Publicado en edición impresa de Se agita el triple crimen  

Quién es Pérez Corradi, el principal sospechoso

Emilia Delfino y Rodrigo Alegre investigaron en profundidad el triple crimen que, en 2008, desenmascaró la adulteración de medicamentos y sacó a la luz lazos que llegaban hasta la recaudación de la campaña K de 2007. Esta semana, el fiscal de la causa pidió la captura de Ibar Esteban Pérez Corradi, sospechoso de ser el autor intelectual de las muertes. Ya en 2011 estuvo preso por presunto lavado de dinero . Aquí, su historia.

Sangriento desenlace. Ibar Esteban Pérez Corradi (izq.), cuya captura pidió la Justicia, que lo considera el instigador del triple crimen de General Rodríguez. Las víctimas: Damián Ferrón, Sebastián Forza y Leopoldo Bina. |

"Ahora me van a hacer cargo a mí de lo que le pasó. Me van a endosar el paquete a mí y yo no tengo nada que ver."

La cara de Ibar Esteban Pérez Corradi, alias “Peluca” o “Colita”, se hacía más larga, mientras anticipaba lo que estaba por venir, sin muestras de dolor alguno, casi sin dar importancia a los hechos. Estaba con su notebook sentado junto a una mesa de uno de sus bares habituales, en Lavalle y 25 de Mayo, pleno microcentro porteño. Ya se empezaba a sentir el calor de octubre, cuando Marcelo Abasto prestó atención a las palabras de ese hombre que sabía sin duda medir cada sílaba que emitía.

—¿Por qué? —le preguntó el hombre que venía a suplicarle por efectivo.
—Ya vas a ver que me van a acusar de todo esto a mí.

Pérez Corradi tiene el pelo castaño y sucio, lacio, sostenido hacia atrás de las orejas puntiagudas. Viste mal y siempre se lo ve solo. Tiene los ojos grandes, marrones, las cejas borroneadas y la mirada endurecida. Son ojos extraños. Inexpresivos. Fríos. Hundidos. Es alto y delgado, con la frente amplia. La boca pequeña, propia de quien no habla demasiado, reticente a saludar o a emitir un simple “gracias”. Enigmático y solitario. Quienes lo frecuentaban nunca sabían dónde vivía ni a qué se dedicaba exactamente. Cambiaba de celulares y autos constantemente y se daba el lujo de tener teléfonos satelitales. Procuraba no hacerse ver y citaba a sus clientes y socios en bares con espacios recluidos. Nació el 16 de julio de 1977 y, a pesar de ser muy joven, logró afianzar una fortuna considerable. Trabajó como empleado del Banco Nación entre 1996 y 2002, mientras incursionaba en el mercado de los medicamentos. A fines de 2006 se convirtió en un próspero financista de actividades y socios dudosos. Se mudó de Los Polvorines a Martínez, zona norte del conurbano bonaerense.

Pérez Corradi tiene a su nombre dos sociedades anónimas: Odín Concept SRL, dedicada a la comercialización de principios activos relativos a la industria farmacéutica, y la constructora C&C Building, en sociedad con Martín Eduardo Lanatta. Néstor Lorenzo, entonces dueño de Droguería San Javier, y Pérez Corradi también fueron socios. En octubre de 2006, Torres y Lorenzo fundaron Elaboradora de Productos Biológicos SA. El 13 de mayo de 2008, ambos renunciaron a sus cargos de presidente y director suplente en la sociedad anónima y asumieron en sus lugares Pérez Corradi y su mano derecha, Jorge Cabrera. Pérez Corradi y Lorenzo se conocieron por intermedio de Forza. Peluca comenzó vendiendo suplementos y esteroides para deportistas y fisicoculturistas, importados de España y Tailandia, que luego también exportaba a Brasil. Pablo Quaranta, un fisicoculturista que le compraba suplementos, lo califica como un “buen proveedor” y “buen cliente”, que respetaba los precios y no les vendía a los negocios de la zona para garantizarle al comerciante la exclusividad de la marca en los alrededores, y cuando compraba era “pagador”. Un tipo “con códigos”, hábil para hacer negocios y contactos. Forza, en cambio, lo despreciaba, decía que era sucio y se refería a sus espaldas como “el puto de Esteban”. Pero en el fondo éste lo atemorizaba. Quaranta fue uno de los primeros clientes de Pérez Corradi. El fisicoculturista lo conoció entre 2001 y 2002, cuando era empleado de la Farmacia Lavalle, y Esteban le ofreció una línea de suplementos importados y esteroides que no podían conseguirse fácilmente. Hasta que un día Peluca le pidió a Quaranta que le consiguiera dos remedios oncológicos –el anastrazol y el tamoxifeno para el cáncer de mamas– utilizados por los fisicoculturistas para inhibir la producción de estrógenos. Quaranta sabía quién podía conseguirlos: su amigo, empleado de una droguería subsidiaria de Laboratorios Gador, la marca que Esteban prefería a la hora de los oncológicos. Así fue como Forza conoció a Pérez Corradi (...).

El témpano de hielo tenía su talón de Aquiles. La traición lo desestabiliza. A fines de 2006 cayó en un pozo depresivo y, en un intento por alejarse de todo, tomó varias pastillas de Alplax. Quedó internado en un sanatorio. Dijo que uno de sus socios lo había estafado. Cuando logró recuperarse, decidió diversificar el negocio y comenzó a cambiar cheques. Ibar Esteban está casado con Liliana, con quien tiene tres hijos. Ella lo visita  incesantemente en el penal de Ezeiza, al igual que su abogado, el ex comisario Juan José Ribelli, procesado y absuelto en el caso AMIA por su supuesta complicidad en el atentado. Pérez Corradi cultiva el perfil bajo, las pocas palabras y las decisiones determinantes. Es oscuro, reservado, intimidante y esotérico. Sus dudas cósmicas eran salvadas por María, una vidente conocida de su esposa, a quien consultaba con perseverancia. Por medio de Esteban, María conoció a Forza, quien también comenzó a consultarla.

—María, necesito que me hagas un favor…
—Decime.
—Por supuesto que te lo voy a retribuir… Esteban te debe contar muchas cosas sobre los negocios, la guita, los planes que tiene… Vos me podés ayudar mucho si me mantenés al tanto.
—¿Qué querés saber de Esteban?
—Todo. Con quién hace negocios, con quién quiere hacer negocios. Sus puntos débiles. Cómo hace tanta guita. Te puedo pagar muy bien.

María lo miró, entre sorprendida y admirada. Esteban era un muy buen cliente, pero Forza le ofrecía un trato difícil de rechazar. Nadie tenía por qué sospechar de ella. Sebastián siempre se las arreglaba para convencer.

Sebastián repetía a sus más allegados que Pérez Corradi “tenía mucho dinero porque hacía negocios con la efedrina que le vendía a un grupo de mexicanos”. Los que proveían la efedrina a Pérez Corradi eran Alfredo Abraham y Josué Fucks. La traían de China o India, “aunque también había contrabando de efedrina desde Paraguay”, decía Forza. También le consta a López Magallanes, a quien Pérez Corradi consultó para saber si su droguería estaba habilitada para importar esa sustancia. Su proveedor era también Alfredo Abraham, quien importaba efedrina desde Drofar, la antigua droguería del Colegio Farmacéutico, con permiso legal de la Sedronar para hacerlo. Pero Pérez Corradi no es de los que pone todos los huevos en una sola canasta. El testigo Emiliano Marcos –que poco después de declarar en la causa apareció muerto en las vías del tren– reconoció que Peluca se dedicaba a la compraventa de efedrina y a la fabricación de pastillas de éxtasis, también conocida como la “droga del amor”. Pérez Corradi también se dedicó al negocio de los medicamentos, una fachada ideal para poder importar y exportar precursores químicos evadiendo los controles antidrogas. Cuando Abraham y Fucks no podían conseguir la sustancia, Pérez Corradi acudía a otros proveedores. Entre fines de 2005 y principios de 2006, Esteban le preguntó a Quaranta si le podía conseguir efedrina. Tenía “un negocio muy importante con la posibilidad de pagar 400 dólares el kilo de efedrina y luego revenderla, y necesitaba vender mucha cantidad de efedrina, la que vendería al por mayor” (...).

La relación entre Forza y Pérez Corradi fue de amor-odio. Fundaron una amistad basada en la conveniencia para los negocios, que terminó en una deuda millonaria cuando Esteban se convirtió en el financista-prestamista de Sebastián, y éste jamás le pagó. Todo comenzó en 2007, cuando, a pedido de Forza, Pérez Corradi le traía “ladrillos de dinero” que cambiaba a Sebastián por cheques. Con el efectivo, Forza “salía a comprar medicamentos a visitadores médicos o de dudosa procedencia, a muy bajo costo, les modificaba un troquel para hacerlos vigentes y los vendía al precio de plaza, que era de un valor diez veces mayor al de compra”, según consta en la causa. Por la venta de esos medicamentos, Forza recibía cheques en forma de pago. La mayoría provenía de obras sociales sindicales que operan con bancos del Estado, como el Banco Nación, en el caso de La Bancaria. El negocio visual de Pérez Corradi era cambiar cheques por efectivo y quedarse con un porcentaje de interés. Así financiaba a sus socios, como Forza, López Magallanes y Abasto. Julio Pose explica cómo funciona la bicicleta financiera, que aprendió de la mano de amigos como Néstor Lorenzo y Forza. “Con el efectivo que le daba Pérez Corradi, Forza compraba medicamentos en negro –léase piratas del asfalto, medicamentos vencidos o robados que provienen de entidades estatales como hospitales o ministerios, y hasta remedios adulterados– a 120 días. No le importaba pagar el interés porque compraba en negro y vendía en blanco, y hacía una gran diferencia de dinero. ¿Por qué aceptaban los cheques de La Bancaria? Porque el Banco Nación y el Estado argentino eran los garantes de esos cheques. Si pedís la quiebra porque no los podés cobrar, te los pagan sí o sí. Los oportunistas como [López] Magallanes, Abasto o Forza venden sus medicamentos a las obras sociales o a otras droguerías y reciben, digamos… un cheque por 12 mil pesos a 90 días. Van a un cambista como Guillermo Martinero, el ex militar del supuesto consulado de Guinea-Bissau, o a Pérez Corradi, y lo cambian por efectivo, a cambio de una comisión. En realidad ese cheque, a Forza le salió 6 mil o 7 mil pesos, porque la mercadería la compró en negro y la vendió en blanco. El cambista le paga 10 mil pesos por el cheque de 12 mil. Forza, [López] Magallanes se están ganando 4 mil pesos al cambiar el cheque. El tipo que lo recibe se gana 2 mil pesos y se asegura que lo va a cobrar porque tiene alguien adentro de La Bancaria que le garantiza que esos cheques se van a pagar –por eso Lorenzo se aseguraba de que sus cheques fueran los únicos que se emitieran–. El resto de los cheques rebotaba. Al que les aseguraba el pago adentro de la obra social, le daban un plus.” Pero Forza no tenía en sus planes favorecer el abultado bolsillo de su financista. “Sebastián se quedaba con los mejores cheques, los que sabía que iba a cobrar antes, y le entregaba a Esteban los cheques de mayor plazo. Pérez Corradi advirtió esta maniobra y puso a trabajar a su mano derecha en la droguería SeaCamp”, cuenta Pose. Se trataba de Jorge Cabrera, a quien Esteban puso a controlar la facturación de la empresa durante unos tres meses en 2007. Con Cabrera habían sido compañeros de trabajo en la empresa de computación Epson, antes de que Pérez Corradi  ingresara a trabajar en el Banco Nación. “En algún momento de su vida, no sé cuándo, Esteban hizo dinero y comenzó a trabajar con los cheques”, contó Cabrera al fiscal Bidone.

Cuando Forza se declaró en quiebra, a fines de 2007, contrató a Pose para que se encargara de negociar la deuda con Pérez Corradi, entre otros acreedores. “Con él, las cosas fueron más duras porque Esteban se sintió traicionado en la amistad, ofendido porque Sebastián le falló como amigo. Según ellos tenían una gran amistad. Fueron socios circunstanciales. Tardé tres meses en poder reunirme con él, porque me decía que estaba de vacaciones. Finalmente, cuando regresó en febrero de 2008, aceptó recibirme. Lo esperé tres horas en el Hotel Hilton, hasta que apareció.”

—¡Este terrible hijo de puta me debe plata! ¡Mirá lo que me debe!

Le mostró documentación por una deuda de dos millones de pesos. Era el principal acreedor de Forza. “Sebastián le debía a todo el mundo y no daba la cara. La gente entraba en ira. Para colmo, se aparecía con semejante pilcha, semejante auto, con un reloj importado. Hasta se fue a Francia en plena crisis internacional, a Cancún en marzo de 2007 y a Disney World en marzo de 2008”, recuerda su amigo y protector. Forza sólo reconocía una deuda por 800 mil pesos.

Pose negoció un encuentro entre Pérez Corradi y Sebastián. El financista se tomó diez días para decidir si aceptaba reunirse. Finalmente se vieron. Pérez Corradi lo saludó con: “Vos sos un terrible hijo de puta”. Sebastián no abrió la boca.

“Creo que le tenía miedo. Me pidió que no lo dejara solo con él”, recuerda Pose. Acordaron que Forza entregaría una suma intermedia entre los 800 mil y los dos millones de pesos. Pero Forza nunca cumplió su parte del trato.

—No hay nada más de que hablar –fue lo último que le habría dicho Pérez Corradi a Pose.
—No sólo no me pagó sino que me denunció por amenazas.

Sebastián estaba convencido de que Pérez Corradi le había enviado la silla de ruedas que apareció en la puerta de su droguería con el mensaje “la próxima la vas a tener que usar”. “Las amenazas de la silla de ruedas aparecen después de que compra la farmacia Viamonte, después de marzo de 2008 –recuerda Pose–. ¿Cómo te vas a aparecer con una farmacia nueva en el mercado cuando le debés plata a todo el mundo? Una pelotudez muy grande. Cuando aparece la silla me llama, le dije que vaya a la comisaría a hacer la denuncia, y lo hizo.” “Forza no tenía adversarios, tenía enemigos. Pérez Corradi y Forza se habían tramado mutuamente emboscadas para matarse. No eran sólo adversarios económicos”, afirma el abogado Pierri. Sebastián le daba a Pérez Corradi cheques de La Bancaria, con los que Lorenzo le pagaba los medicamentos que le compraba, endosados por Néstor Lorenzo. Sebastián le daba el cheque pero no lo endosaba. Solange explica que los bancos y financieras ponen cupos para cambiar cheques. Pérez Corradi, no. Forza y Solange colocaban lo que podían en bancos y financieras y el resto se lo cambiaban a Esteban. El juez federal Oyarbide lo procesó por lavado de dinero en 2010 al detectar maniobras para que los fondos provenientes de cheques que Lorenzo le dio a Forza y éste a Pérez Corradi “adquirieran la apariencia de un origen lícito”, cuando “en realidad, provenían de actividades delictivas o presuntamente ilícitas” (...).

Jorge Adrián Cabrera puede decir que conoce bien a Ibar Esteban Pérez Corradi, si se admite la posibilidad de que el financista sea el tipo de persona que se puede llegar a conocer. El día siguiente a la aparición de la camioneta quemada de Ferrón, Cabrera, que trabajaba para Pérez Corradi y lo conocía desde que eran empleados en Epson, llamó a su jefe y amigo en México.

—En la televisión están diciendo que Sebastián y otros dos chicos desaparecieron el jueves.
—Bueno, me voy a fijar en las noticias. No te preocupes.

Según consta en los registros de Gendarmería Nacional, Pérez Corradi salió del país el 26 de julio de 2008, exactamente quince días antes de la desaparición de los tres socios. Vía Aeropuerto Internacional de Ezeiza, tomó un vuelo de Lan Chile y regresó el 10 de agosto por Lan Perú. Pero no ingresó en Chile ni en Perú. Fueron escalas para llegar a México. Cabrera también es un “caballo blanco” de Pérez Corradi, es decir, su testaferro. Tiene a su nombre y al de Martín Lanatta la empresa Elvesta SA, comprada en febrero de 2008. Nunca operó. Después del triple crimen, Cabrera nunca más volvió a ver a Lanatta.

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