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En un artículo previo a este trabajo (Carozzi, 2009), me referí al aprender a “aflojarse y dejarse llevar” como un proceso en que las mujeres en las clases de tango “milonguero” en Buenos Aires, al mismo tiempo adquieren la habilidad cinética de responder adecuadamente a los movimientos del varón que baila con ellas y aprenden a negar esa habilidad hasta afirmar cosas como “la mujer para bailar bien el tango, no tiene que saber nada, sólo tiene que aflojarse y dejarse llevar”. Aunque se suma a otras prácticas en esta tarea, la evaluación verbal de la performance femenina en el baile del tango, por parte de las maestras y maestros que les enseñan, y los milongueros con quienes bailan en las pistas, cumple un rol central en el logro de esta negación de habilidades. Según una forma frecuente de esta evaluación, la mujer que despliega la destreza de responder inmediata y fluidamente al movimiento del varón con el movimiento complementario adecuado, es una mujer “liviana”.
En el presente trabajo, intento mostrar que la expectativa de liviandad, como característica de la performance femenina en el baile del tango, coincide con la forma que se espera tomen los vínculos eróticos establecidos en las milongas porteñas céntricas, de población mayoritariamente heterosexual. Se trata, afirmaré, de una expectativa cinético-moral y no de una disposición en el sentido bourdiano del habitus, dado que es secretamente resistida por numerosas mujeres. Los milongueros se refieren a estos vínculos que involucran relaciones sexuales como “historias”, de modo que a lo largo del trabajo usaré esta denominación nativa. Al mismo tiempo, dialogaré con sendos trabajos de Marta Savigliano y Mercedes Liska. La primera, en Tango and the Political Economy of Passion, asocia el baile del tango a la pasión depositada en los “otros” exóticos de Europa y los Estados Unidos. Sin discutir sus afirmaciones, en cuanto a lo que ocurre en los países centrales, afirmaré que, en el centro de Buenos Aires, el tango bailado actualmente en las milongas está muy lejos de encontrarse centralmente ligado a sentimientos que, como la pasión según Savigliano, quien sigue en esto a Trías, toman posesión del alma y pueden llevar al sujeto a su ruina, la locura y el crimen. En tanto, Mercedes Liska afirma que la codificación del baile del tango tendiente a su adaptación a la moral burguesa, efectuada a principios del siglo XX primero en Europa y luego en Buenos Aires, toma hoy forma en “los códigos” que los milongueros consideran esenciales para el baile social del tango. Sin discutir tampoco sus aseveraciones en cuanto a la vigencia de los códigos en las milongas, afirmaré que los milongueros hacen uso de ellos para asegurar su libre circulación sexual en el ámbito de los salones de baile del centro de Buenos Aires que frecuentan, subvirtiendo, de tal modo, su finalidad de asegurar el respeto a la moral burguesa.
Este trabajo es parte de una etnografía más amplia que explora las relaciones entre secreto y poder en las clases de tango milonguero y las prácticas asociadas a las mismas, entre las cuales la asistencia a milongas tiene un lugar central. El tango milonguero es un estilo de baile de tango creado a partir de la codificación, y comodificación de la enseñanza del baile de algunos milongueros del centro y el sur de la ciudad, llevado a cabo por Susana Miller, Ana Schapira y Cacho Dante (hoy cada uno dueño de su propia academia de tango) en la década del 80. La estrategia metodológica del trabajo se pretende atenta a las relaciones entre los aspectos cinéticos y lingüísticos de esta danza social, en un intento de descentrar nuestra percepción mediante la integración de movimiento y palabra hablada que tanto la escuela como los rituales académicos nos entrenan en disociar. Se basa en observación participante de larga duración, llevada a cabo primero durante siete años como alumna de cinco escuelas de tango milonguero y luego, durante otros tres, como ayudante y profesora en una
Tango, decencia y pasión.
El libro de Marta Savigliano Tango and the Political Economy of Passion, ha encontrado, como el baile tango que lo ocupa, gran repercusión internacional. Para citar sólo un ejemplo, Jane Desmond, en su libro Meaning in Motion: New Cultural Studies of Dance, recoge la historia del tango publicada en él para apoyar su argumento central de que a través del baile los sujetos escenifican su lugar en la sociedad. Esta historia, afirma la autora, traza el desarrollo de los estilos de movimiento de los barrios portuarios de Buenos Aires a los salones de París antes de retornar, ahora “respetable”, a través del Atlántico, a los salones de las clases altas de la población argentina de Buenos Aires. En el tango, para Jane Desmond, siempre siguiendo a Savigliano, los movimientos que se originan en las poblaciones de la clase trabajadora se “pulen”, mientras se elevan a través de la jerarquía social y espacial. Una importante parte de este proceso de gentrificación es la abolición de los rasgos abiertamente sexuales de la danza. Según Cresswell , que a su vez cita a ambas autoras en su estudio sobre las políticas de la movilidad envueltas en la formación del ballroom dance, el tango se ha constituido en el ejemplo clásico del “refinamiento” de una forma de danza del continente latinoamericano vía París.
Considerada en el contexto de vastísima producción de expertos argentinos en relación con la historia del baile del tango, la obra de Savigliano sigue el derrotero de un relato unilineal que se inicia en los prostíbulos –a veces reemplazados por los suburbios pobres, a veces por los locales de diversión del puerto, a veces por la población negra–, continúa con el éxito en París y el adecentamiento de las formas de baile, y culmina con la entrada a los salones de clase alta. La autora introduce variaciones a esta historia mítica mediante su formulación en términos académicos, la cita de abundantes fuentes escritas y visuales, la interpretación en términos de tensiones de raza, clase y género y la idea original de que el tango se incorporó en Europa y Estados Unidos a una economía mundial de la pasión. Sin embargo, tanto los hitos espacio temporales de su historia –prostíbulos porteños, salones parisinos, salones frecuentados por las élites de Buenos Aires–, los personajes que protagonizan cada uno de ellos –prostitutas y cafishos violentos y mantenidos, niños bien que frecuentan los suburbios en busca de sexo, codificadores europeos, representantes de la élite porteña– y, finalmente, la dirección unilineal cada vez más despojada de sensualidad del desarrollo del baile que acompaña su ascenso geográfico-social, reproduce con exactitud el mito repetido por los expertos porteños. También lo hace al atribuir a Europa, y más precisamente a París, el carácter de agente principal en la transformación del baile y sólo arroja una sombra de duda sobre los orígenes del tango en los bailes de los afro-argentinos porque parece basada en el prejuicio que los supone primitivos.
No es la única. La fuerza de la repetición, no sólo de los miles de expertos locales sino también de algunos de los historiadores que han escrito sobre el tango en el pasado, parece obligar a los cientistas sociales a referirse a un guión histórico cuyo nudo de la trama se ubica entre 1910 y 1920 y que predica, con variaciones, sobre el triunfo del tango en París, su codificación y adaptación a la moral burguesa, y su posterior adopción por la élite porteña. La historiadora Ema Cibotti, que intenta explicar la persistencia en el tiempo de esta historia, la sintetiza del siguiente modo:
Resumamos la idea que repiten muchos con algunas variantes: el tango nace en los suburbios y hacia 1890 ya habita en los bajos fondos, es arrabalero aunque lo cultivan los niños bien, eternos transgresores de clase. Prohibido y censurado en Buenos Aires, se consagra en París hacia 1910, y vuelve triunfal de la mano del Barón Antonio de Marchi, quien los presenta en sociedad en 1913, en un baile, en el Palais de Glace. A partir de ese momento es aceptado por la oligarquía.
Como el de Cibotti, algunos análisis históricos detallados comienzan ahora a poner en cuestión la veracidad de esta versión unilineal de la evolución del baile del tango. Sin embargo, en su mayor parte, los cientistas sociales que han abordado el género recientemente no logran distanciarse de la agenda temática y temporal que establece este guión. Revisando esta bibliografía, Mercedes Liska sintetiza así sus posturas:
La construcción del tango como símbolo de lo nacional está profundamente atravesada por la relación centro-periferia, en un proceso de exotización focalizado principalmente en el baile llevado a cabo en Europa, hecho que se vincula a su reconocimiento por la élite porteña. Europa redefinió el tango como práctica social, de clase y étnica, a la vez que sistematizó el baile imprimiéndole una forma de disciplinamiento corporal arraigado en capitalista. La noción de sistematización corporal europea fue retenida en la configuración local de la danza como práctica legítima, funcional al pensamiento higienista pronunciado por la generación del 80.
*Antropóloga.