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Una fecha trágica de nuestra historia

En la guerra de Malvinas murieron 649 argentinos por la decisión de unos comandantes de escritorio que nunca oyeron silbar una bala. Aunque no hay datos oficiales, se estima que después de 1982 se suicidaron entre 350 y 500 veteranos. Según el Centro de Ex Combatientes de Rosario, la tasa de suicidios de los veteranos es 13 veces mayor que la nacional. 

La decisión de la dictadura produjo el mayor retroceso en la reivindicación argentina sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Para la mayoría del mundo la comprensión de los hechos era sencilla: una dictadura militar en caída libre había recurrido a la archiconocida receta de la soberanía como causa común, que borra las diferencias internas, reúne a los habitantes en un solo sentimiento nacional y esconde a los déspotas de sus crímenes.

Remontar este retroceso costó y costará mucho.
Hubo en esos días muestras de valor que la insensatez criminal de la decisión no puede ocultar. Hubo hombres valientes que pelearon y que deberían ser nuestro orgullo.

Mi trabajo en los años ochenta me hizo conocer a uno de ellos, al entonces mayor Luis Alberto Puga de la Fuerza Aérea. Un misil impactó su avión. Logró eyectarse y permaneció en las aguas gélidas del Atlántico Sur un tiempo excepcional.
El mayor Puga no me contó la historia. Militar austero, sus camaradas me relataron lo que había pasado. Luego creo que hubo un documental sobre su hazaña. Como es debido, luego de sobrevivir, el mayor Puga se reincorporó al combate.
En Argentina también hay héroes. Callados, ignorados, pero reales.

Fueron semanas en que la sociedad perdió la razón. La inteligencia y rapidez de que solemos hacer gala los argentinos se convirtió en estupidez.
¿Cómo creerles a quienes dirigían esa guerra? ¿Cómo ignorar el resultado obvio del conflicto?
Si no hubiese muertos, si esta aventura no hubiera tenido un inmenso costo político para nuestro país, la imagen patética de esos Tres Chiflados enfrentando al Reino Unido y a Estados Unidos, no podría más que llevarnos a una risa trágica.
Los años de la dictadura terminarían pronto. La guerra aceleró el retorno a la democracia. Pero los muertos no volverán. La derrota no se borrará. Y las Malvinas quedaron mucho más lejos de nuestra soberanía.

Luego el doctor Carlos Menem, en democracia, completaría la obra devastadora de nuestra reivindicación.
Con todo, habrá que continuar. Paso a paso. Sin héroes políticos, porque nunca un solo gobierno alcanzará el objetivo.
Nuestros muertos nos unen, así como la derrota. Los héroes que debemos celebrar, la ambición de recuperar un territorio usurpado. Deberíamos cuidar ese sentimiento. Ni usarlo, ni menospreciarlo.

*Ex canciller y panoramista internacional de PERFIL.

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