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“El idealismo de Obama fue el que atrajo a la campaña a los jóvenes (…) El problema era que Obama también era propenso a cierta ingenuidad”.
David Remnick, “El puente. Vida y ascenso de Barack Obama” (2010).
En 1961, John Kennedy todavía vivía, el sueño americano no se había convertido en pesadilla y Robert Kennedy anunciaba una profecía: “En los próximos cuarenta años, un negro también podrá ser presidente de los Estados Unidos”. Lo que no dijo Bob fue si ese negro también sería reelecto.
Obama atraviesa, en clave borgeana, un sendero que se bifurca. La crisis financiera que le abrió el camino al poder en 2008 –culpando a los republicanos y a George Bush por el descalabro que asomaba– ahora se le está volviendo en contra. PERFIL tuvo acceso al círculo íntimo del presidente estadounidense, y la información que allí circula es preocupante para los demócratas: aumentan el nerviosismo porque se observa a un Obama demasiado confiado y sin ningún tipo de duda sobre su eventual triunfo.
El demócrata descuenta que logrará su reelección, y puede molestarse cuando alguno de sus asesores intenta –con inteligencia– demostrarle que, en verdad, las encuestas anticipan un empate técnico con el republicano Mitt Romney. No se necesita leer manuales de estrategia militar ni sobrecitos de azúcar de un bar para saber que la derrota se acerca cuando se disfruta de la victoria antes de tiempo.
Obama confía en que Estados Unidos superó los embates de la debacle y que los índices de desempleo y recesión no se comparan con los reveses que recibe Europa. Supone, además, que sus golpes militares –especialmente la muerte de Osama bin Laden– le ofrecen un camino sin sobresaltos.
El presidente parece olvidar la máxima que llevó al poder a Bill Clinton: “Es la economía, estúpido”. Aquella frase, que pertenece a James Carville, estratega electoral de Clinton, cambió la lógica de la elección de 1992. Carville escribió la fórmula mágica en un cartel que colgó del comando demócrata para advertir que una posible recesión estadounidense podría impedir que George Bush padre fuera reelecto, a pesar de que contaba con un 90% de aprobación, luego de salir triunfante de la Guerra del Golfo que hizo retroceder a Saddam Hussein de Kuwait en 1991.
Contra todo pronóstico, Clinton ganó aquella campaña demostrando que una economía tambaleante prevalece sobre los asuntos militares. Bolsillo mata tanque: Obama no debería olvidar ese antecedente.
En El puente, la biografía más completa de Obama, David Remnick relata que la mayor cualidad que demostró el presidente durante su meteórico ascenso fue la búsqueda de consensos para acercar posiciones irreconciliables. Esa virtud estaría siendo erosionada por el poder: la Casa Blanca le impide consensuar posturas, porque la única que triunfa es la suya. Como aquel rey que salía sin ropas porque era adulado por los súbditos que no querían incomodarlo, Obama está desnudo. Pero no quiere saberlo.
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