Alegría a mi corazón
Messi se educó en Europa, está acostumbrado a que se lo respete. Allá la gente es considerada. Se puede salir a la calle aun siendo famoso. Te dejan vivir. Acá somos unos salvajes. Gritamos. Nos enojamos. Adoramos y escrachamos. Somos peregrinos. Ungimos ídolos con pies de barro. Los odiamos cuando se caen. El fútbol es nuestra religión. Grondona es un cardenal. Messi un ángel. Maradona es Dios. River se fue al infierno. Segregamos fe. Nosotros somos habitantes de la patria futbolera. Es una tierra santa. No es lo mismo que la nación argentina. Rezamos para que en el Paraíso haya una cancha de fútbol en la que jueguen Maradona y Messi. Virgilio nos acomodará en la platea. Siempre ganaremos. Brasil siempre perderá. La blanquiceleste que adoramos tiene tres tiras y rayas verticales. La otra, la de franjas horizontales y un sol en el medio, los futboleros se la dejamos a los políticos. Podemos cantar el himno o la Marcha de San Lorenzo, o un boogie boogie, lo mismo da. Nuestro coro no tiene partitura. Tiene tres letras: GOL. Es posible que a la selección le sobre cielo y le falte tierra. Pero el fútbol no es una ciencia. Las ciencias son de este mundo y son acumulativas.
Hoy el mundo parece una pelota pinchada. Pero el fútbol es grande aunque la pelota esté pinchada. No desesperemos. Oremos. Padre Nuestro que estás en los cielos, regálanos un pico de oro para que el mundo se infle nuevamente. Alegría alegría a mi corazón. Hasta cuando estoy solo frente al televisor le grito a la pantalla y pateo la mesa cuando la pelota sale apenas desviada. Mi esposa se enternece de que me comporte como un niño. El niño Heráclito, salvando las distancias, que jugaba en la arena, mientras Nietzsche lo miraba, desde el hospicio.
*Filósofo.



27/01/12 - 11:33