocen como la artífice de cambios que, dicen, los ha hecho más felices, más prósperos.
Hablan de redistribución de la riqueza, de medidas populares, de justicia social, aunque el tono protocolar hace recordar a la estratagema del estudiante secundario que se sabe de memoria los títulos de todas las bolillas, pero ignora por completo su contenido.
Uno puede imaginarse a los opositores viendo, e insultando, este panorama por la televisión, porque en el lugar de los hechos brillan por su ausencia.
En los últimos años, la oposición basó sus mensajes en el menosprecio o directamente en el odio a los Kirchner.
Cuando Néstor les hizo su última jugarreta, morirse, desarticuló todo el discurso opositor. Algo particularmente notable en la última campaña presidencial.
La prédica opositora persistió en sus mensajes cargados de bronca, mientras que el oficialismo lo basó en el amor al pueblo, a los niños, a los desvalidos.
El mensaje K era emotivo; el opositor, supuestamente racional. Sabido es que tanto en el individuo como en la comunidad, la batalla entre la pasión y la razón la gana siempre la primera.
La concurrencia es morocha, humilde, tranquila y mal afeitada. Comparten esa fe que es signo característico del peronismo y sus ramificaciones, y que ningún otro partido político supo conseguir.
Hay una mística que les dice que estar allí aporta a la mejoría de la salud de la Presidenta y que ella es buena, quizás en camino a la santidad; que ella les da algo que nadie más puede darles.
Esto es percepción y magia. Y de eso se trata, porque la realidad hace tiempo que está suspendida.
¿Habrá en esto una lección importante para los políticos que quieran acceder al poder para hacer las cosas mejor?



07/01/12 - 06:43