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Lo que va de ayer a hoy

  • Por Julio Petrarca | 24/06/2012 | 01:04
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Entre agosto de 2010 y febrero de 2011, amigos y parientes K, ultra K, más-o-menos K y K críticos dedicaron a quien esto escribe no pocos epítetos de diverso calibre, con acusaciones tales como “es de gorilas meterse con el líder de los trabajadores y pieza central del armado político de este gobierno nacional y popular”. El pecado cometido de manera reincidente fue publicar en PERFIL, con la misma firma que encabeza esta columna, una serie de notas acerca del pasado marplatense del jefe del gremio de camioneros y secretario general de la CGT, Hugo Moyano, en particular su rol en la creación de la derechista Juventud Sindical Peronista en 1972, la participación de ésta en la caza y asesinato de montoneros y cuadros y dirigentes de la JP, la JUP y la UES, y su respaldo claro a quien está hoy procesado por haber liderado la Concentración Nacional Universitaria (CNU), autora de decenas de crímenes considerados de lesa humanidad y precedente de la Triple A. Varias causas judiciales pendientes demandan de Moyano, al menos, alguna que otra aclaración porque fue cuando menos testigo privilegiado de aquella sangre derramada sobre las calles de La Feliz. Pero mejor ir por partes:
◆ A fines de 1972, un grupo armado de la CNU asesinó en plena asamblea universitaria a una estudiante de arquitectura de 17 años, Silvia Filler. Elementos vinculados al sindicalismo de la época aportaron músculo y fierros para ese operativo.
◆ Poco después, un joven pero impetuoso Moyano y José Landín creaban la fracción marplatense de la Juventud Sindical Peronista, instalada en el costado más derechista del peronismo, que comenzó a actuar en estrecha relación con otros conmilitones de igual tendencia, tales como los de la CNU y el Comando de Organización.
◆ El 11 de septiembre de 1974, la mesa directiva de la JSP, que encabezaban Moyano y Landín, daba a conocer un comunicado (ver ilustraciones) en el que anunciaba que la agrupación se lanzaba a la “identificación y captura de los montoneros”, y de “todos los elementos que actúan en la clandestinidad saboteando el proceso de reconstrucción y liberación nacional en holocausto (sic) del cual diera su vida el líder de los trabajadores, teniente general Perón”. No capturaron a nadie, pero sí marcaron a unos cuantos que fueron cayendo muertos en los meses siguientes. La JSP firmó, por entonces, amenazantes solicitadas contra la izquierda del peronismo junto a la CNU y otras agrupaciones afines.
◆ El 20 de marzo de 1975, el jefe de la CNU local, el abogado Ernesto Piantoni, era asesinado en su Citroën por un comando montonero. Esa noche, desde el velatorio, activistas de la agrupación –católica y de ultraderecha, antisemita y violenta– salieron a la caza de dirigentes y militantes de la izquierda peronista y asesinaron a Carlos “Pacho” Elizagaray (23 balazos), hijo de un senador alineado con la JP; su tío Jorge Videla (33 disparos); los hijos de éste, Jorge (57 tiros) y Guillermo (16 años, 27 disparos), y el cirujano Bernardo Goldenberg (42 balazos). El sucesor de Piantoni fue –aunque lo haya negado por años– el abogado Gustavo Demarchi, hoy procesado en la Justicia marplatense por múltiples homicidios. La ultraderecha peronista aportó músculo y gatillos, entre 1975 y 1976, a las operaciones de la Triple A, y algunos de sus miembros integraron grupos de tareas de la dictadura.
◆ Moyano lideró la CGT regional marplatense y encabezó, al regresar la democracia (guarda silencio sobre sus pasos durante la dictadura), el PJ local. Desde su investidura partidaria impulsó la candidatura a intendente de su principal asesor legal en la central obrera. ¿Quién? Ah, sí: Gustavo Demarchi. El mismo de la CNU, el mismo que había acompañado a Moyano en los tiempos de la creación de la JSP. Durante el gobierno de Isabel Perón, Demarchi fue fiscal, e intervino –archivándolas puntillosamente– en las causas de asesinatos atribuidos a la CNU y la Triple A.

Si bien no aparece mencionado como imputado ni partícipe, ni cómplice o algo parecido, Hugo Moyano ha sido protagonista central en esa historia más cercana a la crónica roja que a la política. El juez federal Norberto Oyarbide se negó durante años a llamarlo a testificar en la causa madre de la Triple A, en su poder. En Mar del Plata también esperan apelar a su memoria.
Esto es lo que quien esto escribe reveló entre 2010 y 2011. Ahora, los amigos y parientes K, ultra K, más-o-menos K y K críticos ya no cuestionan. Al contrario, se los ve aplaudiendo. Los tiempos ya no son esos tiempos, aunque el personaje sea el mismo de los 70.

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