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Me sentí muy feliz por el premio a Mejor Director que recibí el pasado lunes en los Cóndor 2011, porque es un premio al oficio de director. Y El gato desaparece, la película por la que se me premia, es en realidad un ejercicio del oficio dirección. No es otra cosa. No es un film que reflexione –como sí lo haría en una película de autor– sobre algún tema en particular. En todo caso, si hay alguna reflexión es sobre el género mismo.
Yo tengo mucho respeto por los oficios. Mucho más que por las artes. Y especialmente por los oficios básicos: hacer pan o construir una silla o fraguar una hoja de acero me produce admiración. Con El gato desaparece yo quería demostrar que también manejaba un oficio: el oficio del cine. Quizá no suena como motivo suficiente como para hacer una película, pero estaba bastante convencido de hacerlo. Tenía que elegir un formato clásico, y ¿qué más clásico en el cine que el suspenso? Hacer la película fue un juego. Estaba jugando con el espectador y también a ser un director de película de suspenso. La pasé muy bien.
El gato desaparece tuvo un estreno con un número de copias razonable (salimos con 37 copias), con una promoción también razonable. Pero funcionó a medias. Tuvo cerca de 50 mil espectadores, que es la mitad de lo que pensábamos que la película podía tener. Los motivos pueden ser muchos: que habíamos sido demasiado optimistas o que la semana del estreno no era la más adecuada, etc., pero lamentablemente uno empieza a descubrirlos al lunes siguiente. Es cierto que en general mis películas no llevan mucha gente. Llegar a 100 mil espectadores significa para mí un éxito equiparable al millón que llevan otras películas argentinas. Y pienso, para darme ánimo, que 50 mil espectadores no está mal, es como llenar varias veces el Luna Park...
El gato desaparece es una película comercialmente frágil –como todas mis películas– que necesita un cierto tiempo en sala para que pueda desarrollarse y no jugar todas sus chances en la primera semana. Los circuitos comerciales no pueden darle esa oportunidad a este tipo de filmes si no funciona en la primera semana porque son muchas las películas que están esperando sala. La solución son los circuitos alternativos de salas especializadas que nosotros no tenemos todavía. El estudiante se mantuvo con mucho éxito durante semanas, pero en una sola sala (Malba). Si hubiesen existido diez o quince salas como esa, la cantidad de público hubiese sido infinitamente mayor. Francia es quizá el país que más ha desarrollado estos circuitos de lo que suelen llamar “arte y ensayo”. El perro, por ejemplo, se estrenó en Francia en 44 salas. Que una película argentina de producción pequeña estrene en 44 salas da una idea de los cientos de salas que conforman los circuitos de arte y ensayo.
De cualquier manera, la llegada de internet está trastocando todo. Hay que barajar y dar de vuelta a partir de los cambios que van apareciendo. El negocio toma otra dimensión. Un estreno en internet es un estreno a nivel mundial. Tiene otro tipo de alcance, pero también tiene el grave problema de los derechos de autor de las películas. Son cosas que supongo se irán resolviendo, como sucedió con la música.
Mi próxima película, un proyecto con Kramer & Sigman, ya está prácticamente terminada. Actualmente estoy en la posproducción y estamos a un mes de la primera copia. Se llama Días de pesca en Patagonia y trata de la historia de un tipo, un ex alcohólico, que al salir de un tratamiento de desintoxicación decide cambiar de vida por una más saludable y recuperar hobbies como la pesca. Y es así como se va a pescar a la Patagonia donde también vive una hija que no ve hace mucho.
El protagonista es Alejandro Awada y la hija, Vicky Almeida. Será una salida más moderada que la de El gato desaparece, pero la película no la vio nadie del circuito comercial como para poder evaluarla. Yo creo que éstas son las películas que hay que sacar con pocas copias, no demasiada campaña publicitaria y sí con una buena presencia en la prensa, que a veces es muy determinante para este tipo de filmes. Teniendo en cuenta eso, mis películas suelen tener un presupuesto muy moderado, están hechas a prueba de ciertos traspiés. La película necesita tener oxígeno, así, si a la gente le gusta, empieza a funcionar el boca a boca. Pero para eso necesitás llegar a la tercera semana. Y no llegás a la tercera semana. Yo no soy muy especialista en la actualidad del cine argentino. Pero no son muchas las películas que superan los 400 mil espectadores y son muchísimas las que se hacen. Algo debe estar pasando, supongo. No sé donde está la falla, pero es cierto que las películas que pueden considerarse un éxito son pocas en el año.
*Ganador del Premio Cóndor a Mejor director por El gato desaparece, director de Historias mínimas, El perro y El camino de San Diego, entre otras.