a dos semanas del hallazgo del cuerpo

Investigan la pista de un "pai umbanda" en el misterioso asesinato de la maestra

Declaró como testigo en la causa pero incurrió en varias contradicciones. Su celular fue detectado cerca de la escena del crimen, el mismo día que desapareció Silvia Prigent.

Por Leonardo Nieva

22/01/12 - 03:54

 

“No sé por qué este hombre está libre.” La frase pertenece a un jefe policial que participa de la investigación por el crimen de Silvia Prigent, la maestra de 50 años asesinada a balazos el jueves 28 de diciembre pasado en cercanías del Dique Luján. Se refiere a uno de los supuestos cómplices del viudo Daniel Sfeir: Jorge Bini, un curandero que trabaja en la empresa de residuos del único detenido, y que podría tener relación con el homicidio.
Bini es uno de los tantos testigos que declararon en la causa que investiga el fiscal penal de instrucción Cosme Iribarren. Lo hizo poco después de la desaparición de la mujer. Pero su versión dejó muchas dudas. Principalmente porque aseguró que “no” conoce a María Cristina Soria, la supuesta amante de Sfeir, y porque el día de la desaparición de la maestra, a las 8 de la noche, manifestó estar en el domicilio de su hija.

En rigor, la versión de este hombre, que suele presentarse como “pai umbanda” pero que en realidad es un sanador que promete curar el “mal de ojo” o el “empacho”, no concuerda con la actividad de su teléfono celular y con el testimonio aportado por otros testigos.
Según las fuentes, su aparato fue reportado por una antena que lo ubica el jueves 29 de diciembre en cercanías de la escena del crimen. “El informe detalla que a las 9 de la noche estaba en las inmediaciones del Dique Luján, cuando él manifesta que a las 8 estaba en la casa de su hija”, revela una fuente con acceso a la causa.

Además, un testigo declaró haberlo visto junto Sfeir y Soria en una misma mesa del minibar que tiene el lavadero de autos de la avenida Juan B. Justo, en San Fernando, ubicado a metros de la fiambrería donde trabaja la supuesta amante. “Durante un mes y medio se reunieron varias veces. Y él -por Bini- siempre llevaba un maletín”, confiesa a PERFIL un hombre que asegura haberlo visto en la zona.

Más allá de las contradicciones, los investigadores del caso todavía no explican el grado de participación que podría tener en el crimen, siempre siguiendo la hipótesis sobre la que se trabaja con más interés. Como mínimo entienden que habría encubierto a Sfeir, si es que realmente el viudo tiene relación con el caso.
Según pudieron reconstruir los detectives, Bini conoció a Sfeir hace unos años, cuando el empresario se acercó a él para comprarle el caballo con el que juntaba cartones en San Fernando. “Bini le dijo que su caballo no estaba a la venta pero Sfeir lo convenció y finalmente terminó quedándose con el animal”, cuenta a PERFIL uno de los investigadores.

De acuerdo a la declaración de Bini, la relación entre ellos era simplemente laboral. Según el curandero, su trabajo consistía en repartir volantes con los datos de la empresa de recolección de residuos del viudo. Sin embargo, los detectives no creen que trabaje para él.
Lo cierto es que a dos semanas del hallazgo del cuerpo, los pesquisas continúan buscando datos para cerrar el círculo de sospechosos.

Tanto Soria como Bini podrían ser citados nuevamente, aunque el fiscal no dio pistas sobre los pasos a seguir.
La supuesta amante declaró dos veces en la causa. Pero siempre en calidad de testigo. La primera vez negó su relación con Sfeir. Pero después, y acorralada por las pruebas reunidas, terminó admitiendo su vínculo.

Entre otras cosas, los investigadores descubrieron que Sfeir y Soria se comunicaron seis veces entre las 12 y las 6 de la tarde del 29 de diciembre. Antes y después de la desaparición de la maestra, los pesquisas contabilizaron 25 llamados. De los tres sospechosos Sfeir es el que aparece más complicado. El viudo dijo que el 29 de diciembre su esposa salió de su casa a realizar compras. En su primera declaración manifestó que entre las 18 y las 21 él estaba durmiendo en su casa. Sin embargo, las cámaras de seguridad de Tigre lo ubicaron a unas veinte cuadras de su domicilio, en una estación de servicio de la Ruta 197. Allí se encontró con una mujer que conducía un Fiat Uno blanco, el cual sufrió un desperfecto. Según los investigadores, esa mujer no sería otra que Soria.

Los pesquisas también establecieron que el acusado realizó cuatro llamados durante el horario en que supuestamente estaba descansando. El primero de ellos fue a las 18, cuando se comunicó con su casa en San Fernando. Lo que se sospecha es que el viudo habló con su esposa y la convenció para que fuera hasta el lugar en el que fue asesinada.

Colaboraron: Gabriela Oprandi y María Vanesa Ali.