Publicado en edición impresa de ninguno vive en barrio norte  

Los caceroleros que organizan el 8N prometen más gente que la del 13S

Se conocieron entre ellos a través de las redes sociales. Dos formaron pareja. No quieren que se vaya CFK: “Nos quedaría Boudou o Rojkés”

En el escenario. Yamil Santoro, maestro integrador; Jorge Sonnante, teólogo; Luciano Bugallo, organizador de eventos, y Marcelo Bustos, corredor inmobiliario. |

No son políticos, pero entraron al juego de la política. Critican a Cristina, pero un poco también a la oposición. Se imaginan que la protesta del 8 de noviembre (8N) será más masiva que la del 13 de septiembre (13S), pero no saben qué puede pasar después. Ya aprendieron que hay cosas que conviene no decir, aunque por la inexperiencia política a veces les cuesta medirse. Son quienes se están encargando de convocar a los cacerolazos. Y ninguno es de Barrio Norte.

PERFIL reunió a seis de las caras que están detrás de los cacerolazos. Prefieren decir que no son “los organizadores”, para evitar generar rispideces con aquellos que también convocan pero mantienen un perfil bajo. Dicen que el fenómeno “no tiene líderes” y que ellos sólo son “responsables de canalizar la comunicación”. Lo cierto, sin embargo, es que administran las páginas de internet o grupos de Facebook que se volvieron lugar de referencia de los manifestantes.

Mariana Torres, Marcelo Morán, Marcelo Bustos, Yamil Santoro, Jorge Sonnante y Luciano Bugallo se conocieron por las redes sociales o directamente en la calle, cacerola en mano, en las primeras manifestaciones de mediados de año. Así comenzaron a tender puentes y a “estar siempre en contacto”. Ahora ya están convocando para el 8N, pero ni ellos saben decir de dónde salió la fecha.

“No queríamos cometer errores anteriores de convocar a la semana o a los quince días, porque la gente se cansa o aburre”, coincidió Bugallo. “Pero no se puede saber nunca quién fue el primero que tiró la fecha... no hay una organización”, señaló Sonnante. Y Torres aclaró: “Nosotros nos subimos a la del 8N para no cansar a la gente, porque todos quieren proponer su fecha y después se termina desgastando”. En el medio hubo convocatorias para el 28 de septiembre y el 1º de octubre, pero ellos no las difundieron y ninguna prendió. “Otro tema importante es que esperamos en octubre la respuesta del Gobierno, que está obligado a salir a la calle, por el 17 y por el aniversario de Néstor”, agregó Santoro.

Torres y Morán administran tres páginas de Facebook. La más conocida es “El Anti K”, que tiene más de 40 mil adherentes. Se conocieron hace tres años, cuando ella adhirió a la página “No a la renuncia de Julio Cobos” que él había creado y desde entonces son pareja. Ella contadora de Ituzaingó, él abogado de San Miguel, ahora dedican su tiempo libre a administrar las páginas y contestar mensajes. “Es un vicio,”, reconoce Torres, madre por triplicado.

Morán es de los más duros. Fue el único de la mesa que participó del escrache a Guillermo Moreno. El resto repudia ese método, aunque hacen la excepción con la protesta en la casa del juez Oyarbide, porque fue “espontánea”.

A todos les cuesta encontrar aspectos positivos del Gobierno. Torres y Bugallo, con esfuerzo y quitándole méritos al kirchnerismo, nombran la política de derechos humanos y la asignación por hijo. Ella agrega el matrimonio igualitario y él que le despertaron a los jóvenes el gusto por la política. Bustos rescata la política en Ciencia y Tecnología, pero asevera: “Si partimos de la base de que es un Gobierno que está corrompido y que no respeta las leyes, no creo que pueda tener algo rescatable. Y después de doce años estamos con la misma cantidad de pobres”. Para Santoro, si se tiene en cuenta “la presión tributaria y la distribución a las provincias, todo lo que pueda levantar el Gobierno como bandera es una vergüenza”. Morán y Sonnante dicen que no pueden nombrar “nada positivo”.

Este último hace dos años fundó, con cuatro amigos, el Movimiento de Indignados Argentinos, primero haciendo acción social y ahora ya lanzados al plano político. Vive en Caballito, es teólogo y diplomado en administración de empresas. Hoy tiene un microemprendimiento por internet y es consultor en la rama de poligrafía. “Sé cuándo la Presidenta miente”, se ufana.

A la hora de reclamar enumeran: respeto de la República y las instituciones, lucha contra la corrupción, mayor libertad (“tanto de los ciudadanos como de los medios”), rechazo a la reforma constitucional y la re-re. La inflación también figura, pero en segundo plano. Y niegan que el cepo al dólar sea un disparador. “La única manera de canalizar los cacerolazos es políticamente, pero creo que es positivo porque sirve para llamar la atención”, analiza Bugallo. Proveniente de una familia agropecuaria de la localidad bonaerense de Ascensión, cerca de Junín, se “despertó” en 2008, durante el conflicto con el campo. Hoy integra REC (Red Encuentro Ciudadano), un organización con gente de diferentes partidos. Se lo vinculó al PRO, porque participó de un curso de un macrista, pero él asegura que participó de diversos cursos. Incluso uno del Gobierno sobre, precisamente, “manejo de redes sociales”. Su grupo “Cacerolazo” tiene 14.500 seguidores, administra otras páginas y colabora con “El Cipayo”, otro grupo “famoso”.

Los seis consideran “exagerado” que se hable de dictadura o nazismo, y dicen que es imposible controlar a todos. Sin embargo, algunos en sus páginas colgaron imágenes o textos alusivos. Y todos niegan querer que Cristina deje el Gobierno. “Porque si no nos queda Boudou o Rojkés... peor”, ironiza Torres. “Dudo que no estemos en una dictadura”, dice Morán. “Técnicamente, dictadura es todo gobierno que está por encima de las leyes, y en esa acepción es una dictadura”, asiente Santoro. El es el único que ya incursionó en el mundo partidario. Primero en el Federal Republicano y después en el Liberal Libertario. En enero se abrió y ahora sigue militando en las redes, incluso viajó a Venezuela para apoyar a Capriles. Se hizo famoso por quedarse en calzones en la Plaza de Mayo el 13S.

Es de Lugano y trabaja como maestro integrador en un colegió judío ortodoxo. A su lado, Bustos sostiene que “un gobierno democrático se puede convertir en dictador mediante la acumulación de poder en una única persona y el no respeto a la ley”. Nunca tuvo militancia política, aunque dice que en los ‘90 participó de actos contra funcionarios menemistas. En los primeros cacerolazos de este año se juntó con otra gente y formó Ciudadanía Activa, “un grupo que intenta darle identidad a eso que empezó como una protesta con la cacerola”. Es corredor inmobiliario, y vive en Palermo.

Bugallo y Santoro son los únicos que se imaginan un futuro en la política. El resto no quiere ni pensarlo. Mientras tanto, se ilusionan con el 8N supere con creces al 13S.

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